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lunes, 28 de diciembre de 2020

La misa ha terminado ... pero el clericalismo continúa

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:   La Croix International

Por   Robert Mickens | Ciudad del Vaticano

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La cuarentena inducida por el coronavirus debería obligar a la Iglesia a hacer un examen de conciencia serio sobre la Eucaristía

 


El mundo entero ahora está infectado. El coronavirus continúa dando la vuelta al mundo, paralizando los ritmos habituales de la vida y el comercio.

La pandemia tomó a la mayoría de los países y a su gente completamente desprevenidos. Y muchos ya están diciendo que esta crisis global nos obligará a todos a repensar radicalmente muchas cosas sobre la forma en que vivimos, organizamos nuestra sociedad, llevamos a cabo nuestros negocios, nos relacionamos unos con otros...

Dicen que las cosas nunca volverán a ser como antes. Tendremos que cambiar.

Eso también incluye a nuestras iglesias. Nuestras comunidades de fe fueron sorprendidas tanto como cualquier otra.

Y la mayoría de los líderes religiosos, especialmente nuestros sacerdotes y obispos católicos, se han despreocupado por la forma en que han respondido a lo que pronto se convirtió en el bloqueo litúrgico.

 

La idea de "participación virtual" debe reconsiderarse seriamente

Realmente no han tenido idea de qué hacer, excepto seguir celebrando la Misa por sí mismos y luego transmitirla por televisión, o transmitirla en vivo por Internet, para que el resto de la Iglesia simplemente la vea.

Porque eso es lo que es, algo para ver. Y aunque eso no es necesariamente del todo malo, ciertamente no es participar de ninguna manera esencial en la celebración de la Eucaristía.

A pesar de muchas décadas de Misa para los encierros televisada o transmitida por radio, las últimas semanas de liturgias públicas canceladas deberían dejar muy claro que este tipo de "participación virtual" necesita ser reconsiderado.

No puede tener una Misa virtual más de lo que puede tener una Cena de Acción de Gracias virtual. Esto último sería extremadamente extraño e incluso absurdo.

Piénsalo. ¿Qué pasaría si mamá y papá estuvieran solos en casa, pero quisieran preparar la gran fiesta de Acción de Gracias y compartirla, por televisión o transmisión en vivo, con el resto de la familia?

 

De absurdo a cruel

Para hacer que la analogía funcione, digamos que los niños y familiares que se unen a esta fiesta virtual no tienen la posibilidad de preparar su propia comida. Solo pueden ver cómo mamá y papá realizan el ritual festivo. Y luego ven a sus padres comer, mientras ellos no tienen nada.

Y para fortalecer aún más la analogía, los padres recomendarían encarecidamente, e incluso exigirían, que sus hijos siguieran el juego con esta farsa.

Esto no solo sería absurdo. Sería cruel.

Los padres verdaderos y amorosos no harían pasar a sus hijos por tal cosa. Pero incluso si se atrevieran, solo lo soportarían quienes han crecido ​​soportando tal depravación.

Los buenos padres no privan a sus hijos. Si sus hijos no pueden comer, ellos tampoco.

 

Solo los que comen pueden nutrirse

Evidentemente, la analogía no es exacta porque no estamos hablando de una comida normal cuando hablamos de la Eucaristía. Es una comida de sacrificio; una comida / sacrificio conmemorado alrededor de un altar / mesa.

El aspecto de la comida de la celebración eucarística no puede separarse de su aspecto de sacrificio. Pero no debe minimizarse hasta el punto de ser casi completamente eliminado, como lo es para más del 99% de los miembros de la Iglesia durante estas Misas virtuales.

viernes, 27 de noviembre de 2020

La oposición al clericalismo provoca conversaciones entre los laicos católicos

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:   La Croix

Por Christophe Henning | Francia

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Dos grupos diferentes que representan a los católicos franceses dan los primeros pasos hacia una posible colaboración

 

           (Photo by MYRIAM RENAUD/ LA CROIX)

Una organización relativamente nueva de católicos franceses con mentalidad reformista ha entablado discusiones con un grupo laico similar que se formó en 2008 como una forma de ver la mejor manera de responder al llamado del Papa Francisco para un cambio en la Iglesia.

El mayor de los dos grupos, la Conferencia Católica de Bautizados Francófonos (CCBF), ha afirmado durante mucho tiempo ser la voz de los laicos olvidados.

El grupo más nuevo, que en realidad es una coalición llamada "Promesses d'Église" (Promesas de la Iglesia), se formó en 2018 con el objetivo de combatir las diversas formas de abuso dentro de la Iglesia.

 

Diversidad

Tiene sus orígenes en la Carta al Pueblo de Dios de agosto de 2018 del Papa Francisco , que alienta los esfuerzos para combatir el abuso y, más ampliamente, el clericalismo.

"Promesses d'Église" reúne unos 40 movimientos y servicios de la Iglesia.

Son tan diversos como Secours Catholique (Caritas Francia) y la Comunidad Emmanuel, el comité católico contra el hambre y el desarrollo (CCFD-Terre Solidaire) y las asociaciones de familias católicas (AFC).

Después de 18 meses, es casi como si se hubiera establecido un espíritu de comunión entre las entidades a menudo representadas por sus máximos líderes nacionales.

¿Debería abrirse más el espectro?

No se pidió a la CCBF que se uniera, ni llamó a la puerta. Quizás se necesiten varias capillas para reconstruir la Iglesia.

A pesar de varias reuniones frustradas por COVID-19, "Promesses d'Église" ha ido definiendo sus objetivos.

Se necesitaba tiempo para conocernos y aprender a hablar entre nosotros.

¿Cómo podría esta iniciativa informal y espontánea convertirse en una herramienta eficaz para " reparar la Iglesia " sacudida por diversas crisis?

 

La adopción de una carta

"Promesses d'Église" inició una nueva etapa el 15 de octubre cuando emitió un estatuto y una declaración de misión.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Francisco y el Clericalismo



    En la conversación con los jesuitas, publicada por «La Civiltà Cattolica» el Papa explicó que en los seminarios ha vuelto a instaurarse una rigidez y que hay que involucrar a los laicos en el discernimiento vocacional. «Creo que a veces, incluso el peor de los malintencionados, puede hacer una crítica que me ayuda»


CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- «El clericalismo es rico. Y si no es rico en dinero, lo es en soberbia». El pasado 24 de octubre, Papa Francisco visitó a los jesuitas que acababan de elegir a su nuevo superior, el venezolano Arturo Sosa, en su 36 Congregación General. Francisco estuvo en la Curia generalicia, a pocos pasos del Vaticano, durante una hora y media, respondiendo a las preguntas de los religiosos de la orden a la que él mismo pertenece. En la conversación, ahora publicada por «La Civiltà Cattolica», Francisco afronta los temas más variados, desde las guerras en África y en el Medio Oriente, «que derivan de toda una historia de colonización y de explotación», hasta la teología tomista «del gran santo Tomás» que está detrás de la «Amoris laetitia», «no la teología de la escolástica decadente», pasando por las críticas que recibe («Creo que a veces incluso el peor de los malintencionados puede hacer una crítica que me ayuda»), por la falta, en la actualidad, de «grandes políticos que eran capaces de ponerse en juego seriamente por sus ideales y no temían ni el diálogo ni la lucha», por el peligro de los líderes que quieren reformar la constitución para quedarse más tiempo del indicado constitucionalmente para el mandato y por el «centralismo romano» que en el pasado frenó a los pioneros de la evangelización. Francisco insistió en varias ocasiones y desde diferentes puntos de vista en el tema del «problema serio» del clericalismo, subrayando, en vista del sínodo de 2018, que «promover vocaciones locales es una “ligadura de las trompas” eclesiales. Es no dejar que esa madre tenga hijos suyos». La conversación entre Francisco y los jesuitas será publicada en el próximo número de la revista que dirige el padre Antonio Spadaro.

«A mí me sucedió en Buenos Aires, cuando era obispo, que curas muy buenos, más de una vez, conversando me dijeran: “¡En la parroquia tengo un laico que vale oro!” Y me lo pintaban como un laico de “primera categoría”. Y luego me decían: “¿Qué le parece si lo hacemos diácono?” Este es el problema: al laico que vale lo queremos hacer inmediatamente diácono, lo queremos clericalizar», afirmó el Papa respondiendo a una pregunta sobre la disminución de las vocaciones sobre todo en los lugares en los que hay reservas en la promoción de vocaciones locales.

«El clericalismo no deja crecer, no deja que crezca la fuerza del bautismo», «induce dependencias que, a veces, mantienen enteros pueblos en un fuerte estado de inmadurez». Cuando surgieron las comunidades eclesiales de base, recordó Jorge Mario Bergoglio, hubo verdaderos enfrentamientos «porque los laicos comenzaron a tener un papel un poco más fuerte de protagonistas, y los primeros que comenzaron a sentirse inseguros eran algunos sacerdotes. Estoy generalizando demasiado, pero lo hago a propósito: si caricaturizo el problema, es porque el problema del clericalismo es muy serio. Con respecto a las vocaciones locales —prosiguió Francisco—, digo que se ocupará el próximo Sínodo sobre la reducción de las vocaciones. Creo que las vocaciones existen, simplemente hay que saber cómo son propuestas y qué cuidado reciben. Si el cura siempre tiene prisa, si está sumergido en mil cuestiones administrativas, si no nos convencemos de que la dirección espiritual es un carisma no clerical sino laical (que puede desempeñar también el sacerdote), y si no ponemos y convocamos a los laicos en el discernimiento vocacional, es evidente que no tendremos vocaciones». En este marco, «no promover vocaciones locales es un suicidio, significa nada más y nada menos que esterilizar a la Iglesia, porque la Iglesia es madre. No promover vocaciones locales es una “ligadura de las trompas” eclesiales. Es no dejar que la madre tenga hijos suyos. Y esto es grave».

En otros momentos de la conversación el Papa volvió a referirse al tema del clericalismo. «El clericalismo, que es uno de los males más serios en la Iglesia, se aleja de la pobreza», explicó el Pontífice. «El clericalismo es rico. Y si no es rico en dinero, lo es en soberbia. Pero es rico: hay un apego a la posesión. No se deja generar por la madre pobreza, no se deja custodiar por el muro de la pobreza. El clericalismo es una de las formas de riqueza más graves de las que, hasta el día de hoy, se sufre en la Iglesia. Por lo menos, en algunos lugares de la Iglesia. Incluso en las experiencias más cotidianas».

Francisco explicó, en relación con la «audacia profética» que debe tener la Iglesia, que «la valentía no radica solo en hacer ruido, sino también en saber hacerlo, y saber cuándo y cómo hacerlo. Y se debe, antes que otra cosa, discernir si debe hacer ruido o no». A veces, «la audacia profética está llamada a atacar la corrupción, muy extendida en algunos países. Una corrupción por la que, por ejemplo, cuando se acaban periodos constitucionales de mandato, inmediatamente se trata de reformar la Constitución para quedarse». Hoy «nuestra audacia profética, nuestra conciencia, debe orientarse hacia el lado de la inculturación». La unidad «se hace conservando la identidad de los pueblos, de las personas, de las culturas». En el pasado, frente a misioneros como Matteo Ricci y Roberto de Nobili, verdaderos «pioneros» de la evangelización en China y en la India, «una concepción hegemónica del centralismo romano frenó esa experiencia, la interrumpió».

En ámbito moral, «estoy constatando justamente la carencia del discernimiento en la formación de los sacerdotes», afirmó el Papa. «Corremos el peligro de acostumbrarnos al “blanco o negro” y a lo que es legal. Somos bastante cerrados, en general, al discernimiento. Una cosa está clara: hoy en cierta cantidad de seminarios ha vuelto a instaurarse una rigidez que no está cerca de un discernimiento de las situaciones. Y es algo peligroso, porque puede conducirnos a una concepción de la moral que tiene un sentido casuístico».

Papa Francisco recordó que cuando era joven tuvo que estudiar una «escolástica decadente», mientras que «en la medida en la que se baja a los particulares, la cuestión se diversifica y asume matices sin que el principio tenga que cambiar. Este método escolástico tiene su validez. Es el método moral que ha usado el Catecismo de la Iglesia. Y es el método que se utilizó en la última exhortación apostólica “Amoris laetitia”, después del discernimiento que hizo toda la Iglesia mediante los dos Sínodos. La moral utilizada en “Amoris laetitia” es tomista, pero la del gran santo Tomás», y no la teología decadente. «Hay que hacer teología de rodillas»: «no se puede hacer teología sin oración».

«Creo que a veces incluso el peor de los malintencionados puede hacer una crítica que me ayuda», puntualizó el Papa. «Hay que escucharlas todas y discernirlas. Y no hay que cerrar la puerta a ninguna crítica, porque corremos el peligro de acostumbrarnos a cerrar puertas».

En la actualidad, «faltan esos grandes políticos que eran capaces de ponerse en juego seriamente por sus ideales y que no temían ni el diálogo ni la lucha, sino que seguían adelante, con inteligencia y con el carisma propio de la política», afirmó el Papa. «La política es una de las más altas formas de caridad. La gran política. Y sobre esto, creo que las polarizaciones no ayudan: por el contrario, lo que ayuda en política es el diálogo». En cuanto al Medio Oriente y África, «allá hay una situación de guerra continua. Guerras que derivan de toda una historia de colonización y de explotación».

El Papa revela: «Estoy hablando en familia y, entonces, puedo decirlo: yo soy bastante pesimista, siempre. No digo depresivo, porque no es cierto. Pero es cierto que tiendo a ver la parte que no ha funcionado. Y entonces, para mí, ¡el mejor anti-depresivo encontrado es la consolación!» Al final de la conversación, el Papa agradeció «por las preguntas y por la vivacidad, y —añadió— perdónenme si dejé suelta la lengua…». El superior de los jesuitas, el padre Sosa, le agradeció de corazón «por su fraterna presencia entre nosotros y porque, gracias a Dios, ¡dejó suelta la lengua! Gracias por su aportación a nuestro discernimiento».