los cardenales se decantan por Bergoglio
Valerio Gigante
Ciudad del Vaticano- Adista
Tampoco se ha de desestimar, más allá de las intenciones contingentes que han intervenido en esta elección (a las que podría no ser ajena la voluntad de complacer, con poco esfuerzo y éxito seguro, a las masas católicas), la elección del nombre de Francisco; el estilo modesto y familiar del que hizo gala Jorge Mario Bergoglio desde del balcón de la plaza san Pedro, la reverencia ante la muchedumbre que venía a saludarlo, antes de impartir su bendición (pero sin llegar al punto de pedir a aquel “pueblo” que lo bendijera; Bergoglio se limitó a pedir a los fieles que rogaran a Dios para hiciera bajar sobre el papa su bendición, antes de que el papa impartiera la suya, “Urbi et Orbi”); el énfasis puesto en ser simplemente el “obispo de Roma”, antes que “vicario” de Jesús Cristo o “Sumo pontífice de la Iglesia universal”.









