“Dios nos pide ser tratados como rebeldes”, aseguró el superior de la Fraternidad San Pío X en una ceremonia preconciliar celebrada en Écône
Fuente: Vida Nueva Digital
Por José Beltrán
01/07/2026
A las nueve de la mañana. A esa hora comenzaba el rito de la ordenación ilícita de los lefebvrianos. El obispo consagrante, el español Alfonso de Galarreta, y el co-consagrador, Bernard Fellay presentaban oficialmente a los cuatro sacerdotes que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha decidido ordenar de forma ilícita. Los nuevos prelados se arrodillaban ante ellos, pronunciando un supuesto juramento de fidelidad y obediencia al Papa en el que se comprometen a “luchar contra los herejes cismáticos rebeldes ante el Santo Padre”.
Sin embargo, con este acto, que poco tiene que ver con el rito de consagración de cualquier obispo, se saltaban a la torera todo el proceso de selección reglamentado por la Iglesia católica y que culmina con el nombramiento firmado por el Sucesor de Pedro, en este caso por León XIV.
De esta manera, el movimiento fundado por Marcel Lefebvre en 1970 y que siempre se ha movido en la línea roja de la comunión con Roma por rechazar las bases del Concilio Vaticano II, consuma el cisma que venían anunciando desde febrero.
Miles de personas
Con puntualidad se iniciaba la procesión de entrada en Écône, el mismo enclave suizo en el que hace 38 años Lefebvre llevó a cabo un acto de similares características que acabó con su excomunión y las de sus cuatro obispos ilícitos. Una gran carpa acogió a los celebrantes y a los principales invitados a la ceremonia, a la que se sumaron miles de personas en la pradera que se considera la cuna de la fraternidad. Fue allí donde se ubicó el primer seminario de la fundación.
Ahora, los nuevos obispos consagrados de forma irregular son el suizo Pascal Schreiber, de 45 años; el estadounidense Michael Goldade, de 53 años, y los franceses Marc Hanappier, de 51 años, y Michel Poinsinet de Sivry, de 36 años.
Falso dilema
En una alocución que tuvo lugar nada más terminar la ordenación episcopal superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Davide Pagliarani, intentó justificar las consagraciones: “Tomamos medios excepcionales y proporcionados”. Para este religioso italiano, “es un falso dilema pensar que estamos eligiendo entre la fe y romper con la Iglesia”. “Se pertenece a la Iglesia por la profesión íntegra de la fe de la Iglesia”, expuso retorciendo un argumentario que le llevó a asegurar que pertenecen a la Iglesia.
“Se nos acusa de no amar al Papa, se nos acusa de no respetar al Papa, pero es porque amamos al Papa sinceramente como vicario de Cristo, como jefe de la Iglesia, que no queremos ver al Papa humillado al lado de falsos pastores, representantes de falsas religiones”, defendió Pagliarani. Justo después comentó: “No queremos esta humillación para el Papa, que afecta a toda la Iglesia, tratada en un pie de igualdad con las falsas religiones”.
“Dios no nos abandona”
A partir de ahí, el responsable del grupo cismático explicó que no viven este acto “ni en la tensión ni en el resentimiento ni en la amargura, sino en el gozo y la esperanza”. De hecho, se remitió a las ordenaciones de 1988 para recordar que entonces se preveía la disolución de la Fraternidad y su pervivencia es muestra para él de que “Dios no nos ha abandonado ni puede abandonarnos”.
En tono forzadamente martirial, se dirigió a su auditorio para advertirles de que “debemos estar preparados para pagar cualquier precio para servir a la Iglesia”. “El más grande de los sacrificios que Dios puede pedirnos es ser tratados como rebeldes”, señaló erigiéndose como voz autorizada de la trascendencia. Así, evocó a Lefebvre para recordar que “fue un santo condenado”. “¿Debemos tener miedo, tenemos que angustiarnos?”, lanzó a sus fieles, dando una vuelta a la bienaventuranza de Jesús sobre aquellos a los que son perseguidos “porque vuestra recompensa es grande en los cielos”.
La peste de los derechos humanos
En paralelo, calificó los derechos humanos de una “peste, calamidad e idea obsesiva que penetra profundamente en la Iglesia, vuelve ciego al hombre y paraliza las almas”. “No podemos ser comprendidos por todo el mundo, esto no es una tragedia, es la ley del Evangelio, la ley de la cruz”, sentenció.
El grupo tradicionalista ha clonado el mismo rito que llevó a cabo en 1988. Solo un día después de aquella celebración que tuvo lugar el 30 de junio, Juan Pablo II daba vía libre a la Congregación para los Obispos para emitir un decreto en el que certificaba la excomunión del líder y sus cuatro obispos. El 2 de julio, el Papa polaco publicaba el motu proprio Ecclesia Dei, en el que afirmó que aquellas consagraciones constituían un “acto cismático” y un rechazo práctico del primado del Romano Pontífice. A partir de ahí, la Santa Sede intentó abrir un diálogo en aras de la comunión que hizo que en 2009, Benedicto XVI levantara la excomunión de los cuatro prelados.

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