Mientras la ultraderecha agita la conspiración contra el islam, en un pueblo de Murcia 1.500 musulmanes acaban de renunciar a una cuestión identitaria fundamental: un lugar fijo donde rezar
Fuente: El País
Por Elena Reina
Jumilla (Murcia)
22/03/2026

Musulmanes de Jumilla rezan en el aparcamiento de la piscina municipal, el pasado viernes. Alfonso Durán
Todavía no había amanecido y Moha y su grupo ya tenían una misión: tratar de que nadie en el pueblo se diera cuenta de que en dos baños públicos habían orinado 1.500 musulmanes. Y echaban cubetazos en los aseos con otra complicación extra: que sus padres no vieran una mancha en sus túnicas blancas recién estrenadas para el rezo del fin del Ramadán. Como si nunca hubieran estado allí, porque no saben si podrán volver a hacerlo.
Cuando el escritor francés Renaud Camus elaboró la teoría conspiranoica del Gran Reemplazo, según la cual la población blanca europea está siendo sustituida deliberadamente por islamistas radicales y negros, seguramente no pensaba en Jumilla. En este municipio vitivinícola, a los pies de la Sierra del Carche, de 27.600 habitantes, que vive de las viñas, pero también de lo que una masa de jornaleros pobres cosecha de los campos de Hellín y Cieza, hay una comunidad musulmana que supone el 5% de su censo que acaba de renunciar a una cuestión identitaria fundamental: un lugar donde rezar tranquilos.
Todavía no había amanecido y Moha y su grupo ya tenían una misión: tratar de que nadie en el pueblo se diera cuenta de que en dos baños públicos habían orinado 1.500 musulmanes. Y echaban cubetazos en los aseos con otra complicación extra: que sus padres no vieran una mancha en sus túnicas blancas recién estrenadas para el rezo del fin del Ramadán. Como si nunca hubieran estado allí, porque no saben si podrán volver a hacerlo.
Cuando el escritor francés Renaud Camus elaboró la teoría conspiranoica del Gran Reemplazo, según la cual la población blanca europea está siendo sustituida deliberadamente por islamistas radicales y negros, seguramente no pensaba en Jumilla. En este municipio vitivinícola, a los pies de la Sierra del Carche, de 27.600 habitantes, que vive de las viñas, pero también de lo que una masa de jornaleros pobres cosecha de los campos de Hellín y Cieza, hay una comunidad musulmana que supone el 5% de su censo que acaba de renunciar a una cuestión identitaria fundamental: un lugar donde rezar tranquilos.
“En el Gobierno podrían haberlo hecho como siempre, en el polideportivo. Pero no quieren tener problemas con Vox”, denuncia la exalcaldesa del PSOE, Juana Guardiola, presente en el rezo. “Me ha emocionado y he sentido vergüenza de ver que no pudieran realizar su rezo en mejores condiciones, porque no hay ningún motivo; en todas las poblaciones cercanas se están haciendo, ¿por qué en Jumilla no? Se les ha negado”, declaraba al finalizar el acto Guardiola.
Un hombre vestido de blanco y sonriente vigilaba cada esquina del aparcamiento donde se preparaban para rezar cientos de musulmanes.“Todo tiene que estar limpio, pero en un sitio así no es tan fácil”, señalaba Mohamed Chakour, vicepresidente de la comunidad islámica de Jumilla y fundador de su mezquita principal en el año 94, cuando muchos como él, inmigrantes marroquíes, tenían que viajar hasta Alicante para encontrar una cercana.
El resto de Jumilla se mantenía ajena a una polémica que siempre vino de fuera. Algunos vecinos curiosos miraban de reojo mientras cruzaban la calle una ceremonia que observaban por primera vez en su pueblo, aunque llevara celebrándose más de una década. “¿Si esta gente paga sus impuestos como nosotros por qué no van a poder pedir un espacio como el resto?”, comentaba un parroquiano en una cafetería cercana. “Yo la verdad es que no entiendo por qué tanto escándalo por eso”, apuntaba otra que se enteró por las noticias del verano pasado de que llevaban tanto tiempo haciendo esta celebración en su pueblo.
El nuevo espacio al aire libre y abierto, encajado en un rincón entre una de las principales avenidas de Jumilla y una de las calles que suben al centro, lo ha hecho más visible que nunca. Y mucho más expuesto. Pese a los miedos de algunos musulmanes como Fátima, que reconoce haber pasado la mañana mirando a cada esquina, un agente de la Policía Local tenía otra preocupación en mente: “Esperemos que no llueva, porque entonces no sé qué va a hacer toda esta gente”.
—¿Y hay previsto un plan b?
—Que su Dios y el nuestro se pongan de acuerdo.
Hacia las 8.46, tras arrancar un sermón similar a una misa, ante una multitud hincada en sus alfombras, un joven con acento murciano tomaba el micrófono: “Nuestra presencia en España requiere responsabilidad. Este país nos ha acogido y debemos responder con fidelidad y dar a conocer el islam a través de nuestro comportamiento”. Una trabajadora social del municipio, Fina Molina, explicaba que ese adolescente era realmente jumillano: “Ese es el problema, que ni siquiera se sienten como nosotros, como si no tuvieran los mismos derechos”.
Y de repente, la conspiranoica teoría del Gran Reemplazo que agitan las élites en el mundo, también recientemente desde Madrid, se estrellaba silenciosa en un aparcamiento de Jumilla.
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