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domingo, 11 de diciembre de 2016

Gabon



K-Toño Frade Villar

 ERA tradición en los años sesenta-setenta asistir el día de Nochebuena, ataviados con nuestros kaikus y mendigoizales, a la multitudinaria misa en euskera de seis de la tarde en San Antón. Estaba oficiada por el llorado D. Claudio Gallastegi, asistido por su primo D. Germán y ayudados ambos por Aita Iñaki Olabeaga –tío de Iñaki Anasagasti– como monitor.

 Aquellas emotivas misas aunaban junto a las homilías de nuestro insigne párroco la música y canciones de nuestro país ocupando el núcleo principal de la celebración. La cuasi centena de componentes del Orfeón San Antón, bajo la sabia dirección de Andoni Arregi, acompañado al órgano por D. Arturo Intxausti, desgranaban villancicos entrañables como Birgiña Maite o Polit Ederra, compuestos al alimón por D. Claudio y el mismo D. Arturo. La iglesia estaba hasta los topes, las voces solistas de Estitxu Arregi, Josune Arkotxa, Txomin Otazua, tenor; Julio Elorza, barítono; y Jose Mari Aristondo, bajo; tronaban contra la piedra de nuestro más que centenario alcázar bajo un recogimiento absoluto. Había algunos años que el magnífico tenor bilbaino Godoy ‘El Lebrel del Cielo’, como le llamaba mi ama en referencia al título de una película que este había protagonizado, realzaba la celebración con su magnífica voz acompañado algunas veces por su alumno Jose Félix Uribarri, que también recibía clases de la profesora Sarita Fuertes, esposa de D. Arturo.

Terminada la ceremonia, ya había caído la noche. La Banda Municipal de Txistularis con Boni, Txutxi Villar o Mikel Bilbao a la cabeza había terminado su último pasacalles vespertino del año. En el pórtico, resguardándose del sirimiri y del relente que entraba desde el corte de la Ría como un cuchillo, se agolpaba el gentío deseándose los consabidos Zorionak o Egubarri On.