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lunes, 26 de abril de 2021

Teresa Forcades en The New York Times

Redacción de Atrio,

25-abril-2021

 

Varios medios en España (Vida Nueva, Religión Digital, La Vanguardia…) se han hecho hoy eco de un amplio reportaje que ayer publicó The New York  Times.

Teresa Forcades, directora de Iglesia Viva, nos autoriza a difundir el diálogo sostenido hace tres meses en VIMEO con el doctor Luis Prieto Valiente y la doctora mexicana Karina Azevedo. En esa intervención, a partir del minuto 39:45 de la emisión, consta lo único que ella dice sobre las vacunas y cómo lo dice.

 

Comentario de Ludovico y respuesta de Antonio:

Apreciado don Antonio,

¿Cree usted que tienen valor las declaraciones de Azevedo, Forcades y Prieto, después del conocimiento y la experiencia contrastada que se tiene sobre las distintas vacunas?

 

·         Antonio Duato

26 abril 2021, 10:00 am · Responder

 

Personalmente, creo que no. En su tiempo, hace más de tres meses, vi yo este vídeo de Vimeo y no se hubiera ocurrido darle más difusión. Pero, dada la publicidad ocasionada por NYT en esta ocasión y mi especial relación con Teresa, le pregunté ayer por lo que pensaba. Y ella contestó:


En este enlace puedes ver lo que pensaba de las vacunas COVID hace tres meses; una cosa es lo que yo digo directamente y como lo digo y otra lo que otros dicen que he dicho o como me presentan; este enlace que te envío lo puedes difundir (https://vimeo.com/506579073). Lo que digo aquí es lo que pensaba hace 3 meses; lo que pienso ahora -y espero que saldrá publicado en catalán la próxima semana- es que no tiene ningún sentido vacunar con una vacuna que evita la enfermedad pero no erradica el virus: esto hace que los vacunados seleccionen cepas más virulentas del virus (variantes sudafricana, brasileña , británica …), algunas de las cuales ya ahora son resistentes a todas las vacunas

Por eso, yo cumplo su deseo, que se conozcan estas declaraciones, que es lo que pensaba hace tres meses, esperando poder tener ese nuevo texto que anuncia y en que expondrá lo que ahora piensa.

 

Ver, por tanto https://vimeo.com/506579073

 

 

martes, 9 de marzo de 2021

El peligro del cientificismo para la medicina, los médicos y sus pacientes. Notas

Dr. Víctor Hernández Ramírez

(Barcelona, España)

 

 

El Dr. Javier Peteiro Cartelle, al comentar la novela “Cuerpos y Almas” (escrita por Maxence van der Meersch, en 1943) dice que muchas veces se ha olvidado la figura del médico de familia, del “médico de barrio”, que es el papel que tiene Michel Doutreval, el protagonista de la novela. Y añade que –“es principalmente a médicos generalistas o a su equivalente en la novela, el ‘de barrio’, a quienes les es dado realizar del mejor modo ese vieja tarea de curar a veces, paliar con frecuencia y acompañar siempre[1]. Volveré más adelante a esta frase subrayada, con la cual Peteiro define la vocación del médico.

Javier Peteiro, quien es  Doctor en Medicina y jefe de la sección de bioquímica del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña (España), también es el autor de El autoritarismo científico[2], una obra importante donde se muestra el auténtico peligro del cientificismo, que es la perversión del pensamiento científico y que ha tenido una influencia cada vez más dominante en la sociedad contemporánea. La obra de Peteiro es interesante porque abre un debate necesario contra los peligros del cientificismo.

¿Qué es el cientificismo? De entrada, hay que decir que el cientificismo no es el pensamiento científico, sino que es un discurso dogmático y excluyente que utiliza el lenguaje y la información científica, pero que los utiliza mal y con unas consecuencias peligrosas. El cientificismo lo hace mal porque ignora varias dimensiones que son fundamentales para comprender la tarea de la ciencia: ignora (o deja de lado) la dimensión epistemológica, la dimensión histórico social y la dimensión ética. Diré algo muy sucinto sobre cada dimensión.

viernes, 12 de febrero de 2021

El magistrado, el médico de familia y el epidemiólogo

IGNACIO GARITANO Y ADRIÁN HUGO AGINAGALDE
Viernes, 12 febrero 2021

En DV

 

 

Recientemente, un magistrado del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco se pronunció en relación a determinadas especialidades o áreas de conocimiento en el campo de la Medicina, lo que ha producido un justificado malestar en medios sanitarios y sociales, generando una cierta desconfianza en la institución que representa. Sus manifestaciones, «un epidemiólogo es un médico de cabecera con un cursillo», además de proyectar un claro desprecio a los médicos de familia, ponen de manifiesto su desconocimiento acerca de la materia.

Un «médico de cabecera» hoy día es un licenciado o graduado en Medicina (6 años de duración) que ha superado una oposición (MIR) que generalmente cuesta preparar un año y que cursa una especialidad denominada Medicina Familiar y Comunitaria que dura 5 años, al igual que un pediatra, un nefrólogo, un neurólogo o un alergólogo.

sábado, 2 de enero de 2021

Pospandemia: una oportunidad para la fraternidad

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Suplemento del Cuaderno n. 221 de CJ - (n. 256) - Diciembre 2020

Roger de Llúria, 13 - 08010 Barcelona - 93 317 23 38

info@fespinal.com — www.cristianismeijusticia.net

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     Iniciamos el 2021 con la mirada puesta en el fin de la pandemia. Parece que ahora la pregunta ya no recae sobre cuándo acabará todo esto, sino sobre cómo lo hará y cómo será la vida después de este tiempo tan in­tenso. La inminencia de la vacuna —al me­nos para los denominados «países del Nor­te»— nos hace creer que podremos volver a la misma rutina de antes. Sin embargo, por el camino, el virus de la pobreza sigue haciendo estragos. ¿Habremos aprendido alguna cosa del tiempo que hemos pasado confinados? Aprovechemos este momento para detenernos y revisar aquello que he­mos vivido. Podemos hacerlo recorriendo esos lemas que nos han acompañado todos estos meses. Cuando una expresión se po­pulariza es porque esconde algo esencial del espíritu de nuestro tiempo. Hallarle el significado profundo debe ayudarnos a re­armarnos interiormente para poder vivir el año 2021 con más serenidad, lucidez y compromiso.

 

¿Luchamos contra el virus?

     Desde que empezaron la pandemia y el confinamiento, a la vez que se relegaba el lenguaje inclusivo y la paridad, y empeza­ban a aparecer hombres uniformados en las pantallas de televisión para informarnos sobre la última hora de la lucha contra la COVID-19, los discursos políticos sobre el virus se teñían de un lenguaje bélico que apelaba a la ciudadanía como «soldados», a los profesionales de la sanidad como un «ejército que no deja de combatir», al virus como «el enemigo que vencer» y un «to­dos» irreflexivo, hegemónico y sin mati­ces ni discrepancias. «Guerra», «batalla», «frente»... Un imaginario agresivo y beli­coso se apropió del relato público y privado, y tanto los medios como la población en general —atemorizados e «infoxicados»— lo ratificamos acríticamente.

     Pero el lenguaje de las guerras no es una estrategia para abordar una pandemia. Re­cordemos que, desde tiempos antiguos, la ciencia médica ha afrontado enfermedades infecciosas no solo con hospitales y mé­dicos, sino sobre todo proponiendo mejo­ras en el urbanismo, el alcantarillado y las viviendas; garantizando el acceso al agua potable; mejorando la alimentación de los niños…, pero nunca desplegando ejércitos.

     Por eso, ante el mensaje del miedo y los discursos belicistas como modo de afron­tar las crisis, proponemos a partir de ahora un lenguaje que gire en torno a la vida, la atención, la presencia y el acompañamien­to, a la ternura, el consuelo y la resiliencia. Un lenguaje que, en vez de convocarnos al «combate», nos convoque a construir alter­nativas desde la comunidad y el cuidado.

 

¿Todo va a salir bien?

     Esta ha sido una de las principales expre­siones de aliento en los últimos meses. La hemos visto en muchos carteles y a me­nudo se la decimos a un amigo cuando lo vemos desbordado por un problema de di­fícil solución. A menudo no sabemos cómo van a ir las cosas, pero es imprescindible mantenerse en pie, no tirar la toalla antes de tiempo. Como ese equipo de fútbol que debe remontar dos goles en la segunda par­te para poder ganar el partido. No solo ne­cesitamos que «salga bien», sino «creer que todo saldrá bien».

sábado, 24 de octubre de 2020

¿Y si conjugáramos: «TENGO EL DEBER DE…»?

 

De: José Mari Rodríguez Olaizola S.J.

 


Me voy a meter en un jardín. Pero allá voy.

Estoy leyendo varias opiniones justificando que mejor nos cierren del todo «para que así tengamos normalidad en Navidad». Pero, vamos a ver. ¿No hemos entendido nada? A estas alturas ya deberíamos saber -y aceptar- que estas navidades muy normales no serán. ¿Seguimos jugando al corto plazo?

Escenario dantesco: 1) encierro en noviembre 2) en diciembre desescalada 3) en Navidad como si nada -(o sea, verano II)- y 4) en enero cantando todos «como una ola» (la tercera)

¿Es que somos tan necios que no podemos aceptar restricciones que impliquen responsabilidad por nuestra parte? ¿Es que solo la prohibición oficial puede lograr la distancia y cuidado social? ¿Es que somos tan caprichosos que no podemos entender que, tal vez, este año, nos tocará pasar la Navidad a distancia de la gente a la que más queremos, y que eso es amor?

El cuñadismo está alcanzando nuevas cotas de estupidez. Lo peor no son los negacionistas que van de cara (y mira que son algo malo). Son los sobrados que se instalan en un negacionismo práctico por vía de justificar su imprudencia. Eso sí. El día que den positivo entonces todo será un drama y culpa de los demás.

P-A-N-D-E-M-I-A. Se llama pandemia esto que le está pasando al mundo. Deberíamos estar remando todos en la misma dirección. No para encontrar soluciones mágicas, sino para minimizar los daños. Pero es mejor seguir jugando a los tronos.

Mucho eterno adolescente enarbolando el «tengo derecho a...» ¿y si empezamos a conjugar más el «tengo el deber de...»?

No sé ni cómo los políticos decentes -que son muchos en todos los partidos- se prestan al bochornoso espectáculo que tenemos.

No sé cómo hay periodistas que pueden tragar con las líneas editoriales de sus respectivos regímenes.

No sé cómo muchos cristianos seguimos callados sin mandar a hacer gárgaras a quienes todavía creen que el drama es comulgar en la mano.

Ya me perdonáis el estallido (o no) pero es que nos pasa poco.