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lunes, 16 de marzo de 2020

Comunidades cristianas y “ayuno eucarístico”







Se habla mucho de ello en esta época del coronavirus. Iglesias abiertas sí, pero sin celebración eucarística. Muchos sacerdotes celebran por sí mismos, la gente se siente perdida; donde todavía existen, se encaminan hacia los altares laterales para la celebración. Hay quienes no observan las reglas y llueven las multas. No hay duda de que hay que reflexionar. No duele un poco de historia sobre el “ayuno eucarístico”, impuesto ahora por el virus.

Japón

En el siglo XIX, los misioneros que desembarcaron en Japón descubrieron una comunidad cristiana establecida allí en el siglo XVI, decapitada por la persecución de sus obispos y sacerdotes. Había permanecido fiel a la enseñanza recibida y a la oración. Los misioneros no hicieron nada más que confirmarla en su fidelidad. Es fácil suponer que esta comunidad había establecido reglas y que había tenido catequistas capaces de transmitir la religión católica. Sin duda había celebrado los sacramentos, incluidos los matrimonios. La presidencia de la Eucaristía había sido confiada a un anciano. En opinión del gran teólogo benedictino, Ghislain Lafont, pudo haber elegido un obispo. A través de la experiencia, la oración y la invocación al Espíritu, pudo (quizás) elegir de entre los fieles a alguien que tenía la capacidad, el carisma, de guiarla en el nombre de Cristo. Una vez más Lafont: "Podría haber orado sobre él, impuesto sus manos colectivamente, pedir para él la gracia y los dones de esta responsabilidad. ¿Por qué este hombre electo no pudo haber celebrado con su comunidad la Eucaristía, conectada al mandato del Señor en la última cena y una fuente para la comunidad de toda la economía de gracia y salvación?" (cf. Ghislain Lafont, Piccolo saggio sul tempo di papa Francesco,  EDB, Bolonia 2017, p. 87).

En la década de 1980, el conocido teólogo dominico, Edward Schillebeekx, fue vejado y perseguido, además de prohibido (aunque no oficialmente condenado) por la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Ratzinger, por haber argumentado que la presidencia de la Eucaristía podía confiarse, en determinadas situaciones, a una persona bautizada, equilibrada, capaz de entender las situaciones, es decir, de discernir y actuar. Le dijeron que no expusiera su idea de ninguna manera. Y el gran teólogo ya no abordó el tema.

Albania

Hacia finales de la década de 1980, entré clandestinamente en Albania, "el primer estado totalmente ateo del mundo", como gustaba proclamar el dictador Hoxha. Detenciones domiciliarias para el obispo Thaci, que murió en 1946, veinte años de trabajo forzoso para el obispo Prendsuhi, que murió en prisión en 1949. Detenidos y juzgados especialmente los jesuitas, algunos condenados a muerte, expulsados todos los miembros no albaneses de las órdenes religiosas.

martes, 5 de julio de 2016

Una difícil comunión (y III)

Nota: Esta es la tercera y última entrega
(Dsculpen esta tremenda equivocación. Por propia ignorancia en esta materia, no salió el contenido en su fecha programada: 05/07/16. Pero ahí va...)






Pero la acción de esta nueva élite corre el peligro de transformar se en una iglesia no más colegial, sino más verticalista. Parafraseando a Montesquieu, se podría decir que la Iglesia católica era una monarquía (el papado) soportada por una nobleza (el episcopado y la vieja élite del laicado católico). Hoy gracias a los nuevos movimientos eclesiales, la Iglesia católica intenta liberarse de la nobleza y se apoya sobre una nueva élite que rechaza la obra de actualización realizada por los obispos conciliares y por el viejo laicado del siglo XX. El final de una iglesia centrada en el obispo y el clero no ha comportado el inicio de un modelo de iglesia más participativo y sinodal, sino que ha comportado la implantación de un injerto "comunitarista" dentro de las iglesias locales que conservan un enraizamiento territorial que tiene profundas implicaciones en el plano de la teología de la misión y de las relaciones iglesia-mundo.

Entre los perdedores por este fenómeno interno de la iglesia post-conciliar se encuentra el que podemos llamar laicado "suelto" o sin siglas, que importa sobre todo por la fidelidad a una iglesia local (traducido en el porcentaje de los que participan a la eucaristía dominical): el laico es más apreciado cuando esta encuadrado en una asociación o organización eclesial, lo que muchas veces comporta para los fieles "simples", es decir los que no pertenecen a ninguna asociación católica, una marginación de la real posibilidad de tomar parte activa en la vida de la iglesia local.

La ultima realidad que pierde es la cultura católica "liberal" (en sentido amplio) que ve en la victoria de los movimientos una reedición post-moderna de la cultura ultra-montanista de raíz decimonónica, en un enclaustramiento de la cultura católica en un nuevo "gueto católico"

En el lado político-asociativo, con el paso del "movimiento católico" a los "movimientos eclesiales" nos encontramos con el final de la experiencia formativa de una élite política y social católica que había salido de la fase del control de los notables y de la supremacía clerical para abrazar sistemas de selección y de sucesión de naturaleza asamblearia o de alguna manera participativa. Con los nuevos movimientos católicos esta fase no solo ha sido superada, sino negada y arrinconada en el archivo de la época conciliar: en los nuevos movimientos cató- licos hay líderes, no asambleas;  no elecciones. En un catolicismo todavía con estructura piramidal, entran en escena homines novi que son portadores de biografías nuevas, pero que en gran parte son extraños a los decenios de luchas del laicado católico organizado para hacerse reconocer con una dignidad propia de laicos.

A aquella cultura católica que en el curso del siglo XX había desarrollado un pensamiento sobre el Estado y sobre su legitimidad, algunos de estos movimientos católicos le proponen una visión del Estado como usurpador de la verdadera soberanía, es decir la de la iglesia sobre la sociedad. Esto se transforma, en el escenario de la economía del tercer sector y de la solidaridad, en un activismo, que efectivamente ha llevado al crecimiento, en los últimos decenios, de una cultura del servicio social dentro del catolicismo contemporáneo. Este activismo tiene una correspondencia teológica que en no raros casos produce efectos también sobre la formulación de la doctrina social y económica en el interior de la Iglesia católica. Este elemento influye en la visión de la iglesia sobre las cuestiones de la justicia social, y también acompaña una visión anti-liberal o pre-liberal del rol del estado en la gestión del bienestar social y de la economía.

martes, 28 de junio de 2016

Una difícil comunión (II)

Nota: segunda entrega.
(Dsculpen esta tremenda equivocación. Por propia ignorancia en esta materia, no salió el contenido en su fecha programada: 28/06/16. Pero ahí va...)




Entre las luces del fenómeno de las asociaciones eclesiales hay que recordar, sin lugar a dudas, lo que es común a todos ellos, es decir, una carga de energía y de creatividad típica de creyentes que no necesitan un impulso o aprobación desde arriba, y que no tienen necesidad tampoco de "popularidad" para lanzar iniciativas o formar grupos. En este sentido, ellos han puesto en circulación la idea (difícil de comprender en un cristianismo established con fuertes vínculos entre el Estado y la Iglesia, como en Europa), de que el cristianismo como fenómeno histórico vive de la energía y fuerza de los creyentes y no del apoyo del Concordato o de una "religión civil", o del rol social que una cierta cultura asigna a la iglesia y al cristianismo.

Otro aspecto positivo es que las asociaciones eclesiales - algunas veces, no siempre - pueden ofrecer "hospitalidad" a grupos o individuos que viven situaciones eclesiales difíciles, sea dentro de la Iglesia católica universal, de las iglesias locales o en las relaciones entre católicos y cristianos de otras confesiones que están pasando momentos históricos de crisis. Es un fenómeno muy evidente en los Estados Unidos, donde el fenómeno de los movimientos implica a grupos eclesiales provenientes de la Iglesia episcopal (anglicana) de América y la Iglesia de la ELCA ("Evangelical Lutheran Church in América"). Estas dos Iglesias viven un debate intenso y doloroso sobre la cuestión de la homosexualidad en la Iglesia; el hecho de que la Iglesia católica esté también formada por comunidades y movimientos diversos, permite ofrecer, a veces, cobijo a los que están en desacuerdo con las decisiones tomadas por los organismos dirigentes de sus iglesias. Esto representa un riesgo, dado que la acogida ofrecida a estos grupos e individuos puede fácilmente transformarse en una especie de "shopping" eclesial que no se adapta al mandato ecuménico.

Si es excesivo definir a los movimientos como un fenómeno "oportunista" respecto a la crisis de autoridad de la iglesia-institución en el curso del periodo post-conciliar, es igualmente excesivo y no correcto identificar en ellos "la primavera" de la iglesia post-conciliar. No es correcto no solo porque la explosión de este fenómeno está más ligado a la cronología de los pontificados post-conciliares que al post-concilio en cuanto tal, sino porque la "primavera de los movimientos" se construye por una oposición -a veces oblicua, a veces frontal- a la teología post-Vaticano II en la fase más aguda del debate sobre la recepción del concilio al inicio de los años ochenta.

martes, 21 de junio de 2016

UNA DIFÍCIL COMUNIÓN (I)

Nota: por la extensión del trabajo, lo publicaremos en 3 secciones.



Las teorías del complot o de la escalada de algunos movimientos y comunidades a la cúspide de la Iglesia católica tienden a infravalorar la gran variedad y complejidad de esta galaxia eclesial. Diferentes por lugar y fecha de nacimiento, por tipo de adhesión de sus miembros, por dimensión y enraizamiento, por misión dentro de la Iglesia y orientación teológica, los movimientos y comunidades ocupan todo el espacio del amplio espectro «ideológico» dentro del catolicismo. El ecumenismo y el neo-orientalismo de San Egidio se contraponen al romanismo de los movimientos hispanos. El inclusivismo interreligioso de los Focolares está en el extremo opuesto al exclusivismo de Comunión y Liberación. La cultura participativa y democrática de los scouts católicos está en las antípodas de la mentalidad del Opus Dei.

            Las asociaciones eclesiales viven una difícil comunión entre sí. Si resulta exagerado presentar el conjunto como «bandas de enemigos naturales en un precario estado de simbiosis», no resulta excesivo definir el conjunto general de las asociaciones como una difícil convivencia desde la lógica de la competencia y con una continua búsqueda de equilibrio. No podía ser de otra forma si deben convivir los movimientos-asociaciones caracterizados por un alto grado de institucionalización y por una cierta autonomía concedida por la jerarquía eclesiástica (Acción Católica - escultismo); los movimientos de reconquista, vinculados a una cultura política y religiosa antiliberal (Opus Dei, Comunión y Liberación, Legionarios y Cursillos); los movimientos de tipo pentecostal (RNS, Neocatecumenales y Focolares); las élites espirituales -laicales y monásticas- herederas del «retorno a las fuentes» de la gran tradición del cristianismo indiviso y del «acercamiento» a las otras Iglesias y a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo (Taizé y Comunidad de San Egidio).

Una segunda y más difícil comunión ha sido aquella entre las asociaciones por una parte y las Iglesias locales (clero y laicado) por la otra. Las partes en simbiosis viven juntas, sacando ambas ventaja de la convivencia y sufriendo la desventaja de la crisis y de la debilidad del otro sujeto de la relación. No está todavía claro que este sea el caso de la relación entre movimientos y comunidades e Iglesias locales. Resulta claro, sin embargo, que durante las décadas posconciliares los movimientos y comunidades han nacido y crecido como un fenómeno muy oportuno en razón de lo debilitado que estaba el cuerpo de la Iglesia territorial.

Frente a una fe «cálida» -que es como mayoritariamente se vive en las comunidades o movimientos-, las Iglesias territoriales corren el riesgo de reducirse cada vez más a una especie de frías máquinas distribuidoras de sacramentos. La distribución del sacramento ya no corresponde con la inserción en una comunidad parroquial, en una catequesis parroquial o en una realidad humana y social inevitablemente más variada pero también más real que la de la pequeña comunidad- movimiento elegida. Desde el punto de vista vocacional y ministerial, al «laicado no asociado» y al clero (al que se reconoce una autoridad menor que la que dan a sus propios líderes) parece haberlos sustituido en las Iglesias locales el laicado asociado que está en condiciones de garantizar un mayor nivel de compromiso y de eficiencia pastoral. Por este motivo la fuerza de impacto de los movimientos sobre el cuerpo de la Iglesia católica es muy superior respecto a la relativa consistencia numérica de este nuevo tipo de laicado.

Entre finales del XIX y principio del XX, las jerarquías católicas habían conseguido despertar y controlar la movilización del laicado dentro de un esquema que no arriesgaba la tradicional estructura de poder en la Iglesia. El rol histórico de las asociaciones, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX consiste en haber interpretado (también a nivel ideológico), traducido (en el plano de la realidad de los hechos, mucho antes que en el del reconocimiento eclesiástico) y representado (más a nivel existencial que teológico) una solución al problema de vivir y testimoniar la fe católica en una sociedad como la europea, situada en el momento crítico del pasaje de una firme herencia confesional a una radical secularización. La fuerte autoestima de esta nueva élite facilita las acusaciones dirigidas contra los nuevos movimientos que han ocupado dentro de la Iglesia los espacios que, hasta hace pocas décadas, fueron administrados por el episcopado, el clero, las órdenes religiosas y la potente jerarquía católica. Del «nosotros somos Iglesia» de los tiempos de la semiclandestinidad se ha pasado, en la Iglesia de Juan Pablo II y Benedicto XVI, al orgullo de algunos movimientos, un orgullo con que parecen afirmar: «La Iglesia somos nosotros». 

(Continuará el próximo miércoles) 
(segunda entrega)
(tercera entrega)

sábado, 28 de mayo de 2016

Quieren mantener la Iglesia en la zona rural



Élise Descamps,
Harol (Vosges) 
La Croix 11.V.2016



            Una quincena de asociaciones, presentes en el medio rural, proponen un estilo de comunidad cristiana, complementaria a la de las parroquias.

Estos católicos, reunidos el fin de semana de la Ascensión en su encuentro bienal, trabajan para que el campo no muera.

Hablan de los refugiados, de la transición ecológica y de la prevención del suicidio; acogen a los migrantes, se reúnen con los políticos, se forman para la comunicación pacífica, leen la Biblia y organizan los comedores para los más necesitados. ¿Acaso son éstos los problemas del mundo rural? Pues sí, a pesar de los estereotipos. Estos cristianos rurales, la gran mayoría de ellos formados en la Acción Católica y buscadores incansables de un mundo más justo, se ven a sí mismos perteneciendo a la sociedad lo mismo que los de otros tiempos.

Mylène, Christian, Jean, Elisabeth y otros cincuenta, procedentes de diferentes “presencias de la Iglesia en el mundo rural” se reunieron el fin de semana de la Ascensión en Vosges, para su tradicional encuentro nacional bienal, llamada “Inter-lieux”.

Cristianos, ante todo, comprometidos, en un ámbito muy concreto: el mundo rural. “Cuando regresé a Lille, donde cursé mis primeros estudios, y vi la gran cantidad de iniciativas emprendidas por los católicos, me dije, ¡no es justo quedarse al margen!

“En Francia, la caída de la población es cada vez más acusada en los grandes centros urbanos y un desierto en cuanto se sale de allí. Y lo mismo pasa en la Iglesia”, se lamenta Elisabeth San-Guily. Para esta treintañera, nacida en una familia urbana de Yvelines, instalarse en el campo, en Avesnois (Norte), hace once años, fue, a pesar de todo, una buena elección, después de sacar el título de ingeniero en agronomía y el de sociología. “Durante el tiempo de formación agrícola, el primer año, me enamoré de este medio. Tuve la enorme suerte de encontrarme con la gente del MRJC (Movimiento rural de la juventud cristiana). Y, desde entonces, me he sentido muy a gusto con ellos”.

“Su” Iglesia la forman el CMR (Cristianos en el mundo rural), un grupo musical formado por miembros de diferentes parroquias, y el Vivier (Vivero), asociación vinculada a la red informal de lugares atípicos de la Iglesia en el mundo rural. Es ella quien la co-preside y la que anima, sobre todo, los cine-fórum. Pero es, de lejos, la única joven, en medio de una gran mayoría de sexagenarios. “Éstas, apunta, son personas que han conocido mayo del 68, el Vaticano II, han hecho grandes cosas, son dinámicas y quieren transmitir lo que han vivido. ¡Pero, cada día somos menos, sobre todo, en el mundo rural! Cuando nos reunimos, me imagino la vida dentro de diez años y, la verdad, se apodera de mí la inquietud”.

De todas formas, la penuria de sacerdotes, mucho más aguda en el campo, no le hace enloquecer a Mylène Lambert, 58 años, presidenta del Horizon, en Harol (Vosges).  “Me veo como responsable cristiana. Por supuesto, el sacerdote es el encargado de los sacramentos, pero ¿quién dice que, gracias a mi compromiso, especialmente con los extranjeros, no soy yo también una fuente de vida?  La dificultad en el mundo rural, es el apego a las estructuras, y la falta de reconocimiento de que hay una gran diversidad de personas que están asumiendo, discretamente, muchas responsabilidades”. Se enfurruña un poco más en lo referente a la falta de misa dominical: “hace tiempo, la gente no lo tenía tan fácil como ahora para desplazarse, y, además, la comunidad de proximidad impuesta era la parroquia. Yo, estoy contenta de formar parte de Horizont, aun sabiendo que dista 55 km de mi casa. No queda más remedio que reinventar las cosas”, apunta.

viernes, 25 de abril de 2014

Entrevista especial com Dom Erwin Kräutler

Dom Erwin Kräutler es obispo do Xingu y presidente nacional del Consejo Indigenista Misionero - CIMI.

Vea a continuación la entrevista completa.


IHU On-Line - ¿Como fué su encuentro com el Papa Francisco? ¿Sobre qué asuntos conversaron? Belo Monte y la situación de la población de Xingu ¿fueron temas abordados por usted?

Dom Erwin Kräutler - El encuentro con el Papa Francisco tenía que ver con mi función de Secretario de la Comisión Episcopal para la Amazonia. Nuestro Cardenal Don Claudio Hummes, que es presidente de esta comisión, me animó a solicitar uma audiencia particular con el Papa para hablarle de mi vida y de la experiencia en la Amazonia y, como testimonio de quien conoce la Amazonia hace medio siglo, situarle junto a nuestras preocupaciones como Iglesia en esta región. Pero soy también Presidente del Consejo Indigenista Missionero (CIMI), ya en el cuarto mandato. Y con esta responsabilidad me senti realmente en la obligación de compartir con nuestro papa Francisco la realidad en la que viven los pueblos indígenas en el Brasil, sus sufrimientos y angustias.
La audiencia estaba marcada para las 10 horas del dia 4 de abril de 2014. Yo habia invitado al Padre Paulo Suess, asesor teológico del CIMI y profundo conocedor de la causa indígena en el Brasil y en América Latina, a acompañarme en esta audiencia para que lo pudiese presentar al Papa. Después de saludarnos el Papa y de las acostumbradas fotos, el Padre Paulo Suess le ofreció su Diccionario de Aparecida - 40 palabras claves para una lectura pastoral del Documento de Aparecida (São Paulo: Paulus, 2007) y también un texto que redactó sobre las comunidades sin Eucaristia. Ahi (referente a eso), el Papa dijo después que esperaba sugerencias concretas, propuestas valientes de los obispos como él ya habia pedido el 27 de julio de 2013, con ocasión de su visita al Brasil, en la Jornada Mundial de la Juventud: "Pido, por favor, que sean atrevidos, que tengan parresía! Dicho con nuestra forma de hablar porteña (de Buenos Aires), les diría que fueran 'corajudos'".

Comunidades sin Eucaristia

El Papa me invitó entonces a sentarme. Agradecí el privilegio de ser recibido en audiencia como obispo de Xingu, que es la mayor circunscripción eclesiástica del Brasil en extensión territorial. Hay en Xingu en torno a 800 comunidades y solo 27 sacerdotes. Como en toda la Amazonia, tambien en Xingu las comunidades, en su inmensa mayoria, solo tienen acesso a la celebración eucarística dominical dos o tres veces al año. Es muy doloroso para mi, como obispo, convivir con esa realidad. De repente el Papa me preguntó: "¿Qué piensa usted, o cuál es su propuesta en este sentido?" Jamás esperaba que el Papa quisiera oír mi opinión y dije: "No tengo una 'receta' preparada, pero necesitamos con urgencia encontrar una solución para que nuestro pueblo deje de ser excluído de la Eucaristia". El Papa me respondió entonces que había algunas "tesis interesantes", por ejemplo, la de un obispo alemán que fue obispo en África del Sur. Se trata de Don Fritz Lobinger (*1929), que de 1987 a 2004 fué obispo de la Diocesis de Aliwal. Su libro Altar vacio. Las comunidades pueden pedir ordenación de ministros propios (Aparecida: Editora Santuário, 2010) fue traducido a varias lenguas[1] (*). Dom Fritz Lobinger sueña con ministros ordenados que pertenecen a la comunidad y continúan la vida de família y profesional. El papa recordó todavía una diocesis en México donde, en las diversas etnias indígenas, hay centenas de diáconos casados que ejercen su ministerio junto a su pueblo y presiden sus comunidades. Solo les falta la ordenación sacerdotal para poder presidir también la celebración eucarística. Es la diocesis de San Cristobal de Las Casas, en el estado de Chiapas. Una vez más el papa Francisco insistió que los obispos de determinada región presentaran propuestas bien concretas y valientes. Me dijo que esperaba y aguardaba tales propuestas de los obispos.

Recordó al gran José de Anchieta, ahora "San José de Anchieta". Quién sabe, si ese santo, que llegó de las Islas Canarias al Brasil con menos de 20 años y nunca más volvió a su tierra natal, puede fomentar en las diócesis brasileñas con número suficiente de sacerdotes el espíritu misionero rumbo a la Amazonia.
Vi que los ojos del Papa brillaron cuando habló de los misioneros y misioneras en la Amazonia. Me recordó que el Cardenal Dom Claudio Hummes le había hablado al respecto de tantos obispos y padres, religiosas y religiosos, laicas y laicos comprometidos en la evangelización de esta región de extensión continental y expresó a todos su cariño y su admiración


jueves, 20 de febrero de 2014

Las CCP, a favor de la Renta Básica Universal

Para combatir la "emergencia social"

"LaRBU es un mecanismo eficaz de distribución de la renta"


Renta Básica Universal...
...Derecho que tiene cada persona, desde su nacimiento y sin ninguna condición añadida, a percibir una cantidad periódica del Estado, por encima del umbral de la pobreza, para cubrir sus necesidades materiales de subsistencia

[DE «R.D.»] (CCP Andalucía).- Las Comunidades Cristianas Populares de Andalucía denunciamos la desoladora situación de emergencia social que padecemos en nuestro país, por los recortes del actual gobierno español en enseñanza, sanidad y dependencia; por el alto índice de paro (el 26 % de la población activa), que ha dejado sin ningún ingreso a más de 650.000 familias.

Son vergonzosas y hasta insultantes las repetidas noticias sobre pobreza, desahucios, precariedad y marginación que van limitando la libertad real de