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miércoles, 13 de agosto de 2014

Escucha, Israel

Joxe Arregi


La tregua no basta. La sangre inocente de los niños, las mujeres, los civiles de Gaza, y hasta la sangre desesperada de sus milicianos clama contra ti desde el fondo de las ruinas, desde el fondo del drama. Tú, Abel de tantos crímenes a lo largo de la historia, te has convertido en Caín para tus hermanos palestinos. Se han tornado los papeles. En ellos te grita la sangre de Abel. Y su grito no cesará hasta que no te duela su dolor, respetes su dignidad, reconozcas sus derechos y repares sus ruinas. 

También de ellos, no solo de ti, hablaba el Infinito Ardiente, cuando dijo a Moisés desde la zarza en llamas: “He visto su dolor, he oído sus gritos, conozco su sufrimiento. Bajaré a liberarlo. Vete a liberarlo”. 

lunes, 28 de abril de 2014

Creo en la vida

Por José ARREGI

¿Y qué otra cosa es la fe pascual sino eso: creer en la Vida? Cuando digo creer, no digo profesar creencias. Digo vivir: digo confiar en sí mismo y en el otro a pesar de todo, digo rebelarse contra todos los poderes que asfixian, digo ponerse del lado del herido, digo ser humilde levadura que transforma y levanta la historia, digo respirar en paz cada noche y seguir caminando cada día a pesar del fracaso, de la cruz o de la muerte. Creer en la Pascua es una forma de vivir.

Pascua (pesah, paso) llamaron los judíos a la liberación de la esclavitud bajo el faraón, a la travesía del desierto hacia la plena libertad, a la esperanza de la Tierra que mana leche y miel para todos. Pero miles de años antes que fiesta religiosa judía, la Pascua fue, sin ese nombre, la fiesta de la primavera de pastores y agricultores: fiesta de los corderos y de los campos de trigo. Fiesta de la vida y del pan.

Creo que Jesús de Nazaret -aunque no fue el único, ni era perfecto- vivió y anunció la gracia y la libertad, fue profeta de la Vida. Y por eso le condenaron los poderes establecidos: por haberse hecho solidario de todos los condenados. Le mataron, pero su vida no murió. Pues en nuestra vida fluye la plenitud de la Vida, y nuestra vida fluye hacia su plenitud, en paso o pascua permanente.