sábado, 23 de noviembre de 2019

Pobreza energética, acoso sexual, envejecimiento, industria 4.0 o populismos

De RD
Julio L. Martínez, sj.




La Cátedra José María Martín Patino de la Cultura del Encuentro de la Universidad Pontificia Comillas ha presentado hoy el Informe España 2019, un trabajo que aborda temas como el acoso sexual, el envejecimiento de la población, la pobreza energética, la digitalización de la industria o el sistema universitario.

Según ha afirmado durante la presentación Agustín Blanco, director de la cátedra, "cada vez somos más conscientes de la complejidad y hasta de la paradoja que acompaña a conceptos como progreso social y calidad de vida. Una complejidad que exige un esfuerzo cada vez mayor y más necesario para el análisis desde la diversidad y para buscar puntos de encuentro".

El Informe España 2019, como en las anteriores ediciones, ha sido elaborado por investigadores y especialistas de la Universidad Pontificia Comillas, y de otras universidades y centros de investigación de toda España. En esta ocasión, se centra en tres bloques: globalización, digitalización, y progreso social y calidad de vida, que tratan asuntos como la globalización y el populismo; cómo afecta esa globalización a las ciudades; qué supone la digitalización para la industria española; cómo prepara la universidad a los alumnos frente al cambio tecnológico que se avecina; el acoso sexual y el proceso de igualdad de las mujeres; el sobreenvejecimiento de la sociedad y la pobreza energética.

Del informe de este año –que, como siempre, está conformado por asuntos seleccionados por un consejo asesor sensible a las dinámicas y procesos emergentes y problemas más acuciantes en la sociedad española–, pretende aportar argumentos para que el debate público sea argumentado “y no responda a otra cosa que no sea dar respuesta real a los problemas que vivimos”, según Blanco.

Datos que invitan a reflexionar
Del Informe España 2019 se extraen datos que invitan a reflexionar. Un total de 7.100 personas fallecieron en España a consecuencia de la pobreza energética: no en vano, el 8% de los hogares no tiene una temperatura adecuada en invierno.

Asimismo, el informe refleja que al menos 26 municipios españoles superaron en 2019 los límites legales de contaminación en invierno, lo que hace indispensable la toma de medidas que favorezcan el cuidado medioambiental y las emisiones de gases.

Precisamente, este sector está en proceso de digitalización y un 55,4% de las empresas cuentan con planes de digitalización. "La tecnología ha dejado de ser un instrumento para convertirse en una parte fundamental del ecosistema personal y social en el que se desarrolla nuestra vida. No vivimos con la tecnología, vivimos en la tecnología", afirmó Blanco en su intervención.

El acoso sexual y el auge del populismo son asuntos que también aborda el Informe España 2019, con datos preocupantes. El 86% de las mujeres españolas reconoce haber sufrido acoso callejero y casi el 15% de las trabajadoras sufrió acoso sexual en el trabajo durante el último año. De ellas el 43,9% dicen aguantarlo para no perder su empleo.

Respecto al populismo, el 60% de votantes de corte populista de derechas en España no quieren la globalización cultural, mientras que el 53% de españoles admite que nuestra cultura se enriquece con la llegada de inmigrantes. Por el contrario, hasta el 70% de votantes de corte populista de izquierdas están en contra de la globalización política y económica.

"Fenómenos como el populismo o las crecientes tensiones de todo tipo que sufren especialmente las ciudades globales ponen de manifiesto los costes de un proceso de globalización tan imparable como necesitado de gobernanza", ha afirmado Blanco.

26 años dan para muchos cambios
¿En qué hemos cambiado? Tras un cuarto de siglo publicando el Informe España ininterrumpidamente, destacan seis grandes procesos de cambio en la sociedad española, según el director de la Cátedra José María Martín Patino de la Cultura del Encuentro: el camino de la igualdad de la mujer, la migración en una sociedad diversa, la precarización del empleo, el envejecimiento de la sociedad, los cambios provocados por la tecnología y el desafío medioambiental.

martes, 19 de noviembre de 2019

Francisco: «Los judíos son hermanos nuestros y no se persiguen. ¿Entendido?»

En «HUFFPOST»

El Papa ha afirmado que los políticos que se enfurecen contra los homosexuales, los judíos y los gitanos le recuerdan a Adolf Hitler. “No es una casualidad que a veces resurjan los símbolos típicos del nazismo”, ha dicho Francisco en un discurso a los participantes de una conferencia internacional sobre ley criminal celebrado en Roma.

“Y debo confesarles que cuando escucho un discurso (de) alguien responsable del orden o de un gobierno, pienso en los discursos de Hitler en 1934, 1936”, ha añadido improvisando estas palabras y saliéndose de su texto preparado.

El Papa ha lamentando que la persecución de judíos, gitanos y personas de tendencias homosexual sea algo “recurrente” y ha lamentado que “representan por excelencia una cultura de basura y odio”. “Eso pasó en aquellos días y hoy está ocurriendo otra vez”, ha avisado.

Sus reflexiones llegan en un momento de polémica en Italia en el que a la senadora judía Liliana Segre de 89 años, que es una de las últimas supervivientes del campo de concentración de Auschwitz, han tenido que ponerle escolta las autoridades italianas por haber recibido más de 200 amenazas al día.

El pontífice no se ha pronunciado directamente sobre este caso, pero sí ha decidido improvisar unas palabras fuera del guión previsto para denunciar estos ataques.

En la audiencia general del pasado miércoles, el Papa lamentó el resurgir de actitudes antisemitas de las que ha dicho que “no es humano, ni cristiano” al tiempo que celebró que en “momentos feos y tiempos de persecución” se ponen en marcha ejemplos de acogida con los que “arriesgan la cabeza”.

“En el siglo pasado hubo muchas brutalidades contra el pueblo judío. Todos estábamos convencidos de que eso ya se había acabado, pero hoy comienza a renacer aquí y allá la costumbre de perseguir a los judíos. Hermanos y hermanas, eso no es humano ni cristiano. Los judíos son hermanos nuestros y no se persiguen. ¿Entendido?”, dijo el Pontífice.

El odio al indio





Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.

En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4×4 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman “collas”, que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que “hay que matar collas”, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio. En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremacía racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballería- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de béisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego. La mujer es su víctima preferida; agarran a una alcaldesa de una población campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello, la amenazan con lincharla, y cuando se dan cuenta de que son filmadas deciden echarle pintura roja simbolizando lo que harán con su sangre.

En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero también las desprecian. Más tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con él, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera indígena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este símbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en él.

El odio racial es el lenguaje político de esta clase media tradicional. De nada sirven sus títulos académicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es más fuerte y parece adherida al lenguaje espontáneo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.

Todo explotó el domingo 20, cuando Evo Morales ganó las elecciones con más de 10 puntos de distancia sobre el segundo, pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos. Fue la señal que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas: desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas políticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. Evo había ganado nuevamente pero ya no tenía el 60% del electorado; estaba más débil y había que ir sobre él. El perdedor no reconoció su derrota. La OEA habló de “elecciones limpias” pero de una victoria menguada y pidió segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constitución, que establece que si un candidato tiene más del 40% de los votos y más de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo. Y la clase media se lanzó a la cacería de los indios. En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 órganos electorales, incluidas papeletas de sufragio. La ciudad de Santa Cruz decretó un paro cívico que articuló a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramificándose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. Y entonces se desató el terror.

Propuestas para la “conversión sinodal” de la Iglesia y de nuestras comunidades



Jesús Martínez Gordo, teólogo
           
La lectura del texto aprobado en la última Asamblea Episcopal de la Amazonía (2019) me ha recordado la Constitución Apostólica “Episcopalis communio” (2018), publicada poco antes del Sínodo sobre los jóvenes. Y, juntamente con ello, algunas críticas acerca de la gestión de Francisco que, con diferentes modulaciones, se pueden oír en determinados medios eclesiales: al Papa le encantan los gestos, pero es sorprendentemente parco en la toma de decisiones. Compartiendo esta última observación -aunque con cautelas que he venido señalando antes de ahora- me parece oportuno reivindicar la importancia de las disposiciones que ha tomado sobre la sinodalidad eclesial. Me permito recuperar un texto que -oportunamente actualizado- escribí al respecto no hace mucho.

El objetivo “mayor” y los “secundarios” del actual Papa

Francisco dejó bien claro que en su pontificado los pobres iban a ser los primeros, colocando un peldaño más bajo el ecumenismo, el diálogo interreligioso y lo que, en su día llamó la “conversión del papado”; un objetivo -éste último- que entendió estrechamente vinculado con la reforma de la curia vaticana y con el impulso de un gobierno corresponsable y colegial sobre la base de una Iglesia, ante todo y, sobre todo, sinodal, es decir, decidida a caminar junta y de manera armónica. Al papa Bergoglio se debe que la comunidad católica haya dado, a lo largo de estos últimos tiempos, más pasos en esta dirección que durante los cincuenta años que han transcurrido desde la finalización del concilio Vaticano II.

Lo hizo, primero, consultando al pueblo de Dios antes de la celebración de los dos Sínodos, uno ordinario (2014) y otro extraordinario (2015), dedicados a la pastoral familiar y a la moral sexual. Como resultado de tales consultas, algunas Conferencias Episcopales, además de subir a sus respectivas páginas webs los balances que arrojaban dichas exploraciones, las presentaron y defendieron, posteriormente, en el aula sinodal. Era una primera señal, de que -a diferencia de lo que venía siendo habitual en los decenios anteriores- algo se estaba moviendo en el gobierno de la Iglesia y en la manera de elaborar magisterio.

Y lo volvió a hacer promulgando la Constitución “Episcopalis communio” (septiembre 2018) sobre lo que se podría denominar la “conversión sinodal” del papado y de la Iglesia; un texto que, por cierto, pasó con más pena que gloria ante los medios de comunicación social e, incluso, ante instancias que tradicionalmente han venido reivindicando el mayor protagonismo de todos los bautizados en la marcha de la comunidad católica.

Francisco: "La codicia de pocos acrecienta la pobreza de muchos"




"No hay que prestar atención a quien difunde alarmismos y alimenta el miedo del otro y del futuro, porque el miedo paraliza el corazón y la mente", sostuvo Jorge Bergoglio durante su homilía, en la tercera conmemoración de la Jornada que instituyó en 2016, al terminar el Año jubilar de la misericordia.

El pontífice centró su mensaje en la advertencia de dos "tentaciones", y comenzó desarrollándola "de la prisa, del ahora mismo".

"Cuántas veces nos dejamos seducir por la prisa de querer saberlo todo y ahora mismo, por el cosquilleo de la curiosidad, por la última noticia llamativa o escandalosa, por las historias turbias, por los chillidos del que grita más fuerte y más enfadado, por quien dice ahora o nunca", inquirió.

"En el afán de correr, de conquistarlo todo y rápidamente, el que se queda atrás molesta y se considera como descarte. Cuántos ancianos, niños no nacidos, personas discapacitadas, pobres considerados inútiles", exclamó Bergoglio, antes de ofrecer un almuerzo para 1500 personas en condiciones de pobreza en el Aula Pablo VI del Vaticano.

"Se va de prisa, sin preocuparse que las distancias aumentan, que la codicia de pocos acrecienta la pobreza de muchos", consideró el Papa.

Como parte de las conmemoraciones, Bergoglio dispuso esta semana la instalación de un puesto sanitario ambulante en la Plaza San Pedro para atender de forma gratuita a personas pobres y sin hogar.

La segunda tentación sobre la que advirtió el Papa durante su misa de hoy fue "la tentación del yo".

¿Cuántas veces, aún al hacer el bien, reina la hipocresía del yo: hago lo correcto, pero para ser considerado bueno; doy, pero para recibir a cambio; ayudo, pero para atraer la amistad de esa persona importante", reflexionó.

"Entonces podemos preguntarnos: ¿Ayudo a alguien de quien no podré recibir? Yo, cristiano, ¿tengo al menos un pobre como amigo?", continuó.

"Ya desde ahora son nuestro tesoro, el tesoro de la Iglesia, porque nos revelan la riqueza que nunca envejece, la que une tierra y cielo, y por la cual verdaderamente vale la pena vivir: el amor", concluyó Francisco.