jueves, 8 de enero de 2026

Ferran Sáez: "La espiritualidad posmoderna tiende a ser una religión a la carta"

Fuente:   catalunyareligio

Por   Paz M. Duran

08/01/2026


Fotografía: Cataluña Religión.

Hay libros que deben ser leídos con un lápiz en la mano. Éste es el caso de  Presencia de una ausencia, el nuevo ensayo de Ferran Sáez. Hojear sus páginas significa ser testigo de una disección esmerada, casi quirúrgica, de la relación entre la posmodernidad, la contemporaneidad y la religión. Lejos de cualquier frivolidad o nostalgia impostada, el libro propone una diagnosis lúcida de nuestro tiempo a partir de lo que, paradójicamente, sólo percibimos porque ya no está —o parece no estar ahí.

Doctor en Filosofía y profesor titular en Blanquerna (Universidad Ramon Llull), Sáez parte de una expresión aparentemente contradictoria por poner nombre a una experiencia compartida. "Una presencia ausente no acaba de cuadrar", admite, "pero lo que hace referencia es a la existencia de un vacío". Un vacío que muchos identifican con la secularización, otros con una nueva espiritualidad difusa, pero que todos reconocen como "el elefante dentro de la habitación": una ausencia que se hace notar porque algo fundamental no acaba de encajar.

 

La Gran Ausencia

Según Sáez, ese vacío no es un fenómeno reciente ni exclusivo del siglo XXI. "Esto viene de muy lejos", recuerda. Desde el siglo XVIII, la cultura occidental ha intentado sustituir a la religión por otros relatos totales: "Auguste Comte hizo una religión de la ciencia; otros han sustituido las apariciones marianas por las apariciones ufológicas. La espiritualidad posmoderna tiende a ser una religión a la carta". El denominador común es el fracaso de estos intentos: “Todo esto son chapuzas que no han llevado a ninguna parte”.

"se han sustituido las apariciones marianas por las apariciones ufológicas"

Sin embargo, hoy parece que algo se mueve. Sáez no niega un posible retorno de la espiritualidad, pero mantiene una prudencia radical: “Discernir si esto es sólo una apariencia o es una realidad, no me atrevería a ponerle la mano al fuego”. El fenómeno es visible en el ámbito cultural de masas, como ejemplifica con Rosalía, una artista que no esconde una aproximación explícita a la trascendencia. "Sí que está cambiando algo", afirma, sobre todo si se mide el impacto cuantitativo de estas expresiones. Ahora bien, el sentido del cambio sigue siendo incierto: "Si la pregunta es en qué dirección está cambiando exactamente, aquí ya tendría más reservas".

 

La ironía como límite de lo sagrado

Uno de los núcleos más desgarradores del ensayo es el análisis de la mentalidad posmoderna. Para Sáez, la posmodernidad no es tanto una ideología como "una mentalidad basada en una aproximación irónica al mundo". Y aquí aparece el conflicto: "Hay cosas que no pueden ser irónicas. Podemos ironizar sobre la política, pero ironizar sobre Dios no se puede".

"Podemos ironizar sobre la política, pero ironizar sobre Dios no se puede"

Esta ironía estructural dificulta una experiencia espiritual profunda y comprometida. Lo que sí permite, en cambio, es la simulación: "Puedes conseguir una buena simulación de la espiritualidad, pero más allá de eso no". En una cultura dominada por el consumo de imágenes y estímulos inmediatos, la espiritualidad corre el riesgo de convertirse en una experiencia estética desprovista de exigencia. "El cristianismo implica un compromiso", recuerda Sáez, "con la trascendencia y con los demás. Si esto no te lo tomas en serio, no lleva a ninguna parte".

 

Un sentido ligado al contexto y a la comunidad

La cuestión del compromiso reaparece cuando Sáez habla del rito. Fuera de contexto, el rito pierde el sentido. En el ensayo ejemplifica el sentido ritual explicando que cada vez que entra en una iglesia tiene la necesidad de cantar una célebre composición de Anton Bruckner: “Cantar el Locus iste de Bruckner solo es ridículo”, admite con ironía. En cambio, dentro de un marco compartido, los ritos se convierten en una experiencia significativa: “Aquí la palabra sentido es importante”. El sentido nace de la comunidad, no de la exhibición individual.

"Si hacemos una idolatría de la máquina nos alejamos sideralmente del evangelio"

Es precisamente esta dimensión comunitaria la que pone en riesgo al humanismo cristiano en un contexto tan hipertecnologizado como el actual. “En un ecosistema como las redes sociales acaba ganando a quien la dice más grande”, observa Sáez. La lógica de la viralidad dificulta un humanismo que requiere silencio, interioridad y responsabilidad social para construirse. "Es muy difícil que esto se mueva con la misma agilidad que antes, en una vida inmediatamente mediada por la pantalla".

Este diagnóstico se extiende también a la tecnología y la inteligencia artificial. El peligro no es sólo técnico, sino también simbólico –y quizás metafísico–: “Si hacemos una idolatría de la máquina, sea la inteligencia artificial o cualquier otra cosa, nos alejamos sideralmente del evangelio”. La idolatría puede ser virtual, pero sigue siendo idolatría.

 

Contemplar la realidad desde la penumbra

Presencia de una ausencia también nace de una experiencia vital concreta. Sáez escribe de noche, en silencio, lejos de la hiperconexión. “No tengo smartphone, y eso hace bastante”, confiesa riendo. Esta manera de vivir facilita “mirar en lugares donde hay personas muy atolondradas que nunca miran”.

"El cristianismo no puede ser plácido"

No se trata de una revelación repentina, sino “de otra forma de mirar”, que exige penumbra, serenidad y una cierta distancia del ruido constante. Sin penumbra no hay misterio, y sin misterio no hay pregunta. Quizá por eso el ensayo incomoda de forma placentera al lector. "El cristianismo no puede ser plácido", afirma Sáez. "Tiene que haber una tensión moral". No como perfeccionismo, sino como recuerdo constante de que la fe no puede reducirse a llenar casillas.

En un tiempo que tiende a anestesiar el conflicto ya convertir la espiritualidad en un producto más,  Presencia de una ausencia propone exactamente lo contrario: detenerse, mirar y aceptar la incomodidad como condición de posibilidad en la búsqueda del sentido.

 

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