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lunes, 9 de noviembre de 2020

Congreso en Lindau: mujeres, diplomacia y fe para impulsar el futuro

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:    DW

Autor/a:     Annette Schavan, para DW

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Annette Schavan fue ministra de Educación entre 2005 y 2013, así como embajadora alemana en la Santa Sede (2014-2018). Actualmente, entre otras cosas, ocupa la presidencia del consejo de la fundación "Ring for Peace". 

Las religiones son relevantes para resolver cuestiones centrales del futuro. Y en las comunidades religiosas, son importantes, sobre todo, las mujeres, escribe para DW la exministra alemana de educación Annette Schavan.

 


Las redes y organizaciones internacionales ganan cada vez más relevancia. Nos protegen de la ilusión de que la solución a los grandes problemas del futuro se halla en contextos nacionales más que en un mundo global. La pandemia del presente nos enseña que, cuando algo nos afecta a todos, nos necesitamos los unos a los otros. En la cuestión del clima no será de otra manera.

También la paz y los esfuerzos para conseguirla requieren de la voluntad de todos, más allá de fronteras e intereses nacionales y culturales. La organización "Religions for Peace" trabaja desde hace 50 años por lograr una relación de confianza mutua entre las religiones.  El objetivo es trabajar juntas por la paz y lograr estándares éticos que tengan una validez general y puedan convertirse así en un bien común dentro de un mundo global.

 

No habrá paz en el mundo si no hay paz entre las religiones

En la misma dirección trabaja el Parlamento Mundial de las Religiones, que se reunió en Chicago en 1993 y proclamó una declaración sobre ética para el mundo, que recogía cuestiones centrales tanto en aquel entonces como hoy: "No puede haber paz entre naciones si no hay paz entre religiones. No puede haber diálogo entre religiones sin los mismos estándares y valores éticos".

 

Mujeres pacificadoras: 50 años de Religiones por la Paz

En Alemania, el teólogo de Tubinga Hans Küng ha trabajado durante muchos años en el desarrollo de una ética para el mundo y ha creado una fundación para apoyar la iniciativa. Las iglesias solo han tomado en cuenta de forma parcial sus esfuerzos, pero nunca activamente. En 2019, tuvo lugar la décima asamblea mundial de "Religions for Peace" en la ciudad de Lindau, y entre el 10 y el 13 de noviembre de 2020 se celebrará también allí la asamblea internacional que debatirá sobre mujeres, fe y diplomacia. Debido a la pandemia, será en su mayor parte un evento virtual.

miércoles, 8 de julio de 2020

Racismo: ¿el color de la piel o el color del billete?

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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J. I. González Faus (Teólogo)
(En C y J)
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El brutal asesinato del ciudadano negro George Floyd por un policía blanco (que alguno habría calificado como “increíble” en nuestro “civilizado” s. XXI) comenzó generando una ola de protestas masivas admirables, para derivar en ese deporte insensato de romper estatuas por cuenta propia que, sin duda, debe suponer unas enormes descargas de adrenalina muy pacificadoras.

No voy a juzgar ahora ni a Colón ni a Fray Junípero, pero sí pienso que sería más razonable ir a buscar a los responsables últimos y no a aquellos cuyas estatuas tenemos más a mano. Y además preguntarse para qué sirve lo que hago. A eso van los dos puntos siguientes.

1. Puestos a buscar culpables, esos justicieros por cuenta propia, deberían comenzar derribando las estatuas de Montesquieu (si es que tiene alguna por ahí).

Fijémonos: ¡el padre de nuestra democracia! (que creemos nos hace superiores a otros pueblos); ¡el autor de El espíritu de las leyes! (una especie de catecismo de nuestra actual política…). ¿Quién se atreverá a decirle nada?

Pues bien, en el capítulo 5 del libro XV de esa obra tan famosa, leemos cosas como éstas: “No puede cabernos en la cabeza que siendo Dios un ser infinitamente sabio haya dado un alma, y sobre todo un alma buena, a un cuerpo totalmente negro… Si creyéramos que esas gentes son hombres, se empezaría a creer que nosotros no somos cristianos… Algunos espíritus cortos exageran demasiado la injusticia que se hace a los africanos…”.

¿Cómo pudo hablar así quien había escrito que la esclavitud es contraria a la naturaleza y al progreso humano? Pues lo sabremos en seguida leyendo la razón que da en ese mismo libro XV: “el azúcar sería demasiado caro si no se emplearan esclavos en el trabajo que requiere su cultivo”… Los negros serán hombres o no, pero “les affaires sont les affaires” y eso es lo que importa en primerísimo lugar.

Pero Montesquieu no está solo. Voltaire, en su Diccionario Filosófico, se tranquiliza diciendo que “la esclavitud es tan antigua como la guerra y la guerra tan antigua como la naturaleza”. He ahí un posmoderno bien antiguo, que no teme reconocer que “los hombres podríamos ser iguales si no tuviéramos necesidades”. Pero las tenemos. Y además de que las tenemos, añade Voltaire que “nada es tan necesario como lo superfluo”: por lo que parece claro que, para que yo pueda tener eso superfluo, será menester que otros carezcan de lo necesario.

Estos orígenes del racismo parecen probar que el problema no es el desprecio por el color de la piel: el problema es la necesidad de tener esclavos, porque eso es fundamental para nuestra economía.

Y como ya no podemos decir con Aristóteles que la esclavitud es conforme a la naturaleza (porque entonces igual me esclavizaban a mí), la solución ha sido encontrar alguna raza infrahumana, distinta de la mía, para poder justificar la esclavitud. Uno se acuerda de aquel eslogan del denostado Marx: “el determinante económico en última instancia”. Y si a alguien le molesta eso de citar a Marx, sustitúyalo por esta otra cita aún más clara y del Nuevo Testamento: “la raíz de todos los males es la pasión por el dinero” (1 Tim 6,10). Y si no, escarbemos un poco más en la historia.