lunes, 23 de julio de 2018

50 años de la cárcel concordataria de Zamora







Represión franquista El infierno de los curas "rojo-separatistas": 50 años de la cárcel concordataria de Zamora

Este domingo se cumple medio siglo de la apertura de la única prisión del mundo destinada a sacerdotes. Allí fueron encerrados los religiosos que se oponían al régimen. Muchos de ellos fueron torturados en comisaría. La Iglesia nunca reconoció su sufrimiento.


La cárcel de Zamora destinada a curas “rojo-separatistas”.


“Ilunpe hontan bizi gara erdi hilak” (“En esta oscuridad vivimos medio muertos”). El bertsolari y ex sacerdote vasco Xabier Amuriza hubiese preferido no tener que escribir nunca aquella frase, pero hubo una época en la que su destino estuvo directamente en manos del demonio. Las puertas del infierno se abrieron formalmente hace 50 años: este domingo se cumple medio siglo de la inauguración de la cárcel concordataria de Zamora, única prisión del mundo destinada a curas “rojo-separatistas”.

“Aquello fue un apartheid. Así, como suena. Fue, además, el símbolo del pacto entre la Iglesia y el Estado franquista”, comenta a Público Juan Mari Zulaika, otro de los vascos encerrados detrás de aquellos muros. En efecto, la prisión abierta en Zamora fue la venganza del nacionalcatolicisimo contra sus “ovejas negras”. O rojas. Una venganza impulsada por el franquismo y bendecida por las instituciones eclesiásticas, fielmente alineadas con los principios del régimen. Amuriza lo resumiría con otra frase lapidaria: “Maldita cárcel ésta. Todavía estamos sanos de la cabeza, pero sobran motivos para enloquecer”. “No en vano, fue una de las peores cárceles de la dictadura”, apunta Zulaika.

“Paradójicamente, el régimen de Franco, que tanto poder había concedido a la Iglesia, acabó sus días persiguiendo sacerdotes. Los más díscolos fueron a parar a un penal, la cárcel concordataria de Zamora, reservada especialmente para el clero”, señala el historiador Francisco Fernández Hoyos en un trabajo titulado “La cárcel concordataria de Zamora: una prisión para curas en la España franquista”. “Ni siquiera países oficialmente ateos como los del bloque comunista, anticlericales por definición, llegaron a tanto”, subraya el experto.

domingo, 1 de julio de 2018

DOS POR UNO



            Hace unos días, en un diario de Bilbao se publicó un artículo sobre el nombramiento de un obispo auxiliar para esta diócesis. Según el periodista responsable de aquella información, el nombramiento se realizaría antes de fin de año y según las fuentes consultadas por el mismo periódico, se daba por hecho que Joseba Segura era uno de los curas incluidos en la terna que D. Mario Iceta había presentado al Papa para que sea nombrado el auxiliar que le había solicitado.

            Podemos pecar de ingenuos pero no deja de extrañarnos que el secreto pontificio sea “revelado” tan fácilmente; un secreto que, según parece, pretende proteger la discreción de todo este trámite y favorecer la libertad del Papa en el nombramiento de los obispos en la Iglesia Católica. Por eso no debemos darle mucha credibilidad a esta información. No puede ser que el Consejo de Redacción de un periódico tenga mayor consideración que los Consejos Diocesanos a la hora de recibir información de un asunto de tanta importancia para la misión de la Iglesia en Bizkaia; no puede ser.

            Pero lo cierto es que fue nuestro obispo quien hizo pensar que se “daba por hecho” que Joseba sería uno de los curas que integrarían la terna de candidatos, porque en la sesión del Consejo de Pastoral, al comunicar a los consejeros que le podían escribir —en privado por supuesto— para proponerle nombres de curas, les vino a decir, ante la extrañeza de muchos consejeros, que con la consulta que hizo para el nombramiento del vicario general ya tenía suficientes datos, siendo así que un obispo auxiliar viene a ser como un vicario general. Con ello, el secreto pontificio se convirtió en un acertijo: “blanco y en botella” y venía a resultar que el voto para elegir un vicario general podría tener un doble efecto: elegimos uno y como en las rebajas, por el mismo precio nos dan dos.

            A mí me cuesta creer que lo que se “da por hecho” se convierta en realidad. No podría entender que a Joseba, recién llegado de Ecuador, después de haberle nombrado vicario general sin haberle dado tiempo para hacerse cargo de la situación de la diócesis, sin darle tiempo para ejercer ni como cura ni como vicario, le nombraran obispo auxiliar. Y no es que carezca de capacidad y cualidades para serlo, que no es eso de lo que aquí se está tratando. Muchos se alegrarían de que así sucediera porque consideran que, en este caso, el fin justificaría los medios y con tal de tener un obispo de las cualidades de Joseba se podría dar por bueno un proceso tan irregular. Pero si estas previsiones se cumplen, el nombramiento, pienso yo, no sería bien aceptado porque los miembros de las Comunidades, Parroquias y Movimientos se sentirán ignorados cuando fueron consultados para nombrar un vicario mientras D. Mario ya estaba haciendo gestiones para nombrar un obispo. También Joseba se verá perjudicado al verse objeto de este juego que no puede ser de su agrado. Y además, si le hacen obispo auxiliar ¿habrá que hacer de nuevo elecciones para vicario general? O si, como dice D. Mario, el obispo auxiliar es como un vicario general, ¿se prescindirá del vicario? Pues podía haberlo dicho antes y nos hubiéramos ahorrado todo el papeleo de las votaciones. A Joseba le podría suceder como a Lopategui, el seleccionador del equipo español de fútbol que, aunque había sido contratado para dirigir a la selección no le han dejado seguir en su puesto porque le ha fichado el Madrid.