Jesús Martinez Gordo
Con estas líneas quisiera aportar mi
reflexion sobre un asunto que, si siempre es delicado, lo es de modo particular
en los tiempos que corren. Creo que es preciso ubicar el
hecho concreto en el marco de una cuestión mas amplia: el modelo de
organización de la dimensión de la caridad y la justicia que está en juego en
nuestra diócesis de Bilbao (que no de Cáritas).
1.- En los últimos años he tenido la
inmensa suerte de encontrarme con muchas personas trabajando voluntaria y
profesionalmente en Caritas y con algunas personas (no muchas, es cierto) que
lo han hecho de manera “carismática” con un cierto respaldo (por lo menos
consentido) de otras organizaciones (la mayoría, eclesiales):
1.1.- una monja que iba
una noche si y otra también de bar de alterne en bar de alterne para contactar
y ayudar (en lo que podía, que no era mucho) a las latinoamericanas y rumanas
que ejercían la prostitución porque era el único medio que tenían para ganarse
la vida y mandar algún dinero a sus
familias.
1.2.- un fraile que vivía
en los vagones de trenes abandonados, compartiendo destino con otros vagabundos
1.3.- una maestra que
daba clases en una prisión de mujeres y que conoció ese durísimo mundo desde
dentro y no sólo de visita. De esta última hay algo publicado en la revista
“Surge” de la Facultad de Teologia de Vitoria