Joxe Arregi
La tregua no basta. La sangre inocente de los niños, las mujeres, los civiles de Gaza, y hasta la sangre desesperada de sus milicianos clama contra ti desde el fondo de las ruinas, desde el fondo del drama. Tú, Abel de tantos crímenes a lo largo de la historia, te has convertido en Caín para tus hermanos palestinos. Se han tornado los papeles. En ellos te grita la sangre de Abel. Y su grito no cesará hasta que no te duela su dolor, respetes su dignidad, reconozcas sus derechos y repares sus ruinas.
También de ellos, no solo de ti, hablaba el Infinito Ardiente, cuando dijo a Moisés desde la zarza en llamas: “He visto su dolor, he oído sus gritos, conozco su sufrimiento. Bajaré a liberarlo. Vete a liberarlo”.
La tregua no basta. La sangre inocente de los niños, las mujeres, los civiles de Gaza, y hasta la sangre desesperada de sus milicianos clama contra ti desde el fondo de las ruinas, desde el fondo del drama. Tú, Abel de tantos crímenes a lo largo de la historia, te has convertido en Caín para tus hermanos palestinos. Se han tornado los papeles. En ellos te grita la sangre de Abel. Y su grito no cesará hasta que no te duela su dolor, respetes su dignidad, reconozcas sus derechos y repares sus ruinas.
También de ellos, no solo de ti, hablaba el Infinito Ardiente, cuando dijo a Moisés desde la zarza en llamas: “He visto su dolor, he oído sus gritos, conozco su sufrimiento. Bajaré a liberarlo. Vete a liberarlo”.
