Eduardo Ibáñez, en Catalunya
Religió
Siempre he considerado que la Televisión Pública de Cataluña es globalmente
de una gran calidad. Así es reconocido mayoritariamente en nuestro país y los
altos niveles de audiencia son una prueba.
Ahora bien, creo que esto tiene una clara y preocupante excepción: el tratamiento del hecho religioso, indigno de la calidad general de esta cadena.
Una presencia marginal
De entrada, es fácil constatar que la presencia del hecho religioso en los informativos y en el conjunto de la programación es realmente marginal o, como mínimo, completamente insuficiente para la importancia sociológica de la religión en nuestro país.
Según el último Barómetro de la Religiosidad en Cataluña (2016), el 68% de la población catalana se identifica con una confesión religiosa y al menos la mitad (50,09%) se consideran personas con creencias religiosas. Además, una parte significativa de ellas participa regularmente en actos de culto y se interesa por los acontecimientos y temáticas religiosas.
Por otra parte, desde un punto de vista cualitativo, las creencias religiosas no son una afición o gusto cualquiera, sino que normalmente constituyen una dimensión fundamental y decisiva de la vida de los creyentes.
Cada vez es más claro que las religiones hacen un aporte social de primera magnitud, ofreciendo sentido a la vida de muchas personas, creando y promoviendo valores éticos esenciales, dando apoyo a los colectivos más vulnerables y contribuyendo a la educación, a la cultura y a la cohesión social. Los medios de comunicación públicos deben reflejarlo de forma natural e informar sobre ello objetivamente.
A pesar de todo esto, lo cierto es que los contenidos específicamente religiosos en los canales de la televisión pública de Cataluña son sorprendentemente escasos.
Esta marginalidad es bien patente sobre todo si se compara con la presencia tan importante y sistemática de otros contenidos que, a pesar de tener su legítimo interés y audiencia, diría que no cuentan con una adhesión o demanda popular mucho mayor, como (por poner ejemplos al azar), la cocina, las setas, los castellers, el cine, la danza, el motociclismo, el baloncesto o los índices del IBEX37, que prácticamente cada día visitan las pantallas (en algunos casos de manera terriblemente repetitiva), por no hablar de la omnipresencia del fútbol.
