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lunes, 9 de noviembre de 2020

Comienza en Australia el juicio contra medios por informar durante caso Pell

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:   La Vanguardia

Autor/a:   EFE

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 Sídney (Australia), 9 nov (EFE).-

 


Una treintena de periodistas, editores y grupos mediáticos de Australia se sientan desde este lunes en el banquillo de los acusados por el delito de desacato al informar sobre el proceso por pederastia contra el cardenal George Pell a pesar de una orden judicial que les impedía hacerlo.

En junio de 2018, un juez australiano impuso una orden de supresión para evitar que la decisión sobre el juicio contra Pell por abuso sexual influyera en otro proceso pendiente por pederastia contra el religioso.

A raíz del fallo de culpabilidad, emitido por un tribunal de primera instancia en diciembre de 2018, varios medios australianos presuntamente se saltaron la prohibición, que sería formalmente levantada en febrero de 2019 al quedar sobreseído el segundo proceso.

Pell, otrora número 3 del Vaticano, fue condenado más tarde a seis años de prisión por cinco cargos de abuso sexual, fallo ratificado en agosto de 2019, pero revertido en abril por la máxima instancia judicial del país.

domingo, 12 de mayo de 2019

Pederastia eclesial, diaconado femenino y reforma de la Curia. Un alto en el camino



Jesús Martínez Gordo
(Teólogo)

Conviene hacer un alto en el camino para mirar lo andado durante estos primeros meses del 2019 y, levantando la vista, otear el horizonte más inmediato al que se dirige la Iglesia católica en los restantes. El cuatrimestre que acabamos de despedir ha estado marcado por el drama de la pederastia eclesial, por la Cumbre de presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en Roma (21-24 febrero) y por el discurso final del Papa. No le han faltado críticas, cierto que, con muy diferente fundamento, por haber contextualizado esta tragedia en el marco de una plaga mundial silenciada y particularmente presente en las relaciones de proximidad; por haber culpado de ella a Satanás, tirando balones fuera; por no haber propuesto medidas concretas; por no haber dado más protagonismo a las víctimas y por no haber atajado el clericalismo, la causa más radical de tan deleznable comportamiento.

En el tiempo transcurrido desde la clausura, el Papa Bergoglio ha aprobado —tal y como se acordó en la Cumbre— una nueva legislación al respecto y hemos sabido que va a incorporar, en breve, entre las Instituciones ligadas a la Santa Sede, la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, creada en 2014. Pero, quizá, su mejor servicio haya sido que, tras años de silencio cómplice, está logrando socializar en toda la Iglesia el criterio del “encubrimiento cero”, así como primando la escucha y acompañamiento a las víctimas, sin descuidar la reparación del daño causado hasta donde sea posible. En el origen de este radical cambio —promovido, no se olvide, por él— se halla su encontronazo, por esta cuestión, con algunos medios de comunicación chilenos visitando aquella Iglesia; la posterior investigación para poder contar con datos fiables; su reconocimiento público de haber estado deficientemente informado y de haber adoptado decisiones erróneas, (como el nombramiento de obispos acusados de encubrimiento) y, sobre todo, el Informe sobre la pederastia en algunas diócesis de Pensilvania (2018).

lunes, 22 de abril de 2019

Víctimas infantiles de abusos e hipocresía social

María Teresa Bazo
Catedrática de Sociología
(En DV 21/04/2019)


Sólo desde hace unas décadas se ha ido conociendo y tomando conciencia de la existencia de malos tratos y abusos sexuales cometidos por familiares, profesores, monitores, personal sanitario, religiosos, contra menores. Esto lleva a debatir y tratar de prevenir tales conductas. Siempre causa asombro social que un padre, un sacerdote, un profesor hayan abusado así de la confianza de niños y niñas inocentes. No todos los victimarios se manifiestan igual. Los hay violentos y amenazadores, y también manipuladores que fingiendo 'educarles' y compartir un secreto 'como amigos' llevan a los niños a sufrir en silencio. La ruptura de esa confianza tiene un efecto letal en la maduración de esos niños.
A finales de los años 90 comencé a interesarme dentro de mis líneas de investigación por el problema de los malos tratos a las personas mayores, que incluyen el abuso sexual también, y obtuve en universidades e instituciones fuera de España porque aquí no existían publicaciones, información sobre el estudio de la violencia familiar principalmente e institucional, así como sobre el decurso histórico de los descubrimientos sociales de los distintos tipos de violencia, y las diversas teorías al respecto. El interés por el tema de la violencia familiar surge en primer lugar por el maltrato infantil y en los años 70 comienza la investigación y publicación sobre dicho problema. Se entiende que viene a ser el origen del interés social que se ha ido generando posteriormente por las diversas manifestaciones de la violencia. Así van surgiendo preocupaciones académicas y sociales por formas concretas de abuso y maltrato, como el abuso sexual de los niños y niñas, definiéndose definitivamente como 'problema social' a finales de los años 80. Socialmente ha costado mucho entender que los niños podían sufrir abusos sexuales en el entorno familiar, pues la familia se considera el entorno protector donde mayores y pequeños pueden sentirse seguros. Personas que habían sido abusadas en su infancia comienzan a dar testimonio de ello y se produce una conmoción social ante hechos que considerados tabú habían quedado siempre ocultos. Eso lleva a reconocer socialmente la perpetración de esas conductas no sólo en la familia, donde suceden mayoritariamente, también en los colegios, en las iglesias, en los centros de protección social, en los clubs juveniles, en los centros sanitarios. En cuanto al género las niñas y las mujeres jóvenes son mayoría entre las víctimas.
A finales de los años 90 en Gran Bretaña se discutía si era pertinente crear un registro para que constaran aquellos que habían cometido delitos sexuales, lo que evitaría poder contratarlos en centros de enseñanza, deportivos, centros de acogida para menores, residencias y centros para personas ancianas. Se contemplaban los distintos aspectos jurídicos y éticos que la iniciativa entrañaba. En 2003 una ley lo permitió y se creó una base de datos de quienes cometen delitos violentos y sexuales.
El Papa Francisco ha pedido perdón al mundo entero por las prácticas nefandas de algunas personas consagradas, así como por el silencio de quienes lo conocían y ocultaban, especialmente si eran sus superiores. Al mismo tiempo ha convocado a los Obispos del mundo para adoptar las líneas de conducta apropiadas para evitar la perpetración de tales hechos y su ocultamiento. Han sido aplaudidas la acción y medidas de la Santa Sede. Llama la atención la insistencia de algunos medios de comunicación en España en señalar continua y repetidamente a la Iglesia Católica. Me llama todavía más la atención lo rápido que se olvida los actos execrables cometidos por miembros de otras instituciones.
No creo que los gobiernos de España u otros países hayan pedido perdón por los niños abusados en las instituciones públicas. Angela Merkel sí reconoció que en Alemania no solo se habían cometido abusos por miembros de la Iglesia Católica, sino también en otras iglesias, y en instituciones estatales. Tampoco se ha oído decir que lo hayan pedido grandes organizaciones internacionales, como Naciones Unidas por los hechos execrables cometidos por sus soldados enviados para proteger una población determinada, como se publicó a principios de 2018 sobre los perpetrados en Sudán del Sur por soldados nepalíes y de Ghana. Han investigado y rechazado esas conductas, han apartado a sus autores pero no han pedido perdón, que yo sepa. Tampoco tengo información de que hayan pedido perdón ONG reputadas, aunque hayan apartado a esos trabajadores humanitarios que habían abusado de mujeres y niñas convertidas en prostitutas en lugares devastados por las guerras o las catástrofes naturales, como se denunció en Haití.
The Times desveló en 2003 prácticas execrables de algunos miembros de organizaciones de la ONU, según un informe de 2001 por trabajadores de dicha institución denunciando esos hechos, en el que se señala a trabajadores de más de 40 ONG que habían abusado y explotado a niños incluso entre los refugiados. La ONU conocía dichos escándalos.
Parece lógico que se agradezca a la Iglesia Católica su labor educativa sanitaria y asistencial en los países desarrollados y en los más pobres. Y también, porque sirve de ejemplo a las organizaciones, su valentía basada en la Fe en ser la primera gran institución internacional en pedir perdón, y hacer frente a este problema.

sábado, 13 de abril de 2019

Reflexiones… sobre la pederastia en el clero

Javier Elzo Imaz


Unas pocas reflexiones tras la lectura del documento de Redes Cristianas sobre la pederastia en el clero.

Estando de acuerdo con los objetivos del texto y con la gran mayoría de las medidas propugnadas me permito disentir de algunos aspectos, que exigen, a mi juicio obviamente, mayor profundización. Lo que leo es brocha gorda y la gravedad de la lacra de la pederastia en el clero, precisamente por su extensión y gravedad, exigen brocha fina, análisis más radical (ir a las raíces del tema, que son muchas) y más mesura en las formas.

—El principio de “tolerancia cero” que viene de EE. UU es muy criticado por penalistas, criminólogos, sociólogos, pedagogos etc. Supone no discriminar la gravedad de los delitos ni las consecuencias de las penas emitidas. Por ejemplo, en la actualidad, merced a ese principio, se están separando los niños de sus padres en la frontera entre Méjico y los EE.UU.

—Cuidado con el principio de “no prescripción de los delitos”, incluso el de pederastia. Escuchar a magistrados sobre este tema es muy instructivo.

La mezcla de los dos principios anteriores supondría que un tocamiento a un menor, condena de por vida, en el contexto que nos ocupa, al sacerdote. ¿Es que hemos eliminado de nuestra vida el principio de reinserción del delincuente? ¿Es que la justicia debe ser vengativa, y de por vida, y no restaurativa?

Las “victimas” como categoría sociológica uniforme no existe. Hay víctimas y víctimas, aunque todas sean víctimas. Depende de muchos factores: el grado de agresión recibido, las secuelas que le ha dejado, la lectura que la propia víctima del daño padecido etc., etc. En el País Vasco sabemos algo de esto. 

Por supuesto que hay que “aceptar la crítica que llega desde las propias víctimas”. Pero estoy en desacuerdo con la continuación de la frase cuando se afirma que “es a su autoridad a la que han de someterse el papa, los obispos y todo el clero”. A la autoridad, ¿de qué víctimas?. Es fácil y tramposo seleccionar a solamente determinadas víctimas y no a otras. Me suena a aquello de un ministro de Interior cuando afirmó que “las victimas siempre tienen razón”. Por favor léase a Ricoeur y Todorov, ellos también víctimas (del nazismo el primero, del comunismo el segundo) cuando escriben sobre el tema.

Por favor, no mezclar en un totum revolutum, el colectivo LGTBI, la ideología de género, el aborto, el divorcio, el matrimonio de los sacerdotes, el sacerdocio de las mujeres, las parejas de hecho, el matrimonio igualitario, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, etc., etc.

Es injusto traer a colación la muy criticable expresión de Francisco “todo feminismo termina siendo un machismo con faldas” y añadir que se trata de “unas palabras sólo concordantes con la línea ideológica de los partidos de la extrema derecha, como VOX en España”, cuando el propio Papa ya ha reconocido su error y ha explicado el contexto en el que pronunció esas palabras. Que un papa aparezca con un hombre falible (yo tampoco estoy de acuerdo con todos sus planteamientos), y que reconozca públicamente que se ha equivocado, es para quitarse el sombrero. Este papa es una bendición. También por sus limitaciones.

No quiero alargarme. He escrito mucho, he dado conferencias, y algunas cosas he publicado sobre este tema. Todo está en mi blog si a alguien le interesa. Me une a los firmantes del documento de Redes Cristianos el mismo dolor por la lacra de la pedofilia, comparto, lo repito, lo esencial de su análisis, pero no el tono del mismo, ni algunas de las ideas del texto. Dicho sea con el mayor de los respetos.



Donostia San Sebastián 11 de abril de 2019

Javier Elzo
 

martes, 12 de marzo de 2019

Demasiadas víctimas de abusos





Por Jordi Llisterri i Boix. Dom, 10/03/2019
en Laeto animo



Me van a perdonar porque si alguien quiere girar el sentido de este texto pensará que nos preocupa más la Iglesia que las víctimas. Sólo es una perspectiva más que complementa el epicentro del terremoto que vivimos estos días: las víctimas que han sufrido abusos.

Josep Maria Tamarit, catedrático de derecho penal que encabeza un estudio académico sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica en España, aparecía hace unos días en una entrevista en el AraAfirmaba que los datos disponibles, basados principalmente en uno de los pocos estudios realizados, en 1994, "especificaba que un 1% de los encuestados habían sufrido abusos de la Iglesia católica. Si partimos de una población de 40 millones, serían 400.000 personas". Si hacemos la proyección en Cataluña serían 75.000 personas las víctimas de los abusos del clero.

Si el estudio de 1994 al que se refiere es el de Félix López, este también pondría de manifiesto que un 18,9% de la población española habría sufrido algún tipo de abuso sexual durante la infancia. Ocho millones de españoles, o un millón y medio de catalanes. Si los datos de los que disponemos son estos, relatan una situación insostenible y de alarma social. Un millón y medio de catalanes víctimas de abusos.

Un recuento de los casos conocidos y publicados en la prensa de sacerdotes y religiosos acusados ​​de abusos a menores en Cataluña me da una cifra de 29 acusados, expuestos aproximadamente por un centenar de víctimas. La mayoría ya hace años que se conocen. Pero de estos 29 acusados, nueve se han hecho públicos durante las primeras semanas de 2019. Son los casos más recientes que tenemos en mente. Buena parte de los hechos se remontan a los años 70 y 80.

Estos son los datos que tenemos. Cualquier dato ya nos dice que hay demasiadas víctimas de abusos a menores. "Un solo caso de abuso en la Iglesia representa ya en sí mismo una monstruosidad", decía el Papa Francisco.

Pero la exposición de estos casos también ha generado otras víctimas colaterales que no salen en los recuentos y en los estudios. Y que suman miles en Catalunya:

-La comunidad eclesial. La Iglesia católica es la única institución con suficiente continuidad histórica que permita pedirle un rendimiento de cuentas por hechos del pasado. Desde los abusos de hace 30 o 40 años, hasta las infidelidades al Evangelio de las primeras comunidades cristianas. Todos recordamos jefes de Estado pidiendo perdón por genocidios o barbaries que cometió su país en el pasado, pero a nadie se le ocurre hacer recaer la responsabilidad de aquellos hechos en la persona que protagoniza este gesto simbólico. Tampoco se le pedirá cuentas a nadie por lo que pasaba en los años 60 o 70 en las escuelas estatales. En la Iglesia, en cambio, la culpa sigue recayendo en la institución.

domingo, 3 de marzo de 2019

Cumbre antipederastia


El pasado domingo, 24 de febrero, al regresar a casa por la noche, encontré que unos cuantos amigos me habían escrito diferentes comentarios sobre la llamada cumbre antipederastia o antiabusos eclesiales. Gracias a ellos percibí que la información a la que habían tenido acceso les había dejado perplejos -cuando no indignados- por lo que allí, supuestamente, se había dicho y no hecho. De entre todos, hay dos que me siguen pareciendo particularmente significativos. Según el primero, el papa habría cometido un gran error culpando a Satanás de la pederastia, tal y como había oído en una radio de alcance estatal.

“¡Qué decepción! ¡Qué antiguo! ¡Cuánta caspa! -se desahogó- ¡Pobres infantes! ¡Pobres padres!” Y concluyó: “para este viaje no hacían falta tantas alforjas”. “La cúpula de la Iglesia es el ‘instrumento de Satanás’”! Mi respuesta fue, de momento, el silencio. Había estado fuera todo el día y no tenía información fiable que facilitarle ni comentario que hacer. Solo me quedaba saber qué había pasado o, mejor dicho, qué había dicho Francisco ese domingo en el discurso de cierre del encuentro episcopal. Un poco más tarde recibí la segunda reacción de otro buen amigo, igualmente indignado: “¡Vaya tomadura de pelo la cumbre de prelados en el Vaticano sobre la pederastia! ¡Una vergüenza!”

Confieso que, a partir de ese momento, me quedé preocupado. Era cierto que no había seguido el final del encuentro episcopal con el detalle requerido y, conociendo la ecuanimidad de estas dos personas, me sorprendía su reacción indignada. Algo “gordo” había pasado ese día en el Vaticano que se me había escapado y sobre lo que este último amigo parecía tener la oportuna información. Por eso, inquieto, le pregunté: “¿has leído la documentación? Yo todavía no he tenido tiempo. A ver si lo puedo hacer mañana o pasado”. Su respuesta me desconcertó y, a la vez, me dejó alguna clave explicativa: “mándame la información que te vaya llegando. Gracias”. Al día siguiente le facilité el acceso a tres informaciones: la primera, un escrito de J. I. González Faus sobre lo que llamaba “Pederanálisis” y que se puede encontrar en la red. La segunda, los 21 puntos de reflexión entregados a los obispos para luchar contra la pederastia. Y la tercera, una noticia en la que F. Lombardi, coordinador del encuentro, comunicaba en la rueda de prensa final que la Santa Sede contaría “en el plazo máximo de uno o dos meses con una nueva legislación para luchar contra los abusos” y “proteger a los menores y a las personas vulnerables”. 

Y sin más dilaciones, me puse a leer el discurso del papa buscando esa referencia a Satanás como el culpable de la pederastia eclesial. La verdad es que me encontré con un documento que me llamó la atención por la contextualización que ofrecía de la pederastia eclesial. Al releerlo, no veo en el texto, ninguna voluntad de poner en marcha el ventilador del “y tú más”, sino una lúcida y necesaria contextualización: según “organizaciones y organismos nacionales e internacionales (OMS, Unicef, Interpol, Europol y otros) la tragedia de la pederastia, constata Francisco, es un “fenómeno con frecuencia subestimado”, en particular, “en el ámbito familiar”, “en el barrio, la escuela, el deporte y también, por desgracia, el eclesial”. Y después de facilitar cifras aterradoras (que invito a leer) apunta, de manera tan cruda como autocrítica y sin paliativos: “la inhumanidad del fenómeno” de la pederastia “es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética”. Concretamente, las personas consagradas que “se dejan subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad” se convierten “en instrumento de Satanás”, es decir, “del dios del poder, del dinero, del orgullo y de la soberbia” que, sintiéndose “señor del mundo”, “no perdona ni siquiera la inocencia de los pequeños”. Esta crueldad, prosigue el papa Bergoglio, hay que combatirla protegiendo a los menores; llevando ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes; activando una política de prevención; siendo exigentes en la selección y formación de candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; no encubriendo ni infravalorando a las víctimas; acompañando a las personas abusadas; combatiendo el turismo sexual y preservando a los menores de las nuevas formas de abuso sexual en el mundo digital y en las redes. 

Una vez leída esta intervención del papa Francisco escribí al primero de mis amigos: acabo de leer despacio el discurso final y no encuentro que haya echado balones fuera culpando a Satanás de la pederastia. Nada de eso. Ya sé que no siempre es fácil, pero quizá sería bueno ir a las fuentes para tener una opinión que, además de propia, estuviera debidamente fundamentada. Te adjunto el texto íntegro por si quieres leerlo. Repasa después el enlace en el que se dice que "la Iglesia estrenará leyes contra los abusos en dos meses" y ya tienes todo lo que ha dado de sí esta cumbre y su hoja de ruta. 
 
Un abrazo.
 
 Jesús Martínez Gordo

jueves, 28 de febrero de 2019

Discurso del Papa en la cumbre antiabusos. Texto integro




Queridos hermanos y hermanas:

En la acción de gracias al Señor, que nos ha acompañado en estos días, quisiera agradeceros también a vosotros por el espíritu eclesial y el compromiso concreto que habéis demostrado con tanta generosidad.

Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades. Solo de manera relativamente reciente ha sido objeto de estudios sistemáticos, gracias a un cambio de sensibilidad de la opinión pública sobre un problema que antes se consideraba un tabú, es decir, que todos sabían de su existencia, pero del que nadie hablaba. Esto también me trae a la mente la cruel práctica religiosa, difundida en el pasado en algunas culturas, de ofrecer seres humanos —frecuentemente niños— como sacrificio en los ritos paganos.

Sin embargo, todavía en la actualidad las estadísticas disponibles sobre los abusos sexuales a menores, publicadas por varias organizaciones y organismos nacionales e internacionales (Oms, Unicef, Interpol, Europol y otros), no muestran la verdadera entidad del fenómeno, con frecuencia subestimado, principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados,[1] en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar.

De hecho, muy raramente las víctimas confían y buscan ayuda.[2] Detrás de esta reticencia puede estar la vergüenza, la confusión, el miedo a la venganza, los sentimientos de culpa, la desconfianza en las instituciones, los condicionamientos culturales y sociales, pero también la desinformación sobre los servicios y las estructuras que pueden ayudar. Desgraciadamente, la angustia lleva a la amargura, incluso al suicidio, o a veces a vengarse haciendo lo mismo. Lo único cierto es que millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales.

Sería importante presentar los datos generales —en mi opinión siempre parciales— a escala mundial,[3] después europeo, asiático, americano, africano y de Oceanía, para dar un cuadro de la gravedad y de la profundidad de esta plaga en nuestras sociedades.[4] Para evitar discusiones inútiles, quisiera evidenciar antes de nada que la mención de algunos países tiene el único objetivo de citar datos estadísticos aparecidos en los informes mencionados.

lunes, 11 de febrero de 2019

Monjas abusadas sexualmente, silencios en la prensa y la respuesta francesa a la pederastia del clero

El sábado a la 8,06 de la mañana entró en mi correo electrónico un boletín de Religión Digital, portal al que estoy suscrito: https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/FMfcgxwBVWShkClSChLPsCnBvzqxndPC. Lo consulté un par de horas después y me quedé patidifuso con el titular que lo abría. Lo titulaba así: “Cuatro de cada diez religiosas en el mundo han sufrido abusos sexuales a manos de curas y obispos”. Que curas y obispos, así como cardenales, habían cometido abusos sexuales a menores, así como a monjas, era cosa sabido y, particularmente en el abuso a menores, yo mismo ya había escrito, escandalizado por tal lacra, cuatro textos que, referenciaré más abajo. También sabíamos, el propio Papa Francisco lo había denunciado, que había habido abusos y violaciones a religiosas por parte de miembros del clero católico. Pero que cuatro de cada diez religiosas hubieran sufrido esos abusos sexuales, me dejó estupefacto. Que la prensa tenga tendencia a subrayar lo negativo sobre lo positivo es cosa bien conocida y he escrito a veces sobre este tema. Pero, hay exageraciones increíbles que ninguna persona, ideológica y mentalmente equilibrada, puede dar por buena.

Pero, obviamente, me introduje en el texto de Religión Digital que, además viene firmado por su Redactor Jefe, Jesus Bastante, a quien conozco desde hace años y considero amigo, y su lectura, digámoslo suavemente, me sorprendió sobremanera.

La afirmación que encabezada la información venía sostenida por esta frase: “Ha habido casos en los que los sacerdotes dejaron embarazadas a las monjas y luego las obligaron a abortar", denuncia Doris, que aporta datos de un informe, que apunta que "el 40% de las religiosas han sufrido abuso sexual, el 10% antes de unirse a la vida religiosa y el 30% después". (Doris (Wagner) Reisinge, es una joven alemana que, siendo religiosa, sufrió abusos por parte de varios sacerdotes). Pero, en ningún momento se indica en Religión Digital quién, cuando, con qué método, en qué universo (en qué país, o continente) con qué muestra estadística, etc., etc., se realizó el Informe. Tampoco donde está publicado. Inmediatamente escribí un comentario en Religión Digital, indicando lo arriba señalado, sin que 24 horas después haya recibido respuesta alguna. Concluía mi texto con estas palabras: Amigo Jesús, dar así, y en portada, la información de la lacra de la pederastia en el clero, por la no pocos llevamos denunciando, escribiendo y proponiendo medidas concretas a adoptar en la Iglesia, desprestigia fuertemente la credibilidad de Religión Digital.


Religión Digital tiene a gala, y con razón, no ocultar los datos que van surgiendo de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero. Creo que es una actitud de agradecer cuando ha habido, y sospecho que siga habiendo, silencios culpables dentro de la iglesia de estos hechos. El agradecimiento es mayor, (al menos el mío) cuando hay medios que de la Iglesia solamente sacan a relucir los datos y hechos negativos. La eclesiofobia es patente y evidente en no pocos medios de comunicación españoles, y no de los marginales, precisamente. Lo muestra, con toda evidencia, cuando no dan cuenta de algunas reacciones de personas y colectivos católicos que han (hemos) reflexionado, denunciado, criticado y propuesto medidas concretas a adoptar en la Iglesia. Pero ese tipo de noticias no interesan. ¡Ay, pero si un cura toca el culo a una monja es noticia! Y si es obispo va a primera plana.

Por eso es de agradecer que en Religión Digital (como en otros portales de información religiosa, pero hoy, aquí, escribo sobre una noticia de Religión Digital) es de agradecer, decía, que, junto a las noticias de abusos, también den cuenta de lo que se trata de hacer y se hace en el ámbito eclesial. Así, en el Colegio Mayor Chaminade este miércoles 13 en Madrid, a las 19.00 un “Debate público entre víctimas de abusos a menores y miembros de la jerarquía eclesiástica y religiosa”, organizado, precisamente por Religión Digital y Redes Cristianas. Pero, lo repito y remacho, la información que se da en la apertura de Religión Digital del sábado 9 de febrero de 2019, con la inexistente apoyatura en su interior del titular de la misma, es, no solamente insostenible, es extremadamente criticable. No es serio.

Maxime cuando, como lo indico más arriba, las reacciones contra esta lacra por miembros y colectivos de gran parte de la prensa española son silenciados. Doy un ejemplo de una muy importante reacción de un colectivo de entidades católicas y me permito señalar mis propios textos al respecto.

Recuerdo que una serie de instituciones católicas publicaron el 17 de septiembre pasado unas reflexiones sobre los escándalos de pederastia en el clero bajo el título de “Perdón”. Son diez y siete páginas de reflexiones sin desperdicio alguno clero. Pero más allá de algunos portales específicamente religiosos y algunos blogs de los firmantes del documento, ningún otro medio de comunicación, con la única excepción del Diario de Galicia (salvo error por mi parte), creyó de interés hacerse eco de este documento. Y bien que han dado (lógicamente) alas a la pederastia del clero. Algún día, alguien, profundizará en la indiferencia de no pocos medios españoles ante la dimensión religiosa de los españoles y ante la inquina y escarnio sectario hacia la Iglesia católica de no pocos de esos medios, (de los más poderosos, por cierto), Iglesia que nadie como los católicos sabemos lo que tiene que cambiar. Personalmente he escrito un libro cuyo título lo dice todo: “Morir para renacer. Otra iglesia posible en la era global y plural”. (Editorial San Pablo, 2017). ¿Creen Uds. que alguno de esos medios se ha dignado señalar la existencia de este libro? Y como este hay muchos de este tenor que se escriben en España sin practica publicitación salvo en medios religiosos. Son como libros clandestinos, me decía un amigo, por cierto, muy de izquierdas.

Sobre el tema de la pederastia en el clero he escrito estos cuatro textos.

El 3 de octubre de 2018: La pederastia en el clero: breves apuntes para una lectura sociológica. Se puede consultar aquí: https://javierelzo.blogspot.com/2018/10/para-una-sociologia-de-la-pederastia-en.html.

El 17 de noviembre pronuncié una conferencia, en la Catedra de Teología de la Universidad pública de Granada bajo este título: “Abusos de menores y credibilidad de la Iglesia”. Envié, por email, un texto. No sé si lo han publicado o colgado en la red. Lo pueden consultar en mi blog. https://javierelzo.blogspot.com/2018/11/abusos-de-menores-y-credibilidad-de-la.html.

En el reciente número de enero-febrero de 2019 de la revista “Razón y fe” (pp.59-70), me han publicado el artículo titulado “Abusos de menores en la Iglesia. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Breves apuntes sociológicos”.

En fin, en diciembre pasado envié otro texto pensando en la posible publicación de un libro colectivo en EE. UU codirigido por Anthony Blasi y Lluis Oviedo, que titulé “Para una sociología de la pederastia en el clero católico”. Este texto todavía no se ha publicado.

Obviamente en los cuatro textos hay muchas repeticiones, pero en todos hay elementos nuevos.

No quiero ocupar mucho espacio. Pero quisiera señalar dos de los apuntes de mis conclusiones al último trabajo.

. Como ha hecho ya la iglesia de Francia y un periódico, no precisamente complaciente con la Iglesia en España (El País), creo que la Conferencia Episcopal española y quizá, también, los diferentes obispados, debieran crear unos, al modo de buzones, en los que las posibles víctimas, o quienes tuvieran conocimiento de abusos sexuales, pudieran dejar constancia de las mismas. Después he sabido que algunas órdenes religiosas algo similar están haciendo. Gracias desde aquí.

. Quiero subrayar la imprescindible necesidad de crear comisiones independientes que ayuden a ver cómo ha pasado lo que ha pasado, y cómo ponerle remedio.

Pues bien, de nuevo la Iglesia de Francia (y no es la única) ya lo ha puesto en marcha. Los Obispos nombraron al presidente y este, libremente, ha escogido a los 21 miembros de la Comisión, cuyos nombres salieron a la luz pública el 7 de febrero pasado. He aquí la lista tal como la presenta el diario “Le Monde”. https://www.lemonde.fr/societe/article/2019/02/07/la-commission-d-enquete-sur-la-pedophilie-dans-l-eglise-se-met-en-place_5420488_3224.html.

Composition de la commission indépendante

•    Président
Jean-Marc Sauvé, vice-président honoraire du Conseil d’Etat.

•    21 membres
Laëtitia Atlani-Duault, anthropologue ; Nathalie Bajos, sociologue et démographe ;  Thierry Baubet, professeur de psychiatrie de l’enfant et de l’adolescent ; Sadek Beloucif, professeur des universités-praticien hospitalier ; Jean-Marie Burguburu, avocat ; Alice Casagrande, vice-présidente de la Commission de lutte contre la maltraitance du Haut Conseil de la famille, de l’enfance et de l’âge ; Alain Cordier, inspecteur général des finances ; Carole Damiani, docteure en psychologie ; Anne Devreese, directrice générale de l’Ecole nationale de protection judiciaire de la jeunesse ; Antoine Garapon, magistrat ; Didier Guérin, magistrat ; Astrid Kaptijn, professeure de droit canonique en Suisse ; Christine Lazerges, ancienne présidente de la Commission nationale consultative des droits de l’homme ; Laurence Marion, haut fonctionnaire ; Joël Molinario, théologien ; Marion Muller-Colard, théologienne ; Stéphane de Navacelle, avocat ; Philippe Portier, historien et sociologue ; Jean-Pierre Rosenczveig, magistrat honoraire ; Florence Thibaut, professeure de psychiatrie et d’addictologie ; Jean-Pierre Winter, psychanalyste.
Pero no solamente la Iglesia francesa. Me llega “La Croix” del 8 de febrero al correo electrónico con este enlace de la Iglesia alemana sobre el tema de la pederastia del clero cuya lectura recomiendo vivamente: («La Croix»).


Dos cosas más para cerrar este texto:

Los obispos franceses se enteraron de la composición de la Comisión poco antes que los medios de comunicación

El presidente no ha invitado a formar parte de la Comisión a ningún miembro de las diferentes asociaciones de víctimas de la pederastia, aunque, obviamente serán escuchadas. Para mantener la imparcialidad de la Comisión, ha argüido el presidente. El mismo argumento ha señalado para no invitar a quienes en el seno de la Iglesia han tomado esta o aquella posición sobre el tema en cuestión.

Creo que así es como hay que actuar.

Durante unos años, muchos años, la iglesia habrá de soportar y superar ser objeto de crítica, a menudo feroz y, en algunos casos, injusta. Pero el daño causado a menores y no tan menores, como las religiosas, es enorme. Convendría recordar, también, que fue prepotente durante siglos y la historia no se borra en una o dos generaciones. Amén de que lo que estamos sabiendo de la magnitud de la pederastia es muy grave. Aunque la tentación de decir que la pederastia no es privativa de la iglesia y que en otros ámbitos también se dan, al menos con tanta profusión como en el estamento clerical (cuestión que habrá que elucidar por personal competente e independiente), creo que esa tentación debe dejarse a un lado. Cada palo debe aguantar su vela. Y la de la Iglesia católica es, en la actualidad, la de la pederastia de parte de su clero. Y a abordar y superar esa cuestión deben de ir todos los esfuerzos. Nada de escudarse que también se ha dado, y se da, en otros ámbitos.

Si así se hace, además de dar respuesta a un lacerante problema interno, la iglesia habrá mostrado a la sociedad un camino para abordar el tema de la pederastia en otros ámbitos diferentes al suyo. Con lo que puede, incluso, pasados muchos años, salir fortalecida. Pero, sin sacar pecho.



Donostia San Sebastián 10 de febrero de 2019
Javier Elzo