NOTA: En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que,
en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR
«COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a
iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en
soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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Fuente: ALFA & OMEGA
Por: Fran Otero 24 de Septiembre de 2020
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Continúa la situación de bloqueo en la ciudad autónoma, donde a pesar de que se llevó a cabo un traslado de migrantes a la península –58 el 2 de septiembre–, las condiciones siguen siendo de hacinamiento tanto en el CETI como en la plaza de toros. Con un problema añadido: ha entrado la COVID-19
Hace casi dos meses, en estas mismas páginas, se daba cuenta de la situación migratoria en Melilla. De la saturación del CETI –con 1.400 internos, el doble de su capacidad– o del acomodo de decenas de migrantes en instalaciones externas como la plaza de toros –todavía en uso– que no cumplen un mínimo de condiciones. Entonces, portavoces de la red eclesial Migrantes con Derechos denunciaban la situación y reclamaban al Gobierno que autorizase salidas a la península para aliviar la situación en la ciudad autónoma.
La pregunta ahora es si ha cambiado algo, y la respuesta es que sí. Algunas para bien y otras, bastantes más, para mal. Por ejemplo, en este tiempo, entidades como ACNUR o la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y autoridades como la comisaria de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Dunja Mijatovic, han llamado la atención a nuestro país por la situación en Melilla y por las condiciones en las que están viviendo los migrantes.
Estas denuncias y la alarma provocada por la situación que se vivía y se sigue viviendo en la plaza de toros –denunciada por varios medios, entre ellos Alfa y Omega– dio como resultado que el Gobierno permitiese el traslado a la península de 80 migrantes, entre los que se encontraban personas que habían llegado antes de que se desatase la pandemia y otras que habían alcanzado nuestro país el 6 de abril, la entrada más numerosa de los últimos meses. De todas ellas solo salieron 58; el resto no lo ha podido hacer todavía por motivos de salud.
Mientras tanto, los migrantes han seguido llegando con cuentagotas salvo el 20 de agosto, cuando entró un grupo que las autoridades cifraron en un primer momento en 30 personas y luego lo rebajaron a 13 ante la sorpresa de las organizaciones sociales y eclesiales. «No hay un aumento significativo de población, pero sí un estancamiento de la que estaba como producto de la política de no permitir los traslados a la península», afirma Josep Buades, coordinador del área Frontera Sur del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM).
