Por Jesús Mtz. Gordo, teólogo (en kiosko y más)
El semanario satírico ‘Charlie Hebdo’ vuelve a ser objeto de polémica en el primer aniversario del atentado yihadista sufrido por su redacción. En esta ocasión por una caricatura en la que Dios, bajo el título ‘Un año después el asesino sigue corriendo’, lleva un fusil Kalashnikov a la espalda y, manchado de sangre, huye. En el editorial, Laurent Sourisseau, el director del semanario y uno de los supervivientes del ataque terrorista, denunciaba a los «fanáticos embrutecidos por el Corán», pero también «a los benditos idiotas de otras religiones» que «nos deseaban el infierno en el que creen por habernos atrevido a reírnos de la religión».
Las reacciones no se han hecho esperar. Muchos periódicos han recogido el editorial publicado por L’Osservatore Romano y titulado ‘La fe manipulada’. El diario vaticano denunciaba «una imagen que hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones». Es una caricatura, proseguía, citando a Anouar Kbibech, presidente del Consejo francés del culto musulmán, «que no ayuda, en un momento en el que necesitamos estar codo con codo». Esta reacción vaticana sintonizaba con el comentario realizado por un portavoz del episcopado francés cuando se preguntaba si éste es «el tipo de polémica que Francia necesita». Y con el mismo cardenal VingtTrois cuando se negaba a comentar dicha portada porque, sencillamente, «se ha hecho para provocar».
Menos conocidas son las declaraciones de Bruno Forte. Tanto la caricatura como el editorial, manifestaba el teólogo y secretario general del Sínodo de los obispos, están muy alejadas «de la verdad, porque todas las religiones, no solo la cristiana, sino también la hebraica y la musulmana, predican la no violencia en nombre de Dios. Si acaso, lo violento es asumir una postura ideológica» que juzga y excluye a los demás en nombre de una pretendida posesión absoluta de la verdad.
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lunes, 11 de enero de 2016
jueves, 23 de abril de 2015
Je suis aussi un chrétien
Ocurrió en el
mes de Enero, ¿lo recuerdan? Unos descerebrados,
con un motivo pretendidamente religioso, entraron en el corazón de la redacción
del semanario satírico Charlie Hebdo
y dispararon contra los trabajadores del medio. 12 personas cayeron asesinadas
derramando la sangre víctimas del fanatismo de unos tipos que arguyeron
justificaciones pretendidamente religiosas para ejecutar su macabra acción.
El Charli Hebdo había publicado años antes
unas caricaturas de Mahoma que ofendieron a la población islámica. Esta
publicación ignoró el código religioso musulmán y ofendió a muchos islámicos
que vieron cómo, desde el acomodado mundo occidental, la burla a la religión
tenía una patente de corso extraordinaria para llegar hasta donde quisiera so
pretexto de la libertad de expresión.
El fanatismo
islamista terminó con el debate. Cierto, no se puede faltar al respeto de las
convicciones religiosas, es una indecencia burguesa propia de la prepotencia
occidental. Pero utilizar la violencia como respuesta a esta befa da razón a
los autores de la ofensa, porque no hay nada más sagrado que la vida humana.
A los pocos
días fueron varios millones los que se manifestaron en París. Muchos hombres y
mujeres reivindicaron la libertad de expresión luciendo carteles en los que se identificaban
con las víctimas. A la manifestación (que convocó a casi cinco millones de
personas) no faltaron intelectuales, artistas y políticos de todos los colores
que lucían el eslogan “Je
suis aussi Charlie Hebdo” reivindicando la libertad de
expresión como un derecho inalienable del ser humano y condenando el fanatismo
religioso como una perversión ética indigna de cualquier ser humano.
Y
a mí la manifestación me pareció muy bien. Estoy convencido que quien defiende
con las balas cualquier idea es un fanático, un inculto o un pobre hombre
peligroso. La religión no necesita estos defensores. La Historia ha dado buena
cuenta de que, cuando uno considera a Dios como una propiedad y lo defiende con
violencia, la barbarie se convierte en blasfemia y la guerra, en un negocio con
justificantes piadosos. Líbrenos Dios de los que le defienden. El mismo Jesús
murió asesinado en nombre de Dios y quienes perpetraron tal atrocidad no
quisieron entrar en casa de Pilato porque, al ser la Pascua, se podían
contaminar con una impureza religiosa pisando el patio de un infiel.
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Charlie Hebdo,
fanatismo,
islam,
masacre de cristianos
lunes, 19 de enero de 2015
Para entender el terrorismo contra Charlie Hebdo en París
(De R.C.)
Leonardo Boff,
teólogo y escritor
Una cosa es
indignarse, con toda razón, contra el acto terrorista que acabó con los mejores
caricaturistas franceses. Se trata de un acto abominable y criminal, imposible
de ser apoyado por cualquiera que sea.
Otra cosa es
buscar entender analíticamente por qué tales sucesos terroristas ocurren. No
caen del cielo azul. Detrás de ellos hay un cielo oscuro, hecho de historias
trágicas, matanzas masivas, humillaciones y discriminaciones, cuando no de
verdaderas guerras como las de Iraq y Afganistán que sacrificaron vidas de
miles y miles de personas o las obligaron a marchar al exilio.
Estados Unidos y
varios países europeos estuvieron presentes en estas guerras. En Francia viven
algunos millones de musulmanes, la mayoría en las periferias de las ciudades,
en condiciones precarias. Muchos de ellos, aunque hayan nacido en Francia,
están altamente discriminados hasta el punto de surgir una verdadera
islamofobia. Después del atentado a las oficinas de Charlie Hebdo, fue atacada
a tiros una mezquita, un restaurante musulmán fue incendiado y una casa de
oración islámica fue también tiroteada.
Amor e indignación. El alcance de un puñetazo
Escrito por Antonio Duato, el 17 de enero, 2015
(De IVIVA)
Por Joaquín García Roca,
sociólogo y teólogo, del Consejo de Iglesia Viva,
Las
manifestaciones del papa Francisco, en conversación informal con periodistas,
en las que solicita que no se insulte ni provoque la fe de los demás “porque
será natural e inevitable que alguien dé un puñetazo a quien ofende a su madre”
han planteado cuestiones que cada una de ellas merece una atención
diferenciada.
1.- Algunos andan
preocupados por el alcance del “puñetazo”. ¿Cómo un papa que enfatiza la
misericordia y el perdón ha podido justificar una reacción violenta? ¿Dónde
queda aquello de la otra mejilla, se preguntan con evidente asombro?
Ciertamente que un puñetazo ni es mortal ni incita a la guerra santa ni inicia
una revuelta ni justifica medidas violentas; simplemente indica que el amor sin
indignación no es amor en absoluto. Quien es incapaz de airarse, sólo conoce la
apatía de la indiferencia. Un amor decidido y eficaz es un amor airado. Por eso
el cristiano se indigna airadamente de los productores de pobreza, de los
políticos corruptos, de los provocadores gratuitos, de los saboteadores de la
convivencia. Quizá el mundo cristiano necesita más personas indignadas que den
puñetazos ante los despropósitos e injusticia. No se está justificando
asesinatos, violencias ni terrorismos sino indicando simple y decididamente que
no todo es tolerable. Con la imagen del puñetazo se indica que la suavidad y
amabilidad en cualquier circunstancia no equivale al amor cristiano sino que
muchas veces esconde cobardía y flojera.
2.- El gesto
físico de repulsa, que escenifica el Papa en la conversación, ante la
provocación de lo que se considera sagrado en una determinada sociedad, en
ningún caso pretende alimentar la violencia ni justificar la acción asesina,
sino al contrario pretende desactivarlas. Para ello, no concede ninguna razón a
los que mataron —con el asesinato la perdieron toda— pero intenta comprender a
los millones de personas que en nombre de sus convicciones religiosas piden
respeto airadamente en las calles de medio mundo. Cuando la humanidad se
introduce peligrosamente en la confrontación entre multitudes que practican el
derecho de expresión y multitudes que practican el derecho a ser respetadas en
sus creencias, se necesitan lideres mundiales que ayuden a desactivar el
círculo la lógica de la acción-reacción que siempre es un poder autodestructivo
productor de barbarie y muerte. Un líder religioso como Francisco, que ha
lanzado carcajadas contra el poder absoluto del dinero y del capitalismo y ha
erosionado el poder eclesiástico en todas sus formas, está legitimado para
desestabilizar el poder absoluto de los medios de comunicación.
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