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lunes, 14 de septiembre de 2020

Experiencia Covid

 NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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A mediados del pasado mes de Agosto enfermé. La PCR que me hicieron detectó que me había infectado de coronavirus. Posiblemente me debí contagiar en una Residencia de las hermanas de Santa Ana a las que voy a presidir la Eucaristía y estaban sufriendo un brote. Cuando me dijeron la palabra “coronavirus” me asusté, lo confieso, y siguiendo las indicaciones médicas, me confiné en la habitación. Lo cierto es que cada día me encontraba peor: respiraba mal, tenía fiebre, no podía hablar, sólo tosía… al final, acudí a Urgencias y me ingresaron en el Hospital. Después de 10 días me dieron el alta y regresé a casa, muy cansado pero bien y con la intención de vivir la covalencia que me recomendaban.

He sido uno más, sí, de los miles que han tenido COVID. Uno más de los que han experimentado una sobredosis de fragilidad en unos tiempos en los que parece que todo lo tenemos bajo control.

Hoy, y animado por amigos que me han pedido que comunique la reflexión de lo vivido en estas tres largas semanas, con toda sencillez quiero poner por escrito algunas de las reflexiones de estos días, sabiendo –eso sí- que no tengo derecho a ninguna generalización chulesca ni a dogmatizar sobre la enfermedad –Dios me libre- sólo trasmito lo reflexionado en la experiencia personal.

 

1.      Las hermanas. Lo primero que pensé fue en dónde había podido contagiarme. Cuando supe lo del brote en la residencia de las hermanas de Santa Ana no tuve duda. En ese momento experimenté, junto al susto, la satisfacción de compartir con ellas su mala suerte. Creo que es imposible entender a nuestra diócesis de Huesca sin valorar el trabajo de las hermanas de Santa Ana. En cuántos ambientes difíciles se han movido ellas a lo largo de los años: la educación, la vida rural, la siquiatría, el cuidado de ancianos, la atención a discapacitados intelectuales, las misiones, la maternidad, la acogida de huérfanas, la medicina… en muchos sectores de exclusión y de dificultad estas mujeres se han desvivido dejando, con amor, lo mejor de sí mismas. Con ellas compartí mis primeros años de vocación religiosa. Hoy me siento, si cabe, mucho más cercano de estas hermanas.

 

2.    Infectar a los que quieres. En cuanto me dieron la noticia y los rastreadores me llamaron, repasé las personas con las que había tenido una relación cercana en días anteriores. Había compartido la mesa con varios grupos de amigos. Varios de ellos también resultaron infectados. ¡Cómo me afligió haber sido portador involuntario de un contagio! ¡Qué mal me supo…! lo lamenté, lo confieso, más que mi propia enfermedad.