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miércoles, 27 de mayo de 2020

Llegar demasiado tarde, salir demasiado pronto: gestionar el COVID (II)

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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Agustín García
Cura diocesano y sociólogo
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Por quienes murieron de la enfermedad y por aquellos que no se pudieron despedir de ellos.
Por quienes cuidaron de los más contagiados a riesgo de sufrir lo mismo.


      La revista Forbes publicó un artículo el mes pasado donde se relacionaba el liderazgo femenino y el éxito en la lucha contra el coronavirus: “Qué tienen en común los países que han dado una mejor respuesta a la Covid-19? Mujeres líderes”, rezaba el título. Escrito por Avivah Wittenberg-Cox el artículo ha recibido numerosas réplicas en la prensa de todo el mundo. Lo que más se destaca de ese liderazgo femenino es la empatía desplegada en sus estrategias de comunicación. No se han aprovechado de la crisis para publicitar sus propias agendas políticas. Más que politizar la crisis han conectado emocionalmente con la población y entre la bolsa o la vida han optado por la vida. A esa mayor empatía se añaden además: transparencia comunicativa, agilidad en la respuesta y un uso eficaz de las nuevas tecnologías.

      Katrín Jakobsdóttir es la primera ministra de la alejada, aislada y poco poblada Islandia. El país ya es un caso de estudio por las bajas tasas de difusión y mortalidad del Covid-19. Su gran aportación: test gratuitos y rastreo de casos. “Para tener éxito, la nación implementó un plan masivo de exámenes. Con ello las autoridades lograron rastrear a las personas afectadas y disminuir la propagación”, explica una web francesa. Proporcionalmente a su población se ha testado a cinco veces más personas que en Corea del Sur, ejemplo de control sanitario, cuenta otra web. El sistema de monitoreo de casos permitió mantener activa la economía y abiertas las escuelas.


      Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwan, ha merecido el aprecio del mundo por su modélica gestión. Taiwán, que detectó tempranamente el brote, quizá antes que China (y puede que fuera la primera en llevar la información a la OMS, o puede que no, como se defiende la OMS), bloqueó con rapidez su propagación con una precisa serie de medidas. Como la misma presidenta contó a la prensa: “Años de exclusión del sistema de la OMS y las inestimables lecciones aprendidas desde la pandemia del SARS de 2003 hicieron que Taiwán tomara medidas previas de prevención y respuesta proactiva de forma inmediata… Esto ha minimizado el impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos a través de tratamiento, seguimiento, cuarentena y mitigación, creando así el Modelo de Taiwán, por todos reconocido”.

      La neozelandesa Jacinda Ardern es una de las líderes más carismáticas en la gestión de la pandemia. Ardern acertó al cerrar a cal y canto las fronteras. Advirtió con rapidez el peligro, advirtió de él con la misma rapidez y tuvo el gesto de reducirse el sueldo. Cuando Nueva Zelanda bajó del nivel 4 de alarma al 3 para favorecer los contactos sociales y al mismo tiempo proceder con cautela propuso la figura de la “burbuja social”: un grupo habitual de contacto, con límites marcados de relación hacia fuera, donde uno puede interactuar no sólo con los más íntimos (con los que convive) sino también con los más próximos (a quienes ve con más frecuencia). Así dos o tres familias pueden interactuar con normalidad y ampliar el nudo de relaciones que pudieran ser muy pobres si estas se reducen a quienes comparten hogar. Las burbujas sociales moderan los rigores del confinamiento y los excesos del desconfinamiento.

      De la primera ministra conservadora noruega, Erna Solberg, además de la calidad de su gestión se ha destacado la imaginativa idea de comunicarse por televisión para hablar directamente con los niños, responder a sus preguntas y mitigar sus temores. Al contestar a los más pequeños se emplea una frescura, una franqueza y una claridad en la exposición que no suele ser muy habitual en el lenguaje político y que agradó también a los adultos.