miércoles, 7 de enero de 2026

No necesitamos un nuevo Plan Diocesano de Evangelización, sino una Asamblea Diocesana para “tomar decisiones” y discernir sinodalmente sobre otros asuntos

Berpiztu Kristau Taldea

 

En la “Nota de acompañamiento del Santo Padre Francisco” al Documento final del Sínodo mundial sobre la sinodalidad el Papa Bergoglio señala que “las iglesias locales” -es decir, nuestra diócesis de Bilbao- “está llamada” “a implementar” y “tomar decisiones” sobre lo aprobado en el Sínodo y confirmado por él. Hay “indicaciones” que “ya pueden ponerse en práctica en las Iglesias locales” bien sea ejecutándolas “eficazmente” o “a través de un discernimiento sinodal” (noviembre de 2024).

En respuesta a tal llamamiento papal, ofrecemos nuestra lectura implicativa del documento final del Sínodo mundial en la esperanza de que contribuya a poner en marcha -también en nuestra diócesis- un proceso sinodal que permita “implementarlo” de manera creíble y responsable, algo que pasa por la celebración de una Asamblea Diocesana o de un Sínodo Diocesano. Creemos que hay que dar por finalizado el tiempo de los llamados Planes de Evangelización y olvidarse de una lectura del Documento Final del Sínodo Mundial que no sirva al objetivo fijado por el Papa o despiste del mismo.

En este espíritu, ofrecemos nuestra lectura implicativa, invitando a que otros grupos y personas realicen y ofrezcan la suya.

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Ante todo, compartimos y ratificamos lo que puede pasar en la Iglesia y en una diócesis cuando no se implementa -como es nuestro caso- una Asamblea Diocesana: “sin cambios concretos a corto plazo, la visión de una Iglesia sinodal no será creíble y esto alejará a los miembros del Pueblo de Dios que han sacado fuerza y esperanza del camino sinodal” (nº 94 del Documento final del Sínodo mundial). Damos fe de que esto es algo que ya sucede en nuestra diócesis desde hace muchos años.

1.- Tenemos presente, en primer lugar, el nº 117 de dicho Documento final porque entendemos que la primera y más importante de las sugerencias teológico-pastorales que brotan de nuestra lectura es la de promover y acompañar a los actuales “restos parroquiales” o “rescoldos comunitarios”, allí donde los haya o pueda haberlos, para que puedan ser -cuanto antes- comunidades vivas, con futuro y estables. Tales “restos parroquiales” o “rescoldos comunitarios” tendrían que elegir periódicamente equipos ministeriales de base (ministerios laicales de la palabra, la liturgia y la caridad y justicia, más coordinadores de finanzas e infraestructuras y representación), siendo acompañados por presbíteros itinerantes y apostólicos.

2.- Si queremos superar en nuestra diócesis el clericalismo, es urgente poner al día la identidad y espiritualidad del ministerio ordenado a partir de la matriz bautismal, tal y como se realiza en el Vaticano II (“Presbyterorum Ordinis”, 1965). Y actualizar -desde dicha matriz bautismal- en qué consiste la “representación de Cristo” y la actuación “en nombre de Cristo, Cabeza” del ministerio ordenado, así como los “poderes” derivados del sacramento del Orden.

3.- Necesitamos comprender y ejercer el diaconado como sacramento de Cristo, servidor de los pobres y promotor de la justicia, no como “sub-presbíteros” o “curas de segunda división”. Igualmente, necesitamos promover el ministerio- a la vez ordenado y laical- de la caridad y de la justicia y, a su luz, repensar el papel de Cáritas como entidad al servicio de la caridad y de la justicia de toda comunidad cristiana. No es de recibo externalizar la caridad y la justicia ni hacerla depender de profesionales o de criterios y protocolos de actuación ajenos.

4.- Urge poner en valor que la identidad y espiritualidad de los obispos es la propia de quienes son sucesores de los apóstoles –para nada, como explícitamente proclama el Vaticano II, vicarios o delegados del Papa. A ellos corresponde liderar proactiva y esperanzadamente la renovación eclesial, olvidándose del pluralismo indiscriminado al que -en concreto- se recurre en nombre de una comunión, formal, “ingenua” y aparentemente sin opciones. Creemos que  todos los obispos  han de someterse -en sintonía con el nº 135 del Documento final del Sínodo- a evaluaciones periódicas.

5.- Es necesario repensar el ministerio de los laicos con encomienda pastoral y profesionalizados como laicos que, especializados en algunas de las dimensiones de toda comunidad cristiana, acompañan a las parroquias y a sus “equipos ministeriales de base” que soliciten su servicio especializado. Tal acompañamiento o servicio no puede ser como gestores o coordinadores de los mismos o por encima de ellos.

6.- Nuestra diócesis necesita con urgencia que se lidere la renovación eclesial, que no se gestione su demolición y que se activen los procedimientos que sean precisos para que los consejos -tanto parroquiales como los diocesanos- sean deliberativos y codecisivos (nº 36. 89. 92).

7.- Necesitamos que nuestro obispo realice las gestiones que sean necesarias ante el Vaticano para que el Consejo Pastoral Diocesano pueda presentar una terna de posibles candidatos cuando toque elegir o nombrar un obispo (nº 70).

8.- En conformidad con el nº 108 del documento final, el obispo ha de establecer Asambleas diocesanas periódicas, empezando por fijar la fecha de la próxima. 

9.- Corresponde a todos los obispos del País Vasco proponer la creación de la Conferencia Episcopal Vasca en conformidad con los nº 120 y 126 y superar la actual configuración eclesiástica, castigo franquista de la postguerra.

10.- “Para muchos fieles, la Eucaristía dominical es el único contacto con la Iglesia: cuidar su celebración de la mejor manera, con particular atención a la homilía y a la “participación activa” (SC 14) de todos, es decisivo para la sinodalidad”. Nuestra iglesia local necesita que dicha “participación activa” de todos “en la doble mesa de la Palabra y del Pan” se exprese también mediante homilías en las que pueda participar el pueblo de Dios que lo desee (nº 142).

11.- Si es incuestionable la existencia en nuestra diocesis de una gran “diversidad de edad, sexo y pertenencia social” y si se nos invita “a que cada uno reconozca y asuma su propia parcialidad, renunciando a la pretensión de ser el centro y abriéndose a acoger otras perspectivas”, creemos que también hemos de acoger y bendecir con mayor dignidad litúrgica que la habida hasta el presente a quienes no son sexualmente binarios (nº 42. 50. 52).

Berpiztu Kristau Taldea
       Bizkaia, noviembre 2025

Para un desarrollo más detenido de estas sugerencias puede consultarse:

https://drive.google.com/file/d/11AscP3hx3jygzfLsH-l9_euD2vKL6EuU/view?pli=1

 

 

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