jueves, 21 de mayo de 2020

El genetista estadounidense Francis Collins recibe el Premio Templeton

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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Anne-Laure Juif (avec AFP)
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La Fundación John Templeton de Inglaterra, que reconoce a las personas que trabajan para acercar la ciencia y la fe, otorgó su premio el miércoles (20 de mayo) al director del Instituto Americano de Salud (NIH), Francis Collins.

 En las décadas de 1990 y 2000, lideró el proyecto pionero de mapas del genoma humano; es en el alfabeto del ADN que percibe "el lenguaje de Dios", según el título de su bestseller, "De la genética a Dios".
El Premio Templeton, dotado con 1,2 millones de euros —más que el Premio Nobel— premia anualmente a las personalidades que han renovado la comprensión de la religión, especialmente a través de la ciencia.
Este es el caso de Francis Collins, de 70 años, director del American Institute of Health (NIH), la agencia de investigación biomédica más grande del mundo. Fue galardonado  con el 50o Premio Templeton por "demostrar cómo la fe religiosa puede motivar e inspirar una investigación científica rigurosa", según una declaración el miércoles 20 de mayo, de la Fundación Inglesa del mismo nombre.
Como estudiante de medicina ferozmente ateo, Francis Collins descubrió la fe cristiana a principios de la década de 1970, al lado de los enfermos casi mortales. "Me di cuenta de que mi ateísmo no podía ayudarme a responder algunas preguntas profundas", dice.
Describiendo el ateísmo como "el más radical de los dogmas", considera que el método científico requiere, por el contrario, dejar poco espacio para la duda sobre la existencia de Dios. El, que lideró el proyecto pionero de mapear el genoma humano en los años 1990 y 2000, está en el alfabeto de ADN que percibe "el lenguaje de Dios", según el título de su best seller, From Genetics to God, publicado en 2006 y traducido al francés en 2010 (ed. Renaissance Press).
"Este libro sostiene que la creencia en Dios puede ser una elección perfectamente racional", escribe en la introducción. Y que los principios de la fe son complementarios a los principios de la ciencia.
Un momento sobrenatural
"Permítanme ser claro: no soy uno de los que piensan que Dios arregló milagrosamente las cartas exactas en un momento sobrenatural, hace unos miles de años, y creó el genoma humano a la vez",  dice el científico.
Desde este microbio original ha hecho vida, a "criaturas como tú y yo con grandes cerebros, capaces de grandes pensamientos, incluso pensando más allá de lo que vemos, hacia algo más importante... más divino.
"En las ciencias de la vida, veo esta belleza, esta elegancia, veo en ella la forma en que Dios ha tenido que cablear toda la creación desde el principio", explica Collins. Me parece aún más fabuloso que las galaxias.
Para Francis Collins, la ciencia le da al investigador "el privilegio de explorar la creación de Dios". El ejercicio intelectual, se atreve, y luego se convierte "casi en devoción".
El Premio Templeton, que fue otorgado a la Madre Teresa, Alexander Solzhenitsyn o el Dalai Lama, se ha otorgado a un francés tres veces: el fundador de Taizé, el hermano Roger; el físico Bernard d'Espagnat y el fundador de L'Arche, Jean Vanier en 2015.

martes, 12 de mayo de 2020

Vivir más sencillamente

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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Eduardo Azumendi
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Creer en las personas y sacar lo mejor de ellas. Esa es la máxima de Koldo Saratxaga (Sopuerta,
Bizkaia, 1947), fundador de la empresa K2K Emocionando e impulsor de Ner Group. A través de K2K Emocionando promueve la transformación organizacional en empresas aplicando el Nuevo Estilo de Relaciones (ner). Por su parte, Ner Group es la asociación de empresas y organizaciones de sectores y tamaños muy diferentes (desde  cooperativas a otro tipo de sociedades) que opera con este nuevo estilo de relaciones, en la que la persona es el centro. Este asesor y consejero empresarial ha transformado muchas dinámicas dentro de las empresas, con repercusiones en el bienestar físico y emocional de las personas. "Mientras no se entienda que lo más valioso son las personas, seremos mediocres", asegura.

Saratxaga apela a los ciudadanos a que no se queden parados esperando que alguien les de la solución. "Hay que posicionarse. Hay que acostumbrarse a vivir de una manera bastante diferente: mucho más sencilla, más cercana, con menos ruidos. Más tortuga y menos liebre. Y de esa forma apreciar lo que tienes alrededor, que tiene un valor infinito".

Usted ha promovido un manifiesto suscrito por más de 141 empresas y profesionales de 11 países para defender una salida colectiva a la crisis provocada por el coronavirus en el que se comprometen a que ninguna persona se quede atrás.
Es coherente con nuestra forma de sentir, pensar y hacer. Entre nuestros valores está el de no despedir a nadie, así que eso nos condiciona a ser creativos, a innovar y ser participativos. Mientras no se entienda que lo más valioso son las personas, seremos mediocres. Y desde ahí nos posicionamos. Esto no es como la crisis de 2008, que fue puramente económica y los ciudadanos la vieron como que los bancos habían hecho salvajadas, que el dinero no existía....Pero ahora cada persona tendrá que interpretar por qué está aquí. Si es porque la naturaleza ha dicho basta ya, si es porque detrás hay alguien que tiene oscuras intenciones y es capaz de obligar a someter a la sociedad.....

¿Alejarse de la tentación del 'sálvese quien pueda' no?
Así es. A todos nos han dicho que durante 50 o 60 días nos quedemos parados o encerrados. Y la mayoría de la gente lo ha hecho. Pero cada persona, cada familia tiene que tomar una decisión: ¿qué he sacado yo de todo esto? ¿cómo quiero seguir? ¿cuál es mi propósito? Antes eran las empresas, la banca o el banco mundial los que marcaban la consigna, pero ahora hay una situación diferente que lleva a que las soluciones partan desde la propia persona, la familia y la sociedad.

¿Y qué va a pasar con la solidaridad cuando concluya la pandemia?
Las muestras de solidaridad no dejan de ser momentáneas, soltar emociones en un momento dado. Pero estos es mucho más profundo, de ahí lo de qué piensa cada uno de esta situación. La solidaridad de salir a una manifestación o apoyar a alguien en un momento dado llevamos haciéndolo mucho tiempo, pero esto es más serio. Uno sale a la ciudad y puede respirar, mira al frente y se da cuenta de que se ven los montes que antes no se veían, no se oyen ruidos....Quien más quien menos ha tenido oportunidad de comer y cenar todos los días con su familia. Todo eso ha cambiado la forma de ver la sociedad y lo que quiere ofrecer cada uno y, a la vez, que le ofrezcan.

Parece que vienen tiempos de cambio, ¿lo primero es pensar cada uno cómo sale de esta? Por ejemplo, bajar el nivel de actividad, de salario, de consumo...
No esperes a que te den la solución. Hay que posicionarse. La sociedad tiene un problema: siempre se ha dejado en manos del capital y el poder que tomen las decisiones. No estamos acostumbrados como sociedad a situaciones complejas. estamos familiarizados con resolver los problemas del día a día, y no todo el mundo. Pero ahora no se vislumbran soluciones porque ha pasado algo que no había ocurrido nunca. No estamos preparados para un mundo complejo y hay que acostumbrarse a vivir de una manera bastante diferente: mucho más sencilla, más cercana, con menos ruidos. Más tortuga y menos liebre. Y de esa forma apreciar lo que tienes alrededor, que tiene un valor infinito.

Y lo que hay alrededor son personas.
Sí, porque las personas son lo más relevante de un país, de una empresa, de una organización. Y mientras no se entienda eso seremos mediocres. Y eso me da pie a hablar de la educación. Para mi lo que hay actualmente es escolaridad, no educación. Hay que sentir más las cosas, es preciso ser más ser que tener, que aparentar. Hay que vivir hacia dentro más que hacia afuera. Esta locura que llevamos no nos deja ver ni a dónde vamos. El mundo de la educación tiene que ir ligado a las experiencias. Los humanos venimos al mundo con unos dones, con unas habilidades y la sociedad tiene que dejar que eso fluya. Por eso no hay que encarrilar a los niños hacia la monotonía, la hoja de ruta, hacia los estudios que están programados para todos....Si cada niño o niña es un ser único tenemos que dejar que esos dones con los que vienen al mundo se puedan desarrollar. Si no es así tendremos jóvenes y adultos con montones de traumas, de problemas que han añadido en esa etapa de los cero a los 18 años porque no han podido desarrollarse en condiciones. En el fondo no son personas realizadas. El 85 % de las personas en España no está a gusto en el trabajo que desarrolla. Esto es un gran problema. Lo más grave es que un país se permita tener un niño que ha fracasado en la escuela porque terminara en las cunetas de la sociedad. No hemos ayudado a ese ser único a adaptarse cuando tenía la edad adecuada. Los jóvenes quieren estar arriba y el sistema de enseñanza se limita a las notas, a ver si tiras para estar más arriba en la cadena de mando. Pero no enseña a  tener una visión conjunta, a apasionar, compartir, entusiasmar. No se enseña a comunicar. Les enseñan tuna carrera, a ser abogados, economistas, ingenieros.... nada más.

viernes, 8 de mayo de 2020

“Dejar a Dios para atender a Dios”

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Jesús Martínez Gordo
Vida Nueva 09.V.2020
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         Nunca me ha gustado el gnosticismo, sobre todo, por su desprecio o, al menos, descuido del espesor de la historia. Y ahora, en pleno “boom” de misas telemáticas, tengo la sensación de que puede irrumpir con una fuerza inusitada, si acabamos trasladando lo que es propio de tiempos excepcionales (dichas eucaristías telemáticas) a lo habitual (a las presenciales). Y como, contrapunto reactivo, tampoco me ha gustado nunca la profusión desmedida de celebraciones eucarísticas para llegar a cuantos más, mejor; no importando hacer del cura un funcionario (cuando no, un autómata) eucarístico.

Confieso que en estos días de confinamiento he sido testigo de una modesta iniciativa que me parece cargada de futuro y a medio camino entre tales extrapolaciones: muchas comunidades cristianas han formado redes gracias a las cuales han mantenido (e incrementado) la relación entre sus miembros hablando de lo divino y de lo humano e interesándose por otras personas que, pertenecientes a la comunidad, no tenían acceso a ese modo de contacto, pero de cuya situación si se tenía conocimiento. Las redes sociales han ayudado a formar una especie de “círculo o núcleo primero”. Creo que, finalizadas las misas en “streaming” y reabiertos los templos con las limitaciones de aforo conocidas y los temores que, sin duda, aflorarán entre una buena parte de los participantes habituales, sería bueno desechar la idea de celebrar misas como se pueden fabricar churros (una tentación que —por lo que me dicen— ronda a muchos de nuestros obispos y también a algunos curas) e invitar a los miembros de esos chats (ese “circulo primero” de la comunidad) a que, participando en estas “eucaristías en desescalada”, puedan llevar y repartir, a quienes lo soliciten, la comunión.

Recuperaríamos, sencilla y creativamente, una vieja y añorada figura: la de los diáconos y diaconisas que, siendo la voz de los pobres, enfermos, ancianos e impedidos ante la comunidad, lo serían también de la comunidad ante ellos y con ellos. Por eso, en estas “eucaristías en desescalada” tendría que haber un momento especial, quizá en la homilía, en la oración de los fieles y también en el canon, para recordar a las personas visitadas y conocer su situación. Y así, teniéndolas presentes en nuestra oración y corazón, incrementar los vínculos de pertenencia a una comunidad que tiene la oportunidad de dejar de ser, gracias a la pandemia, tan solo un conglomerado humano.

Supongo que activando una iniciativa de este estilo (u otra parecida) articularíamos lo que sabiamente gustaba recordar S. Vicente de Paul cuando proponía “dejar a Dios” (la eucaristía) por Dios” (para atender, en este caso, al hermano impedido y recluido en su domicilio). Y, a la vez, quizá estaríamos promoviendo nuevas formas de ministerialidad laical. E, igualmente, supongo que también sería posible empezar a poner en cuarentena el modelo (casi siempre, tridentino) de presbítero que, marcadamente clericalista, se sigue promoviendo en muchas de nuestras diócesis, así como las llamadas unidades pastorales; un circunloquio bajo cuya capa se quieren ocultar los funerales (también en silencio y sin duelo) de muchas de nuestras comunidades; sobre todo, de las más pequeñas.

Queda para otra ocasión la necesidad de repensar, siguiendo la pista abierta en el último Sínodo sobre la Amazonía, un nuevo modelo de “presbítero de la comunidad”, articulable con el conciliar y mayoritariamente vigente, a pesar de que esta posibilidad ponga muy nerviosos a quienes entienden el ministerio ordenado a partir solo del culto.

jueves, 7 de mayo de 2020

Desigualdades sociales y sanitarias en tiempo de pandemia


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Marije Goikoetxea y Javier Yanguas
José Mari Alemán (en DV)
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¿LA SALUD DE QUIEN ESTAMOS DEFENDIENDO?
DESIGUALDADES SOCIALES Y SANITARIAS EN TIEMPO DE PANDEMIA

1. TIEMPO DE DELIBERAR PARA DECIDIR
Eudil Carbonel, co-director de los yacimientos de Atapuerca, piensa que la catástrofe humanitaria que estamos viviendo es uno de los pocos momentos de la historia en que se pone en peligro “la especie humana”. De pronto somos conscientes de nuestra fragilidad como humanidad y de nuestra interdependencia, Nuestra pretendida y sobrevalorada autonomía moderna, tantas veces malentendida como autosuficiencia, parece que no es suficiente para el mantenimiento de lo más básico y perentorio: VIVIR.

La palabra CRISIS significa etimológicamente “decisión”; Es el tiempo para DECIDIR qué debemos de hacer, es el tiempo de la ÉTICA, de la RESPONSABILIDAD, de ver lo que está ocurriendo y reconocer cuáles son los VALORES imprescindibles a preservar ahora, en este tiempo extraordinario, y después, para avanzar como humanidad. Es el tiempo para escuchar, dialogar y DELIBERAR, para encontrar respuestas y soluciones PRUDENTES, como diría el profesor Gracia Guillén ([1]); es el tiempo de acordar como comunidad humana, como sociedad, qué VALORES Y VIRTUDES debemos cuidar, proteger, desarrollar y crear. Es el tiempo de proponer lo que nos parece que es BUENO. 
22 personas interesadas por la ética, principalmente profesionales de los servicios sociales y sanitarios[i], hemos intentado darnos cuenta y comprender lo que estaba ocurriendo. Ampliando la mirada, más allá de la necesidad de UCIs y respiradores, hemos tratado de VISIBILIZAR por qué estaban sufriendo las personas. Tras reconocer los hechos que generan incertidumbre y dolor, hemos indagado en sus porqués desde diferentes perspectivas e interpretaciones y nos hemos atrevido a proponer algunas orientaciones para algunos de los problemas que hemos descubierto. Porque somos AGENTES MORALES, también en esta situación extraordinaria, hemos de procurar lo éticamente correcto, las propuestas óptimas para respetar la dignidad y los derechos de todas las personas y colectivos. 
Si comprendemos la salud como forma de vivir autónoma, solidaria y gozosa, según la define nuestra Ley de Salud Pública, es algo más que sobrevivir, es algo más que no enfermar; salud es tener capacidad de desarrollar un proyecto personal y social, ser solidarias con las personas que nos rodean, de amarlas, de no abandonarlas. Es capacidad de cuidar, y cuidarnos.

2. EL AISLAMIENTO TOTAL COMO RESPUESTA UNICA y HOMOGENEIZANTE PARA UNA SOCIEDAD DIVERSA Y CON GRAVES DESIGUALDADES
Entendemos y consideramos que ha sido correcta la medida de confinamiento de la población en esta situación. Pero reconocer y estar atentos a los daños que puede provocar, forma parte de nuestra salud moral y de la obligación de los/as profesionales.
Sabemos cuáles son los factores principales que inciden en sus consecuencias: la voluntariedad o no del mismo; la capacidad de comprender la situación asumiendo que tendrá un final para poder tolerar la incertidumbre; el acompañamiento que otorga seguridad frente al miedo; la experiencia de confianza o de desconfianza; y el contar con los recursos suficientes para cubrir las necesidades básicas

miércoles, 6 de mayo de 2020

Templos cerrados, iglesias abiertas


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Jesús Martínez Gordo
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        Koldo está al tanto de lo que se discute en otros países e Iglesias, sobre todo europeas, estos días de pandemia. Conoce el conflicto provocado entre la Conferencia Episcopal Italiana con el gobierno de G. Conte por la apertura de los templos, finalmente solucionado. Sabe de la pista abierta, al respecto, por la alemana e intuye que es la que parece haber inspirado a la española. Sigue con interés el debate provocado en la francesa por el retraso (desmedido) en la reapertura para las celebraciones litúrgicas. Se le revuelven las tripas cuando le hablo de la manera como está afrontando la pandemia el fundamentalismo evangelista estadounidense o brasileño. Le indigna el silencio sobre lo que está pasando en África y en otros sitios. Le molesta el trato informativo que recibe la Iglesia en determinados medios, bien sea para dar caña a Francisco o para cargar contra el alma rancia que también pervive en ella. “Ya sé, comenta, que entre más de 1.300 millones de católicos hay de todo; como en botica. Y sé que muchas veces no queda más remedio que informar de comportamientos y declaraciones histriónicas o de las estupideces que algunos dicen sobre el actual Papa. Es lo que vende. Pero unos y otros, metidos en estas guerras, parecen ignorar lo que es habitual en la inmensa mayoría de nuestras iglesias”.

        Quien así se expresa es el cura del pueblo en el que resido. Le conozco desde hace muchos años. Está más cerca de los sesenta que de los cincuenta y, ante su queja, le pregunto de qué se ocupa en este tiempo de templos cerrados. “Sí, matiza mi entradilla, de templos cerrados, pero de iglesias abiertas. Los templos, prosigue, son edificios; las iglesias, comunidades vivas, formadas por personas de carne y hueso”. De acuerdo, le digo, pero hay gente dentro de la Iglesia muy molesta por su silencio. “No es un tiempo, me responde, para ir de “influencer” por la vida, sino para estar cercano a quien realmente lo necesita. Nos hemos topado con una situación que está siendo muy dura para mucha gente, y no solo por el enorme número de los fallecidos. Lo está siendo también para las familias (no muchas, pero haberlas, haylas) con problemas para poder comer todos los días. A algunas las estamos ayudando en metálico; a otras, con alimentos. Contamos con un grupo de voluntariado que ha tenido que reorganizarse, respetando escrupulosamente las condiciones higiénicas, y que ha asumido prestar este servicio, nada fácil, en los tiempos que corren. Supongo, apunta, que a medida que vayamos saliendo del confinamiento, esta situación se irá agravando. Pintan bastos. Y de los muy gordos; sobre todo, para los más necesitados que, como siempre, suelen ser quienes lo tienen más difícil para salir adelante”.

        En las ocasiones en las que hemos hablado, le comento, te he visto, a ti y a otros miembros de la parroquia, más preocupados por los desvalidos del pueblo que por la imposibilidad de celebrar misa. Me ha parecido que os interesabais, en particular, por las personas mayores. Me dicen que habéis ayudado a rellenar solicitudes a quienes tienen enormes dificultades para el acceso telemático. He sabido de tu interés por las familias de los fallecidos, acompañándolas en su ultimo adiós, cuando lo han pedido. Son muchas las personas que agradecen el chat creado con la gente más vinculada a la iglesia, a algunas de las que también habéis ayudado en su “bautismo online” para mantener video-conferencias…. “Hay, me comenta, mucha gente que se ha sentido tirada. Y que todavía lo está. Más de lo que se ve. Me duele no haber sido lo suficientemente rápidos para poner en marcha el encuentro por video-conferencia con el grupo de alcohólicos anónimos que se venían reuniendo en los locales. Creo que, si lo hubiéramos hecho antes, habríamos evitado la recaída de alguno de ellos, tras años de haber estado afrontando exitosamente la enfermedad. El virus también se está cebando con esta gente”.

        Le dejo. No quiero cargarle con mis preguntas y comentarios. No está interesado en saber por qué han multado a Mons. Munilla. Le deja frio que haya curas bendiciendo el pueblo desde sus tejados y sobrelleva el lío que se ha montado con las primeras (y “últimas”, apostilla con sorna) comuniones; aplazadas a septiembre y le molestan las quejas de algunos por no tener abierto el templo. “Nos tendría que preocupar mucho más la iglesia de carne que el edificio”, le oigo repetir antes de despedirnos. Tiene prisa porque va a visitar a una persona que vive sola en una chabola, a las afueras del pueblo y no quiere saber nada de nadie. El es uno de los pocos a quien no despacha con cajas destempladas. Supongo que, porque no se siente juzgado, además, de saberse acompañado un rato.

        Koldo es un cura, en este caso, urbanita que, porque ama la Vida (el otro nombre de Dios), la quiere para los miembros de su comunidad y para sus convecinos. Probablemente, por eso, le interesa poco el lado histriónico de la Iglesia que, formando parte de la vida, espera que cada día que pasa, lo sea un poco menos… También en los medios.

miércoles, 29 de abril de 2020

Apreciado padre, ¿la Iglesia no ha hecho nada?

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Por Jordi Llisterri i Boix.
Mar, 28/04/2020

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Me van a perdonar que conteste en abierto un correo que hemos recibido estos días en la redacción. "Primero gracias por vuestro esfuerzo para seguir informando en tiempo de confinamiento. Como rector y sacerdote me llegan quejas y críticas contra las instituciones eclesiales por la falta de respuesta convincente al reto del coronavirus (que ha faltado solidaridad en abrir espacios a gente sin hogar y familias con problemas, que los hospitales han ofrecido los espacios a enfermos y nosotros hemos mantenido cerradas residencias, colegios mayores, que las entidades deportivas han ofrecido sus espacios mientras que los centros concertados han cerrado sus espacios deportivos ...) y no sé muy bien qué responder. Es cierto que Cáritas y algunas parroquias y obispados catalanes han hecho algo, pero la difusión ha sido escasa. Os propongo que alguien de la redacción haga un trabajo periodístico donde se recojan las acciones eclesiales -a nivel de Cataluña- para poder ofrecer una respuesta documentada a todas estas críticas ".

Pues bien, padre, tiene toda razón. Pero vayamos por partes.
Lo esencial debe contestarse con una pregunta. Antes de criticar la falta de respuesta eclesial preguntarse cada uno: "¿Qué he hecho para responder al coronavirus?" Si primero nos contestamos honestamente esta pregunta, quizás ya hemos respondido al resto de cuestiones. Y tampoco hay que ser muy exigentes en la respuesta. La situación era tan nueva que quizás no hemos acertado. Ni los de arriba sabían muy bien qué hacer. Pero lo importante es si hemos hecho algo.

En las decenas de artículos que hemos publicado sobre la reacción a la crisis del coronavirus verá algunas respuestas. Estamos en casa, pero eso no quiere decir que estemos encerrados en casa.

No se puede hacer un juicio general sobre cómo se ha reaccionado desde la Iglesia. Como siempre va por barrios. Hay críticas desde fuera y tampoco ayudan los que dentro de la Iglesia llevan las anteojeras de caballo y sólo braman para que se vuelva a decir misa pública.

Pero en general creo que ha habido una respuesta. Desde el ámbito parroquial o comunitario a menudo la edad de algunos de sus responsables lo ha dificultado. Es muy fácil enviar cosas por WhatsApp si tienes un grupo de WhatsApp con los contactos de la parroquia y todos los feligreses conectados. No siempre era así antes de la crisis. Pero como en tantos otros sectores se ha hecho un reciclaje acelerado. Además de las misas por internet, se está manteniendo mucha vida comunitaria a través de grupos virtuales. Cada día tenemos que hacer alguna actualización en la lista de servicios religiosos virtuales. También pasó durante la Pascua. Y cuando las redes virtuales no llegaban, ha continuado funcionando el teléfono para hacer el acompañamiento personal de la gente sola y que está sufriendo. Creo que esto lo están haciendo la mayoría de sacerdotes, religiosos, religiosas o gente de misa, aunque tengan 70 años y estén en su casa. En casa pero no encerrados.

Habría que añadir aquí la atención personal que han dado las personas que están en los servicios religiosos de los hospitales y los ministros de culto que han acompañado a las familias en la soledad de los enterramientos. Un cura de un hospital me contaba un dilema moral en el momento más grave de la crisis. Si hay escasez de los famosos EPIs para los sanitarios, ¿tenemos que gastar uno los curas para administrar un sacramento? Lo pongo como muestra de que a veces hay que tener presentes todos los elementos antes de juzgar.

La solidaridad no ha cerrado

Sobre la falta de solidaridad, creo que es bastante injusto. La red territorial de Cáritas (que recordemos que existe porque existen las parroquias) no se ha cansado de repetir estos días que las demandas básicas de primera necesidad se han multiplicado por tres. Y a pesar de que muchos de los voluntarios jubilados han tenido que cerrar en casa, no se ha cerrado.

A esta tarea más visible y organizada de Cáritas hay que sumar las iniciativas solidarias locales o parroquiales. Y muchas de las iniciativas de barrio o de vecinos que hay, alguna vez están bajo el paraguas de la Iglesia y muchas veces impulsadas por gente que además de tener buena fe también es gente de Iglesia.

Lo más destacable de estas iniciativas ¿sabe qué es, padre? Que la mayoría de veces da respuesta a la gente que está fuera de los circuitos sociales de la administración y que no entran en la letra pequeña de un Real Decreto. Pero es más difícil hacer una estadística y por tanto una noticia.

martes, 28 de abril de 2020

¿Una Iglesia ‘missing’?

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Xabier Larramendi,
Noticias de Gipuzkoa. 26-04-2020
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Somos muchos los creyentes cristianos preocupados ante el acusado silencio que los medios de comunicación mantienen sobre todo lo relacionado con la Iglesia católica a lo largo de esta crisis sanitaria, social, económico-laboral y familiar provocada por el coronavirus. Estábamos acostumbrados a que del tema religioso en general y de la Iglesia en particular se informe poco y, por lo general, mal y haciendo gala de un gran desconocimiento de los temas.Pero ahora, ciertamente, parece que la Iglesia se encuentra “missing” o desaparecida del escenario de nuestra sociedad. 


Dada la tendencia manifiesta de los medios hacia lo novedoso, espectacular, populista y negativo, han destacado la multa impuesta por la policía municipal de Donostia al obispo de nuestra diócesis, las bendiciones con el Santísimo llevadas a cabo por algunos pocos sacerdotes y obispos en diferentes lugares del Estado o el desalojo por parte de la policía de una veintena de personas reunidas en la Catedral de Granada el Viernes Santo pasado. Y la crítica mordaz realizada por un famoso presentador: “francamente, no creo que se derrote al coronavirus rezando, pero no me hagáis caso que yo no tengo ni idea de ciencia”.

En este “silencio eclesial” influye, sin duda, la actitud encomendada por el mismo Jesús en el Sermón del Monte: “que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”; y la exhortación del autor de la primera carta de Pedro: “estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicaciones; hacedlo, sin embargo, con sencillez y respeto, y con una conciencia limpia”. Estas citas nos indican el estilo propio que los creyentes cristianos y la Iglesia adoptamos habitualmente ante lo que hacemos. El déficit comunicativo eclesial es real, comenzando desde su propio interior, ya que solo los creyentes más cercanos y comprometidos tienen una visión más o menos objetiva de lo que en realidad acontece, se pretende y se lleva a cabo en nuestra Iglesia. Este déficit se multiplica hacia el exterior. Pero, sinceramente, creo que el problema no es principalmente eclesial en este ad-extra en esta ocasión, sino que depende muchísimo más de la actitud que nuestra cultura adopta ante la Iglesia, a la que considera frecuentemente como un residuo del pasado, difícilmente acreditable en nuestros días y sin futuro alguno. Y esto es algo constatable en nuestros medios en su búsqueda de lo sensacional, lo último, lo entretenido… con efecto anestésico.

Como ocurre en las edificaciones sólidas y antiguas que el pasado histórico nos ha legado, las piedras mejor talladas y más vistosas son fácilmente detectables, pero no son menos importantes aquellas que se mantienen más escondidas, formando parte del basamento y sosteniendo eficazmente el edificio. Siendo un cuerpo enraizado desde hace muchos siglos en nuestra vida privada y pública, si queremos ser objetivos, nos vemos obligados a reconocer la innegable función social que nuestra Iglesia desarrolla habitualmente. Y, aunque con las restricciones impuestas por el estado de alarma, también en esta crisis del coronavirus. En grandísima medida, lleva a cabo su labor en diálogo con las autoridades sociales y sanitarias competentes, respetando las medidas que estas han adoptado para los distintos colectivos en general y las actividades eclesiales en particular. Aunque nuestras iglesias y centros de reuniones permanezcan cerrados, no es una Iglesia que mire hacia otro lado, se desentienda de las dificultades y sufrimientos de los afectados y se desdiga prácticamente del mensaje evangélico que anuncia y predica.

Dada la rápida extensión de la pandemia, los responsables políticos han definido qué tareas deben de ser consideradas como “esenciales” y cuales son de segundo orden. Como no podía ser de otra manera, se ha reconocido la esencialidad de los servicios sanitarios y hospitalarios, del cuidado de tantos mayores ingresados en centros gerontológicos, así como los dedicados a suministrar los artículos de primera necesidad, entre ellos los alimentarios y farmacéuticos. Y en este punto coincido con una reflexión que se ha difundido en las redes. Así, si bien la misión de la Iglesia no ha sido catalogada como “esencial”, no por ello debe ser descartada como  superflua. Si periodistas, psicólogos, expertos deportivos, cuerpos de seguridad o cuentacuentos tienen un papel en esta crisis, para los creyentes la espiritualidad evangélica y la fe se convierten en algo esencial que motiva nuestra vida, la dota de sentido, nos “descentra” y compromete a favor de los débiles y nos abre a una esperanza inquebrantable. Y en esto, aunque algunas “estrellas” mediáticas no lo hayan descubierto todavía, la oración es decisiva, sin que pretendamos limitar nuestra actuación a lo oracional.

sábado, 25 de abril de 2020

Carta a Monseñor Omella. La Iglesia ante la pandemia

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Iniciativa del Grupo ERASMO

En estos momentos de pandemia queremos hacer llegar a nuestros pastores algunas consideraciones sobre el papel que la Iglesia española puede y opinamos que debería de jugar en esta crisis y en el inmediato futuro.

Lamentamos el perfil bajo y la escasa presencia pública de la Iglesia en estos días. Hemos echado en falta una llamada general a rebato a los católicos. Se han dicho muchas cosas, sin duda, pero la sociedad española no ha percibido la urgencia y decisión de esa convocatoria.

Y no es la hora de la discreción sino de la movilización. Necesitamos palabras que, como las del Papa, den luz y abran un horizonte de compromiso y esperanza.  Les pedimos que en esta situación de excepción, también su palabra de pastores de la Iglesia española sea excepcionalmente clara, fuerte y comprometida.

Nos reconforta, sin embargo, saber que, a pesar de que los medios de comunicación apenas lo reflejen,  la Iglesia española se ha puesto al servicio de la sociedad en estos momentos críticos, aportando recursos, locales, personal y dinero, para ayudar y aliviar allí donde se la necesitaba o se le ha solicitado. Desde una solidaridad básica, sin pretensión de protagonismo, la Iglesia se ha movilizado al servicio del bien común, desde los principios del Evangelio.

Pero la tarea es enorme y nos queda por delante un tiempo difícil en el que se pondrá a prueba nuestra capacidad para salir de la crisis como  un país castigado pero mejor, más justo, más sensible y atento a las víctimas de la enfermedad y a las víctimas de sus consecuencias económicas.

Desde esa preocupación, queremos pedirles:

- Sean una voz potente y unida en favor de los más débiles. No queremos que esta crisis se resuelva, como otras, con muchos más pobres por un lado y más millonarios por otro.

- Que apoyen, sin matices, la propuesta de la renta básica o ingreso mínimo vital para tantas personas que no solo no llegan a final de mes sino  que ni siquiera llegan al final del día.

- Que apoyen ustedes las políticas públicas necesarias para que, ante el horizonte que tenemos por delante, se permita un gasto presupuestario mayor  para que, en España y en toda Europa, se dé una recuperación de la economía justa y solidaria. 

- Junto a la acción política e institucional, son imprescindibles el compromiso y la generosidad de todos.  Pidan a las numerosas instituciones de la Iglesia que sean ejemplares en promover iniciativas solidarias y creativas.  Ya las hay,  como la renuncia de muchos sacerdotes a un salario. Pero tendrá que haber muchas más y por parte de todos.

- Que pongan todos los recursos personales y materiales de la Iglesia al servicio de esta causa. Ya hay locales cedidos, Iglesias abiertas, varios seminarios alojando a los sin techo o a los inmigrantes.  Que esta crisis sea una oportunidad para revisar el uso que se hace de nuestro patrimonio y adecuarlo a las nuevas necesidades.

- Que  lideren de forma decidida una respuesta masiva de la Iglesia a estos desafíos presentes y a los que se avecinan. Así como una propuesta de vida basada en valores evangélicos, alternativos a los que están en el origen del desastre.

jueves, 23 de abril de 2020

Nápoles “Forcella”: un retrato


NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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di: Giordano Cavallari (a cura)
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 Giordano Cavallari

Entrevista con Angelo Berselli, sacerdote de origen cremonés, antiguo párroco del barrio de la “Sanità”, en Nápoles, y que ahora desempeña su ministerio en el de “Forcella”.

§ Querido Don Angelo, nos conocimos en 2016: si no recuerdo mal, te movilizaste, durante mucho tiempo, junto con otros compañeros sacerdotes de Nápoles y después de una serie de asesinatos, cometidos en el barrio de tu parroquia, “Forcella”, para pedir a las instituciones más seguridad, más escuela, más trabajo. ¿Puedes recordar esos hechos en pocas palabras? ¿Qué ha pasado en estos años?, ¿cuál era la situación en Nápoles y en su parroquia antes de este nuevo asunto del coronavirus?

Querido Giordano, entre 2014 y 2016 experimentamos un período muy difícil debido a las actividades de los clanes. Sólo en 2015 tuvimos 50 personas asesinadas por la Camorra (la mafia napolitana), incluyendo personas completamente inocentes que no tenían nada que ver con el inframundo de la Camorra.

De estas tragedias surgió el levantamiento de las madres del barrio de la “Sanità” que recurrieron a la única institución en la que confiaban: ¡la Iglesia! Y esto dio lugar a la experiencia de “Un pueblo en marcha” que logró sacar a más de 10.000 personas a las calles.

Economía extralegal

Desde entonces, la situación ha mejorado considerablemente, al menos en lo que toca a los muertos, sin embargo, los barrios de Nápoles siguen estando lejos de soluciones definitivas a problemas profundos. Hay muchas actividades ilegales, como el contrabando de cigarrillos, el tráfico de drogas y la prostitución. Todo esto tiene raíces muy profundas en una economía sumergida muy generalizada, integrada por muchos vendedores ambulantes sin licencia que venden productos falsificados, cuidadores de parquin ilegales y demás.

Existe toda una economía que funciona —y no podría funcionar de otra manera— fuera de cualquier regla de legalidad.

El cuadro lo completa el terrible flagelo de la usura que literalmente asfixia a personas y familias. Te pongo un ejemplo para hacerme entender mejor: “Yo te presto 1.000 euros y tú, durante 10 meses, me tienes que dar 100 euros y, después de los 10 meses, me devuelves los 1.000 euros”. Esto podría expresar lo que pasa en “Forcella” en términos amigables.

Es un procedimiento frecuentemente llevado a cabo por mujeres sencillas detrás de las cuales están los capos de la Camorra. ¡Son préstamos con un interés del 120%!  Y conste que he puesto un ejemplo partiendo de una pequeña cantidad. Por otra parte, tengo que decir que para las personas que recurren a estos préstamos, los bancos son realidades inaccesibles. Cuando la actividad se reanude después de la pandemia, predigo que éste va a ser el más grave de los problemas.

Y para completar la situación de Nápoles y de mi barrio se puede poner también un poco de ludopatía, otro poco de alcoholismo y otro de adicción a las drogas.

Efectos del virus en el distrito de Forcella

§ ¿Puedes decir cuál es el efecto del virus, y especialmente de las medidas para combatir el virus, en tu gente?

Obviamente, una realidad como la pandemia rebaja el nivel de vida general y, para quienes ya era difícil mantenerse a flote, el riesgo de ahogarse es grave. Pero, como suele ocurrir, las dificultades acentúan tanto las situaciones negativas como las positivas.