La
Croix (02/11/2016)
El
martes, 1 de noviembre, víspera de Todos los Santos, tuvo lugar en la catedral
de Rouen, una celebración inédita; especialmente orientada a los fieles que
viven la dura prueba de la separación y el divorcio.
Siete
sacerdotes misioneros de la Misericordia ayudaron a divorciados vueltos a casar
a "examinar discretamente"
su conciencia y discernir los "pasos
a dar" con su comunidad parroquial.
Se encuentran
en el pórtico a la entrada de la catedral de Rouen. Como si estas 600 personas
"separadas, divorciadas, divorciadas
vueltas a casar", invitadas en vísperas de Todos los Santos por su
arzobispo Dominique Lebrun, no se atrevieran a avanzar hacia la nave. Sólo
después de haber cruzado la puerta de la Misericordia, instalada el año pasado
en un pasillo, se acercarán al altar.
Aunque
la recepción en el atrio fue inicialmente concebida para comenzar con una
oración en el baptisterio —imposible por la gran cantidad de fieles presentes—,
la escenografía tiene un alto valor simbólico para los que, viviendo la prueba de
la separación o divorcio, a menudo se sienten relegados al umbral de Iglesia. En
esta fiesta de Todos los Santos, se les pide acercarse más al altar.