Una de las frecuentes críticas al cristianismo –expresada más por Ludwig Feuerbach que por Karl Marx, aunque recuperada por no pocos científicos sociales de la actualidad– es que su propuesta, y la de todas las religiones en general, es una oferta de adormecedores, de fuertes drogas que anestesian a las personas y les evitan enfrentar los sufrimientos: “La religión es el opio del pueblo”.
Fuente: Vida Nueva Digital
PLIEGO
Nº 3.450
14-20 de MARZO de 2026
Friedrich Nietzsche fue más allá, y dijo que, detrás de esa tesis, está una moral cristiana propia de los seres humanos inferiores, de las clases sociales esclavas y sometidas. Su fundamento está en el resentimiento, la abnegación, el sacrificio y el ascetismo. El “ser humano bueno” es aquel que cierra los ojos frente a la realidad, en especial cuando esta es conflictiva o gozosa, valga la paradoja. Esta moral conduce al pesimismo y, por lo mismo, al nihilismo.









