jueves, 29 de enero de 2026

La hibridación o la espiritualidad sin religión

El éxito de Lux, el último disco de Rosalía, la película Los Domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, abre nuevamente el debate sobre el «retorno a lo religioso» en sociedades, por otra parte, tan profundamente secularizadas como la nuestra.

Fuente:   Noticias Obreras

Por   Pepa Torres

29/01/2026


Fotograma de la película "Los domingos"

La Cátedra José María Martín Patino de la Cultura del Encuentro, en su último Informe España, aporta elementos interesantes a tener en cuenta en este debate. El número de personas que no se sienten identificadas en nuestro país con ninguna religión ha pasado del 13,2% en el año 2000 a 40% en el 2024. El 60% de los jóvenes se consideran «sin religión». La sociedad española se reconoce menos católica, solo un 15-20% se identifica como practicante a la vez que el pluralismo religioso se revela como un dato indiscutible: 10% de minorías religiosas, de las cuales 1,5 millones son personas protestantes y ortodoxas y 2,2 millones son musulmanes y musulmanas.

Junto a ello, una tenencia nueva toma fuerza a la hora de analizar la situación socioreligiosa en nuestro país: la «hibridación» o la «espiritualidad sin religión» en sus múltiples formas. Desde mi perspectiva, esta espiritualidad sin religión creo que hay que contemplarla no como una tragedia, sino como una oportunidad. Ya hace años Giles Kepel (1991) profetizó un renacimiento de la espiritualidad sin religión y de los fundamentalismos religiosos, precisamente como consecuencia de la sequedad y el vacío que han dejado en la cultura el dogma del cientificismo, la razón instrumental y un mundo sin alma.

La espiritualidad no es monopolio de las religiones, sino que parte del misterio y de la capacidad de hondura y de la pregunta por el sentido en el corazón humano, más aún en tiempos tan duros y oscuros como los que atravesamos, marcados por las políticas de la crueldad y la globalización de la indiferencia. La espiritualidad, por tanto, trasciende las religiones y pertenece a toda la humanidad. Me refiero a la espiritualidad como el dinamismo hondo del ser humano que guía internamente, y que nos capacita para vivir en profundidad y plenitud todas dimensiones de la realidad, nos ayuda a procesar y reciclar derrotas, impotencias y adquirir sabidurías y resistencias nuevas. Por eso, el desarrollo de la inteligencia espiritual es fundamental en nuestra cultura.

Lo grave no es la existencia de una espiritualidad sin religión, sino que esta sea coptada por los mercados y los sistemas de dominación. Porque no hay una espiritualidad, sino tantas como modos de estar en la vida y afrontar lo humano, la creación y su misterio. Hay «espiritualidades domesticadas» (espiritualidades light), porque su fin es servir a los sistemas establecidos e integrar en ellos, y hay «espiritualidades salvajes»[1], que constituyen una instancia crítica ante la manipulación del misterio y la instrumentalización de lo humano. Su lugar es siempre la periferia, nunca el centro de los sistemas religiosos y políticos y son generadoras de disidencias y germen de alternatividad frente la deshumanización, la opresión de género, el expolio de la tierra y la injusticia. La espiritualidad cristiana en su matriz más profética estaría en este segundo grupo. Dice Remedios Zafra[2] que «en el impedimento habita también la vida». ¿Como abordar la gran crisis del cristianismo en Europa y la falta de credibilidad de la Iglesia española como una oportunidad para ofrecer la «espiritualidad salvaje» de Jesús de Nazaret en lugar de «esoterismos de fuga mundi»?



[1] Utilizo este término inspirándome en el sentido que lo hace Clara Pincola Estés en su libro Mujeres que corren tras los lobos (Punto de lectura, Madrid, 2001, págs. 22-23).

[2] Entrevista a Remedios Zafra en Justicia Prometida (Mirada CJ, Cristianismo y Justicia 2025).

 

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