25/09/2019
El celibato es una cuestión que va y viene en la Iglesia. Al no tratarse de
un dogma de fe, sino de una decisión administrativa acordada en el siglo
XVI, en Trento, cada cierto tiempo se reaviva el debate entre quienes creen
que los sacerdotes deben poder casarse y el resto de la jerarquía eclesial. Sin
embargo, en los últimos años, espoleado por la crisis de vocaciones,
distintas comunidades están convocando sínodos para replantear la cuestión del
celibato como la última alternativa para salvar sus diócesis.
Durante la primera semana de octubre, sin ir más lejos, los católicos de
los pueblos del Amazonas se reunirán en el Vaticano para decidir si ordenar sacerdotes
a hombres casados, azuzados por la falta de efectivos que guíen sus
comunidades. Más flagrante es el caso de la Iglesia alemana que,
preocupada por el devenir del catolicismo en el país, ha convocado un sínodo sin permiso del Vaticano en el que
no solo se debatirá en torno a la necesidad del celibato, sino que también se
pondrá sobre la mesa el papel de la mujer en la Iglesia católica.
