martes, 14 de julio de 2026

El deporte es una parábola de la vida.

Fuente:   cem.org.mex

Por   José Sols.

Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

 

Durante estas semanas lo vemos en el Mundial que está teniendo lugar en los tres países de Norteamérica. En el fútbol, como en la vida, no es fácil digerir bien las victorias ni las derrotas. Puede parecer que las victorias sí sean fáciles de encajar y no así las derrotas, pero no es cierto. Cuando ganamos, podemos volvernos soberbios, mirar a los demás con desprecio desde un pedestal o fijarme yo en mi buen rendimiento individual y no en la cooperación del equipo: llevo tantos goles marcados, tantos partidos jugados, etc. Las derrotas obviamente son difíciles: con ellas se puede perder el sentido de equipo; señalarse con el dedo unos a otros tratando cada uno de sacarse de encima la responsabilidad; exigir la dimisión de un chivo expiatorio; etc.

También en el fútbol podemos ver cómo los poderosos se saltan las normas sin despeinarse: el presidente Trump hizo una llamada telefónica al presidente de la FIFA y le quitaron la tarjeta roja a un jugador americano. Vemos defensas que tratan de superarse ante los mejores delanteros del mundo, y otros, en cambio, que solo piensan en derribar a los ídolos de una patada: les pasó hace décadas a Pelé y a Maradona; les ha pasado a otros recientemente.

La vida es como el fútbol. Aun cuando la victoria final sea importante, aún es más significativo jugar formando un equipo con calidad, con honestidad, con espíritu de autosuperación, disfrutando de la acción. México tiene hoy varios problemas de dimensiones descomunales; suelo subrayar estos cuatro: la pobreza, la violencia, la corrupción y el medio ambiente. Si los mexicanos (y los extranjeros residentes en México) actuaran unidos, estos cuatro problemas tendrían solución y México podría ser el paraíso en la Tierra. Sin embargo, son muchos los interesados en hacernos creer que esos problemas no existen, o bien que existen pero no tienen solución, por lo que nos invitan a que solo pensemos en comer, hablar, celebrar fiestas y distraernos con mil formas de ocio. Nos están anestesiando; nos estamos quedando dormidos; nos están inyectando el espíritu de la derrota. En la vida, como en el fútbol, hay partido mientras la pelota esté en juego, y podemos remontar cualquier mal resultado en pocos minutos, como Argentina hizo ante Egipto. Si estamos vivos, significa que todavía hay partido, significa que los mexicanos, unidos, podemos cambiar nuestro país y hacer de él un lugar de equidad, paz, honestidad y respeto del medio ambiente.

 

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