Fuente: ATRIO
Julián Díaz Lucio
02/12/2021
Respondiendo a la petición de
Antonio Duato en ATRIO de aportar algo para el encuentro atriero sobre
fe
y derechos humanos en la sociedad actual, yo solo puedo testimoniar
cómo he vivido este doble y unitario compromiso.
En el proceso maduración y
crecimiento en mi fe cristiana, creo que he ido creciendo en lo que Fernando
Urbina describía esta fe, y que recogí en unas jornadas de reflexión
con él:
La fe cristiana no era para él
simplemente afirmar dogmas, sino aceptar en el corazón al Dios de Jesucristo.
Al hablar de la fe, decía que tenía que ser personal, iluminada y
comprometida. Personal, en cuanto que tenía que ser una experiencia de
cada persona; iluminada, es decir, que tenía que iluminar, dar luz, a todos los
aspectos de la vida; y comprometida, porque la fe se tiene que traducir en
compromisos concretos en la vida. La razón es porque “una espiritualidad que no
se encarna en el espesor de lo real y no lo asume, es incapaz de evangelizar”.
Hoy añadiría también la cualidad de purificada, que
propone Antonio, y descubierta por mí tanto a nivel escriturístico,
desmitologizando cantidad de aspectos y pasajes de la Escritura; como también
histórico, liberándome de tantos aditamentos que la historia ha ido añadiendo a
la praxis eclesial. Todo este proceso me ha ido dando una profunda libertad
interior, y capacidad de discernimiento para separar el trigo de la paja en
cuanto a doctrinas y comportamientos.