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jueves, 4 de febrero de 2021

Vacunad a los obispos

Origen:  Laeto animo

Por Jordi Llisterri i Boix. Lun, 01/02/2021

 



Me van a perdonar si soy un poco indiscreto. Un cura me cuenta que ha dormido muy mal los últimos días. No sabía si había hecho bien. Y me decía que sobre todo no lo contara a nadie.

Pues lo cuento. Hicieron la vacunación en una residencia de ancianos donde pasa muchas horas. Cuando estaban terminando, vacunados los ancianos y el personal de la residencia, sobraban tres dosis que se tenían que tirar. La dirección del centro llamó al cura que vive cerca para que fuera. El sacerdote insistió en preguntar si estaba seguro de que le tocaba a él. Y si no había nadie más del centro que pasará delante. Pero le dijeron que no. Que se vacunara él. Y ya está hecho.

Al cabo de unos días se organizó el gran revuelo porque en una situación similar el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, se había vacunado. El cura ya se veía víctima del mismo escándalo por una situación que no había buscado: "sólo de pensar en esto, ahora no lo haría".

miércoles, 12 de octubre de 2016

Razones del malestar entre los curas



(De «La Croix»: 10/10/2016)

Una encuesta inédita en una diócesis de Bélgica francófona (Lieja), cuyo contenido publica La Croix exclusivamente, manifiesta las principales fuentes de sufrimiento entre los sacerdotes. La institución y la falta de "perspectivas" aparecen como la principal causa de la infelicidad, muy por delante de la vida emocional o la carga de trabajo.

¿De qué sufren los sacerdotes? Y ¿qué es lo que, por el contrario, los hace felices en su misión? Los resultados de dicha encuesta sin precedentes hecha a 110 sacerdotes en la diócesis de Lieja, Bélgica, afloran las situaciones más comunes. Mientras que la vida emocional, la soledad o la sobrecarga de trabajo se consideran los principales factores de infelicidad o depresión entre los sacerdotes, sin embargo son la falta de perspectiva de futuro y la institución las que generan más sufrimiento.

Sobre la base de 46 cuestionarios —247 citas recogidas y clasificadas por temas en una escala de intensidad de bienestar/malestar— extraídos por la preocupación de Jean-Luc Joly, ex miembro de recursos humanos de la SNCF, la ausencia de "perspectivas de futuro" aparece de hecho, por mucho, como la principal causa de la infelicidad entre los sacerdotes, seguido de cerca por el de la organización (el "sistema de parroquias" que cubre todo el territorio) considerada como desalentadora. De ello se deriva con frecuencia, en la escala de "malestar", la sensación de falta de escucha o de reconocimiento por parte de la jerarquía, el alejamiento respecto de la Iglesia como institución, o incluso las difíciles relaciones entre los sacerdotes.


El resurgimiento espiritual a la cabeza de los motivos de bienestar

martes, 17 de mayo de 2016

El perfil del sacerdote que no tiene ninguna agenda que defender, según Francisco

No habló sobre política ni citó la nueva ley italiana sobre las uniones civiles. No volvió a afrontar las emergencias sociales, como la de la migración, sobre la que pronunció algunas palabras hace pocos días al recibir el premio Carlo Magno. Papa Francisco intervino frente a los obispos italianos reunidos en asamblea y trazó el perfil del sacerdote. Explicó que es un hombre de paz, de relaciones, con una vida simple, que siempre está disponible para las personas. No es un burócrata o un funcionario andino, no se fija en la eficiencia ni se escandaliza por la fragilidad del ánimo humano. En un pasaje de su discurso, refiriéndose a las estructuras que se ocupan de los bienes económicos, invitó a los obispos a «mantener solo lo que sirve para la experiencia de fe y caridad del pueblo de Dios».


Un cambio de época

La «renovación del clero» es el tema que eligió la asamblea de la Conferencia Episcopal de Italia para la discusión durante su asamblea. El Papa propuso a los obispos que se pongan a escuchar, acercándose a «alguno de todos los párrocos que se gastan en nuestras comunidades». ¿Qué es lo que «da sabor» a su vida? Francisco respondió recordando que el contexto cultural es diferente del que vivía en el pasado, porque «también en Italia muchas tradiciones, costumbres y visiones de la vida han han sido incluidas por un profundo cambio de época». «Nosotros, que a menudo nos encontramos deplorando este tiempo con tono amargo y acusatorio, debemos advertir también su dureza: en nuestro ministerio —añadió el Papa—, ¡cuántas personas encontramos que viven en afanes por la falta de referencias! ¡Cuántas relaciones heridas! En un mundo en el que cada uno se piensa como la medida de todo, ya no hay sitio para el hermano».


No escandalizarse por las fragilidades

La vida del sacerdote, con este paisaje de fondo, «se vuelve elocuente, porque es diferente, alternativa». Como Moisés, «él es uno que se acercó al fuego y dejó que las llamas quemaran sus ambiciones de carrera y poder. También quemó la tentación de interpretarse como un ‘devoto’, que se refugia en un intimismo religioso que tiene muy poco de espiritual». «Está descalzo, nuestro sacerdote —continuó—, con respecto a una tierra que se obstina en creer y considerar como santa. No se escandaliza por las fragilidades que sacuden el ánimo humano: consciente de ser también él mismo un paralítico curado, se queda a distancia de la frialdad del rigorista, así como de la superficialidad de quienes quieren mostrarse condescendientes». En cambio, insistió Bergoglio, «acepta encargarse del otro, sintiéndose partícipe y responsable de su destino».


No es un burócrata

El sacerdote «con el aceite de la esperanza y de la consolación, se hace prójimo de cada uno, y está atento para compartir su abandono y sufrimiento. Habiendo aceptado no disponer de sí, no tiene una agenda que defender, sino que entrega cada mañana su tiempo sl Señor para dejarse encontrar por la gente. Así, nuestro sacerdote no es un burócrata o un andamio funcionario de la institución; no está consagrado a un papel de empleado, ni lo mueven los criterios de la eficiencia».

miércoles, 13 de mayo de 2015

El modelo Sacerdotal

José Comblin
Crisis de la separación entre lo sagrado y lo profano y de la ley del celibato
 (En RyL)


La separación entre lo sagrado y lo profano.


Constituido en el siglo XVII – el modelo sacerdotal - tendió a exasperar la separación entre el clero y el pueblo. Se multiplicaron los signos visibles de la separación: ropa diferente, casa aislada, no participación de los padres en el trabajo manual, en el comercio, en las actividades profanas. El padre se reserva exclusivamente para actividades sagradas. El lenguaje es propio. El padre no puede aparecer en los lugares públicos de encuentro de personas: teatros, estadios, circos, lugares de diversión, playas, y cines. No puede ver espectáculos profanos. Su conversación debe ser muy reservada. En la propia iglesia todo muestra la separación. Hay un espacio reservado para el padre y otro para el pueblo, y nadie puede pasar la frontera, a no ser por absoluta necesidad, por ejemplo, el sacristán o las encargadas de la limpieza. El confesionario es un modelo de esta separación. El padre y el penitente ni siquiera pueden mirarse y reconocerse. La distancia es total. No es diálogo entre las personas, sino diálogo entre pecado y absolución. El pecado entra por un lado y la absolución sale por el otro.

¿Cuál es la razón de ser de tal separación? Si consultamos los libros de espiritualidad sacerdotal del siglo XVII no hay duda: se trata de la separación entre lo sagrado y lo profano, exactamente lo que Jesús vino a suprimir.  El padre es el hombre de lo sagrado: su dominio es el mundo sagrado, el edificio del templo, el lugar de administración de los sacramentos. Su mundo es poblado de objetos sagrados: el material de los sacramentos, las imágenes, los libros sagrados. Su trabajo es el sacrificio. La misa es vista en la línea de los sacrificios del Antiguo Testamento. El padre es aquel cuyo trabajo consiste en celebrar la misa.

Lo que él hace son misas. El cardenal que me ordenó dijo un día en un retiro sacerdotal: si el padre celebra la misa y reza el breviario, cumplió su obligación. De hecho su sacerdocio consiste en esto: mantener las funciones sagradas. El resto es facultativo, y puede ser peligroso. No lo constituye como sacerdote.

Estas actividades sacerdotales son totalmente inaccesibles a los laicos. Ellas marcan una separación radical. Son dos modos de vida totalmente separados, pues entre lo profano y lo sagrado no hay comunicación.