Cuatro tandas de preguntas sobre los seminarios
Javier Martínez de Bujanda
Javi es un cura diocesano de Vitoria-Gasteiz, lleno de vitalidad pastoral, interesado por lo que pasa en su diócesis y en el mundo, misionero unos cuantos años en Ecuador y siempre preocupado por relacionarse con la gente de a pie, así como interesado por su actualización teológica y pastoral. Ha participado en diferentes cursos en la Facultad de teología de Vitoria-Gasteiz y actualmente en la Actualización Teológica que se viene impartiendo en la parroquia de San Andres. Su Carta al Papa León XIV dio pie para un análisis detenido y también para diferentes valoraciones de los seminarios y, en particular, de los dos de Vitoria-Gasteiz, imposibles de reseñar en unas pocas líneas. Seguro que el lector atento de su Carta puede intuir algunos de tales análisis y valoraciones sin mayores dificultades. Jesús Martínez Gordo.
***
Estimado Papa León XIV:
Quisiera transmitirle, a partir de mi experiencia, algunas preguntas que me he ido formulando sobre los seminarios (Centros de formación para sacerdotes ordenados) a lo largo de mi vida. Le tengo que decir que estas preguntas están formuladas en el marco de la cultura europea y teniendo muy presente la realidad que me toca vivir. Sé que existen otras muchas realidades y que, por ello, es muy posible que algunas de mis preguntas puedan ser difíciles de entender en contextos diferentes al mío.
Lo primero que quiero decirle es que soy un cura diocesano, nacido en un pueblo pequeño -pero importante- en las faldas del monte Yoar, en la provincia de Álava: Santa Cruz de Campezo, de unos mil habitantes.
El 7 de Junio de 1987 Don José María Larrauri, el obispo de nuestra diócesis en aquellos tiempos nos ordenó a cuatro jóvenes en la catedral María Inmaculada de Vitoria-Gasteiz.
Llevo, por tanto, treinta y ocho años de ministerio: unos cuantos, al servicio de la diócesis en diferentes responsabilidades y otros, en Ecuador, con Misiones Diocesanas Vascas. En la actualidad, presto mi servicio presbiteral en la parroquia Coronación de Ntra. Sra. de Vitoria-Gasteiz.
A los diez años, mi familia me mandó al seminario diocesano de Vitoria.
Le tengo que decir que mi experiencia no ha sido ni negativa ni traumática. Más bien, le confieso que estuve a gusto. Es evidente que -a lo largo de 15 años de formación, crecimiento y maduración personal en el seminario- ha habido de todo: momentos mejores y peores. Pero, haciendo un balance sumario, tengo que decirle que me ha parecido un tiempo bien aprovechado.
Con este breve y esquemático resumen por delante, quiero formularle algunas preguntas.
Sobre el apartamiento de la vida de cada día
¿Es bueno separar a los candidatos al sacerdocio ordenado de sus familias, amistades y de su concreta situación de vida? Le formulo esta primera pregunta teniendo delante la situación de otros jóvenes que cursan otras carreras y que lo hacen viviendo con sus respectivas familias y manteniendo sus círculos de relaciones.
Entiendo perfectamente que puedan existir momentos específicos y concretos en los que cuidar y atender con mayor intensidad determinados aspectos propios de la formación específica para el presbiterado. Pero ¿no le parece que ya ha llegado el momento de pensar en otras modalidades de formación para el sacerdocio ministerial, sin tener que estar apartados de la vida concreta que es común a la inmensa mayoría de las personas?
Además, ¿no cree que dejar de vivir en un internado, de solo hombres, ayudaría a madurar la afectividad de una manera mucho más normalizada?
Sobre la formación que se ofrece en los seminarios
Como le he adelantado, creo que la formación que recibí ha sido buena porque me ha ayudado a pensar y a reflexionar. Me ha permitido hacer míos los descubrimientos que se me iban ofreciendo en el proceso formativo.
En la actualidad, tengo la impresión de que la formación que se imparte está enfocada a conseguir hombres que sean líderes que, además de sentirse dueños del saber religioso, se autoperciban como investidos de una mayor dignidad con respecto al resto de los miembros de las comunidades. Esta formación, así impartida y recibida, ¿no llevará a creerse -a quienes la reciben y acogen- seres superiores y, a veces, dueños y señores de la parcela que se les asigna?
¿No le parece que la formación para el sacerdocio ministerial tendría que ser bastante más sinodal? O, formulado de otra manera: ¿no tendría que ayudar a reconocernos como acompañantes de las comunidades cristianas y no tanto como dueños de una parcela de la que hemos “tomado posesión”? Mi experiencia personal es que cuando desde el Sínodo hablamos de “caminar juntos” nuestro pensamiento está no tanto en hacer las cosas y reflexionar entre todos para ir descubriendo por dónde nos guía el Espíritu, sino más bien en “seguidme a mí que soy el que sé el camino y así caminaremos juntos”.
Le reitero que la formación recibida me ha ayudado a pensar y a reflexionar sobre lo que hago y tengo que hacer. Pero, permítame insistir en ello, ¿no le parece que la que se imparte en la actualidad está presidida por la firme voluntad de ayudar a saber mandar y, a la vez, por el deseo de que se obedezca a los superiores, sin cuestionar nada y acallando las objeciones que se puedan tener?
En apretada síntesis: no puedo evitar la impresión de que la formación que se imparte se encuentra presidida más por la voluntad de capacitar para ejercer un poder que para prestar un servicio.
Sobre la situación actual del seminario de Vitoria-Gasteiz
Una tercera tanda de preguntas está referida a lo que sucede en la diócesis de Vitoria.
Hasta hace no mucho tiempo existía el Seminario Diocesano donde eran formados los que querían ser sacerdotes ordenados. Desde hace unos años en el edificio coexisten dos seminarios con diferentes rectores y equipos de formación. El Diocesano ha pasado a ser Conciliar y, el otro, es el seminario Misionero “Redemptoris Mater”.
Quienes se están formando se encuentran en las mismas aulas y pasillos de la facultad de teología, pero todo lo referente a la convivencia lo hacen por separado: comen en diferentes comedores y la vida comunitaria se desenvuelve en distintas dependencias.
Se nos dice que todos ellos se están formando para un mismo presbiterio… ¿Tiene sentido que quienes van a formar parte de un mismo presbiterio estén tan separados durante el tiempo de formación? ¿Tiene sentido que los formadores y los directores espirituales sean de otras diócesis e, incluso, de otros continentes, sin haber tenido una inculturación anterior con la realidad propia de nuestra diócesis? ¿Tiene sentido que, en una diócesis pequeña, como la nuestra, coexistan dos seminarios?
Aun teniendo en cuenta que los candidatos en nuestra iglesia local son muy pocos… ¿tiene sentido que, en el seminario Conciliar, es decir, en el de Vitoria, en el de siempre, en el nuestro, la inmensa mayoría de los candidatos sean de otros continentes?
Una última cuestión más general en la Iglesia
Por fin, permítame una última cuestión que también me parece importante.
Yo creo que el Dios de Jesús es amor y que nos quiere como un buen Padre, con sentimientos de Madre y que su amor nos lo demuestra a toda la humanidad por igual. También creo que la vocación al ministerio sacerdotal es un don muy valioso que nos ayuda a realizarnos como personas.
¿Será posible que un Padre así reserve algo tan bueno para la mitad de la humanidad? ¿Será posible que un Padre con este perfil tan singular discrimine y no ofrezca esta misma vocación al sacerdocio ordenado a mujeres por el simple hecho de serlo?
No quiero cansarle con más preguntas. Posiblemente no sean preguntas de una gran profundidad, pero son las que a veces escucho de personas que quieren seguir a Jesús de Nazaret y no tienen posibilidades de hacerlas.
Gracias por su atención
Se despide “un cura de a pie” que quiere a la Iglesia concretada en su diócesis y que desea que los próximos sacerdotes sean personas seguidoras de Jesús y que lo sean para seguir construyendo el mundo tal y como Dios quiere mediante su servicio y entrega.
Javier Martínez de Bujanda
Noviembre 2025, Vitoria-Gasteiz

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Identifícate con tu e-mail para poder moderar los comentarios.
Eskerrik asko.