No voy a entrar en la discusión de mi buen amigo Salvador Pié con Oriol Domingo cuya lectura de los sábados (cuando “La Vanguardia” publica las dos páginas de religión) alimentan mi fin semana. La pueden encontrar en la web “Catalunya religiò” del 1º de septiembre actual. Me llevaría más tiempo y espacio del que dispongo.
Quiero decir dos palabras sobre el “derecho a decidir” y
sobre el “derecho a decir”. Hay una discusión sobre si una parte, Catalunya, el
pueblo catalán, tiene derecho a decidir su futuro. Quienes se oponen a tal
derecho arguyen que una parte (Catalunya) no puede decidir por el todo
(España). Es lo que decidió, por ejemplo, el Tribunal Constitucional Español
cuando tras el “portazo”, en sesión única, en las Cortes al Plan Ibarretxe,
estatuyó que la soberanía residía exclusivamente en el pueblo español representado
en el Parlamente Español. Más fuerte fue cuando el Estatut Catalán aprobado en
el Parlament Catalán, con cerca del 90 % de los votos, tras su “cepillado” en
las Cortes de Madrid, llevado a Consulta y aprobado (el Estatut cepillado) por
el pueblo catalán, once hombres y mujeres, empujados a reunirse por el Partido
Popular, tras larguísimas disquisiciones, en el Tribunal Constitucional lo
tumbaran en un ejercicio que era, al mismo tiempo, plenamente legal y
radicalmente antidemocrático al menos si sigue siendo válido que la soberanía
reside en el pueblo. Claro que solamente parece existir el pueblo español.
