martes, 21 de noviembre de 2017

Morir para renacer. Otra Iglesia posible en la era global y plural

En este libro se defienden dos ideas mayores: que lo mejor del catolicismo no está en el pasado, sino que puede estar en el futuro, que está delante de nosotros y no detrás. Lo que exige otra Iglesia: sinodal, superando el clericalismo, liberándose de la era de la cristiandad y, al fin, habilitando completamente a la mujer en su seno. La segunda, para significar que, en la era secular, global, plural y crecientemente desigual en la que nos encontramos, necesitamos superar la fractura binaria entre creyentes y no creyentes, de tal suerte que todos los que, con buena voluntad, tengan inquietud por un mundo mejor, más justo, puedan trabajar conjuntamente en ello, y desde sus propias convicciones personales.

En contra de la opción generalizada de que la “edad de oro del cristianismo”, si tal cosa ha existido alguna vez, está en el pasado, y hace muchos siglos, quizá estemos en la aurora de otro modo de ser cristiano, de vivir el cristianismo en la sociedad secular y plural y, quizá, precisamente por ello. Esa intuición se basa en consideraciones básica y fundamentalmente, pero no exclusivamente, sociológicas. En primer lugar, que nunca la Iglesia Católica, en toda su historia de veinte siglos ha sido tan universal, tan extendida por el planeta como ahora. No hay, actualmente, instancia alguna en el planeta, con una implantación y organización tan desarrolladas como la Iglesia Católica, que deviene así, lo que en algún lugar he leído, la gran multinacional del espíritu. Además, y, en segundo lugar, desde Constantino, nunca ha estado tan alejada del poder político como en los tiempos actuales. Nunca ha sido tan libremente católica. La edad de oro de la Iglesia católica no estaba atrás, cuando los emperadores rendían pleitesía al papa, puede estar en el futuro.

Por otra parte, vengo reflexionando sobre la necesidad de superar la dimensión binaria como forma de pensamiento, con tanta implantación en nuestra sociedad. En ese ámbito muy pronto se me apareció como evidente la imperiosa necesidad de aplicarlo al par binario creyente/no creyente en la acción por una sociedad más justa, más humana, más convivial. La lógica binaria no tiene en cuenta, ni la complejidad de la realidad, ni la dimensión del tiempo. En este contexto, quiero subrayar mi profunda convicción de que no se puede vivir la fe en la actualidad como la vivieron y entendieron el centenar de generaciones de cristianos que nos precedieron, muchas durante los largos siglos de la era de la cristiandad, en cuyos estertores estamos. De ahí la insistencia en el pluralismo sagrado-secular. Mi convicción estriba en que no estamos antes dos mundos radicalmente separados, en dos departamentos estancos, sin solución de continuidad. Y, en este orden de cosas, la encarnación de Dios en Jesús, un Dios humano, la pongo en contacto con los planteamientos de Marcel Gauchet quien ve, precisamente por la encarnación de Dios en el cristianismo, “la religión de la salida de la religión” como instancia reguladora del “vivir juntos”, por utilizar su expresión. Pero, doy un paso más, y, en concomitancia con lo anterior, manifiesto la convicción de que otra Iglesia no solamente es posible, sino que es necesaria y conveniente, en el mundo global de nuestros días, ayuno de proyectos colectivos, sometido al poder del dinero, y el del consumo por el consumo.

La religión, en concreto los cristianos en la Iglesia, en el concierto de las naciones, en pro de ese mundo más justo, más humano, mas convivial no debe en absoluto presentarse como contracultura sino compartiendo su cultura con todos los hacedores del bien en la humanidad. Más todavía, la pretensión de construir una contracultura, algo así como la cultura del bien frente a la del mal, que reinaría en el mundo secular, se me aparece como un camino nefasto del quehacer humano. Es precisamente el pensamiento binario del yo y los otros el que lo alimenta.
Este libro es la continuación de un empeño en abordar la religión y la religiosidad en el mundo occidental, en nuestro tiempo, particularmente centrado en la confesión católica. Tras haber abordado la situación de los cristianos en un momento en el que se debatían entre encerrarse en la sacristía o salir a la calle para manifestar su identidad y sus valores (2), me he detenido, con cierto detalle, en otra publicación, en el ejercicio del poder en la Iglesia Católica (3). En ambos casos con una parte descriptiva y otra propositiva.

En este mundo, ya avanzada la segunda década del tercer milenio, que muchos autores tildan de incierto, creo que la Iglesia Católica tiene un papel que jugar. Papel firme, importante, en paridad y colaboración con otros “artesanos de la paz y de la justicia”. Sin prepotencias ni ocultamientos. Para ello, tiene bazas importantes. Lo repito: nunca ha sido tan universal como ahora, nunca, desde los tiempos de Constantino, ha estado tan desligada del poder político como ahora y, no se olvide, muchos, en el seguimiento a Jesús de Nazareth, habiendo aceptado, ¡al fin!, lo mejor de la Ilustración, vive, desde Juan XXIII, un ímpetu reformador y abierto al mundo, aunque con altibajos y fuertes resistencia en su seno. Que se lo pregunten al papa Francisco.

Javier Elzo

domingo, 8 de octubre de 2017

Iglesia catalana e independencia


 
Jesús Martínez Gordo

De entre los muchos comentarios y posicionamientos que se han conocido sobre la implicación de la iglesia catalana en el “procés” de independencia del 1–O hay dos que me han llamado particularmente la atención.

Sin duda, uno de los más provocadores ha sido el video grabado en la iglesia de Vila-Rodona (Tarragona). Allí se puede ver a Francesc Manresa i Manresa, párroco del lugar, revestido con alba y estola, mientras se procede al escrutinio y se canta a la Virgen de Montserrat el “Virolai”. Procedí así, explica, para engañar a la policía en el caso de que irrumpiera en la iglesia; una posibilidad no descartable, habida cuenta de que en otras poblaciones de la zona habían retirado las urnas. Ese día, concluye, la iglesia fue un lugar de acogida. Este sacerdote había firmado, unos días antes, en unión con otros 400, una carta en la que manifestaban que, dado que, hasta entonces, había sido imposible “pactar las condiciones” para “llevar a cabo de forma acordada” “un referéndum de autodeterminación”, consideraban “legítima y necesaria” su realización e invitaban, por ello, a los católicos y a la ciudadanía a reflexionar y “votar en conciencia” ejerciendo, de esta manera, el “derecho fundamental que tiene cualquier persona a expresar libremente sus posiciones”. Pocos días después enviaban al papa Francisco otra carta en la que, saliendo al paso de la protesta del Gobierno español ante la Santa Sede por su posicionamiento, le informaban de la iniciativa y solicitaban “su mediación” para que pidiera al Gobierno que recapacitara sobre “su visceral oposición a este referéndum”.

Por estas mismas fechas quien fuera profesor de teología en la Universidad Gregoriana de Roma, Salvador Pié i Ninot, creía percibir en este apoyo al referéndum, indicios que podrían ser tipificados como “integralismo católico”, “una forma más moderna y sutil del clásico integrismo, por más que muchos de sus firmantes” no fueran “conscientes de ello, ni teóricamente partidarios”. Entendía que buscaban “una nueva articulación lo más ‘integradora’ posible y coincidente entre la fe cristiana y una opción política”, algo evidente cuando ignoran, argumentaba, otras opciones políticas, igualmente posibles y legítimas a la luz de la doctrina social de la Iglesia. La respuesta no se hizo esperar: los firmantes del manifiesto no estaban defendiendo, se adujo, “una opción política concreta, sino “un derecho fundamental en una situación excepcional”.

El obispo de Solsona, Xavier Novell, iba más lejos de la llamada realizada por sus compañeros catalanes en el episcopado cuando, en el año 2017, insistieron, en referencia a “la legitimidad moral de todas las opciones políticas” que éstas se basaran “en el respeto de la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos” y que buscaran “con paciencia la paz y la justicia”. Iba más lejos porque manifestaba, poco antes del 1-O, que, si ese día había urnas, iría a votar como protesta ante el Estado español por negar “el ejercicio de la autodeterminación” al pueblo catalán. Y así lo hizo. Al día siguiente del fallido referéndum, constatada la violencia desplegada por las fuerzas del Estado, las calificaba, en un comunicado, de “guerrillas policiales” y criticaba, a continuación, a sus compañeros en el episcopado español por no denunciar semejante violencia. Además, manifestaba admirar “la valentía y la resistencia pacífica de aquellos que defendieron el ejercicio legítimo del derecho a la autodeterminación de nuestro pueblo”. Y finalizaba pidiendo a todos los políticos que articularan “una salida pacífica y justa para la nación catalana, respetando los derechos legítimos de este pueblo, entre los que sobresale el derecho a la autodeterminación”.

Mons. Novell entendía, más allá de otros posibles comentarios provocados por su intervención, que la existencia de un derecho de autodeterminación era algo indiscutible; un asunto al que otros ponían una cierta sordina. Concretamente, manifestaba J. I. González Faus unas horas después, sería bueno que politólogos y teólogos determinaran “el alcance exacto de todas las declaraciones (de la ONU y de la Iglesia católica) sobre el derecho de los pueblos a decidir su independencia”, entre otras razones, porque no está suficientemente clarificado si se refieren sólo a las colonias en otro continente (que existían cuando se redactaron esas enseñanzas) o también a partes de un mismo territorio. Y, si así fuera, de qué modo. Urgía a ello porque constataba que se apelaba mucho a estas declaraciones, dándoles siempre la interpretación que le parecía conveniente a cada una de las partes.

A estos dos hechos y debates en la Iglesia católica catalana, para nada menores, habría que añadir otros referidos al concepto de unidad, a la relación entre legalidad y legitimidad y, sobre todo, a la articulación entre libertad y solidaridad. Su tratamiento queda para otra ocasión que, seguro, la habrá.

jueves, 5 de octubre de 2017

Apaizak ere torturatuak

Por Sebas Gartzia Trujillo



Aspalditik bagabiltza euskal gatazkari buruzko egiazko errelatua idazteko premiaz –noiztik baina? noiz hasi zen euskal gatazka? bukatu ete da?-. Egiazko errelatua idaztea beharrezkoa izan arren, aitortu behar dugu oso zaila zaigula. Alde batetik, gehien sufritu dutenek idatzi beharko dutelako, haiek baitira argi handiagoa dutenak euskal gatazkaz berba egiterako orduan: nortzuk baina?; eta bestetik, gaitza da, gaur egun, euskal gatazkari buruz egiazko errelatu osoa idaztea, urte horietan bizi garenok, aldez edo moldez, inplikatuegi (dena da erlatiboa) gaudelako  euskal gatazkaz ikuspegi zabal eta sakona burutzeko.

Tirabira horretan, zer dagokigu gure belaunaldikoei? Bada gauza bat, gutxienez, bai: datuak biltzea, sufrimenduen nondik norakoak eta nolakoak izan ziren azaltzea. Horretan ez dago oker posiblerik. Ahalik eta gehien eta hurbilenetik sufritu dutenengandik datuak biltzea ezinbestekoa zaigu, egun batean, egiazko errelatua idatzi nahi badugu. Ez dakizkigula gero ‘listoak’ etorri, beraien hoztasun eta neutraltasunetik, euskal gatazkako nondik norakoak azaltzera. Sufritu dutenak dira hitza gorde eta transmititu behar digutenak, ahal delarik, tilderik ere galtzen utzi gabe.

Kontestu horretan ulertu behar dugu gaur aurkezten dugun liburua: Apaizak ere torturatuak. Gero eta erlijio zein federik gabekoago bilakatzen ari den gizartean, arrisku handia zaigu euskal apaizek euskal gatazkan izan zuten eraginaz ahaztea. Eta apaizek, batzuren batzuk bederen, konpromiso sendoa izan zuten euskal gatazkarekin, eta hori zela eta, zenbaitzuk espetxeratu eta torturatuak izan ziren, bai eta, beste ez gutxiren batzuk ere, salatuak, erasotuak eta erbesteratuak ere… eta, hala eta guztiz, ez zuten atzerako pasorik eman. Batzuren batzuk apaizgoa utzi zuten, Euskal Herriarekiko konpromisoa, haatik, ez.

Euskal gatazko errelatua desitxuratzeko asmoz, batzuren batzuk errepikatzen ari izan zaizkigu ETAk ez zuela euskal apaizik inoiz hilarazi. ETAk ez,  baina euskal apaizen kuota gaindituta zuten erreketeek euskal gatazkaren 36-39 bitarte odoltsu hartan. Egia da ETAk ez zuela apaizik hilarazi, baina berori bezain egiazkoa da (eta hori ez ohi duten esaten aurrekoa azpimarratzen dutenek), Espainiako Gobernuak euskal apaizak torturatu egin zituela, nahita eta amorruz, ia heriotzaraino zenbait kasutan, baita bidegabeki salatu eta bortizki erasotu ere. Eta euskal gatazkari buruz errelatua ahalik eta osoena egin nahi badugu… datu horiek ez ditugu ezkutatu behar… azaldu eta zabaldu baizik. Hori dela eta, eskerrik asko, gaur egunean zuen lekukotza azaltzen diguzuen hogei apaiz edo erlijiosoei.

Lekukotza guztiak euskaraz agertzen dira liburu honetan eta ia guztiak euskaraz idatziak izan dira. Horrek erakusten digu euskara ez dela, askotan errepikatzen digutenez, fenomeno kultural hutsa, errealitate politikoa ere badela, toruturako erreferentzia espezifiko bat. Eta hori ez dugu ahaztu behar euskal errelatuan.

Eta ez naiz luzatzen, ez baitagokit niri  aurrean dituzuen apaiz tortutaru bioi protagonismorik kentzea. Alde honetan, Martin Orbe, Bizkaiko Elizbarrutiko apaiza, Bertol Brechetek ezinbestekotzat jotzen zituen gizonetako bat: “Egun batez borrokatu egiten duten gizonak egon badaude eta onak dira. Badaude urte batez borrokatu egiten dutenak, eta hobeak dira. Badaude urte askoz borrokatzen egiten dutenak ere bai eta oso onak dira. Baina egon badaude bizitza osoan borrokatu egiten dutenak… eta horiek- Martin, zuek- ezinbestekoak zaizkigute”. Beste aldean, Tasio Erkizia euskal gatazkaren abangoardiari inoiz uko ez dion agustindar-ohia. Itxuraz mehe, egitez sendo. Eta erdian Julia Monje, liburua argitaratu duen Intxorta 1937 kultur elkartearen ordezkaria. Hiru horiek presente daudelarik, niri isilean geratzea tokatzen zait. Beraiena da, beraz, hitza.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Carta a unos amigos de Punta Umbría sobre la independencia de Cataluña



Por Ignacio Villota Elejalde


Queridos amigos: hoy he visto un reportaje en no sé qué televisión en el que presenciábamos cómo ciudadanos de Huelva despedían enfervorizados con banderas rojigualdas al viento a guardias civiles y policías nacionales, mileuristas. Partían para Barcelona a defender la unidad de la Patria. Sí de la Patria, la que les duele a los incautos alienados o a los cínicos de la vida. La escena muy emotiva con el “a por ellos oé, a por ellos oé”. Desde Andalucía, una de las regiones históricamente más denostada y discriminada por el nacionalismo español, unos ciudadanos profundamente manipulados y manoseados por un patriotismo apolillado se lanzan a la calle a defender no sé qué ideas. Ellos tampoco.

No entro, por supuesto, en el intrincado problema de la soberanía, del derecho a decidir, de la democracia de España o la de Cataluña. A vosotros, onubenses, ¿qué os va en ello? Cuando he pasado temporadas en vuestro bello pueblo, he paseado por vuestras calles, he visto pobreza dolor, en algunos casos miserias… Espero que algo haya cambiado. Pero, a vosotros se os ha hecho salir a la calle desde un impulso vacuo de amor a la patria. Lo que se os debe a vosotros es mucho amor, y antes, justicia. Amor y justicia negados a los protagonistas de esa Patria que, en vuestro caso, son muchos y muy pobres.

Esto me recuerda, y estos días están poniendo una serie de Tv., la guerra de Marruecos. Allí eran desplazados soldados, hijos de las clases obreras. Los de las clases medias y acomodadas quedaban libres del servicio militar, eran los “soldados de cuota”. ¿A qué iban estos hombres a la guerra del Rif? Lisa y llanamente, a defender la Patria y el honor… y, de paso, las minas de hierro en las que personalidades españolas encabezadas por el Conde de Romanones, y varios magnates más tenían grandes intereses. Toda la aristocracia madrileña, capitaneada por la reina Victoria Eugenia, apadrinaba y se “volcaba” con aquellos mucho menos que mileuristas de la época. Todos conocemos cómo acabó aquello: el desastre de Annual con miles de soldados españoles muertos. Pero, murieron por España… y los intereses de la Compañía Española de Minas del Rif. S. A. A estos soldados se les despedía con bandas de música y grandes honores en la estación de Atocha, seguramente con la Marcha Real pues todavía no se había creado el “Yo soy español, español, español”. Igual que hoy en Huelva o cualquier ciudad española.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Demokrazia kontua / Cuestión de Democracia



KATALUNIA: DEMOKRAZIA KONTUA DA ETA ERAGIN EGITEN DIGU
Eutsi Berrituz, 2017-09-20


Kataluniako errealitate politikoa ikusirik, Estatu espainiarra harrapatzen duena, eta biziki eragiten digula pentsaturik, Eutsi Berrituzek bere iritzia adierazi nahi du Euskal Herrian Ebanjelioaren zerbitzuko Elizarekin konprometitutako Gipuzkoako kristau taldea izanik.

Ezer baino lehen arreta jarriko diogu Kataluniako gotzainek 1985ean esandakoari: “Kataluniako Elizako apezpikuak gara, hemengo herrian egindako Elizakoak, eta Kataluniaren errealitate nazionala aitortzen dugu, milurteko historian barrena hezur-mamitua”; herri eta nazioen “eskubideak gauzatzea bideragarria egingo duen egitura juridiko-politiko egokia behar du nazio katalanaren existentziak”; “Estatu batek lortu dezake, antolakuntza on batez, bere barruan nazio ezberdinak elkarrekin bizitzea eta aurrera egitea, inork beste batekin berdindu behar duela sentiarazi gabe”. Eta azkenik zioten: “norabide honetan aurreratu ahal izango da soilik Estatuak hartuko dituen forma politiko-administratiboek ez badute inoiz eragozten herri bakoitza berez garatzea, baizik eta, alderantziz, garapen hori aldezten eta eragiten badute”. Berriagoa da, 2011koa, gotzainen mezua: dagokien aldeen arteko “elkarrizketa eta elkar ulertzea akordio zuzen eta egonkorra iristeko” eta “aukera politiko guztiek dute zilegitasun morala pertsonen eta herrien duintasun ukaezinarekiko begirunean oinarritzen badira eta pazientziaz bakea eta justizia bilatzen badute”. 

Apezpiku katalanen esanek oihartzun egiten dute aita santuen hitzetan. Joan Paulo II.a honela mintzo zen Europako Parlamentuaren aurrean: “europar herri batuek ez dute onartuko nazio batek edo kultura batek gainerakoak mendean edukitzea”; Frantzisko aita santuak beste hau dio: “munduko herriek beren etorkizunaren egile izan nahi dute. Bakean egin nahi dute justiziara daramatzan ibilbidea. Ez dute besteren begiradapean egon nahi ez besteren eskusartzerik nahi non indartsuenak ahulena azpian hartzen duen. Beren kultura, hizkuntza, gizarte-prozesuak eta ohitura erlijiosoak errespetatuak izan daitezen nahi dute”.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Una apuesta por el diálogo / Una aposta pel diàlec








Ante la escalada de tensión en Catalunya, una apuesta por el diálogo y por la garantía de los derechos fundamentales.

Cristianisme i Justícia (CJ) es un centro de estudios en Barcelona con presencia a través de sus publicaciones y actividades en 124 países de todo el mundo. CJ lo conforma un equipo de personas comprometidas con la erradicación de las injusticias desde la reflexión y el pensamiento crítico. Un equipo plural con personas de Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao, etc.

La actualidad del conflicto político entre Catalunya y España y la escalada de tensión y actuaciones de los últimos días no nos permiten quedarnos en silencio. En Catalunya hemos vivido siete años de movilizaciones masivas y pacíficas por el derecho a decidir primero y por la independencia de Catalunya después. El detonante principal de este conflicto fue en 2010 la sentencia del Tribunal Constitucional de recorte de un Estatut de Catalunya aprobado sucesivamente por mayoría del Parlamento Catalán en 2006, posteriormente por mayoría del Parlamento Español y finalmente por referéndum en Catalunya. Un conjunto de políticas recentralizadoras y la desidia de un Gobierno Español completamente sordo a las demandas tanto de los diferentes gobiernos de Catalunya como de la ciudadanía han llevado a un aumento de los partidarios del “derecho a decidir” llegando a un 70-80% del apoyo ciudadano. La falta de iniciativa política y la incapacidad de diálogo ante una realidad política como la descrita nos ha llevado donde estamos. Todos deberíamos hacer autocrítica sobre nuestro grado de responsabilidad en la actual situación.

Somos conscientes de que digamos lo que digamos no será del agrado de todos, pues las posiciones en nuestro equipo son también dispares, pero hay unanimidad en los siguientes aspectos:

1. Como cristianos creemos que la fraternidad es el valor más universal y primario de la existencia humana. Una unidad impuesta contra la fraternidad es una unidad no cristiana. Y una libertad que se afirme negando la fraternidad, tampoco es una libertad verdaderamente humana. De aquí se sigue, como evidente, la necesidad de diálogo cuando surgen las diferencias y de respeto democrático de la voluntad de las minorías.

2. El ejercicio del poder sin política es autoritarismo. Se ha querido trasladar a los tribunales un trabajo que no les corresponde. Apostamos por la resolución política y negociada, y no judicial ni policial, del conflicto entre los gobiernos catalán y español. La doctrina social de la Iglesia afirma que “la comunidad política está esencialmente al servicio de la sociedad civil y, en último análisis, de las personas y de los grupos que la componen” (catecismo Iglesia Cat. n.1910). Por tanto, el poder debe escuchar constantemente el querer y sentir de la sociedad civil, para “fomentar el bien común del país, no sólo según las orientaciones de la mayoría, sino en la perspectiva del bien efectivo de todos los miembros de la comunidad civil, incluidas las minorías”. (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, n.169)