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viernes, 11 de septiembre de 2020

Declaración del Día del Trabajo

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Reverendísimo Paul S. Coakley
Arzobispo de Oklahoma City
Presidente del Comité de Justicia Nacional y Desarrollo Humano
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

7 de septiembre de 2020

 

Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5) Reconstruir un mundo digno post-COVID19

 

Este Día del Trabajo es sombrío, la pandemia del COVID-19 continúa. Las circunstancias económicas para tantas familias son estresantes o incluso graves. La ansiedad es alta. Millones de personas están sin trabajo y se preguntan cómo cubrirán sus gastos. Y para los trabajadores considerados “esenciales” que continúan trabajando fuera del hogar, existe un mayor peligro de exposición al virus. Sin embargo, como muestra de solidaridad el Papa Francisco en una serie de hermosas y desafiantes reflexiones durante sus catequesis los miércoles de audiencia, las ha dedicado a hablar sobre la pandemia, “En esta tierra desolada, el Señor se empeña en regenerar la belleza y hacer renacer la esperanza: 'Mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?' (Is 43,18b). 


Dios jamás abandona a su pueblo, está siempre junto a él, especialmente cuando el dolor se hace más presente”.1 Como Dios le declara a Juan en Apocalipsis: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5). Dios conoce los desafíos que enfrentamos, la pérdida y el dolor que sentimos. Las preguntas para nosotros son estas: ¿Oraremos y participaremos voluntariamente en la obra de Dios sanando el dolor, la pérdida y la injusticia que esta pandemia ha causado y expuesto? ¿Ofreceremos todo lo que esté de nuestra parte al Señor para “hacer nuevas todas las cosas”? 


Como muestran los informes públicos, el virus se ha propagado ampliamente entre los trabajadores esenciales, tales como los empacadores de carne, los trabajadores agrícolas, los proveedores de atención médica, los conserjes, los trabajadores de tránsito, los servicios de emergencia y otros. Como resultado, los trabajadores con salarios mínimos, los trabajadores migrantes y los trabajadores de color han tenido que soportar una parte desproporcionada del costo de la pandemia. Previo a esta pandemia, una cantidad significativa de estadounidenses estaba atrapada en trabajos de salarios mínimos, con inseguridad relacionada con la alimentación, la vivienda y la atención médica, y con pocas oportunidades de ahorrar o avanzar en su carrera. Esos mismos trabajadores se han visto particularmente afectados y, es devastador decirlo, muchos han pagado aun con sus vidas. Como dijo un trabajador del metro de Nueva York, “No somos esenciales. Somos expiatorios.”2 


Estas palabras, y la realidad detrás de ellas, deberían afligirnos. Como señaló el Papa Francisco al comienzo de su pontificado, “hoy tenemos que decir 'no a una economía de la exclusión y la inequidad'. Esa economía mata”.3 Lo que estaba mal antes de la pandemia, ahora se ha acelerado. Lo que pudo haber estado oculto para algunos ahora ha sido revelado. En este contexto, el asesinato de George Floyd fue como encender un fósforo en una habitación llena de gas. El Papa Francisco escribe sobre la pandemia:

“Todos somos frágiles, iguales y valiosos. Que lo que está pasando nos sacuda por dentro. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad”.4 


El Santo Padre está utilizando ahora las audiencias generales semanales (miércoles) como una ocasión para la catequesis sobre la enseñanza de la Iglesia sobre las desigualdades que se han visto agravadas por la pandemia.5 La dignidad de la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios, no está en el centro de nuestra sociedad como debería estar. En algunos lugares de trabajo, esto ha significado un énfasis en las ganancias por encima de la seguridad. Eso es injusto. El consumismo y el individualismo aumentan las presiones sobre los empleadores y los legisladores que conducen a estos resultados. 


La buena noticia es que la injusticia no necesita tener la última palabra. El Señor vino a liberarnos del pecado, incluidos los pecados por los cuales disminuimos a los trabajadores y a nosotros mismos. “Este es el tiempo favorable del Señor, que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativas que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo”.6 


Comenzando con nuestras propias decisiones, podríamos preguntarnos cuando compramos productos en tiendas o en línea: ¿sabemos de dónde vienen? ¿Sabemos si las personas que las elaboraron fueron tratadas con dignidad y respeto? En el lugar de trabajo donde se realizaron, ¿tomaron las precauciones necesarias de seguridad durante la pandemia y los trabajadores recibieron un salario justo? Si no es así, ¿qué podemos hacer para remediarlo? 


Nuestro gobierno también juega un papel indispensable. Los legisladores deben abordar las necesidades aún pendientes que tiene la gente en cuanto a la nutrición, la vivienda, la atención médica, los empleos y el apoyo económico, como yo y mis hermanos obispos hemos escrito repetidamente.7 La gente está sufriendo y algunas de las medidas de ayuda de la legislación anterior pronto ya no estarán vigentes. El Congreso y la Casa Blanca deberían llegar a un acuerdo que dé prioridad a la protección de los pobres y vulnerables. 


Un signo de gran esperanza que brota de raíz es la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés), que celebra su 50° Aniversario este año. Fundada para realizar más que solo satisfacer las necesidades de emergencia, la CCHD apoya los esfuerzos dirigidos por personas de bajos recursos para abordar la pobreza, crear buenos empleos y ser una fuerza de transformación en las familias y comunidades. A lo largo de su historia, la CCHD ha distribuido más de 8,000 subsidios que suman un total de más de 400 millones de dólares para ayudar a crear un cambio desde la base. El Papa Francisco ha hecho del trabajo de los movimientos populares que la CCHD apoya un tema clave en su pontificado. En abril, volvió a escribir a los líderes de estos grupos a la luz de la pandemia, señalando cuán extraordinariamente importantes son estos movimientos en este preciso momento.8 Los sindicatos y las asociaciones de trabajadores también tienen un papel central que desempeñar. 


En respuesta al COVID-19, las organizaciones comunitarias de la CCHD han ampliado rápidamente sus esfuerzos para abordar los impactos devastadores. Por poner un ejemplo, los trabajadores de las plantas procesadoras de carne enfrentan condiciones de trabajo peligrosas ya que las empresas no brindan protecciones básicas contra el COVID-19 o no hacen las modificaciones suficientes en el lugar de trabajo para reducir el riesgo de exposición al virus. Rural Community Workers Alliance (La Alianza de Trabajadores de la Comunidad Rural) apoyada por la CCHD ha ayudado a los trabajadores a organizarse en las zonas rurales de Missouri, presionando a los empleadores para que tomen en serio estas preocupaciones y promoviendo la dignidad de los trabajadores.9 Estos grupos, así como los sindicatos y otras asociaciones de trabajadores, hacen una contribución invaluable a la seguridad y el bienestar de los trabajadores. 


Para proteger la dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores, todos estamos llamados a practicar la solidaridad con los que se encuentran en peligro. Además, podemos ofrecer asistencia desde la caridad a todos aquellos que se hayan quedado sin empleo durante este tiempo mediante donaciones a los bancos de alimentos locales y las agencias de Catholic Charities (Caridades Católicas). Catholic Charities USA ayudó a 13 millones de personas el año pasado, y la demanda ha aumentado entre un 30% y un 50% hasta ahora durante la pandemia y se prevé que continúe aumentando. Los hospitales católicos también están sobrecargados, ya que los médicos, las enfermeras y el personal también han estado trabajando sin descanso y, en muchos casos, lo han hecho con una pérdida significativa de recursos. 


Al Papa Francisco le gusta citar la constitución dogmática de 1964, Lumen Gentium, recordándonos que “nadie se salva solo”.10 Esto es cierto en esta vida y en la próxima. Los frutos del individualismo son evidentes en las desigualdades que esta crisis ha puesto de manifiesto. A través de nuestro trabajo de solidaridad, seamos testigos en contra del individualismo. “Con todos, no pensemos sólo en nuestros intereses, en intereses particulares. Aprovechemos esta prueba como una oportunidad para preparar el mañana de todos, sin descartar a ninguno: de todos”.11 Oremos por la gracia de participar en las obras de Dios para sanar lo que está tan profundamente herido en nuestra sociedad. Dejemos que nuestra respuesta al Salmo en la Misa este Día del Trabajo resuene en hechos y en verdad: “Condúceme, Señor, por tu camino santo” (Sal 5, 9).

 

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1 Papa Francisco, La vida después de la pandemia (2020), 48. https://www.arzobispadodelima.org/wp-content/uploads/2020/05/LAVIDA-

DESPUES-DE-LA-PANDEMIA_LIBRO_FRANCISCO_2020.pdf (en adelante La vida después de la pandemia).

2 Sujatha Gidla, “‘We Are Not Essential. We Are Sacrificial.’” The New York Times (May 5, 2020).

https://www.nytimes.com/2020/05/05/opinion/coronavirus-nyc-subway.html

3 Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n. 53. http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papafrancesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html

4 La vida después de la pandemia, 54.

5 Ver, por ejemplo, Papa Francisco, “Audiencia general” (26 de agosto de 2020).

http://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2020/documents/papa-francesco_20200826_udienza-generale.html.

6 La vida después de la pandemia, 49.

7 https://www.usccb.org/news/2020/us-bishops-chairman-domestic-justice-and-human-development-urges-care-poor-and-vulnerable

8 Papa Francisco, Carta a los Movimientos Populares (12 de abril de 2020).

http://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2020/documents/papa-francesco_20200412_lettera-movimentipopolari.html

9 Noam Scheiber et al., “Missouri Pork Plant Workers Say They Can’t Cover Mouths to Cough,” The New York Times (April 24,2020). https://www.nytimes.com/2020/04/24/business/economy/coronavirus-smithfieldmeat.html

10 La vida después de la pandemia, 37; cf. id. al 24, 48; ver también Lumen Gentium, n. 9. (“Sin embargo, fue voluntad de Dios el

santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo...”).

http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

11 La vida después de la pandemia, 55.


 

sábado, 4 de octubre de 2014

Trabajo Decente para TODOS

Jornada Mundial por el Trabajo Decente: el mundo del trabajo necesita la alegría del Evangelio

Jornada Mundial por el Trabajo Decente: el mundo del trabajo necesita la alegría del Evangelio

03 octubre 2014 | Por

Ante la celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, el día 7 de octubre, estas palabras recientemente pronunciadas por el Papa Francisco, adquieren un profundo significado y una llamada a toda la Iglesia y a toda la sociedad:

“Es necesario reafirmar que el trabajo es una realidad esencial para la sociedad, para las familias y para los individuos, y que su principal valor es el bien de la persona humana, ya que la realiza como tal, con sus actitudes y sus capacidades intelectuales, creativas y manuales. De esto se deriva que el trabajo no tenga sólo un fin económico y de beneficios, sino ante todo un fin que atañe al hombre y a su dignidad. ¡Y si no hay trabajo esa dignidad está herida!”. (A los dirigentes y obreros de las fábricas de acero de Terni, 20 de marzo de 2014)

El problema es no llevar el pan a la casa, esto quita la dignidad. El problema más grave es la dignidad por esto tenemos que trabajar y defender la dignidad que nos da el trabajo”. (Encuentro con trabajadores y estudiantes del sector de la industria. Molise, 5 de julio 2014).

Estamos inmersos en una realidad que ha sufrido y está sufriendo profundas transformaciones en todos los ámbitos de la vida de las personas. Una de las mayores es la manera de entender y organizar el trabajo humano. La forma en que hoy se organiza el trabajo no es compatible con la vida digna a la que estamos llamados.
Tener o no trabajo, tener un salario suficiente para poder vivir, realizar el trabajo en condiciones dignas o no, son condiciones que posibilitan el crecimiento y el desarrollo de las personas o lo impiden.
Basta ilustrar esta realidad con algunos datos en el ámbito mundial:
  • más de doscientos millones de mujeres y hombres están desempleados.
  • casi mil millones de mujeres y hombres trabajan, pero sus ingresos no les permiten superar el umbral de la pobreza de los 2 dólares al día por persona en sus hogares.
  • más de doscientos millones de niñas y niños se ven obligados a trabajar en condiciones infrahumanas o de explotación.
  • el desempleo de los jóvenes alcanza niveles alarmantes en muchos países del sur de Europa y África.
  • se da de hecho una mercantilización e instrumentalización del trabajo y la negación práctica del derecho al mismo para millones de personas.

jueves, 1 de mayo de 2014

Mensaje para la festividad del 1º de mayo


 Departamento de Pastoral Obrera
Comisión Episcopal de Apostolado Seglar





Mensaje para la festividad del 1º de mayo. San José Obrero.
Si falta el trabajo, la dignidad humana está herida

Desde sus comienzos la Doctrina Social de la Iglesia ha fundamentado la dignidad de toda persona en la condición de hijos e hijas de Dios, y ha proclamado la necesidad de poner en práctica el principio evangélico que invita a la acción: “os aseguro que lo que hayáis hecho a uno solo de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).

El primero de mayo, fiesta de San José Obrero y fiesta cristiana del trabajo, supone para los trabajadores que profesan la fe la ocasión de recordar y agradecer, también, esas luchas por la dignidad y la justicia de todos aquellos que han hecho de su vida un compromiso en favor de la dignidad del trabajo humano, que se han esforzado por reconocer en él la dignidad de los trabajadores y trabajadoras que lo realizan.

En cada hombre y mujer que diariamente se esfuerza en realizar su trabajo, con el que contribuye a realizar la voluntad creadora y salvífica del Padre, contemplamos el sagrado reflejo de Dios que quiso encarnarse en Jesús de Nazaret para mostrarnos el verdadero camino de humanización y liberación que nos dirige y acerca hacia el Reino de la Paz y la Justicia, hacia el Reino de la Vida y del Amor.

Por eso, cualquier ataque a la dignidad del trabajo humano es, intrínsecamente, un ataque a la dignidad de los hombres y mujeres que lo realizan, y por ello una negación de Dios. El desempleo, la precariedad laboral, el subempleo, la economía sumergida, las condiciones de explotación o de inseguridad e insalubridad laboral, el trabajo infantil, la discriminación laboral por razones de sexo o raza, la injusticia de los salarios y otras condiciones laborales, todo ello son heridas a la dignidad humana que se clavan en las personas de los trabajadores, y que repercute gravemente en sus condiciones de vida, y en las de sus familias, deshumanizando su existencia. Cuando la vida social –también el trabajo- pone en el centro al dinero, y no a la persona, negamos la primacía del ser humano sobre las cosas, negamos la primacía de Dios (Evangelii Gaudium 55). La manera de concebir hoy el trabajo humano genera pobreza y exclusión y deshumaniza a los trabajadores.

jueves, 9 de febrero de 2012

Foro de Curas de Bizkaia: asamblea el lunes 13

Asamblea ordinaria del Foro.
Puedes leer la convocatoria y orden del día en la pestaña BATZARRAK ASAMBLEAS