viernes, 19 de julio de 2019

Irrelevancia

Por Jordi Llisterri i Boix. Mar, 16/07/2019
en 
Laeto animo





Me van a perdonar porque es un tema que no debería tener mucho recorrido. El pasado viernes el cardenal Juan José Omella fue a declarar a un juzgado de Barcelona por una denuncia de falsificación de documento privado interpuesta por un exsacerdote. Miguel Ángel Barco lo acusa de haber ocultado información en el procedimiento canónico que lo condujo a la reducción al estado laical. Todo es de la época en que Omella era obispo de Logroño.
Digo que no debería tener recorrido porqué quien firma la denuncia es un personaje que acumula una rastra de situaciones al menos extravagantes a la sombra del anterior obispo de Alcalá de Henares y arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña. Obispo defenestrado fulminantemente por el papa Francisco en noviembre de 2014, poco después de que el cardenal Rouco terminara su mandato a la Conferencia Episcopal Española, en la sede de Madrid, y en  la Congregación para los Obispos.
Barco (y sus avalistas) es uno de esos personajes tradicionalistas y de misa de espaldas al mundo dignas de estudio. De los que son tan papistas que son capaces de destruir la Iglesia si el papa no les gusta. Y forma parte de un grupo bien organizado a nivel internacional, con recursos, coro mediático, y abogado de nombre ruso que se dedica a grabar conversaciones a escondidas para filtrar convenientemente a sus terminales pseudoperiodísticas. Contra quien apuntan no es contra Omella, es contra el papa Francisco. Por ello, un caso sin mucha sustancia aparente liderado por un supuesto francotirador ha llegado a los tribunales. No estamos en Torre Annunziata, pero si hay un magistrado con ganas de protagonismo tenemos el caso servido por una temporada.
Pero no es de eso de lo que quería hablar. Un caso como éste tiene todos los elementos para convertirse en carne de cañón mediático. No cada semana un cardenal es llamado a declarar como investigado en un juzgado. El viernes el caso fue cubierto por las agencias y salió en los digitales y sobriamente en algún informativo, pero ha tenido mucho menos recorrido de lo que sería esperable por todos los ingredientes que tiene. El sábado no aparecia en ninguna portada en papel.
Esto mismo ha ocurrido en distintos relevantes hechos eclesiales de los últimos años. Se han convertido en un tema interno o de información especializada. Por ejemplo, dos grandes nombramientos episcopales determinantes en Cataluña, el de Barcelona y el de Tarragona, tuvieron muy poco seguimiento. Apenas fueron noticia el día en que se anunciaron. Planellas sólo tuvo espacio en una de las cuatro portadas de los diarios nacionales. Omella, en tres de cuatro, pero bien reducido.
Cuesta recordar otra dinámica eclesial que no esté vinculada con polémicas de cintura para abajo que haya tenido relieve informativo los últimos años. Si, por ejemplo, 25 años después hoy se hiciera un nuevo Concilio Provincial en Cataluña, ¿tendría el mismo seguimiento? Probablemente no. En realidad, ¿queda mucha gente hoy que sepa qué es un Concilio? ¿O que en Cataluña hay diez obispados? Para no preguntarse si saben quién es su obispo. ¿O capaz de distinguir un canónigo de un obispo? Ya no digo que saber que es un auxiliar... ni un coadjutor. O ¿qué impacto tendría un nuevo documento episcopal como Raíces Cristianas de Cataluña? ¿O la prensa catalana ha hablado mucho del relieve del nuncio, que es determinante para los próximos nombramientos episcopales en Cataluña? Por no hablar del impacto que no tendría un nuevo Congreso de la Vida Religiosa. Temas que en los entornos eclesiales nos hacen perder el mundo de vista pero que no tienen ninguna relevancia en el mundo.
El obispado de Lleida, ¿la gente sabría que existe si no hubiera el litigio de la Franja? Quizás suena más por otros motivos el de Solsona. Pero hay obispos absolutamente desaparecidos de la esfera mediática. Muchas veces en las ruedas de prensa del Cáritas, que acertadamente suelen ser presididas por un mitrado, lo que dice el obispo pasa como si fuera transparente. O más allá de dos o tres monjas mediáticas y del abad de Montserrat (perdón por mezclarlo todo), ¿hay algún otro religioso o religiosa con voz social claramente identificable por la sociedad catalana?
Como venimos de una sobrerrepresentación eclesial, esta irrelevancia también puede parecer positiva. Pero del nacionalcatolicismo ya han pasado 40 años. Y en Cataluña sigue habiendo más de la mitad de población que se declara católica. Aparte del Barça y del "procés", no hay ningún grupo o movimiento social que mueva tanta gente. Y tiene más presencia en el territorio que oficinas tiene "la Caixa". En cambio, lo que pasa en la institución que debería representar estos católicos ha perdido relevancia. Hay sindicatos que nadie sabe a quién representan o partidos políticos que no reúnen ni cien mil votos, con muchísima más incidencia en el relato público.
Podríamos decir que esto es debido a que la prensa sólo busca escándalo. Y en el caso citado del arzobispo de Barcelona es positivo que se le dé la justa medida y que, supongo, se haya trabajado bien con los medios para que la cosa no se desbordara. Pero hace pensar que ni una historia con todos los elementos para el escándalo casi no sea noticia.
Habría muchos elementos para profundizar en las causas de esta irrelevancia eclesial. Pero creo que ahí está.


miércoles, 10 de julio de 2019

Por un nuevo rumbo en la iglesia de Bizkaia



Artículo de opinión
Julio 2019.
Javier Madrazo Lavín


Escribo estas líneas desde la inquietud y la preocupación que siento ante las noticias aparecidas en referencia a la apuesta estratégica adoptada por la jerarquía de la diócesis de Bizkaia en relación a la unificación de toda la estructura diocesana en un equipamiento único, sito en el ensanche bilbaíno.

Actuación que ha sido justificada con razones más económicas o jurídicas que pastorales. Me refiero al proyecto denominado Bizkeliza Etxea o “Sede única”, objeto de contestación ciudadana, que ha generado en muchos sectores de la comunidad cristiana profundas reservas e interrogantes.

Lo hago igualmente desde la convicción de que la construcción de la comunidad eclesial es una tarea que nos concierne a todos los creyentes.

Nos encontramos ante una decisión irreversible, adoptada en clave neoliberal, por un círculo reducido, sin el debate y el consenso necesarios, que a última hora se ha querido legitimar, ante los recelos existentes, dándole un barniz participativo. Un proceso participativo apresurado, acotado en sus términos, sin información suficiente, más testimonial que real, que en nada ha contribuido a mitigar el malestar existente. Lo cual agudiza la crisis de representación y la desafección hacia unos órganos diocesanos cuyo quehacer no es “recibido” por amplios sectores de la comunidad cristiana.

Dada la envergadura del proyecto se necesitaría una amplia información, un profundo debate y una consulta (real) a todo el pueblo de Dios. Por supuesto, que se debe apostar por la economía de escala y por la optimización de los recursos.

Parece razonable unificar y centralizar ciertos servicios y departamentos diocesanos, fundamentalmente los culturales, educativos o los medios de comunicación.

Ciertamente no tiene mucho sentido tener cuatro bibliotecas dispersas en el territorio. También parece sensato trasladar de Derio al centro de Bilbao a la fundación Labayru facilitando de este modo el acceso de la población a sus servicios de promoción, investigación y difusión de la lengua y cultura vasca. O que Radio Popular o Bizkaia Irratia puedan compartir espacio con esas instituciones si eso supone un ahorro de costes. Esta posición es igualmente válida en los casos de la escuela de Magisterio Begoñako Andra Mari, la librería Jakinbide o el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia. Son todas ellas instituciones que pueden compartir ubicación aprovechando sinergias.

La pregunta que hay que hacerse es si para albergar todos estos organismos es necesario realizar este macro-edificio.

Es sabido que en el centro de Bilbao hay muchos edificios y templos que se están quedando, o se van a quedar, vacíos.

Inmuebles que sin duda alguna, podrían ser útiles para atender las necesidades esgrimidas por el Obispado, máxime cuando desde un punto de vista de sostenibilidad económica y medioambiental parece más lógico aprovechar la ciudad ya construida que embarcarse en un proyecto urbanístico de la envergadura de Bizkeliza Etxea.

Las reservas se agudizan ante esta operación urbanística, cuando para viabilizarla es necesario llevar de socio a un organismo sanitario privado como es Mutualia. Difícil de asumir para quienes defendemos servicios públicos de calidad, entre ellos la Sanidad.

A este hecho, se une el anuncio de la Universidad de Deusto que tiene previsto inaugurar una nueva facultad de Medicina privada en Zorrozaurre para competir con el campus de Leioa, reconocido por su prestigio y buen posicionamiento. Apuesta que muchos vemos como un fortalecimiento de la sanidad privada, de unos pocos y para unos pocos, frente a la pública, de todos y para todos.

martes, 9 de julio de 2019

Rescatar personas no es un delito


UN GESTO SOLIDARIO CON AITA MARI
Mujeres y hombres comprometidos con el Evangelio, cristianos de varias parroquias de Gipuzkoa nos hemos reunido en torno al barco de salvamento humanitario Aita Mari, para hacer un gesto de apoyo, pequeño y humilde pero vivo y sentido. Queremos tomar en serio a Jesús y a su seguimiento como guipuzcoanas y guipuzcoanos arraigados en esta Iglesia vasca.
Han organizado este acto solidario cuatro parroquias, Pasai Antxo y Pasai San Juan, Deba y Azkoitia, con una asociación azkoitiarra, “Esku Bidez”, que colabora con Aita Mari. Hemos tomado la palabra y también hemos hecho silencio, un minuto en memoria de los fallecidos en el Mediterráneo, y una oración final. Este encuentro ha querido sintonizar con el Papa Francisco: hemos iniciado el acto a la misma hora en que en la Basílica de San Pedro, Francisco celebraba la Eucaristía con 250 personas migrantes, refugiadas y activistas de esta causa. En la declaración se  denuncian las políticas inhumanas de los gobiernos italiano y español, se traslada el agradecimiento a las instituciones vascas por el apoyo al Aita Mari y se evidencia la falta de actuación de los obispos del País Vasco, de los que se reclama apoyen activamente al Aita Mari.





lunes, 8 de julio de 2019

Eskerrik asko, Iñaki: gracias


IÑAKI ETXEZARRAGA GOIKOETXEA
Hil da
en el día olvidado de Valentín, joven vasco, casero, ezpatadantzari, bertsolari, testigo-mártir de Jesús.


Gracias, Iñaki.
A ti
y a tantas vidas
tejedoras con hilos sutiles
de tan buena parte de las nuestras.
Tus y sus miradas nos sorbían.
Y, sobre todo,
surgíeron de vuestros ojos hasta los nuestros
rayos de luz vectores de polinización
fecundadores de óvulos de flores múltiples
en nuestras personas.
Así, nuestras vidas, en buena medida,
son gratuidad de las vuestras.
Tú, Iñaki,
y esas otras tantas,
sois cauces de las aguas del propio Dios.
Ayúdanos. Ayudadnos,
ahora que ya no conocéis a Dios de oídas,
sino que lo veis con vuestros ojos (Job 42,5).
Que nunca nuestras miradas sean cuchillas.
Que siempre broten portadoras de bien.

Txelis

domingo, 7 de julio de 2019

Curas de la comunidad, casados o no


Jesús Martínez Gordo (en RD)



La pederastia eclesial, el acceso de las mujeres al ministerio ordenado, la reforma de la curia y el Sínodo de la Amazonía están siendo los grandes retos de Francisco en este año. Y si bien es cierto que ha afrontado el primero de ellos con coraje y que la reforma de la Curia vaticana parece estar bien encaminada, también lo es que no ha cerrado el debate sobre el acceso de las mujeres al diaconado y, por ello, al sacerdocio. Después del verano, le toca el turno al Sínodo de la Amazonía; un encuentro en el que vuelven a ponerse sobre la mesa tres referencias capitales en el pontificado del Papa Bergoglio: la preferencia por los pobres y las periferias del mundo; la reforma de las comunidades cristianas y la activación de un nuevo modelo de gobierno eclesial.

Víctor Codina es uno de los teólogos expertos, nombrado a propuesta de la Red Eclesial Panamazónica y co-redactor del documento preparatorio del Sínodo del próximo octubre. En este texto, escrito tras consultar a 100.000 personas de 170 etnias originarias y de nueve países de la región, se sostiene que los problemas que asolan a la Amazonía son: la sistemática violencia en forma de violaciones de los derechos humanos, sobre todo en relación con las mujeres; el narcotráfico; la difusión del consumo de la droga; la destrucción de las culturas; las migraciones forzosas; la trata de seres humanos y los homicidios de líderes indígenas y populares.

Me parece muy bien, ha dicho Víctor Codina, que los ciudadanos del Primer Mundo, os intereséis por el debate que se ha abierto sobre los curas casados, pero, por favor, no permitáis que los árboles os impidan ver el bosque de la tragedia humana y ambiental que están provocando los intereses de las grandes multinacionales con su búsqueda compulsiva de las riquezas naturales (madera y metales); con la construcción de infraestructuras (pantanos y carreteras); con su apropiación de la tierra y, cómo no, con la contaminación del suelo, de las aguas y del aire.

En el marco de este “hecho mayor” se ha de entender la propuesta de una Iglesia con rostro amazónico, es decir, defensora del territorio y de la vida de sus miembros, femenina, descentralizada, descolonizada, promotora de vocaciones autóctonas y habilitada para ordenar sacerdotes a “indígenas” “respetados y aceptados por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable”.

lunes, 17 de junio de 2019

La ambigüedad y la equidistancia de la Iglesia frente a ETA


          Esa es la valoración más frecuente que se suele hacer en muchos medios de comunicación cuando se pretende juzgar la relación que tuvo la Iglesia en el País Vasco con la organización terrorista ETA; la más frecuente, porque otras veces se le acusa también de complicidad como hicieron recientemente los actuales obispos de estas diócesis al pedir perdón  “por las complicidades, ambigüedades y omisiones de nuestras iglesias ante el terrorismo de ETA”. 
          Ha transcurrido aún poco tiempo desde que ETA decidió disolverse  como para poder hacer un relato compartido que pudiera recoger todos los aspectos de una historia de terror tan prolongada y dolorosa, sobre todo, para las que fueron víctimas de aquel enfrentamiento armado. Pero aún con el riesgo inevitable de ser parciales, debemos atrevernos a ofrecer nuestra valoración los que tuvimos la desgracia de vivir y de sufrir el nacimiento y el desarrollo de una organización que surgió como un movimiento de resistencia ante la dictadura y de defensa de los derechos y libertades del pueblo vasco y acabó siendo su verdugo y opresor.
          La primera consideración que hay que tener muy en cuenta es, que lo que sucedía en los años 60 cuando nació ETA, no se puede valorar solo desde la experiencia que tenemos ahora de la situación política y de la Iglesia. En los comienzos, aquellos jóvenes que se dieron a conocer como defensores de las libertades frente a la dictadura, fueron acogidos con simpatía y despertaron el interés y el apoyo de gran parte de la población. En algunas de las parroquias más comprometidas socialmente se acogió aquel nuevo movimiento y se le prestó apoyo ofreciendo los recursos de que disponían para celebrar reuniones y otras actividades. Era lo mismo que estaban haciendo con las organizaciones sindicales y políticas que se movían en la clandestinidad y encontraban en las parroquias de los barrios lo que la dictadura les negaba. Sólo la Iglesia tenía libertad para celebrar reuniones y asambleas y sólo ella disponía de locales para desarrollar sus actividades de culto y de catequesis. En muchas parroquias, de los barrios obreros sobre todo, se aprovecharon aquellos privilegios para ponerlos al servicio de los movimientos que defendían los derechos y libertades de la clase obrera. Por otra parte, en aquellos primeros años, ETA no era lo que luego llegó a ser y si algunos curas y parroquias protegieron a algunos de sus miembros no fue, en la mayoría de los casos, por apoyar sus ideas nacionalistas sino por defender sus derechos humanos negados y perseguidos por aquel régimen dictatorial. Eso explica, creo yo, una relación que, siendo además muy minoritaria, no puede dar pie a que se le atribuya a la Iglesia en el País Vasco una complicidad en el nacimiento y desarrollo de una organización que pronto abandonó su carácter defensivo y pasó a la acción cometiendo secuestros, extorsiones y asesinatos, muchas veces, de forma indiscriminada. Decir, como se ha dicho y se sigue repitiendo, que ETA nació en un seminario, si no fuera una calumnia, sería una broma de mal gusto para todos los que pasamos aquellos años en el internado de un seminario, como el de Derio, donde las ideas nacionalistas no solo no estaban promovidas sino duramente perseguidas.

          No se puede juzgar con verdad los acontecimientos de una historia sin tener en cuenta las circunstancias que la hicieron posible y que ahora, después de tantos años, podrán no solo conocerla sino también comprenderla. Hubo errores, sin duda, y en muchos de los casos que conocemos, actitudes ingenuas que no permitieron descubrir el alcance de lo que allí se estaba gestando. Muchas veces, el apoyo de algunas parroquias a los sindicatos y movimientos sociales clandestinos estaba motivado y reforzado por el deseo de lavar la cara de una Iglesia que había legitimado la guerra civil y apoyaba la dictadura beneficiándose con los privilegios que le concedía. Se quería hacer ver que había otra Iglesia que no estaba con los vencedores sino con los vencidos.