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lunes, 15 de febrero de 2021

Carlos García de Andoin: "La Iglesia no puede posponer por más tiempo la reforma sobre su modelo de participación y de gobierno"

En  Noticias de Navarra

una entrevista de trini díaz

14.02.2021

 

El teólogo bilbaíno y doctor en Ciencias Políticas Carlos García de Andoin consideró "urgente cambiar la actual concepción de la Iglesia reservada en exclusiva a varones célibes y ordenados"

 

El director del Instituto de Teología y Pastoral de Bilbao, teólogo, doctor en Ciencias Políticas y profesor de sociología Carlos García de Andoin defendió en el Foro Gogoa que "la Iglesia no puede posponer por más tiempo la reforma sobre su modelo de participación y de gobierno". Considera urgente cambiar su actual concepción excluyente del poder, reservada en exclusiva a varones célibes y ordenados, y extremadamente "endógena, centralista y gerontocrática, no acorde con el Vaticano II". Con la mirada puesta en la Asamblea de Obispos sobre la sinodalidad de 2022 propone dar poder de decisión a los consejos pastorales, confiar ministerios a laicos y laicas, el acceso al diaconado de las mujeres como primer paso para la igualdad real en la Iglesia, impulsar las consultas al pueblo de Dios o prescribir canónicamente la rendición de cuentas.

 

Está muy extendida la cultura negacionista del poder en la Iglesia. Solo existe el servicio.
¿Dificulta esto cualquier cambio?

—Hay que comenzar por aquí porque la cultura eclesial tiende a la demonización o a la espiritualización del poder, lo invisibiliza o sacraliza. Esta cultura negacionista del poder es tajantemente desmentida por la realidad, por la eclesiología, por el Código de Derecho Canónico y por la misma Palabra de Dios. Existe poder, debe existir, y para que ayude a la convivencia de la comunidad y sirva al cumplimiento de sus fines debe ser definido, regulado y ordenado. Eso sí, conforme a los Evangelios, a la tradición apostólica y a la común dignidad humana. El poder es una mediación necesaria también en la Iglesia y no es entendible sino como servicio. No hay que enfrentar poder y servicio.

 

miércoles, 10 de febrero de 2021

En el aniversario del Congreso de Laicos

En VN

por:  Teresa García Gómez el 10/02/2021 09:54

es Responsable de Difusión de la HOAC

 

 

Cuando estamos a punto de celebrar el primer aniversario del Congreso de Laicos (Madrid, 14 al 16 de febrero de 2020) es conveniente que echemos una mirada al tiempo transcurrido desde entonces. Valorar el itinerario recorrido en este tiempo, si las expectativas que se generaron con su celebración se han visto confirmadas, o por el contrario, el proceso iniciado con la preparación y posterior celebración del mismo ha quedado en vía muerta, siendo una más de las iniciativas que se frustran para dar un protagonismo real y efectivo al laicado en la dinámica eclesial.

Para empezar digamos que el posterior desarrollo de lo acordado en el congreso se ha visto mediatizado por la irrupción, un mes después de su celebración de la pandemia del Covid-19, lo que indudablemente ha condicionado muy mucho la divulgación de sus contenidos y acuerdos y su puesta en práctica.

En la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal celebrada del 2 al 6 de marzo se presentaron las conclusiones del Congreso de Laicos elaboradas por la comisión ejecutiva del Congreso, en el que entre otras cuestiones, se presentan tres propuestas que han de marcar el camino de los laicos en España a medio y largo plazo y que han de desarrollarse en los próximos años:

1.- Elaborar un nuevo documento sobre los fieles laicos.

2.- La centralidad de los cuatro itinerarios en todas nuestras acciones.

sábado, 30 de enero de 2021

Los laicos, presidentes excepcionales de la eucaristía y de la comunidad (II parte)

 


Los laicos, presidentes extraordinarios de la eucaristía

El estudio exegético y el análisis de las decisiones dogmáticas adoptadas a lo largo de la historia permitirían abordar –señaló H. Küng– la pregunta que estaba en el origen de su aportación: si era cier­to que en Corinto sólo había carismas, que no existían –aparte del Apóstol Pablo– ni “epíscopos” ni “presbíteros”. Si también lo era que se trataba de una “comunidad provista de todo lo necesa­rio”, bien dotada con predicación de la palabra, bautismo, cena del Señor y con todos los servicios” y que sólo después de la muerte de Pablo se impuso la cons­titución presbiteral-episcopal de la Iglesia, entonces, era difícilmente cuestionable la legitimidad de otra manera – igualmente válida y plena– de organizar­se y constituirse la comunidad cristiana. Con el reconocimiento de semejante posibilidad –apuntó seguidamente– no se pretendía trastornar la constitución actual de la Iglesia o defender un retorno unila­teral al modelo de Corinto, sino mostrar que la Iglesia posterior no debía excluir por principio la constitución paulina de la comunidad cristiana, es decir, “una orde­nación carismática de la comunidad sin particular institución en el ministerio (ordenación)”.

Evidentemente, semejante constitu­ción era algo excepcional. Sin embargo, su excepcionalidad no estaba reñida con su bondad –y hasta necesidad– en una situación misional extraordinaria como fue la de Pablo en sus primeros años y como es la nuestra en la actualidad. ¿Puede la Iglesia impedir –se preguntó H. Küng– que suceda otra vez lo que un día aconteció en Corinto y en otras igle­sias paulinas, es decir, que, por la libertad del Espíritu de Dios, aparezca el carisma del gobierno? Cualquier teología intere­sada en la ordenación y sucesión apostó­lica especial de los pastores, está obliga­da a reflexionar a partir del fundamento exegético explicitado. Y, precisamente, por ello, estaría urgida a responder a la siguiente pregunta: ¿qué sucedería si un cristiano o una cristiana, que se halla en una situación excepcional, reúne –por impulso del Espíritu Santo y gracias a su personal testimonio– un pequeño grupo y bautiza y celebra con ellos la cena del Señor? Esta persona, que no ha recibido una misión especial por parte de las auto­ridades jerárquicas, ¿no puede ser, sin embargo, como en las iglesias paulinas, un responsable carismático? ¿Sería válida su eucaristía, como la de los corintios en ausencia de Pablo? Los ministros ordena­dos, cuando se encontraran con él, ¿podrían negarle el reconocimiento? Hay que estar de acuerdo, sentenció H. Küng, en que éstas son, por lo menos, cuestio­nes discutibles.

Pero se podía ir un poco más lejos. Podríamos encontrarnos, señaló el teólo­go suizo, con personas que prescindieran de estos resultados exegéticos y prefirieran abordar la cuestión en términos estrictamente dogmáticos. Pues bien, volvió a preguntar H. Küng, en una Iglesia en la que todo cristiano puede, “en caso de necesidad”, bautizar y, en opinión de muchos teólogos, también absolver, ¿no habría que pensar la posibi­lidad, igualmente, de una ordenación y una eucaristía “en caso de necesidad”?

miércoles, 27 de enero de 2021

Los laicos, presidentes excepcionales de la eucaristía y de la comunidad (I parte)

Jesús Martínez Gordo.

Facultad de teología de Vitoria – Gasteiz

 

Estos últimos tiempos, presididos por la pandemia del coro­navirus, he podido leer diversas propuestas referidas a superar el “ayuno eucarístico” al que, por fuerza mayor, nos vemos llevados de diferentes maneras. Leyendo tales aportacio­nes he recordado cómo fue Hans Küng el primero que afrontó, en el tiempo inmediatamente posterior a la finalización del concilio Vaticano II, la posibilidad de articular el actual modelo de presi­dencia de la eucaristía –y, por ello, de la comunidad cristiana–, con otro, que, referido a circunstancias extraordinarias, pasara por un laicado asumiendo dicha presidencia de la eucaristía y de la comunidad (“La Iglesia”, Barcelona, 1968, 461-525)[1].

 


Creo que no está de más asomarse a esta propuesta, y al debate que provocó, ya que puede ayudarnos a centrar la aten­ción en los puntos capitales que, entonces aflorados, reaparecen hoy, en medio de esta dramática situación.

Invito, a quien se adentre en la lectura de este texto, a recor­dar conmigo las razones por las que esta iniciativa fue muy criti­cada desde el punto de vista escriturístico, aceptada desde el punto de vista dogmático por teólogos relevantes (cierto que con cautelas), sien­do, finalmente, condenada por el magis­terio eclesial. Pero, sobre todo, le invito a no olvidar el camino (corresponsable y sinodal) que hay que seguir promoviendo para, sin salirse de su cauce, debatir qué puntos el tiempo se ha encargado de dejar en la cuneta y cuáles están rebro­tando con particular fuerza, pidiendo ser reconsiderados.

 

Una propuesta revolucionaria

Según el teólogo suizo, que los laicos presidieran la eucaristía era una posibili­dad que –habiendo sido real en las comu­nidades paulinas o helénicas de primera hora– estaba llamada a ser recuperada, siempre que se dieran –y se respetaran– determinadas condiciones. Obviamente, la existencia –y posible recuperación de esta praxis– tendría que llevar a reconsi­derar la vigente teología sobre los sacra­mentos del orden y de la eucaristía, des­medidamente deudora de lo aprobado en el concilio de Trento o, por lo menos, a enriquecerla y completarla.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Una petición pide el nombramiento de más obispos abiertos en Francia

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:  Liberation

Por Bernadette Sauvaget

17 de diciembre de 2020

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Más de 400 católicos franceses se están movilizando para que el Papa Francisco produzca cambios dentro del episcopado.

 

La iniciativa sigue siendo relativamente discreta. Sin embargo, más de 400 católicos franceses ya han firmado una petición exigiendo cambios en la elección de los obispos nombrados para dirigir las diócesis de Francia. "Pedimos que la comunidad de creyentes sea respetada durante la designación de obispos", aboga, en su petición, este grupo informal.

El detonante se produjo hace dos meses cuando el Vaticano anunció oficialmente el nombramiento de Olivier de Germay, de perfil ultraconservador, para suceder a Philippe Barbarin, al frente de la diócesis de Lyon. “Hay una especie de dicotomía que ya no podemos entender, explica el iniciador de la petición que desea permanecer en el anonimato. El Papa Francisco nos da esperanza y sopla un viento fresco. Pero, en Francia, son las personalidades que no tienen las mismas prioridades las  que son nombradas para los puestos más prestigiosos".

 

Este grupo de manifestantes apunta específicamente al arzobispo de París, Michel Aupetit, y al nuevo Primado de los galos, Olivier de Germay, que asume oficialmente el cargo el sábado al frente de la diócesis de Lyon. "Este nombramiento fue el resultado de acciones de cabildeo en Roma", dijo Paule Zellitch, presidenta de la Conferencia Católica de Francófonos Bautizados (CCBF), una asociación que reúne a creyentes de apertura.

Para muchos observadores, son esencialmente los círculos más conservadores los que están activos en el Vaticano. En los márgenes de los católicos abiertos, hay un lamento cada vez más manifiesto por la falta de interés que el Papa Francisco mostraría hacia Francia. 

 

"Llamamiento al Papa"

A mediados de octubre, la elección de Olivier de Germay despertó una gran sorpresa y decepcionó a los progresistas del catolicismo francés que esperaban un reequilibrio político dentro del episcopado, cada vez más marcado por figuras conservadoras. "Hacemos un llamado al Papa Francisco para que investigue la situación de nuestra Iglesia en Francia y se involucre personalmente en los nombramientos de nuestros obispos como lo hace en otros lugares, con mucho sentido común y precisión, combinando escuchando al pueblo de Dios”, pide la petición.

Fue a partir de las discusiones en un grupo de Facebook, Catholics en liberté, abierto en noviembre de 2018 que tomó forma la petición. “Lo discutimos entre nosotros y nos pareció importante expresarnos”, explica el iniciador de la operación. Él mismo es un creyente muy comprometido con la Iglesia católica pero que, por motivos familiares y profesionales, no quiere exponerse más.

 

Fondo sombrío

Obviamente, esto limitó un poco la audiencia de esta petición. "Me parece muy importante que los laicos se ocupen de este problema", subraya, por su parte, la teóloga Anne Soupa. Esta llamada llega en un contexto muy sombrío para la Iglesia católica en Francia. Muchos laicos, incluidos los de los círculos conservadores, cuestionan cada vez más la gestión de sacerdotes y obispos.

La batalla de la Misa, liderada principalmente por círculos tradicionalistas, también dejó su huella. "Este caso fue muy divisivo para el catolicismo francés", dijo Anne Soupa. El encierro, por su parte, tensó mucho las finanzas de la Iglesia Católica. Perdió, según sus propias cifras, más de 90 millones de euros durante el año 2020.

lunes, 26 de octubre de 2020

Francia: ¿están los laicos por un Sínodo?

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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Fuente:     settimananews

Lorenzo Prezzi

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Unos cuarenta movimientos eclesiales, comunidades y asociaciones francesas, han acordado en una “Carta de Intenciones” (aún no pública) emprender un camino de reforma eclesial. Por primera vez, sectores muy diferentes de la Iglesia y asociaciones dedicadas a actividades sociales se han preguntado cómo ayudar a la Iglesia en este difícil momento. Informa de ello La Croix (16 de octubre) subrayando el papel integrador de la iniciativa, llamada “Promesses d'Eglise”. 

 


 Una respuesta

Todo arranca de la “Carta al Pueblo de Dios” (20 de agosto de 2018) en la que el Papa llamaba al mundo laical a colaborar frente a la devastación causada por el maltrato infantil. Un pequeño grupo informal se reunió preguntándose qué hacer.

Unos meses más tarde, en la primera reunión (mayo de 2019), se juntaron representantes de una treintena de colectivos eclesiales, de lo más diverso: desde la “Communauté de l'Emmanuel” hasta la “CCFD-Terre Solidaire”, pasando por las “Semaines sociales” o la “DCC (delegación católica de cooperación)”, el “Secours catholique” y “Chemin-Neuf”.

martes, 26 de marzo de 2019

La hora del laicado

Conferencia de
Gabriel Mª OTALORA


PLANTEAMIENTO

    Los laicos y laicas tenemos mucho que decir y hacer. Las dos cosas. Yo a lo que aspiro con esta reflexión es a poner un granito de arena que ayude a la responsabilidad que tenemos frente a nuestras dos debilidades más señaladas: el clericalismo y la pasividad indiferente, los grandes muros que impiden mostrar con hechos el Reino que se nos invita a construir, ¡entre todos y todas!, no solo unos pocos. 
    A los Doce siguieron otros muchos; en el evangelio se citan a aquellos "otros setenta y dos" que el propio Jesús envió de dos en dos, que no parece que eran autoridades religiosas. Pablo de Tarso emprendió poco después un enorme movimiento misionero hacia Occidente hasta el punto que se le considera el verdadero motor de la incipiente religión cristiana con diferencias esenciales respecto a la religión judía. 
    Mis palabras y reflexiones, por tanto, pretenden sumarse a la gran cadena que debemos tensar los cristianos para vivir la Buena Noticia entre nosotros y con los demás mediante el testimonio que lo haga contagioso. 

 
    Los laicos tenemos deberes. Ya no sirve ampararnos en que nos marginan y consideran menores de edad, eclesialmente hablando. El Papa Francisco sintetiza en su exhortación apostólica Amoris laetitia, la alegría del amor, su criterio principal de actuación para obispos, sacerdotes y laicos de vivir con una conciencia madura capaz de discernir la conducta a seguir en cada caso. Y para acertar, es preciso dejarse iluminar por Dios, escuchar, orar. Estamos llamados a curar y cuidar, a sanar y acompañar conforme al signo cristiano: 
-Lo primero, no hacer daño.
-Lo segundo, implicación, erradicando la actitud de "no es asunto mío".
-Lo tercero, hacerlo con amor, a la manera de Jesús. 

    Lograr, entre todos, una Iglesia libre y abierta frente a los desafíos del presente, que no debiera estar a la defensiva por temor a perder algo mundano: estas son palabras del Papa, no mías. 
En este contexto, es hora de reivindicar el papel del laico que, sigue muy postergado por el clericalismo, y desperezarnos de una pasividad endémica que nos cuestiona frente a las justas quejas que formulamos buscando una Iglesia viva en comunión participativa que ofrezca respuestas con hechos. No es una cuestión de clérigos, sino de todos, porque mientras no sea así, nuestra tarea cristiana de evangelizar está en juego. No seremos más que un pálido reflejo de lo que podríamos alumbrar y seremos motivo de escándalo. 
    Los laicos tenemos que sacudirnos pasividades, comodidades e inhibiciones y dedicar tiempo al compromiso activo en la comunidad cristiana y en la sociedad. Pero los presbíteros deben superar el control total de la comunidad y los recelos con los laicos para fomentar un verdadero liderazgo de servicio. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Presbíteros en las Comunidades y Eucaristía



Introducción

Dom Demetrio Valentini es una de las figuras más valientes del episcopado brasileño, desde que era el obispo encargado de la Pastoral Social y presidente de Cáritas Brasileña. Ahora, como obispo emérito, está libre para abordar temas congelados, proponer medidas de revisión sobre disciplinas que se están volviendo obsoletas y ser fiel a la evolución de la doctrina, como indicaba el gran John Henry Newman. Vive proféticamente en tiempos Francisco, el nuevo clima de una iglesia "semper reformanda".


Dom Demetrio pide que la CNBB (Comisión Nacional de Obispos de Brasil) reflexione sobre laicos que puedan presidir la Eucaristía
Fuente: A 12. Por Elisangela Caballero, 14 de Febrero de 2017 a 16h43.

El obispo emérito de Jales, Dom Demetrio Valentini, dijo durante su homilía en el Santuario Nacional de Aparecida, en la mañana del martes (14) que la Iglesia en Brasil necesita reflexionar sobre la cuestión de los católicos que no tienen acceso a la Eucaristía con frecuencia. El obispo sugirió para resolver este problema la elección de laicos comprometidos en la vida de la comunidad para asumir esta tarea de presidir la Eucaristía. El obispo estaba en el santuario debido a la celebración del 25 aniversario de la Asociación Nacional de Presbíteros de Brasil.

"¿Somos una Iglesia que comparte el pan, o una iglesia que somete a sus comunidades a la escasez que lleva a su debilidad y a la propia disolución eclesial?", dijo el obispo, que hizo memoria de un discurso del Papa emérito Benedicto XVI en Aparecida durante el CELAM.

"Sin Eucaristía no hay comunidad cristiana. Así fue afirmado solemnemente aquí en esta basílica por el Papa Benedicto XVI en la apertura de la 5ª Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe. Sin Eucaristía no hay comunidad cristiana. Entonces, hace falta ahora comprobar qué consecuencias prácticas extraemos de esta verdad tan importante afirmada por el Papa. Y entonces entra de lleno, de nuevo, la cuestión presbiteral ", instó el obispo emérito.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Diferentes formas de Laicado



Se puede afirmar que, entre los cristianos católicos, hay una aspiración bastante generalizada a una reforma profunda de la Iglesia. Lo que uno ve es que no se ha pensado en los laicos para esa deseada reforma. Es cierto que, cuando hay basura, y basura contaminante, es más urgente deshacerse de ella que cualquier otra urgencia. Pero ¿debe esta urgencia llevarnos a esperar ad kalendas graecas para que la reforma de la Iglesia alcance también al ámbito de los laicos? Y ¿para que los laicos sean agentes de esa reforma? Ya nos hemos acostumbrados a ver a los laicos muy activos en las tareas eclesiales, bajo la dependencia del clero.


Nuestra mente tiene ligada la imagen del laico comprometido a su presencia intraeclesial, que también pueden realizar ellos, pero que no es lo nuclear de la vocación laical. Sin embargo, no siempre ha sido así. Todavía son bastante recientes en América Latina las persecuciones contra campesinos cristianos, que corrían a enterrar sus biblias bajo tierra, perseguidos por fuerzas gubernamentales.

Tampoco queda tan lejos el tiempo de Monseñor Romero, nuestro querido beato, en el que invitaba a los cristianos a organizarse socialmente. Y tenemos vivo el recuerdo de su magnífico discurso en Lovaina para recibir el doctorado honoris causa. Ese discurso es un testimonio excepcional, no solo de Romero, sino de los cristianos que se comprometían con su estímulo. Y es además un programa de formación y acción para los laicos comprometidos en el mundo desde el mundo; testimonio comunitario de una Iglesia martirial. Así, pues, no siempre el laicado activo ha sido como el actual.

sábado, 30 de abril de 2016

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo. Carta del Papa al Presidente de la CAL

(De R.V.)

Texto completo de la Carta del Papa Francisco

A Su Eminencia Cardenal

Marc Armand Ouellet, P.S.S.

Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina


Eminencia:

 Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos.

Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión "no caiga en saco roto"; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.

Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos. Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se le sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.

Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: "es la hora de los laicos" pero pareciera que el reloj se ha parado.

Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción.

miércoles, 20 de mayo de 2015

La mujer en la Iglesia

Eloísa LARREA

El sábado 16 de mayo tuvo su última sesión el CPD. Se presentaron cuatro ponencias con el tema del LAICADO. Entre ellas, Eloísa Larrea presentó ésta centrada en la figura de la mujer. En tono reivindicativo, puede hacernos sintonizar con lo que dentro llevan muchas mujeres que, con su presencia y su trabajo y entrega, sostienen a tantas y tantas comunidades de nuestra Diócesis. A pesar de la amplia acogida que tuvo, a D. Mario le pareció poco menos que fuera de lugar, alegando que el tema no era el sacerdocio de la mujer sino el laicado. Aquí la ponencia:




Quisiera aclarar tres cuestiones para comenzar:

La primera que yo no soy ninguna experta en este tema, no he estudiado teología más allá de los cursos del Sedere necesarios para impartir clases de religión. Voy a hablar, por lo tanto, no desde lo intelectual, el estudio o la teoría sino desde la experiencia, mi experiencia, desde la vivencia, la opinión y el sentimiento que es un marco diferente al intelectual pero totalmente complementario. No vengo como experta y no me siento como tal. Aún así, estoy convencida de que lo que voy a tratar de expresar es todo ello RAZONABLE, es decir, de sentido común, que es el suelo básico en el que podemos entendernos las personas.

La segunda aclaración es que mi intención con lo que voy a decir no es provocar ni ofender a nadie sino, como me pedía Estrella, hacer mi reflexión, compartirla con vosotros y si sirve bien y sino queda mi disponibilidad y voluntad de hacerlo. Todo ello desde el amor y el cariño a la Iglesia de Jesús de Nazaret de la que me siento parte, partícipe y constructora.

El último previo es deciros que voy a estructurar mi exposición en tres momentos: el VER, el JUZGAR y el ACTUAR. Es la metodología que he aprendido en los movimientos de AC en los que he participado y participo desde joven y no sé hacerlo de otra manera. En cada uno de ellos voy a poner hechos de vida, vividos por mí, o escuchados por mí que tratarán de reflejar o argumentar aquello que sostengo.


1.- VER: Las mujeres mayoría en la base, “conjunto vacío” en los órganos de dirección.

Estrella me decía que enmarcara mi pequeña intervención en el marco de la reflexión sobre el laicado que estáis haciendo en el CPD. Diría que la situación de la mujer en la Iglesia comparte todas las características que ella enumeraba en su intervención al hablar del laicado en general. En nuestra Iglesia hay mujeres con distinta conciencia de su ser creyentes y féminas, también hay diferentes niveles de participación e implicación en las comunidades eclesiales, desde las que son dominicales a aquellas otras mujeres a las que sólo les falta que les ordenen. Claramente convivimos mujeres con distintos grados de conciencia de nuestra situación, con distintos niveles de corresponsabilidad y de la misma manera con diversos niveles de formación y capacitación pastoral.