lunes, 19 de enero de 2026

Descubrimos el Proyecto Techo, el hogar 'de los que no tienen casa' en la Barceloneta

Fuente:   Catalunyareligio

Por   Paz M. Duran

14/01/2026


Fotografía: Proyecto Techo.

Estamos en el año 1992. Mientras Barcelona celebra con gran fiesta los Juegos Olímpicos y la ciudad se transforma para acogerlos, en el barrio de la Barceloneta un grupo de vecinos vinculados a la parroquia de Santa María de Cervelló —ahora, parroquia de Sant Miquel del Port— empieza a mirar hacia otra realidad urbana: la de las personas que, ya entonces, dormían habitualmente en la calle. De aquella mirada inquieta, comprometida y vecinal nace el Proyecto Techo, una iniciativa que, treinta y cuatro años después, sigue abierta cada noche del año.

Pere Agustí Maragall, voluntario del proyecto, no esconde la situación delicada en la que se encuentra la entidad. "Es un proyecto frágil, pero la fragilidad no tiene por qué ser un problema; al revés, es una virtud", afirma. Esta fragilidad, lejos de ser debilidad, ha sido precisamente lo que ha permitido al proyecto adaptarse y sobrevivir durante más de tres décadas. “Lleva 34 años siendo frágil y va sobreviviendo, por tanto, no podemos escondernos de esta fragilidad”, añade.

El Proyecto Sostre nace "como iniciativa absolutamente espontánea de las vecinas y vecinos de la Barceloneta", personas que se reunían los domingos en la parroquia y que compartían una misma preocupación: ¿qué pasaba con aquellos vecinos que dormían en la calle? Para ellos, no sólo era una cuestión de caridad, sino “una cuestión de responsabilidad”. Así, empezaron a organizarse para que estas personas pudieran tener “una cena caliente y un techo bajo el que dormir cada noche del año”.

Todas las noches del año, sin excepción. Hoy el proyecto tiene su sede en la calle Pescadors, número 42, una planta baja con una puerta verde muy característica. "Cada noche dos voluntarios abren la puerta a seis personas sin techo del barrio", añade Agustí. Cuando esta puerta se abre, no sólo se ofrece alojamiento: "Los acogen, están en su casa. Hay una relación familiar desde ese momento hasta el día siguiente a las siete de la mañana".

La entidad acoge a personas que no pueden ser atendidas por otras entidades sociales mayores como Cáritas o Raíces. El motivo es claro: "No tienen condiciones de empadronamiento, de tarjeta sanitaria; son personas que llegan sin estar incorporadas al sistema, sin estar regularizadas". Esta carencia de regularización hace que queden excluidas de los circuitos habituales de atención social. Ante esto, el proyecto actúa como espacio de contención: “Paramos el golpe”, resume el voluntario.

Durante la franja que va de las ocho de la tarde a las siete de la mañana, las personas acogidas recuperan un entorno de dignidad. "Vuelven a vivir un entorno de ser escuchados, de responsabilidad hacia ellos mismos y hacia los compañeros con los que conviven", explica Agustí. Al día siguiente por la mañana entra en juego una figura clave: la educadora social. "Realiza una tarea administrativa y de acompañamiento sanitario muy importante", gestionando empadronamientos, atención médica y ayudas económicas. Todo esto sólo es posible gracias a un elemento esencial: "Todo se fundamenta en la relación de confianza".

El proyecto mantiene condiciones muy concretas de acogida. "Necesariamente, deben ser hombres y mayores de cincuenta años", comenta Agustí, una decisión tomada para facilitar la convivencia dentro de un espacio reducido y gestionado exclusivamente por voluntariado. Cada noche hay seis plazas disponibles, lo que convierte a Techo en un lugar de paso. "Quizás han pasado unas doscientas personas en estos años", calcula. Algunas están meses, otras hasta tres años, dependiendo de la situación personal de cada uno.

Actualmente, el proyecto cuenta con unos 50 voluntarios. Hay quien hace noche, quien prepara cenas y quien participa en la gestión, que es "muy asamblearia, organizada por comisiones de trabajo". Aunque ha nacido en el barrio, hoy el proyecto se ha abierto en toda la ciudad. "Somos voluntarios que venimos de todas partes de Barcelona", explica Agustí, que él mismo no es vecino de la Barceloneta.

Más allá de la ayuda concreta, el voluntariado es vivido como experiencia transformadora. "Es un voluntariado muy bonito, que llena mucho", dice Agustí. No se trata de un acto moralista, sino de una actitud vital: "Aprendemos a hacer voluntariado no en un sentido moral, sino en el sentido del deber de amar al otro. Somos una comunión de fragilidades".

En un contexto de fragilidad social creciente, el Proyecto Techo sigue siendo un espacio pequeño, pero imprescindible, donde cada noche seis personas recuperan, aunque sea por unas horas, la sensación de hogar. La entidad necesita de voluntarios. En caso de querer serlo, se puede consultar la web del proyecto o escribir en el correo electrónico informacio@projectesostre.org.

 

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