Muy de vez
en cuando me reúno a comer con los curas de la zona en un txoko de nuestro
pueblo. El otro día lo pasé bomba. Y no solo por lo bueno de la comida y el
gusto en cocinar del ordinario del lugar (así dicen que se llama al párroco en
la jerga eclesial). Buen apetito, buenos amigos, cinco años de obispo de
Munilla, la nota de Eutsi berrituz, como no puede ser menos al final la
sobremesa derivó en el tema de que nuestro señor Obispo había asistido a una
reunión de curas.
—Un hito,
afinaba uno de los curas, ya jubilado y por tanto más libre para hablar sin
pelos en la lengua, pues es la primera vez que viene a esta reunión después de…
años como Obispo.
—Sí, y se le
notaba que no está al loro de la jerga del lugar.
—¿Por qué
dices eso? –le pregunté yo, ajeno al diálogo clerical.
—El
seminario de Cuenca, pues –me contestó, mientras encendía un puro monumental,
seguro que prohibido en cualquier sociedad gastronómica al uso, mientras
barajaba los naipes para una partida de mus.
—¿El
seminario de Cuenca?
—Sí hombre.
Venga, reparte las cartas para hacer las parejas. ¿O prefieres curas contra
laicos?
—¡Ojo que yo
ya soy referente parroquial! –exclamó otro de la mesa que no sabía si jugar de
clero o de civil.
Al final las
cartas decidieron, los dos curas, jubilado y en activo, contra los laicos,
referentes y no referentes. La conversación quedó truncada por la emoción del
mus, el humo del habano y las copas en la mesa.
Tuvo que jugarse la partida, la revancha y la buena, hasta llegar al momento de
la tranquilidad y viajar de nuevo a Cuenca.
El cura jubilado, visiblemente satisfecho, pues había vuelto a ganar la
partida, nos explicó…
—El seminario de Cuenca fue durante el franquismo, con su obispo a la cabeza,
el mejor ejemplo de la Iglesia española preconciliar. Nido que acogía a
seminaristas huidos o expulsados de su diócesis. Entre los curas de Bizkaia era
el modelo a no seguir frente al seminario de Bilbao.
Cuado en la reunión del otro día, un cura comparó el seminario de Bilbao con el
de Cuenca todo el mundo entendía la frase y el ejemplo. Todos menos un
asistente que, recién llegado y ajeno a la jerga o dolido por la comparación,
le espetó al preguntador con otra cuestión:
—¿Conoces tú el seminario de Cuenca?
Preocupante la pregunta, sincera, del preguntador. Preocupante la respuesta y
su tono. Y sobre todo lo preocupante que en la percepción de muchos curas de la
diócesis, el seminario de Bilbao está cada vez más cerca de Cuenca.
Juan
San Sebastián
NOTA: Resulta útil (e inútil al mismo tiempo) repetir que lugares y nombres son
resultado de la invención. Y a quien pudiera quejarse de alguna coincidencia,
le recuerdo que la vida misma (muy superior, en cuanto a invención, a la
fantasía) no es más que una pura coincidencia.