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martes, 29 de marzo de 2016

Sugerencias para las homilías de los domingos de Pascua

Comisión DSI de la Delegación. Caridad y Justicia

 Es indudable la relación de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) con la Palabra de Dios que se proclama en la Eucaristía, como recuerda el Compendio de la DSI: «la doctrina social tiene de por sí el valor de un instrumento de evangelización y se desarrolla en el encuentro siempre renovado entre el mensaje evangélico y la historia humana. Por eso, esta doctrina es un camino peculiar para el ejercicio del ministerio de la Palabra y de la función profética de la Iglesia» (n. 67).

La DSI hunde sus raíces en la Historia de la Salvación; no puede ser de otra manera. Y la Palabra de Dios adquiere un nuevo sentido cuando se encarna en la realidad cotidiana y tiene presentes los «gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo» (Gaudium et spes 1). Por eso estas sugerencias pretenden ayudarnos, a partir de la Palabra de Dios, a profundizar aún más en la dimensión social de la fe y buscar caminos apropiados para responder personal y comunitariamente a la realidad social en la que vivimos. El tiempo pascual es un tiempo muy oportuno para ello.
 Pazko aldiko Domeketarako homilietarako oharrak
Eleizaren Doktrina Soziala oinarritzat hartuta

Pazkoaldiko domeketako homiliak prestatzeko lagungarriak aurkezten dira hemen, Ebanjelioaren alderdi soziala azpimarratuz. Jainkoaren Hitza entzun eta gureganatuz, eguneroko bizitzarako argibideak jaso daikeguz.

Sinismenetik datorkiguzan poza eta itxaropena sendotzeko sasoia dogu Pazkoaldia. Hemen eskeintzen dogunak lagundu daigula fedea sendotzen eta erabarritzen.

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Este material quiere ser un apoyo para la preparación de las homilías de los domingos del tiempo de Pascua.

Esperamos que sean de ayuda y sirvan para llegar aún más a nuestra comunidad cristiana; para aportar esperanza, orientación e impulso para transformar el mundo en el horizonte del Reino, y encarnar en la vida cotidiana los valores del evangelio.
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jueves, 10 de abril de 2014

El triduo pascual: memoria del Crucificado y anticipación del final



Jesús Martínez Gordo


La fe y la revelación cristianas tienen su arco de bóveda en el triduo pascual, es, decir, en la articulación del grito de abandono de Jesús el Viernes Santo con el silencio del Sábado Santo y la explosión de (nueva) vida el Domingo de resurrección.

Ciertamente, es una propuesta difícil (cuando no, imposible) de comprender para quienes, como los llamados “nuevos ateos”, practican el fundamentalismo verificacionista  (sólo es real y verdadero lo científico-positivo), pero que tiene la virtud de iluminar (razonable y propositivamente, por supuesto) la existencia personal y colectiva y la misma realidad.

 Nada que ver, por tanto, con una credulidad dominada por “la más absoluta de las ficciones”, por una “voluntad de ceguera que no tiene límites” (M. Onfray) o aficionada a las “antinomias más arriesgadas y extremas” (P. Flores d’Arcais). Y sí mucho que ver con el equilibrio permanentemente inestable que, mostrándose en el Crucificado y Resucitado,  funda el discurso “católico” y su pretensión de verdad, a la vez que ayuda a conocer (y afrontar) la realidad en su riqueza y complejidad.

1.- El grito de abandono del Viernes Santo

En los sinópticos hay dos narraciones de la muerte de Jesús.

Está, en primer lugar, la narración que cuenta el grito de abandono de Jesús en la cruz: “Eloi, Eloí, ¿lema Sabactani?”, “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Mc. 15, 33)

Es un grito que recoge la reacción que habitualmente provoca el perecimiento, es decir, la ocasión en la que no sólo se experimenta (y padece) la fragilidad de la existencia humana, sino también la angustia que semejante acontecimiento provoca. Y más si es injusto y antes de tiempo. En la escatología judía, la muerte adentra en el sheol, en el lugar en el que imperan (para siempre) el silencio, las tinieblas y en el que se da un apartamiento total del Dios de la vida, de la abundancia, de la misericordia y, en definitiva, de la felicidad.

Esta narración de la muerte no solo se hace cargo de la soledad y del abandono de Jesús en la cruz (y más, habida cuenta del proceso seguido contra Él), sino también de la angustia que asalta a todos los humanos cuando tenemos que afrontar (más tarde o más temprano) una situación semejante. La experiencia indica –a diferencia de lo que se propone en la dogmática atea- que la muerte es una crítica radical a toda absolutización de la finitud, así como de los intentos de declararla, como ingenuamente sostienen los “nuevos ateos”, aproblemática y satisfecha.

Pero junto con esta narración de la muerte de Jesús, hay otra que enfatiza su inmensa confianza en Dios Padre. El evangelista Lucas cierra la crucifixión de Jesús poniendo en su boca estas palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23, 45).

La confianza y la esperanza presiden el drama del calvario, hasta el punto de dar la impresión de que todo lo demás es secundario y relativo. El mal trago es ya inevitable, pero deja de ser afrontado como un viaje a la nada y al silencio para ser vivido como un adentramiento en la morada de la paz, del amor y de la misericordia definitivas. No es un tránsito hacia el vacío, sino hacia la plenitud y hacia el fundamento de todo amor y justicia; un amor y una justicia de las que es posible hablar y por las que es posible trabajar y disfrutar a partir de sus anticipaciones en la vida y en la historia.

Son, como se puede apreciar, dos narraciones diametralmente opuestas.

La primera expresa el modo de perecer de quien afronta la muerte como adentramiento en el silencio o, en el mejor de los casos, como fusión (y confusión) con el género y perpetuación en la historia (L. Feuerbach). La desesperación que acompaña este modo de morir es una crítica radical de toda dogmática que defienda y proponga –como así sucede entre los “nuevos ateos”- la absolutez, la aproblematicidad y la capacidad plenificante de la finitud. Es el precio que se ha de pagar por su ingenuo e imposible prometeísmo antropológico.

miércoles, 4 de abril de 2012

Anai-arreba zauritua: Joxe Arregi

Joxe Arregi. "Zer perfekzino behar dau mundu honek, ezpada erruki gozoa inperfektua dan guztiaganako eta zauritua dan guztiaganako?", idazten dau Joxe Arregik Deian. Gogoeta bat da Aste Santuaren inguruan.

Hermano herido: Joxe Arregi

Joxe Arregi. ¿Qué perfección necesita este mundo si no es la dulce compasión con todo lo imperfecto y con todo lo herido? escribe Joxe Arregi en DEIA. Une meditación sobre el Domingo de Ramos.


lunes, 18 de abril de 2011

S. GALILEA y A. PAOLI SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO DE PASCUA



Cristo, nuestra pascua, nos ha liberado (Jn 20, 1-9)
Al celebrar esta noche la fiesta de la resurrección del Señor, celebramos, al mismo tiempo, nuestra propia liberación. De la servidumbre del pecado, que nos impide amar y ser libres interiormente; que impide a la sociedad ser justa y fraternal. Que genera opresión, miseria, violencia y toda forma de servidumbre humana. (Puebla 482).