miércoles, 7 de enero de 2026

Cuando un tirano captura un dictador, la libertad solo cambia de dueño

No era la droga. O al menos no solo. A Estados Unidos le interesa el petróleo venezolano, y su presidente lo ha dicho sin eufemismos. Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo, incluso por encima de Arabia Saudí.

Fuente:   Religión Digital

Por   José Carlos Enríquez Díaz

07/01/2026

 

La caída de un dictador siempre es recibida como una buena noticia. Es comprensible. Los pueblos sometidos a la arbitrariedad, al miedo y a la miseria suelen aferrarse a cualquier final que prometa alivio. Pero no todas las caídas son iguales, ni todos los finales abren la puerta a la libertad. Cuando un tirano captura a un dictador, la libertad no nace: simplemente cambia de dueño.

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York para ser juzgado por narcoterrorismo ha sido presentada como una operación quirúrgica al servicio de la justicia. Sin embargo, el modo en que se ha producido —una intervención militar sin cobertura del derecho internacional y al margen de la propia Constitución de Estados Unidos— convierte el hecho en un precedente alarmante. No se trata solo de quién cae, sino de quién se erige en juez, policía y administrador de un país ajeno.

 

Donald Trump anunció, sin rubor alguno, que el control de Venezuela quedará bajo su tutela hasta que se produzca una transición. Un presidente extranjero asumiendo de facto el gobierno de otro Estado soberano. No está claro quién pilotará ese proceso, ni con qué garantías, ni con qué límites. Lo que sí está claro es el clima que deja: Caracas ha amanecido paralizada, con las calles en silencio, tiendas cerradas, autopistas bloqueadas y un toque de queda de 72 horas. El miedo no se ha ido; solo ha cambiado de uniforme.

 

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