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martes, 4 de agosto de 2020

Así no se hace


UN DESPIDO EN JAKINBIDE - LIBRERÍA DIOCESANA DE BILBAO

      Cualquier persona que lleve trabajando en la misma empresa muchos años merece una consideración a la hora de finalizar su relación laboral porque en todos esos años se han tenido que establecer otras relaciones personales además de las estrictamente laborales que obligan a mostrar el agradecimiento de los dueños y de los compañeros cuando llega el momento de poner fin a su trabajo. Es una “buena práctica” que aún se mantiene en muchas empresas aunque en otras muchas se ha ido sustituyendo por un simple y frío comunicado en el que se detallan las condiciones del despido o de la jubilación. Cuando así sucede la persona trabajadora se siente humillada y herida en su dignidad. Aunque las causas que lo justifiquen sean legales y las condiciones económicas que se le ofrecen sean beneficiosas, el trabajo humano es más que un empleo; mucho más que un salario, y al perderlo, la persona pierde inevitablemente algo muy importante porque el trabajo que hacemos, nos hace y configura nuestras relaciones sociales. Como ya lo decía Engels: el trabajo es la condición básica y fundamental de toda la vida humana”. Si a esta pérdida se añade la falta de reconocimiento de su dedicación profesional, la persona trabajadora se irá a su casa pensando que para su empresa, ella habrá sido como un mueble envejecido que se desecha o como una máquina averiada que se sustituye por otra más moderna y rentable.

      Esta consideración humana del trabajo es la que está en juego en las contrataciones laborales que se establecen desde el marco neo-liberal capitalista en el que se valora la mano de obra como un coste a reducir para hacer competitivo el producto y aumentar el beneficio. En el mundo obrero también, inducido por la cultura capitalista, se ha ido perdiendo la dignidad del trabajo hasta valorarlo sólo o principalmente por el salario que se consigue.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Preocupación por el Seminario de Bilbao

Carta dirigida por el «Foro de Curas de Bizkaia»
al rector del Seminario de Bilbao
Sr. D. Aitor Uribelarrea



Estimado Aitor:

En nuestra última reunión del “Foro”  (5 de Feb.) hemos tratado, largo y tendido sobre el encuentro-diálogo que tuvimos contigo acerca de nuestro Seminario diocesano. Encuentro que quería significar nuestra preocupación por la marcha  de esta realidad eclesial tan importante para el futuro de nuestra Diócesis.

Fruto de nuestra reunión, estas consideraciones que te hacemos llegar y que nos gustaría las comentaras con los seminaristas (y con quien tú quieras, faltaría más). Nosotros, por nuestra parte, después de un tiempo prudencial las insertaremos en nuestro blog.

Y lo primero que queremos es agradecer tu presencia, seguro que tuviste tus dudas y hasta es posible que hicieras alguna “consulta” antes de decidirte, pero te hiciste presente y eso es lo que importa.

martes, 8 de mayo de 2018

Ningún obispo impuesto… aunque sea auxiliar

Jesús Martínez Gordo


El posible nombramiento de un nuevo obispo auxiliar para la diócesis de Bilbao ha reabierto el problema de la participación del pueblo de Dios en la elección y nombramiento de sus prelados. En el papado de Francisco se ha reforzado el convencimiento de que la designación de quien ha de presidir una iglesia local ha de realizarse escuchando el parecer de los directamente afectados. Y hacerlo, recuperando una tradición católica casi bimilenaria, por fidelidad a la sinodalidad proclamada en el Vaticano II y sin trampa ni cartón, es decir, con claridad y transparencia.

Al Papa S. Celestino I (422-432) se debe lo que, desde el siglo V, es un criterio rector incuestionable en la organización de la vida eclesial: ningún obispo debe ser impuesto. Esta proclama ha sido puesta en práctica de diferentes maneras a lo largo de la historia hasta que una insoportable injerencia de los poderes civiles acaba pervirtiendo la legítima participación del pueblo de Dios. El obispo de Roma se reserva dicho derecho, urgido por la defensa de la libertad de la Iglesia y buscando garantizar la fidelidad de los sucesores de los apóstoles única y exclusivamente al Evangelio.

En el concilio Vaticano II los padres conciliares son conscientes de que la intromisión de la autoridad civil en la elección de los obispos (la llamada crisis galicana) pertenece al pasado, aunque quedan restos de ella. En el postconcilio se busca recuperar, gracias a la sinodalidad y corresponsabilidad bautismal, el protagonismo que tradicionalmente ha tenido el pueblo de Dios en cuestiones que afectan a la vida ordinaria y, sobre todo, en aquellas que comprometen su futuro a medio y largo plazo. Ello explica la demanda de un mayor protagonismo y transparencia en la elección de sus obispos (sean titulares, coadjutores o auxiliares) y la exigencia de cambiar la actual normativa jurídica al respecto.

Como es sabido, el nombramiento de los obispos se rige por el canon 377 & 1, un texto tan importante como desconocido, al menos en una de las dos vías que reconoce y sanciona: “el Sumo Pontífice nombra libremente a los Obispos o confirma a los que han sido legítimamente elegidos”.

1.- El Papa “nombra libremente”

En la primera parte se formula taxativamente lo que para la gran mayoría de los católicos parece ser la única vía posible: el Papa nombra libremente a todos los obispos del mundo.

miércoles, 4 de abril de 2018

Un nuevo Vicario general y un obispo auxiliar para la Diócesis de Bilbao


          La solemne celebración de la Misa Crismal ha sido el marco escogido por nuestro obispo para dar a conocer el nombramiento de Joseba Segura como Vicario General y la concesión por parte del Papa Francisco de un obispo auxiliar para nuestra diócesis. Las dos noticias son relevantes para la misión de nuestra Iglesia y por ello merecen ser consideradas con atención y comentadas con la mayor objetividad posible. No da lo mismo que sea uno u otro el vicario general ni que se nos nombre un obispo auxiliar. En la situación de crisis religiosa y pastoral que sufrimos, las figuras del obispo y de su vicario son decisivas para responder a los retos que, desde hace ya muchos años, se están planteando a la evangelización en nuestro pueblo.

            El nombramiento del vicario es ya un hecho; después de las consultas realizadas, Joseba ha sido, al parecer, el más votado en todos los estamentos de la diócesis. No seré yo quien vaya a dudar de su capacidad. Los que le conocemos desde el seminario y los que han tenido la oportunidad de trabajar con él en las diversas tareas pastorales que se le han encomendado, tenemos datos de sobra para apreciar su formación y reconocer su valía humana y religiosa como creyente y como cura. Pero a mí no deja de preocuparme  que, recién llegado de Ecuador, se le haya presentado como candidato para una encomienda de tanta responsabilidad sin darle apenas tiempo para hacerse cargo de la situación de esta diócesis, que en los doce años que él ha estado ausente, ha sufrido tantos cambios. Extraña mucho que para nombrar al vicario general haya que ir a buscarlo tan lejos. Y además nombrarlo antes de conocerse, porque Joseba no conoce a D. Mario ni D. Mario conoce a Joseba. El vicario es un “alter ego” del obispo, pero esta nueva relación entre el obispo y su vicario va a llevar consigo una mutua conversión; el tiempo nos dirá quién prevalece. Yo sólo deseo que sea para bien de esta sufrida diócesis que, en su corta vida, ha dado muestras de resignada aceptación y de probada comunión cada vez que se le han quitado o se le han nombrado nuevos obispos.

            Esta es la segunda noticia que se nos anunció en la Misa Crismal: que vamos a contar próximamente con un obispo auxiliar para la diócesis. El tono con el que D. Mario lo anunció mostraba su satisfacción; lo dijo como si de un regalo se tratara. Él lo había conseguido del Papa que – según explicó – conoce muy bien nuestra diócesis. Tengo fundadas razones para suponer que esa petición al Papa ha sido una iniciativa del obispo que no ha sido consensuada ni comentada en los Consejos Diocesanos que son quienes deben valorar la situación pastoral de la diócesis y promover los medios adecuados para su evangelización.