Este jueves se produce el primer homenaje a las 45 víctimas que perdieron la vida el 18 de enero de 2026. Una ceremonia que estará macada por la presencia de los reyes y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
Fuente: huffpost
29/01/2026

Los reyes de España hablando con Julio Rodriguez, quien salvó vidas en el accidente ferroviario de Adamuz, Córdoba.
Huelva se prepara para acoger este jueves el primer homenaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), ocurrido el pasado 18 de enero y en el que perdieron la vida 45 personas, además de registrarse cientos de heridos. Se trata del primer gran acto de recuerdo que se celebra en Andalucía tras el aplazamiento del homenaje de Estado, inicialmente previsto para el 31 de enero en la misma localidad, una decisión motivada por el desacuerdo de numerosos familiares con la fecha elegida y de otros que aseguraron que no asistirían.
Han pasado ya dos semanas desde una tragedia que ha dejado una herida profunda e imposible de cerrar. La elección de Huelva como sede del homenaje no es casual: la mayoría de las víctimas eran naturales de esta provincia, lo que ha convertido a la ciudad en uno de los principales epicentros del dolor colectivo que ya se prepara para despedir a los fallecidos. Sin embargo, la organización del acto ha estado marcada por un proceso complejo y no exento de tensiones institucionales y sociales.
¿Qué pasó con el homenaje de Estado?
El 19 de enero, apenas 24 horas después del siniestro —provocado por el descarrilamiento de un tren de la compañía Iryo a la altura de Adamuz y su posterior colisión con un Alvia que circulaba por la vía contigua—, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, afirmó ante los medios que debía celebrarse un homenaje de Estado, si bien recordó que dicha competencia correspondía al Gobierno central.
Dos días después, el miércoles 21 de enero, el propio Moreno anunció que, tras una conversación telefónica con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se había acordado celebrar ese homenaje de Estado el 31 de enero en Huelva. No obstante, el consenso alcanzado entre las administraciones duró poco. La oposición mayoritaria de los familiares a la fecha propuesta llevó finalmente a la suspensión del acto, por motivos que iban más allá del simple calendario.
Desde Moncloa se planteó un homenaje de carácter laico, en un espacio reducido con aforo limitado a unas 350 personas, con el objetivo de garantizar una ceremonia discreta en el que las autoridades no tuvieran una gran exposición público, es decir: centrada exclusivamente en las víctimas y los supervivientes. Esta planificación respondía al temor del Ejecutivo de que el acto pudiera derivar en una situación similar a la vivida en Valencia durante el primer aniversario de la tragedia de la DANA, cuando el entonces president de la Generalitat, Carlos Mazón, fue increpado públicamente por las víctimas, en una escena que dio la vuelta al mundo y desembocó meses después en su dimisión.
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