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| Francesc Ramis |
Sin embargo, cuando contemplamos el nacimiento del cristianismo
percibimos que el aspecto inherente a la “novedad” constituyó una clave
esencial para la difusión de la verdad cristiana. La predicación de Jesús,
caracterizada, entre otros aspectos, por la novedad de su propuesta, suscitó la
admiración de sus contemporáneos; decían sus oyentes: “¿Qué es esto? ¡Una
‘doctrina nueva (kaine)’ dotada de credibilidad (exousia)!” (Mc 1,27; cf.
1,22).
Por contraste la sociedad en general no percibe en el cristianismo
occidental ni la novedad (kaine) ni la credibilidad (exousia) capaz de colmar
el sentido de la vida. Las causas que han deteriorado el cristianismo son
numerosas: unas atañen a las disensiones internas entre los cristianos, otras
proceden de la indiferencia social.
Sin embargo, en el seno de esta cultura, el cristianismo puede
convertirse en la oferta válida capaz de entretejer la “forma de vida” que llene
la existencia humana; ahora bien, el desafío exige a la Iglesia la recuperación
de la “novedad (kaine)” y la “credibilidad (exousia)” propias del mensaje
cristiano.
