K-Toño Frade Villar
Aquellas
emotivas misas aunaban junto a las homilías de nuestro insigne párroco la música
y canciones de nuestro país ocupando
el núcleo principal de la
celebración. La cuasi centena de componentes del Orfeón San
Antón, bajo la sabia dirección de Andoni Arregi,
acompañado al órgano por D. Arturo
Intxausti, desgranaban villancicos
entrañables como Birgiña Maite o Polit Ederra, compuestos al alimón por D. Claudio y el
mismo D. Arturo. La iglesia estaba hasta los
topes, las voces solistas de Estitxu Arregi, Josune
Arkotxa, Txomin Otazua, tenor; Julio Elorza, barítono; y Jose Mari Aristondo, bajo;
tronaban contra la piedra de nuestro
más que centenario alcázar bajo un
recogimiento absoluto. Había algunos años que el
magnífico tenor bilbaino Godoy ‘El Lebrel del
Cielo’, como le llamaba mi ama en referencia al título de una película que este
había protagonizado, realzaba la celebración con
su magnífica voz acompañado algunas veces por su alumno Jose Félix Uribarri, que
también recibía clases de la profesora Sarita
Fuertes, esposa de D. Arturo.
Terminada la
ceremonia, ya había caído la noche. La Banda Municipal de Txistularis con
Boni, Txutxi Villar o Mikel Bilbao a
la cabeza había terminado su
último pasacalles vespertino del año. En el pórtico, resguardándose del
sirimiri y del relente que entraba desde el corte de la Ría como un cuchillo,
se agolpaba el gentío deseándose los
consabidos Zorionak o Egubarri On.