Fuente: La Vanguardia
Francesco Olivo, Iñaki Pardo Torregrosa
Roma / Barcelona
26/04/2026

El papa León XIV recibió ayer al Partido Popular Europeo y les recetó política “analógica” y contacto con la ciudadanía como “antídoto” a los populismos Alessandra Tarantino / Ap-LaPresse
En estos días, en el Vaticano algunos recuerdan que el papa Francisco siempre evitó un viaje a España. “Allí no me quieren”, decía en referencia a una parte de la cúpula eclesial. León XIV, al menos por ahora, no parece tener ese problema. Y aunque en la Santa Sede se mira con ilusión el próximo viaje de Robert Prevost a España–el primero en gran formato a un país europeo tras una visita fugaz a Mónaco en marzo–, también hay cierta preocupación. Los nudos que mantienen en alerta dentro de las murallas leoninas son de carácter logístico, pero también político. Esta misma semana, a un mes de la visita, se produjo un nuevo choque entre Vox –en sintonía con Donald Trump– y la Iglesia a cuenta de la cuestión migratoria. Es un asunto en el que algunos obispos como el de Oviedo, Jesús Sanz, o el de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, se han saltado la línea marcada por la Conferencia Episcopal Española (CEE), a favor de la regularización y la acogida de los migrantes, para aproximarse a las tesis de Vox. Sobre todo, Sanz.
Desde el punto de vista organizativo, en cambio, sorprenden algunos aspectos formales. La agenda del Papa, por protocolo, debe ser siempre autorizada por Roma. Sin embargo, se ha visto una lluvia de informaciones que llegan desde España por múltiples vías. Un goteo desordenado que choca con el control habitual de los viajes papales, en los que la Santa Sede es quien fija los tempos y detalles del programa y no el país anfitrión. De hecho, se han convocado celebraciones multitudinarias –en Madrid y en las Islas Canarias– sin tener el nihil obstat, puesto que el Pontífice por ahora solo ha hablado de la vigila con los jóvenes en Madrid el día 6 de junio.
León XIV tomará la palabra en el Congreso el día 8 de junio, ¿estarán todos los grupos?
De todos modos, esa forma de proceder no ha sido generalizada. En la Archidiócesis de Barcelona, que ha puesto en marcha su propia página web y no tiene abiertas aún las inscripciones para los fieles, se ha impuesto un cerrojo informativo mientras el Vaticano no dé el visto bueno al programa. “Puede haber cambios de última hora”, argumentan. Una vez la Santa Sede confirmó la visita se habló de los actos del 10 de junio. Eso es todo. Ese día se inaugurará y bendecirá la Torre de Jesús de la Sagrada Família, en el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Una celebración que ha marcado el calendario de León XIV –el de la basílica será el acto central del viaje– y tiene vida propia. Tendrá lugar pase lo que pase, aunque el Papa tuviera que postergar su visita a otoño, un escenario previsto, por ejemplo, en caso de elecciones; para no interferir.
Sea como fuere, se aprecia cierta precipitación y competición por figurar en la foto, aunque el mensaje no siempre esté claro y todo siga cogido con pinzas mientras Roma no ponga el sello a la agenda que proponen las diócesis. El hecho de que la primera rueda de prensa con los organizadores durara más de una hora, para algunas voces eclesiales, fue una muestra de que no había un mensaje claro. Por ahora, la CEE tiene un rol muy activo que, en teoría, recaerá después en los obispados.
El catálogo de la Conferencia Episcopal para agasajar a los espónsor no ha gustado en la Santa Sede
Otro elemento –este más llamativo– que ha generado malestar es el famoso dossier con tarifas para los apoyos económicos al viaje. En sí mismo, explican fuentes vaticanas, no hay nada anómalo en la participación de particulares o empresas en la financiación. Lo que se considera poco oportuno es la forma en que se ha presentado este “catálogo”. La existencia de aportaciones vinculadas a distintos niveles de visibilidad –con cifras que alcanzan los 500.000 euros para acceder a determinados actos o espacios próximos al Papa– convierte una supuesta transparencia en una suerte de mercado, proyectando una imagen poco edificante. Los organizadores replican que es “de bien nacido ser agradecido” y que hay que cubrir los gastos, que superarán los 15 millones de euros.
Parte de esta responsabilidad, bajo las columnas de Bernini, se atribuye también al Gobierno español, por no invertir lo suficiente en una visita que, desde el punto de vista formal, es la de un jefe de Estado. La financiación se pagará con fondos privados y donativos. La administración, a su vez, aportará infraestructuras o servicios públicos, como el personal de emergencias y seguridad.
La agenda oficial la publica Roma cuando queda un mes para la visita; desconciertan las filtraciones
En realidad, hay distintos modelos sobre cómo sufragar un viaje papal; en Portugal, en la última Jornada Mundial de la Juventud, el Gobierno luso pagó la factura. En este caso, no habrá dinero público y la transparencia es una de las máximas que se ha impuesto la organización después de que la Jornada Mundial de las Familias de València del 2006, con Benedicto XVI, derivara en dos causas en los tribunales con varios condenados. Hay tanto afán de ser transparente que se han publicado ya licitaciones de algunos servicios para actos que aún no tienen el plácet del Vaticano.
Y si las preocupaciones organizativas son propias de esta fase, más serias parecen las políticas. El Papa, que en varias ocasiones ha declarado querer escapar de la polarización, llega a un país donde la conflictividad es tal que alcanza también al mundo episcopal. En Roma, el eco de estas tensiones se percibe con claridad. En este sentido, se considera oportuno que las líneas pastorales de los obispos para los próximos cuatro años, publicadas el viernes, alertaran sobre la polarización, también entre los propios cristianos.
En el episcopado preocupa que la división política haga mella entre las comunidades cristianas
A todo ello hay que añadir la inquietud, ya expresada en encuentros con el episcopado español en los últimos meses, por el extremismo. El Pontífice ha sido informado de la influencia de grupos de extrema derecha dentro del mundo católico y del papel de algunos movimientos ultratradicionalistas con base en Estados Unidos que han utilizado Madrid como puerta de entrada en Europa, encontrando eco incluso en una parte del clero. Dinámicas conocidas en Roma, pero que no deberían recaer sobre el Papa.
También existe el riesgo de instrumentalización, reconocen las fuentes consultadas. Acompaña a cada viaje apostólico: gobiernos, y en ocasiones incluso regímenes autoritarios, aprovechan la presencia del Papa desde la misma pista del aeropuerto para tratar de legitimarse. El último caso es muy reciente: Teodoro Obiang, presidente de Guinea Ecuatorial desde 1979, que el martes pasado recibió al Papa, en una imagen que vuelve a mostrar hasta qué punto estos encuentros pueden ser utilizados con fines políticos. El propio León XIV se refirió a este asunto: “La presencia de un Papa junto a cualquier jefe de Estado puede interpretarse como si la Iglesia estuviera diciendo que está bien vivir de esa manera. Pero el objetivo principal de los viajes que realizo es visitar a las personas”.
El caso español es distinto, pero el 8 de junio, en el discurso del Papa ante las Cortes Generales, será interesante ver si hay ausencias, tanto por la parte de Vox, como la de los partidos de la izquierda, alineados con Prevost en el “no a la guerra”, pero muy lejos de Roma en otras coordenadas.
Asimismo, en el Vaticano existe la sensación de que en estos últimos años se ha intentado demasiadas veces trasladar a Roma problemas que en Madrid no se resuelven, como la gestión del Valle de los Caídos o las indemnizaciones por los abusos. “Y también esta vez el clero está, de hecho, pidiendo al Papa que resuelva sus problemas de división interna”, sostiene una fuente. El Papa, que desde los primeros días de su pontificado ha tratado de pacificar a la curia romana, podría desempeñar un papel también para calmar las aguas en España, siempre que no quede, aunque sea de forma indirecta, atrapado en ellas.
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