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martes, 1 de diciembre de 2020

El fin del cautiverio trumpiano de la Iglesia estadounidense

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:   La Croix international

Por    Massimo Faggioli | Estados Unidos

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La derrota de Donald Trump y la lucha por el "alma religiosa" de América

 

El hecho de que Estados Unidos no pudo conocer el nombre de su nuevo presidente durante varios días después del cierre de las urnas fue como una especie de castigo corporal para un país que se ve obligado a expiar de una manera dolorosa.
 

Ahora sabemos que dependerá de Joseph R. Biden Jr. , un católico, comenzar el proceso de curación de las heridas morales y corporales que Donald J. Trump ha infligido en el país por la forma en que manejó la pandemia de coronavirus y la situación actual.

Biden es el segundo católico, después de John Fitzgerald Kennedy (1961-1963), en ser elegido para el cargo más alto del país. Y él es solo el cuarto católico, después de John F. Kerry (2004), Kennedy y Alfred E. Smith (1928), en ser el candidato de un partido importante para la Casa Blanca.

La presidencia estadounidense no es solo un cargo político. También es una oficina con aspectos morales y religiosos. Y Joe Biden asumirá ese cargo en un momento en que las identidades políticas en su país han asumido una intensidad teológica y dogmática.

 

Un realineamiento de la relación política entre Washington y el Vaticano

El catolicismo estadounidense no está separado del mundo global. Al contrario, está en el centro de las convulsiones en el cuerpo de la Iglesia, una de las consecuencias de la crisis de la globalización y el orden mundial.

En una presidencia de Biden, uno puede esperar un realineamiento de las relaciones entre Estados Unidos, incluso si hay algunas incógnitas importantes sobre ciertos temas internacionales.

Pero este realineamiento tendrá que lidiar con una Iglesia profundamente dividida en suelo estadounidense, así como con un catolicismo global que también está dividido.

Uno de los frutos del globalismo ha sido la oposición al Papa Francisco.

El Papa jesuita latinoamericano expresa su mensaje sobre los temas más relevantes a nivel público (como la mujer, la homosexualidad, el medio ambiente…) de formas y canales diferentes a los utilizados por sus predecesores. Ese mensaje se recibe de formas contrastantes en varias partes del mundo.

Ha habido una confrontación sin precedentes entre la administración Trump y el pontificado actual, comenzando desde el principio con el tema de la inmigración y a plena vista el mes pasado cuando el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, reprendió públicamente a la Santa Sede por su acuerdo de 2018 con China (que desde entonces ha sido renovado).

No está claro cuánto afectó esta abierta hostilidad a los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, pero ha tenido un efecto muy evidente en la Iglesia.

lunes, 5 de octubre de 2020

El inesperado mensaje electoral del Papa

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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Fuente:  ilsismografo

(EJ Dionne Jr. - The Washington Post)

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Nos hemos acostumbrado a las intervenciones en campañas políticas estadounidenses de líderes religiosos, incluidos obispos católicos y predicadores evangélicos blancos, que recomiendan de todo corazón el apoyo a las figuras políticas conservadoras que se oponen al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo. No estamos acostumbrados a la audiencia de un Papa, un mes antes del día de las elecciones, que critica el “nacionalismo miope, extremista, resentido y agresivo” y castiga a quienes, con sus acciones, catalogan a los inmigrantes como “menos dignos, menos importantes, menos humanos" (…)

Tampoco está en nuestro libro de jugadas políticas que un Papa (…) diga esto: “El mercado, por sí solo, no puede resolver todos los problemas, por mucho que se nos pida que creamos este dogma de fe neoliberal. Cualquiera sea el desafío, esta escuela de pensamiento empobrecida y repetitiva siempre ofrece las mismas recetas... las teorías mágicas de 'derrame' o 'goteo', sin usar el nombre".

Estas son las palabras del Papa Francisco de su carta encíclica publicada el domingo, "Fratelli Tutti". Se traduce literalmente "Hermanos todos", palabras extraídas de San Francisco de Asís, aunque Francisco fue rápido, en su primera oración, para dirigirse a "hermanos y hermanas". Su propósito era promover una cosmovisión que enfatiza, como él mismo dijo, "la dimensión comunitaria de la vida" y valora "la fraternidad y la amistad social".

Debe decirse que no hay evidencia de que el Papa esté tratando de influir en la contienda entre el presidente Trump y el exvicepresidente Joe Biden. Por el contrario, Francisco ha estado presentando argumentos en este sentido desde el comienzo de su papado y ha mostrado mucho más interés en el mundo en desarrollo que en los Estados Unidos.

domingo, 15 de septiembre de 2019

La ruta del colesterol


 Por Jesús Martínez Gordo, teólogo


          El pueblo en el que resido cuenta, como tantos otros, con un paseo que es conocido popularmente como “la ruta del colesterol”. Allí, además de andar o correr, también se habla -cuando nos cruzamos con amigos o conocidos- de nuestros respectivos estados de salud. Nos intercambiamos los resultados de la última analítica médica, comentamos el ejercicio físico que se nos ha prescrito y hay quienes porfían por ser los que más pastillas toman... Es frecuente encontrarse con personas que, mejor informadas, conocen con toda precisión la horquilla de dígitos dentro de los que se juega una vida saludable y que, sobrepasados o no alcanzados, indican el padecimiento, por ejemplo, de diabetes o hipoglucemia, ya sea por exceso o defecto de azúcar en la sangre. Saben que entre tales extremos se da un equilibrio permanentemente inestable y, por ello, una enorme diversidad de situaciones: es difícil encontrar dos analíticas iguales no solo entre sujetos diferentes sino, incluso, en una misma persona a lo largo de una jornada. En el cuidado de tal equilibrio se mueve lo que hoy entendemos por vida saludable.


          A la luz de esta matizable anécdota, creo que también es posible diagnosticar la salud de una sociedad por su atención al equilibrio entre libertad y solidaridad. Cuando nos encontramos con países en los que lo determinante es la solidaridad al precio de la libertad, sabemos que tienen enormes dificultades para eludir el autoritarismo. Y cuando nos topamos con otros en los que la exaltación de la libertad anula la solidaridad, conocemos igualmente que se ponen las bases para un neoliberalismo que, sin entrañas, se preocupa más de la libertad de movimientos del zorro que de la precaria existencia de las aves con las que comparte gallinero. Pero también sabemos de la existencia de sociedades en las que se intenta buscar, con mayor o menor fortuna, el añorado equilibrio entre libertad y solidaridad. Es la apuesta de los países que han erigido el bienestar social de todos sus ciudadanos (incluidos los no rentables económicamente) en su objetivo principal, sin obviar, por ello, los problemas que comporta semejante opción y los necesarios correctivos.  

          La referencia a una vida, personal o socialmente, saludable también permite diagnosticar lo que está pasando en la Iglesia en estos momentos. Es de sobra conocido que el papa Francisco está apostando por recuperar un equilibrio, perdido los últimos decenios, entre, por un lado, el Evangelio y la doctrina y, por otro, entre la contemplación y el compromiso liberador. Y también es sabido que tiene enfrente una oposición cada día más aguerrida y temeraria.

jueves, 28 de febrero de 2019

Discurso del Papa en la cumbre antiabusos. Texto integro




Queridos hermanos y hermanas:

En la acción de gracias al Señor, que nos ha acompañado en estos días, quisiera agradeceros también a vosotros por el espíritu eclesial y el compromiso concreto que habéis demostrado con tanta generosidad.

Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades. Solo de manera relativamente reciente ha sido objeto de estudios sistemáticos, gracias a un cambio de sensibilidad de la opinión pública sobre un problema que antes se consideraba un tabú, es decir, que todos sabían de su existencia, pero del que nadie hablaba. Esto también me trae a la mente la cruel práctica religiosa, difundida en el pasado en algunas culturas, de ofrecer seres humanos —frecuentemente niños— como sacrificio en los ritos paganos.

Sin embargo, todavía en la actualidad las estadísticas disponibles sobre los abusos sexuales a menores, publicadas por varias organizaciones y organismos nacionales e internacionales (Oms, Unicef, Interpol, Europol y otros), no muestran la verdadera entidad del fenómeno, con frecuencia subestimado, principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados,[1] en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar.

De hecho, muy raramente las víctimas confían y buscan ayuda.[2] Detrás de esta reticencia puede estar la vergüenza, la confusión, el miedo a la venganza, los sentimientos de culpa, la desconfianza en las instituciones, los condicionamientos culturales y sociales, pero también la desinformación sobre los servicios y las estructuras que pueden ayudar. Desgraciadamente, la angustia lleva a la amargura, incluso al suicidio, o a veces a vengarse haciendo lo mismo. Lo único cierto es que millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales.

Sería importante presentar los datos generales —en mi opinión siempre parciales— a escala mundial,[3] después europeo, asiático, americano, africano y de Oceanía, para dar un cuadro de la gravedad y de la profundidad de esta plaga en nuestras sociedades.[4] Para evitar discusiones inútiles, quisiera evidenciar antes de nada que la mención de algunos países tiene el único objetivo de citar datos estadísticos aparecidos en los informes mencionados.

viernes, 8 de junio de 2018

Carta de Francisco papa a los cristianos de Chile


Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado 8 de abril convocaba a mis hermanos obispos a Roma para buscar juntos en el corto, mediano y largo plazo caminos de verdad y vida ante una herida abierta, dolorosa, compleja, que desde hace mucho tiempo no deja de sangrar[1]. Y les sugería que invitaran a todo el Santo Pueblo fiel de Dios a ponerse en estado de oración para que el Espíritu Santo nos diera la fuerza de no caer en la tentación de enroscarnos en vacíos juegos de palabras, en diagnósticos sofisticados o en vanos gestos que no nos permitiesen la valentía necesaria para mirar de frente el dolor causado, el rostro de sus víctimas, la magnitud de los acontecimientos. Los invitaba a mirar hacia donde el Espíritu Santo nos impulsa, ya que "cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios"[2].

Con alegría y esperanza recibí la noticia de que han sido muchas las comunidades, los pueblos y capillas donde el Pueblo de Dios estuvo rezando, especialmente los días que estábamos reunidos con los obispos: el Pueblo de Dios de rodillas que implora el don del Espíritu Santo para encontrar luz en la Iglesia "herida por su pecado, misericordiada por su Señor, y para que sea cada día convertida en profética por vocación"[3]. Sabemos que la oración nunca es en vano y que "en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce fruto"[4].

1. Apelar a Ustedes, pedirles oración no fue un recurso funcional como tampoco un simple gesto de buena voluntad. Por el contrario, quise enmarcar las cosas en su preciso y precioso lugar y poner el tema donde tiene que estar: la condición del Pueblo de Dios "es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo"[5]. El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo; por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción. Cada vez que como Iglesia, como pastores, como consagrados, hemos olvidado esta certeza erramos el camino. Cada vez que intentamos suplantar, acallar, ningunear, ignorar o reducir a pequeñas elites al Pueblo de Dios en su totalidad y diferencias, construimos comunidades, planes pastorales, acentuaciones teologías, espiritualidades, estructuras sin raíces, sin historia, sin rostros, sin memoria, sin cuerpo, en definitiva, sin vidas. Desenraizarnos de la vida del pueblo de Dios nos precipita a la desolación y perversión de la naturaleza eclesial; la lucha contra una cultura del abuso exige renovar esta certeza

Como le dije a los jóvenes en Maipú quiero decírselo de manera especial a cada uno: "la Santa Madre Iglesia hoy necesita del Pueblo fiel de Dios, necesita que nos interpele […] La Iglesia necesita que Ustedes saquen el carné de mayores de edad, espiritualmente mayores, y tengan el coraje de decirnos, 'esto me gusta', 'este camino me parece que es el que hay que hacer', esto no va. Que nos digan lo que sienten y piensan"[6]. Esto es capaz de involucrarnos a todos en una Iglesia con aire sinodal que sabe poner a Jesús en el centro.

miércoles, 4 de enero de 2017

Francisco, en el banquillo de los acusados



     Puede parecer un titular cruel, al tratarse de una persona que acaba de cumplir 80 años, pero, guste o no, es lo que hay.


     Es bien conocida la reforma eclesial en la que está empeñado Francisco: con los pobres y con los crucificados de nuestros días en su reclamación de tierra, techo y trabajo; a favor de una nueva unidad entre los cristianos entendida como comunión en la diversidad; impulsando una transformación de la curia vaticana que la acabe recolocando en relación de dependencia con un gobierno cada día más colegial y corresponsable y, finalmente, revisando la moral sexual, hasta ahora vigente, desde el primado de la misericordia como la verdad primera y fundamental del Evangelio.

     Y también es de sobra conocido cómo, a partir de ese momento, las aguas no han parado de bajar revueltas hasta acabar emplazando públicamente al papa, el pasado mes de noviembre, por una supuesta negligencia en su responsabilidad de defender la fe. El encargado de ello ha sido el cardenal estadounidense R. L. Burke en nombre de otros tres colegas: los alemanes W. Brandmüller y J. Meisner y el italiano C. Caffarra. Finalizadas las fiestas de Navidad, ha declarado, podrían pedir públicamente al papa que se corrigiera de las “confusas” directrices impartidas en la carta postsinodal “Amoris laetitia” ya que perciben una ruptura “con lo que ha sido la constante enseñanza y práctica de la Iglesia”. Vamos, que la verdad primera y fundamental del catolicismo no es la misericordia de Dios, sino la ley de la indisolubilidad del matrimonio.

     Lo preocupante no es que estos cardenales, representantes de la minoría rigorista, pretendan sentar a Francisco en el banquillo de los acusados -una sobreactuación que roza lo histriónico-, sino la sintonía que se percibe con ellos en algunos sectores de la Iglesia. Y también, en nuestras respectivas diócesis.

     Hay católicos que comparten, concretamente, tres consideraciones sobre este papa “venido del fin del mundo”. Según la primera, no hay que esperar mucho a que las aguas vuelvan a su cauce tradicional y seguro, habida cuenta la avanzada edad de este papa “salido de madre”. Solo se necesita tener un poco de paciencia y aguante, a la espera de que la naturaleza haga su trabajo y aparezca, como agua de mayo, el deseado y añorado Pio XIII o un Juan Pablo III que ponga las cosas en su sitio. Pero, se recuerda, seguidamente, no está de más insistir en que la Iglesia se encuentra asfixiada por el tsunami de la “dictadura relativista” que Juan Pablo II y Benedicto XVI denunciaron hasta quedarse afónicos y al que Francisco le hace la ola sin miramientos de ninguna clase. Hay, finalmente, otra valoración, más técnica y que ha vuelto a saltar a la palestra muy recientemente: la Exhortación postsinodal “Amoris laetitia”, por ser rupturista, no mantiene la imprescindible continuidad con el magisterio que le ha precedido. Al incumplir tal criterio, queda invalidada como doctrina auténtica.

     Me permito intervenir en este debate aportando también tres consideraciones. La primera, para recordar que las reformas fundadas, como es el caso, en la sencillez y radicalidad evangélicas y no en la autoridad (aunque sea la del papa), han sido, y siguen siendo, determinantes en la Iglesia. La de Francisco, por asentarse en la misericordia, tiene todos los visos de perdurar en el tiempo. Por lo menos, tanto como pueda subsistir el Evangelio que la sostiene y más allá de que al actual papa le queden cuatro días u otros ochenta años.

     La segunda, es para invitar a repasar el magisterio de Juan Pablo II cuando animaba a “discernir bien las situaciones” de los divorciados vueltos a casar civilmente, dada su creciente complejidad, así como a valorar el diverso grado de pertenencia eclesial de dichas personas. El papa Wojtyla era consciente del problema. Pero, una vez reconocido, lo aparcaba y se limitaba a aplicar la llamada “ley moral natural” sin contemplaciones porque en ella se transparenta la voluntad de Dios. Y con él, Benedicto XVI. A diferencia de ellos, Francisco prefiere mirar el comportamiento de Jesús en la parábola del hijo pródigo o con la mujer sorprendida en adulterio. Y, a su luz, entiende, cargado de razones, que el amor de Dios está por encima de cualquier ley, incluido el catecismo y el código de derecho canónico. Me da que este criterio también está llamado a tener más futuro que la aplicación inmisericorde de la ley, aunque se intente presentarla como “definitiva” e “irreformable”. Todo un exceso, éste último, dogmático, además de jurídico, que ignora la precedencia del Evangelio.

     En tercer lugar, creo que no conviene confundir “relativismo” con “jerarquía de verdades”. Nadie discute, al menos entre los católicos, la indisolubilidad como uno de los principios del matrimonio, sin olvidar que cada día somos más quienes entendemos que no se pueden seguir aparcando las excepciones a dicho principio que el mismo evangelista Mateo (19,9) también pone en boca de Jesús: “excepto en caso de adulterio” (“porneia”). Pero todos deberíamos estar de acuerdo en que el corazón del Evangelio no son dichas verdades ni sus excepciones, sino la misericordia de Dios con nosotros. A su luz, se han de leer y aplicar las restantes. Esto tampoco es flor de un día.

     Evidentemente, está en juego no perder el tren de la historia, pero, sobre todo, recuperar el corazón mismo del Evangelio que, con frecuencia, sobrepasa a la historia. Y con ella, a nosotros.

 Jesús Mtz. Gordo

miércoles, 31 de agosto de 2016

Papa Francisco: “La parroquia no se toca”




En Cracovia, durante el encuentro con los obispos, Bergoglio volvió a proponer la vida parroquial como la vía ordinaria y privilegiada para el anuncio del Evangelio, lejos de los trabalenguas clericales de última generación, que tratan sobre la evangelización “2.0”, encomendada a meras ocurrencias. Tomado de Vatican insider.

La parroquia «no se toca», no es «una estructura que tengamos que tirar por la ventana». Al contrario, es «la casa del pueblo de Dios», y «debe seguir siendo un lugar de creatividad, de referencia, de maternidad». Palabra de Papa Francisco, obispo de Roma. En el marco de su primer viaje polaco, construido alrededor del encuentro «extraordinario» de la JMJ de Cracovia, Bergoglio también tuvo tiempo para volver a proponer la ordinariedad de la vida parroquial como un lugar propicio para el anuncio del Evangelio. Lo hizo el pasado 28 de julio, durante el diálogo que mantuvo con los obispos polacos en la catedral de Cracovia, cuya transcripción fue publicada ayer por la Sala de Prensa vaticana. 

La pregunta de uno de los obispos fue la oportunidad para que Papa Francisco respondiera con un verdadero «elogio de la parroquia», lleno de indicaciones concretas, que podrá hacer que se esfumen las «fanta-teologías» sobre la jubilación del instituto parroquial. Y también se mantuvo fatalmente alejado de muchos de esos trabalenguas clericales de última generación, que tratan sobre la evangelización «2.0», encomendada a meras ocurrencias. Para el actual Sucesor de Pedro, el «cuerpo a cuerpo» de la vida parroquial sigue siendo el ámbito más favorable para que florezca la obra apostólica confiada a la Iglesia.

Ya en la exhortación apostólica “Evangelii gaudium ”, Papa Francisco había insistido en que «la parroquia no es una estructura caduca». Citando la exhortación apostólica de Wojtyla “Christifideles laici”, indicó que «seguirá siendo ‘la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas’». En Polonia llegó a una mayor profundidad: «¿Buscar la novedad y cambiar la estructura parroquial? Lo que les digo podrá parecer una herejía, pero es como la vivo yo: creo que es una cosa parecida a la estructura episcopal, es diferente, pero análoga». Así, al responderle al obispo polaco que le preguntaba sobre la oportunidad de buscar nuevas «modalidades pastorales» frente a las condiciones de la vida cotidiana, Bergoglio llegó a trazar una analogía entre la naturaleza de la estructura parroquial y el dato estructural de la sucesión apostólica.

martes, 17 de mayo de 2016

El perfil del sacerdote que no tiene ninguna agenda que defender, según Francisco

No habló sobre política ni citó la nueva ley italiana sobre las uniones civiles. No volvió a afrontar las emergencias sociales, como la de la migración, sobre la que pronunció algunas palabras hace pocos días al recibir el premio Carlo Magno. Papa Francisco intervino frente a los obispos italianos reunidos en asamblea y trazó el perfil del sacerdote. Explicó que es un hombre de paz, de relaciones, con una vida simple, que siempre está disponible para las personas. No es un burócrata o un funcionario andino, no se fija en la eficiencia ni se escandaliza por la fragilidad del ánimo humano. En un pasaje de su discurso, refiriéndose a las estructuras que se ocupan de los bienes económicos, invitó a los obispos a «mantener solo lo que sirve para la experiencia de fe y caridad del pueblo de Dios».


Un cambio de época

La «renovación del clero» es el tema que eligió la asamblea de la Conferencia Episcopal de Italia para la discusión durante su asamblea. El Papa propuso a los obispos que se pongan a escuchar, acercándose a «alguno de todos los párrocos que se gastan en nuestras comunidades». ¿Qué es lo que «da sabor» a su vida? Francisco respondió recordando que el contexto cultural es diferente del que vivía en el pasado, porque «también en Italia muchas tradiciones, costumbres y visiones de la vida han han sido incluidas por un profundo cambio de época». «Nosotros, que a menudo nos encontramos deplorando este tiempo con tono amargo y acusatorio, debemos advertir también su dureza: en nuestro ministerio —añadió el Papa—, ¡cuántas personas encontramos que viven en afanes por la falta de referencias! ¡Cuántas relaciones heridas! En un mundo en el que cada uno se piensa como la medida de todo, ya no hay sitio para el hermano».


No escandalizarse por las fragilidades

La vida del sacerdote, con este paisaje de fondo, «se vuelve elocuente, porque es diferente, alternativa». Como Moisés, «él es uno que se acercó al fuego y dejó que las llamas quemaran sus ambiciones de carrera y poder. También quemó la tentación de interpretarse como un ‘devoto’, que se refugia en un intimismo religioso que tiene muy poco de espiritual». «Está descalzo, nuestro sacerdote —continuó—, con respecto a una tierra que se obstina en creer y considerar como santa. No se escandaliza por las fragilidades que sacuden el ánimo humano: consciente de ser también él mismo un paralítico curado, se queda a distancia de la frialdad del rigorista, así como de la superficialidad de quienes quieren mostrarse condescendientes». En cambio, insistió Bergoglio, «acepta encargarse del otro, sintiéndose partícipe y responsable de su destino».


No es un burócrata

El sacerdote «con el aceite de la esperanza y de la consolación, se hace prójimo de cada uno, y está atento para compartir su abandono y sufrimiento. Habiendo aceptado no disponer de sí, no tiene una agenda que defender, sino que entrega cada mañana su tiempo sl Señor para dejarse encontrar por la gente. Así, nuestro sacerdote no es un burócrata o un andamio funcionario de la institución; no está consagrado a un papel de empleado, ni lo mueven los criterios de la eficiencia».

lunes, 16 de mayo de 2016

Marejada en la Iglesia

Jesús Martínez Gordo
Catedrático en teología

 
            Marejada con fases de mar arbolada. Provocada por un papa venido “del fin del mundo”, nieto de italianos, que añora poder “callejear” por Roma como lo hacía en Buenos Aires, que tiene a la misericordia como el santo y seña de su pontificado y que, además, es hijo espiritual de Ignacio de Loyola, probablemente, el guipuzcoano más universal de todos los tiempos. Este singular sucesor de Pedro que quiso que su primer viaje fuera a la isla de Lampedusa (para poner en el mapa de la información mundial el drama de los migrantes), está removiendo los cimientos de muchos “lobbies” eclesiales que durante los últimos cuarenta años han controlado el gobierno de la Iglesia católica. Y con los de ellos, los de no pocos colectivos civiles que, mira tú por dónde, les han apoyado, obviamente, mientras propiciaban decisiones favorables a sus intereses.

Cuesta encontrar en la historia de la Iglesia un comportamiento tan beligerante (y hasta insultante) contra un papa. Y más, por parte de quienes, rozando la “papolatría”, acusaban -no hace mucho- a todos los que no estaban en su onda, de tener poco (o ningún) amor al sucesor de Pedro. Les importaba un comino que dicha valoración fuera ejercida desde la “empatía crítica”. Lo único que buscaban era que todo el mundo cerrara filas en torno al magisterio y al gobierno de quien gustaban llamar “el vicario de Cristo”; un título que, según Jesús de Nazaret, corresponde a los hambrientos, sedientos, encarcelados, enfermos, desnudos y, en definitiva, a los parias y crucificados de todos los tiempos. Y de nuestros días.

Pues bien, (mejor dicho, pues mal, muy mal), a estos beligerantes partidarios de las “verdades innegociables” las lanzas se les han convertido en podaderas en poco más de tres años. Los que Francisco lleva al frente del timón de la barca de Pedro. Y ya no saben qué hacer. Bueno, sí, hay una cosa que han empezado a practicar con tanta o mayor pasión que como cuando daban leña sin piedad: denigrar e insultar a Francisco, sus enseñanzas y sus decisiones. Es, se les oye decir, un demagogo, está contaminado de populismo peronista, le divierte el “buenismo”, sabe poca teología, es un incontinente verbal, mantiene un discurso pauperista, es un teatrero y cuando, buscando estar al lado de las víctimas de la pedofilia, reparte estopa, acaba metiéndose “en camisas de once varas” de las que ellos tienen que sacarle. Así se manifestaba –“off the record”, por supuesto- un obispo de estas tierras no hace mucho. ¡Tiene bemoles la cosa!

sábado, 30 de abril de 2016

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo. Carta del Papa al Presidente de la CAL

(De R.V.)

Texto completo de la Carta del Papa Francisco

A Su Eminencia Cardenal

Marc Armand Ouellet, P.S.S.

Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina


Eminencia:

 Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos.

Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión "no caiga en saco roto"; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.

Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos. Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se le sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.

Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: "es la hora de los laicos" pero pareciera que el reloj se ha parado.

Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción.

jueves, 10 de marzo de 2016

Un llamamiento al papa Francisco


(El País: 09/03/16)




Es apenas concebible que el papa Francisco hubiera pretendido establecer una definición de la infalibilidad papal como la que, en el siglo XIX, promoviera Pío IX con buenas y no tan buenas mañas. Tampoco es imaginable que Francisco tuviera interés, como Pío XII, en la definición de un dogma infalible acerca de María. Lo concebible es, más bien, que el papa Francisco (como en su día Juan XXIII ante los estudiantes del Pontificio Colegio Griego) declarase con una sonrisa: “Ío non sono infallibile” —“Yo no soy infalible”—. En vista del asombro de los estudiantes, el papa Juan añadió: “Solo soy infalible cuando defino ex cathedra, pero nunca lo haré”.

El 18 de diciembre de 1979 el papa Juan Pablo II me retiró la licencia eclesiástica por haber cuestionado la infalibilidad papal. En el segundo volumen de mis memorias, Verdad controvertida, demuestro, apoyándome en una extensa documentación, que se trataba de una acción urdida con precisión y en secreto, jurídicamente impugnable, teológicamente infundada y políticamente contraproducente. El debate acerca de la revocación de la missio canonica y de la infalibilidad se prolongó todavía bastante tiempo. Pero mi reputación ante el pueblo creyente no pudo ser destruida. Y tal como yo había predicho, no han cesado las discusiones en torno a las grandes reformas pendientes. Al contrario: se han agudizado fuertemente bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Estas son las que yo mencionaba entonces: el entendimiento entre las distintas confesiones; el mutuo reconocimiento de los ministerios y de las distintas celebraciones de la eucaristía; las cuestiones del divorcio y de la ordenación de las mujeres; el celibato obligatorio y la catastrófica falta de sacerdotes, y, sobre todo, el gobierno de la Iglesia católica. Y preguntaba: “¿A dónde conducís a nuestra Iglesia?”

viernes, 29 de enero de 2016

Misericordia en la pantalla




“FRANCISCO, EL PADRE JORGE”

Dirección: Beda Docampo Feijoo. Guión: Beda Docampo Feijóo César Gómez Copello (Libro: Elisabetta Pique). País: Argentina, España. Año 2015. Música: Federico Jusid. Fotografía: Kiko de la Rica. Intérpretes: Darío Grandinetti, Silvia Abascal, Leticia Brédice, Carlos Hipólito, Alejandro Awada, Jorge Marrale, Emilio Gutiérrez Caba.



La edición en dvd del film “Francisco, el padre Jorge” es una buena ocasión para ver esta sorprendente película que intenta profundizar en la vida del santo padre Francisco.

La práctica totalidad de los papas que ha habido tras la segunda Gran Guerra han tenido su reflejo en la pantalla. Con mayor o menor acierto, la vida de los pontífices ha sido tan intensa que ha merecido la atención de directores de cine y televisión que han narrado las aventuras humanas y espirituales de hombres tan significativos. Incluso la vida del papa Juan Pablo I, que tuvo un pontificado brevísimo, fue llevada a la televisión por Giorgio Capitani en “La sonrisa de Dios” (2016).

Ha habido, no obstante algo común a todos estos films, todos ellos se ha hecho una vez sus protagonistas reales, los papas, ya habían muerto. En “Francisco, el padre Jorge” no ocurre lo mismo. Su director, Beda Docampo, tiene la osadía de hacer un film sobre Francisco cuando éste está en la plenitud de su pontificado.

Utilizando como excusa la investigación que una periodista española (Silvia Abascal) hace del cardenal Bergoglio, el film va recorriendo la vida del padre Jorge (Darío Grandinetti). La historia comienza con la adolescencia y juventud de Jorge, su descubrimiento de la vocación religiosa, sus renuncias y sus primeros tiempos de ministerio sacerdotal. Apremiado por todo lo que quiere contar, esta primera parte del film es algo farragosa; las escenas se suceden una tras otras sin solución de continuidad. Beda Docampo quiere explicar muchas cosas y tiene poco tiempo: el compromiso por los pobres, el enfrentamiento con las autoridades, la denuncia de la droga, la resistencia a los sobornos, el carácter popular del sacerdote y su abrumadora autoridad.

Cuando el film entra a narrar los ocho últimos años del cardenal Bergoglio hasta que llega al pontificado, es cuando funciona mejor. Los gestos, las miradas, las palabras, las escenas ya fluyen más pausadas y ordenadas. El espectador saborea entonces más la historia.

La película es sencilla pero narrada con intensidad; el interés no decae en ningún momento. Parece más pensada para el mercado televisivo que para la gran pantalla. Los actores están correctos y sobresale Grandinetti, poniéndose convincentemente en la piel de Francisco.

Recomendable para entender la figura gigantesca de un pontífice que, en su sencillez, resulta una figura histórica grandiosa. A través de su metraje, en “El padre Jorge” vemos el tesón de una Iglesia que se empeña en estar al lado de los pobres, desde las Villas Miseria de Buenos Aires, hasta el mismísimo Vaticano de Roma.

En este año de la Misericordia es un film de visión casi obligada, que nos acerca a un testigo del evangelio que conmueve por su paz interior, por sus palabras y por sus gestos, que es un testigo de paz y de interreligiosidad…una personalidad, en fin, tan grande que ya ha sido llevado al cine otra vez. “Llamadme Francisco” de Pietro Valsecchi se acaba de estrenar en Italia.
JOSAN MONTULL

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Francisco en un congreso organizado por la congregación para el clero


DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO ORGANIZADO POR LA CONGREGACIÓN PARA EL CLERO;
CON OCASIÓN DEL 50 ANIVERSARIO DE LOS DECRETOS CONCILIARES
"OPTATAM TOTIUS" Y "PRESBYTERORUM ORDINIS"
Sala Regia
Viernes 20 de noviembre de 2015

[Multimedia]

«La santificación del sacerdote está unida a la de su pueblo.»
Obispo: «Y si tú no te ves capaz de permanecer en la diócesis, renuncia, y da vueltas por el mundo haciendo otro apostolado muy bueno.»


Señores cardenales,
queridos hermanos obispos y sacerdotes,
hermanos y hermanas:



Dirijo a cada uno un cordial saludo y expreso un sincero agradecimiento a usted, cardenal Stella, y a la Congregación para el clero, que me invitaron a participar en este congreso, a los cincuenta años de la promulgación de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis.

Os pido disculpas por haber cambiado el primer proyecto, que consistía en que yo vaya a vuestro congreso, pero habéis visto que no había tiempo e incluso aquí llegué con retraso.

No se trata de una «nueva evocación histórica». Estos dos decretos son una semilla, que el Concilio depositó en el campo de la vida de la Iglesia; en el curso de estos cinco decenios han crecido, se convirtieron en una planta frondosa, ciertamente con alguna hoja seca, pero sobre todo con muchas flores y frutos que embellecen a la Iglesia de hoy. Recorriendo el camino realizado, este congreso ha mostrado esos frutos y ha sido una oportuna reflexión eclesial sobre el trabajo que queda por hacer en este ámbito tan vital para la Iglesia. ¡Aún queda trabajo por hacer!

Optatam totius y Presbyterorum ordinis fueron recordados juntos, como las dos partes de una única realidad: la formación de los sacerdotes, que distinguimos en inicial y permanente, y que para ellos es una única experiencia de discipulado. No por casualidad, el Papa Benedicto, en enero de 2013 (Motu proprio Ministrorum institutio), dio una forma concreta, jurídica, a esta realidad, atribuyendo también a la Congregación para el clero la competencia sobre los seminarios. De este modo el mismo dicasterio puede comenzar a ocuparse de la vida y del ministerio de los presbíteros desde el momento del ingreso en el seminario, trabajando para que se promuevan y se cuiden las vocaciones, y puedan culminar en la vida de santos sacerdotes. El camino de santidad de un sacerdote comienza en el seminario.

Desde el momento que la vocación al sacerdocio es un don que Dios concede a algunos para el bien de todos, quisiera compartir con vosotros algunas reflexiones, precisamente a partir de la relación entre los sacerdotes y las demás personas, siguiendo el n. 3 de Presbyterorum ordinis, donde se encuentra como un pequeño compendio de teología del sacerdocio, tomado de la Carta a los Hebreos: «Los presbíteros, tomados de entre los hombres y constituidos en favor de los mismos en las cosas que miran a Dios para ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados, moran con los demás hombres como hermanos».

sábado, 14 de noviembre de 2015

Condena enérgica del papa

En un telegrama enviado por el Secretario de Estado al cardenal arzobispo de París

El cardenal secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin ha enviado en nombre del santo padre, un telegrama al arzobispo de París, André Vingt-Trois, sobre los ataques terroristas de anoche en la capital francesa, en el que Francisco "condena enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada". (ZENIT)

A continuación el texto completo de la misiva

"Cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París

Informado de los horrendos ataques terroristas que tuvieron lugar en París y en el Estado francés, que ha causado la muerte de decenas de personas y herido a muchos otros, su santidad Francisco se une con la oración al sufrimiento de las familias afectadas por el drama y el dolor del pueblo francés.

E invoca a Dios, Padre de misericordia, para que acoja a las víctimas en la paz de su luz y dé consuelo y esperanza a los heridos y sus familias. Él les asegura, así como a todos los que participaron en el rescate, su cercanía espiritual.

Una vez más, el Santo Padre condena enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada, y pide a Dios que inspire a todos, pensamientos de paz y de solidaridad y derrame sobre las familias probadas y sobre todo los franceses, la abundancia de sus bendiciones.

Cardenal Pietro Parolin

Secretario de Estado de Su Santidad"
(14 de noviembre de 2015)


ORIGINAL

viernes, 6 de noviembre de 2015

Las ciabogas de Francisco

Por Jesús Mz. Gordo (Teólogo)
(En DV, 2/11/15)

La apuesta del Papa por acercarse a la familia y a la moral sexual desde la misericordia tiene las puertas abiertas. El Sínodo ha reflejado que las tesis rigoristas son minoritarias

La celebración del Sínodo Ordinario de obispos sobre la familia y unas históricas declaraciones de Francisco sobre la necesidad (y urgencia) de repensar tanto la organización y el gobierno de la Iglesia como el mismo papado, han marcado la información religiosa del pasado mes de octubre.

Dejando para otra ocasión las históricas declaraciones del Papa sobre la organización eclesial, es preciso reconocer que a la finalización de la Asamblea de obispos ha sido posible constatar cómo la apuesta de Francisco por acercarse a la familia y a la moral sexual desde la misericordia tiene las puertas abiertas, cierto que después de haber superado algunas resistencias que se han hecho notar mediante las filtraciones a la prensa de un infundio y de una acusación y, al parecer, después de un intenso debate.

Según el infundio, el papa Francisco, al haber padecido un tumor cerebral, quirúrgica y felizmente superado, estaría impartiendo un magisterio inaudito y tomando decisiones sorprendentes. Una maquiavélica y burda filtración que buscaba desacreditar (y, con ello, incapacitar) al sucesor de Pedro y que provocó un desmentido, rotundo e inmediato, tanto del portavoz de la Santa Sede como del cirujano que supuestamente habría realizado dicha imaginaria intervención.

lunes, 26 de enero de 2015

La reconciliación para Sri Lanka. Y ¿para Euskadi?


13/01/15

Decididamente este Papa tiene cosas que decir. Nada más terminar el discurso al cuerpo diplomático, que refiero en la anterior entrada en este blog, voló a Sri Lanka como primera etapa de su periplo asiático. En el aeropuerto pronunció un discurso del que extraigo una par de párrafos, pensando en Euskadi. Ciertamente Sri Lanka ha sufrido más en su “conflicto” que Euskadi en el nuestro. Pero creo perfectamente aplicable la reflexión de Francisco en Sri Lanka a Euskadi. O ¿no?. Y si no, ¿por qué no?

Del discurso del Papa Francisco a su llegada Sri Lanka el 13/01/15. Texto completo en castellano en Zenit del mismo día

“Durante muchos años, Sri Lanka ha conocido los horrores de la contienda civil, y ahora trata de consolidar la paz y curar las heridas de esos años. No es tarea fácil superar el amargo legado de injusticias, hostilidad y desconfianza que dejó el conflicto. Esto sólo se puede conseguir venciendo el mal con el bien (cf. Rm 12,21) y mediante el cultivo de las virtudes que favorecen la reconciliación, la solidaridad y la paz. El proceso de recuperación debe incluir también la búsqueda de la verdad, no con el fin de abrir viejas heridas, sino más bien como un medio necesario para promover la justicia, la recuperación y la unidad.

lunes, 19 de enero de 2015

Para entender el terrorismo contra Charlie Hebdo en París

(De R.C.)




Leonardo Boff, teólogo y escritor

Una cosa es indignarse, con toda razón, contra el acto terrorista que acabó con los mejores caricaturistas franceses. Se trata de un acto abominable y criminal, imposible de ser apoyado por cualquiera que sea.

Otra cosa es buscar entender analíticamente por qué tales sucesos terroristas ocurren. No caen del cielo azul. Detrás de ellos hay un cielo oscuro, hecho de historias trágicas, matanzas masivas, humillaciones y discriminaciones, cuando no de verdaderas guerras como las de Iraq y Afganistán que sacrificaron vidas de miles y miles de personas o las obligaron a marchar al exilio.

Estados Unidos y varios países europeos estuvieron presentes en estas guerras. En Francia viven algunos millones de musulmanes, la mayoría en las periferias de las ciudades, en condiciones precarias. Muchos de ellos, aunque hayan nacido en Francia, están altamente discriminados hasta el punto de surgir una verdadera islamofobia. Después del atentado a las oficinas de Charlie Hebdo, fue atacada a tiros una mezquita, un restaurante musulmán fue incendiado y una casa de oración islámica fue también tiroteada.

martes, 30 de diciembre de 2014

Acompañar a Francisco en el camino emprendido



No me canso de decir que los cristianos estamos usando del Papa Francisco como teleadictos.

Sí, ahora, además de La Sexta, Tele Cuatro y Telecinco, tenemos TeleFrancisco

Y todos felices. Tan entretenidos como los espectadores de la TeleBasura.

Como los malos estudiantes que no investigan lo que ellos quieren decir, sino lo que dicen que dijo no se sabe qué autor, nosotros comentamos lo que dicen que dijo o hizo Francisco, sin acompañarle en el camino inaugurado.

Y si no, ¿Qué diócesis reestructura sus cuentas? ¿Qué obispo o equipos de Gobierno o Consejos, a la hora de concretar los programas pastorales, aplican, lisa y llanamente, lo ya formulado y comenzado a hacer práctica desde antes incluso de formularlo, el Papa Francisco? ¿Qué predicador, además de decir gozar con ello, empalma con las homilías en Santa Marta? ¿Qué grupos de los de siempre mirar arriba o al lado cuando dicen “iglesia” hemos empezado a descentrarnos?

No repetiré para vosotros el vano deseo de un urte berri on. Os deseo lo que a mí: iniciar acciones explícitas de apoyo al Papa Francisco ahora que lo tenemos, palabras acompañadas de acciones en la línea del gran don que se nos ha dado, Francisco. Es quien hoy por hoy nos va marcando pautas auténticas para recuperar a Jesús y su apuesta por el Reino.


Txelis