lunes, 9 de marzo de 2026

Los obispos alertan de que el “bombardeo emocional” de algunas iniciativas eclesiales puede ser una forma de “abuso espiritual”

La Conferencia Episcopal publica una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de la fe ante el surgimiento de experiencias apostólicas como Emaús, Alpha o Hakuna, aunque evitan citarlas literalmente

Fuente:   Vida Nueva

Por   Rubén Cruz

03/03/2026

 


“Existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un bombardeo emocional que podría considerarse una forma de abuso espiritual”. Así de contundente es la nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de la fe, que lleva por título ‘Cor ad cor loquitur’ —’El corazón habla al corazón’—, y que la Conferencia Episcopal Española ha publicado hoy ante el surgimiento de experiencias apostólicas como los retiros de Emaús, los grupos Alpha o Hakuna, aunque evita citarles literalmente.

“Tal abuso -prosiguen- puede manifestarse en forma de presión emocional del grupo, que hace que los individuos se vean obligados a sentir lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia. E incluso a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas, que desvirtúan una auténtica visión de Dios”.

Por otra parte, insisten en que “el emotivista resulta más fácilmente manipulable. Muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones”.

 

Desde Newman hasta León XIV

La Comisión para la Doctrina de la Fe emplea como título del documento el lema cardenalicio del recién declarado doctor de la Iglesia, san  John Henry Newman, que se inspiró en san Francisco de Sales. Y es que en este lema se encierra, según el Episcopado, el tema central de la nota: que la vida espiritual y el encuentro con Dios “afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva”.

Pero no solo recoge la teología de Newman, porque el documento también se apoya en el Catecismo, los documentos del Concilio Vaticano II y del Sínodo de la Sinodalidad, sociólogos como Zygmunt Bauman, santos tales como san Agustín o san Ignacio de Loyola o los últimos pontífices –León XIV, Francisco, Benedicto XVI, Juan Pablo II o Pío XII-.

En su justificación, el presidente de la Comisión y obispo de Solsona, Francisco Conesa, subraya que la reflexión está motivada por los diversos signos de un “renacer de la fe cristiana” en la sociedad, así como el surgimiento de “diversas iniciativas de primer anuncio”.

La Iglesia valora su “creatividad” y reconoce “una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana”.

De esta forma, los obispos ofrecen esta nota –aprobada por la Comisión Permanente– para “ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia”.

 

Consumidores de experiencias de impacto

Como explican los prelados, “en todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer impacto en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo”. “A ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo”, agregan.

Sin embargo, “no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo emotivista de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual”, explican, para luego continuar: “El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida”.

Para el Episcopado, “resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales”. “Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien”, aseveran.

Más adelante, el texto firmado por Conesa, señala que “los métodos de evangelización, a los que nos hemos referido -aunque ciertamente no se refieren a ellos de manera literal-, ayudan a descubrir la importancia del aspecto emotivo de la vida cristiana”.

Ahora, “el reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas”, porque “sería contradecir la misma Palabra de Dios, que tiene muy en cuenta la dimensión afectiva de la relación entre Dios y el ser humano”.

En esta línea, insisten en que “la afectividad, como dimensión humana fundamental en armonía con la razón y la voluntad, supera al mero sentimentalismo y libera a la fe de las redes del subjetivismo y del emotivismo”.

 

Criterios teológico-pastorales

En el apartado de criterios teológicos-pastorales para el discernimiento, los obispos apuntan que “la fe no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo”.

Por ello, “resulta particularmente oportuno iniciar itinerarios catecumenales y procesos formativos de discipulado y acompañamiento en la maduración de la fe con aquellos que han realizado una primera conversión al Señor”.

A renglón seguido, Doctrina de la Fe subraya que “es importante valorar la capacidad que tienen estas nuevas iniciativas evangelizadoras para integrar en la vida comunitaria”. “Será, por tanto, un signo de eclesialidad que estos nuevos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes”, añaden.

Así, “los frutos de los nuevos métodos de evangelización pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”)”.

No menos importante es para los obispos la dimensión ética y caritativa de la fe. “El verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y el mundo”, detallan.

Y agregan: “La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino”.

De hecho, “el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales”.

Obviamente, tampoco pasan por alto la dimensión celebrativa. “El creyente ha de cuidar la dimensión celebrativa del acto de fe con una liturgia viva en la que festeje comunitariamente la gratuidad del encuentro con Cristo”, indican.

“Las iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración espiritualista desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas”, añaden. Y completan: “En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento”.

En síntesis, los obispos exhortan a “abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente”.

 

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