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lunes, 7 de diciembre de 2020

Polonia, la crisis del último bastión del catolicismo europeo

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:   La Tercera

Juan Paulo Iglesias

5 de diciembre de 2020

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En el Vaticano algunos hablan del “nuevo Chile” por el efecto de las denuncias de abusos sexuales contra miembros del clero y la caída de los católicos. El reciente informe McCarrick profundizó los cuestionamientos y extendió las críticas, incluso, al Papa Juan Pablo II.

 

Manifestantes protestan contra las restricciones al aborto frente al palacio arzobispal de Cracovia, a fines de octubre pasado.

 

“Calle de las víctimas de Juan Pablo II”. Un sticker con esa leyenda apareció hace unos días cubriendo el letrero que identifica la Avenida Juan Pablo II en Varsovia. El hecho coincidió con las masivas manifestaciones contra un fallo del Tribunal Constitucional de Polonia que limitaba el aborto y que evidenció la pérdida de influencia que viene experimentando la Iglesia Católica en ese país. Polonia era visto como uno de los últimos bastiones del catolicismo en el Viejo Continente, y tras la crisis de esa institución en Irlanda, parecía que seguía resistiendo. Sin embargo, las protestas de octubre y noviembre y los recientes cuestionamientos contra Karol Wojtyla, considerado un héroe nacional en el país, revelan que las cosas han cambiado.

Las críticas contra el Papa polaco se multiplicaron tras la difusión, por parte del Vaticano, del llamado Informe McCarrick, que develó las fallas de la jerarquía de la Iglesia Católica en el manejo de las denuncias contra el excardenal y exarzobispo de Washington Theodore McCarrick. El prelado fue privado de todos sus privilegios y removido del colegio cardenalicio por el Papa Francisco en julio de 2018, el annus horribilis del actual pontificado por la serie de denuncias sobre abusos sexuales que partieron con la visita del Pontífice a Chile en enero de ese año. Sin embargo, sólo hace dos semanas se hizo pública finalmente la investigación ordenada por Bergoglio para aclarar cómo McCarrick pudo llegar tan alto en la jerarquía, pese a las acusaciones en su contra.

En el informe de más de 400 páginas se revela, entre otras cosas, que las denuncias por acoso y abuso de menores y de seminaristas se remontan a los años 80. Pero, además, se asegura que el Vaticano fue informado a principios de los 90 de las acusaciones y a fines de esa década el entonces arzobispo de Nueva York, John O’Connor, recomendó no designar arzobispo a McCarrick en una carta enviada al secretario personal de Juan Pablo II, y también polaco, Stanislaw Dziwisz, alertando de las denuncias. Pese a ello, el Pontífice decidió igualmente nombrarlo en la arquidiócesis de Washinton en 2001, luego de leer una misiva del prelado estadounidense negando todas las acusaciones en su contra. Según el informe, la experiencia de Wojtyla en la Polonia comunista, donde era habitual difundir rumores para desprestigiar a la Iglesia Católica, habría influido en su inclinación a minimizar las denuncias.