'Ecclesia semper reformanda' es la sacudida misionera que pide el prefecto de Doctrina de la Fe
Fuente: Religión Digital
10/01/2026
Había expectación entre los propios cardenales por escuchar al prefecto de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel ‘Tucho’ Fernández, en su intervención en el primer consistorio convocado por León XIV. Tanto es así que uno de los purpurados presentes nos pasó la comunicación del purpurado argentino, con esta nota: “Creo que es bueno difundir este texto, para resituar la figura del prefecto en el contexto actual y, además, porque lo que dijo puede ser muy clarificador para explicar el paso del testigo de Francisco a León”.
Ya en la convocatoria del consistorio y como un claro signo de continuidad, el Papa había pedido a los cardenales que se prepararan leyendo ‘Evangelii gaudium’. Y, de hecho, algunos cardenales destacaron, en la reunión consistorial, que todavía hay que aplicar la exhortación apostólica de Francisco, por lo cual no sería conveniente crear nuevos programas, sino resignificar el texto bergogliano frente a la realidad actual. Y ésa es también la tesis que mantuvo el cardenal Fernández.
“Evangelii gaudium no es un texto caducado con el anterior Pontífice”, subrayó el cardenal Víctor Manuel Fernández ante el Papa León XIV y el Colegio Cardenalicio, marcando una línea de continuidad de fondo entre ambos pontificados. En su intervención, el prefecto de Doctrina de la Fe presentó la exhortación programática de Francisco como un desafío “que no puede quedar enterrado” y como la clave hermenéutica del actual impulso sinodal y misionero: “No se trata de una vieja opción pastoral que pueda ser sustituida por otra”, sino de un modo de concebir toda la vida de la Iglesia desde el anuncio.
Fernández sitúa desde el inicio el eje de su glosa: “Se trata de poner en el centro la proclamación del kerygma y de relanzar esa proclamación con renovado ardor en la salida misionera”. No se trata de repetir “una proclamación obsesiva de todas las doctrinas y normas de la Iglesia, aunque necesarias y valiosas”, sino de anunciar “sobre todo el núcleo del Evangelio, el kerygma”.
Ese núcleo es “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (n. 36), en continuidad con la intuición de Benedicto XVI de que “no se empieza a ser cristiano con una doctrina o una propuesta moral: es la experiencia de un encuentro lo que constituye el fundamento de todo”.
Por eso, el cardenal curial insiste en la categoría estética: “Evangelii Gaudium dice ‘belleza’ porque no basta con anunciar sin mostrar su atractivo”. Hace falta una creatividad capaz de “reconocer los signos de los tiempos actuales y hacer que este anuncio llegue a todos, de modo que puedan admirar su belleza y sentirse atraídos personalmente”.
De ahí la frase programática que recupera: “Si logramos concentrarnos en lo que es más importante y más bello, la propuesta se simplifica […] y así se vuelve más vigorosa y radiante” (n. 35). La pregunta de fondo que propone a los cardenales es incisiva e interpeladora: en todo lo que hacemos y decimos, “¿estás transmitiendo que existe un Dios que ama infinitamente; que Cristo nos ha salvado y sigue salvándonos del pecado, del vacío, de la falta de sentido en la vida; que Cristo vive, camina con nosotros y puede darnos la fuerza para seguir adelante?”
Reordenar la doctrina: un corazón y un resto
De esa prioridad del anuncio pascual, Fernández extrae una consecuencia de gran calado doctrinal y pastoral: “Evangelii Gaudium nos recuerda que no todas las verdades de la doctrina de la Iglesia tienen la misma importancia”. Existe “ante todo un ‘corazón’ (34) o un ‘núcleo fundamental’ (36)”; las demás enseñanzas “son todas verdaderas, pero están relacionadas de diferentes maneras con ese ‘corazón’”.
De ahí los dos riesgos que señala cuando se absolutizan temas parciales: “O bien el anuncio que mueve y moviliza, que toca el alma y revoluciona la vida, no resuena. O bien solo se destacan algunos temas que repetimos, pero fuera del contexto más amplio de la enseñanza espiritual y social de la Iglesia”.
El prefecto no teme mencionar los campos típicamente conflictivos: “A veces acabamos hablando siempre de los mismos temas doctrinales, morales, bioéticos, políticos”, mientras el anuncio “Jesucristo te ama, ha dado su vida para salvarte y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, fortalecerte y liberarte” (n. 164) queda sepultado.
Se trata de una crítica implícita a ciertos sectores eclesiales obsesionados con banderas identitarias, pero formulada en clave de purificación interna: revisar “con frecuencia el contenido de nuestras predicaciones e intervenciones” para que el kerygma no desaparezca bajo un bosque de temas secundarios.
Reforma sinodal misionera: formas al servicio del anuncio
De este replanteamiento nacen las dos peticiones concretas que Fernández dirige al consistorio. La primera: “permanecer abiertos a la reforma de nuestras prácticas, estilos y organizaciones, conscientes de que a menudo nuestros esquemas pueden no ser los mejores”.
No se trata de una “obsesión de cambiar”, sino de que “el kerygma resuene en todas partes y llegue al corazón de todos en los diferentes contextos actuales, capaz de inculturarse de nuevo”.
Fernández resume su primera petición en un principio de enorme densidad: “Ecclesia semper reformanda”. Llama a una “reforma sinodal misionera”, que consiste en “poner en segundo plano lo que no sirve directamente para llegar a todos con este primer anuncio”, y en “poner en primer plano” todo lo que facilita ese objetivo.
La segunda petición es más concreta y táctil: revisar el contenido real de homilías, discursos y todo tipo de intervenciones públicas. “Porque a veces, con buena voluntad, nos entretenemos en muchos temas y ese anuncio queda sepultado”.
Aquí Fernández enlaza Evangelii gaudium con otras grandes intuiciones del magisterio reciente: recuerda que el documento “tiene un capítulo social y otro espiritual”, porque “la relación entre la experiencia de fe y la promoción humana es esencial para no desvirtuar el Evangelio”.
Esa “unión íntima entre la proclamación del kerygma y el compromiso social en la construcción del Reino de Dios” se prolonga –dice– en Gaudete et exsultate, en Dilexit nos y en la reciente Dilexi te de León XIV: anuncio y justicia, oración y transformación histórica, como dos caras de la misma moneda.
Un espíritu misionero que no puede vivir sin Jesús
La intervención del prefecto de Doctrina de la Fe concluye con una llamada al “espíritu” sin el cual toda reforma queda en reforma administrativa. “Si realmente queremos que se produzca un cambio intenso y profundo que movilice y traiga nueva vida, debe surgir un ‘espíritu’, una fuerte motivación interior”.
Ese “espíritu misionero lleno de fervor, entusiasmo y audacia es derramado por el Espíritu Santo”, pero requiere también un trabajo interior: “Comprometernos a motivarnos, a hacer crecer el deseo de la misión, a encontrar estímulos que nos ayuden a desear y amar la misión”.
Y el purpurado recuerda las tres motivaciones espirituales que Evangelii gaudium propone y que “siguen siendo actuales”:
-“Renovar la experiencia de no poder vivir sin el Señor Jesús, sin su amistad y su presencia viva. Él es mi roca, mi tesoro, mi vida, mi esperanza”.
-“Renovar la ‘pasión por el pueblo’, el placer de estar con la gente, la decisión de sufrir y caminar con ellos”.
-Y la “convicción de fe de que nuestra dedicación a la proclamación del Evangelio siempre da frutos, más allá de lo que vemos, más allá de lo que podemos verificar… «sin pretender saber cómo, dónde o cuándo»” (n. 279).
Solo así, concluye, “esta propuesta siempre actual de Evangelii Gaudium nos ayudará a relanzar, junto con el Papa León, una ferviente dedicación a la proclamación del mensaje más hermoso que se puede transmitir a nuestro mundo”.
Y es que, en las palabras del cardenal Fernández, la exhortación programática de Francisco se convierte en el motor espiritual y teológico de una Iglesia en reforma sinodal, menos obsesionada con el control doctrinal y más centrada en anunciar, con belleza y gozo el “mensaje más hermoso del mundo”: que Jesús está vivo, ama, salva y acompaña.

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