David F. Fallah, recién regularizado en Barcelona, participó en el acto de la Sagrada Família y empieza prácticas en una farmacia
Fuente; La Vanguaradia
Por Rosa M. Bosch
Barcelona
13/06/2026

David, de 28 años, muestra feliz el documento en el que se le notifica la autorización para residir y trabajar en España (Ana Jiménez)
David F. Fallah ya tiene a punto su bata blanca para empezar las prácticas en una farmacia, después de recibir en mayo la carta en la que le notificaban que su solicitud para acogerse a la regularización extraordinaria había sido admitida a trámite y que, por tanto, ya dispone de la autorización para residir y trabajar en España, igual que otros cinco jóvenes a los que ha acompañado en este proceso la oenegé BarcelonActua (BAC). David, de 28 años y procedente de Liberia, celebra también las experiencias que ha vivido estos últimos días: el miércoles participó con El Cor Canta en el acto de la Sagrada Família con el Papa León XIV para conmemorar el centenario de la muerte de Gaudí. Junto con el resto de integrantes de esta coral sinfónica, entonó el Virolai, himno que ha ensayado y perfeccionado gracias a la clases con un profesor particular.
Este joven llegado a Barcelona en el 2023 es un ejemplo de integración, destaca Laia Serrano, directora de BAC. “David aprovecha todas las oportunidades, ha hecho cursos de catalán y castellano, se apuntó a un taller de teatro en el Tantarantana, a El Cor Canta y se ha graduado en Dietética”, comenta Serrano, en la casa de BAC que aloja a jóvenes migrantes cerca de la plaza Lesseps. “Me licencié en Química en la Universidad Metodista Unida de Monrovia gracias a una beca y en mayo acabé un grado superior de Dietética en Rubí; ahora haré unas prácticas como ayudante de farmacia en Badalona”, comenta utilizando indistintamente el catalán y el castellano. David llegó a Catalunya en autocar desde Suiza, donde participó en una formación para estudiantes africanos. “Yo había hecho un proyecto en la universidad sobre agua sostenible y en Suiza profundicé sobre el tema. Expiró mi visado pero decidí quedarme en Europa y vine a Barcelona”, añade.
Durante el primer mes estuvo perdido, sin recursos y durmiendo en la calle. “Después fui al centro que tenía BAC en el Raval y me apunté a clases de castellano y catalán, iba cada día pues no tenía nada más que hacer. Seguí otro mes en la calle hasta que BAC me ofreció entrar en su centro de Gràcia”, relata. Ahora reside en el piso de la comunidad Emmaús de La Salle junto con otros jóvenes llegados de diferentes países.
Tener un techo le permitió estudiar y planificar sosegadamente su futuro. “Yo quería cursar Farmacia en mi país, pero era obligatorio acabar antes la carrera de Química o la de Biología. Aquí, gracias al apoyo de mi mentora, Eva, he podido finalizar Dietética, uno de estos días iniciaré las prácticas y después trabajaré en la misma farmacia”, detalla.
El Cor Canta, que este año presenta el espectáculo Mar de Mars, una suerte de denuncia del drama de las personas que arriesgan su vida para alcanzar Europa, ofreció a BAC la posibilidad de incorporar a alguno de los jóvenes migrantes que acoge en la coral. David no desaprovechó la invitación consciente de que esta actividad le abría más puertas y jugaba a su favor en el camino de la integración. “Yo nunca antes había cantado..., por eso sigo clases con un profesor todos los lunes y siempre que puedo voy a los ensayos. En marzo, cantamos en el Auditori”, comenta sonriendo.
La tramitación de la autorización de trabajo y residencia ha ido rápido en su caso. Su idea inicial era pedir los papeles por la vía del arraigo sociolaboral al cumplir los dos años de estancia en España. Cuando se confirmó la regularización extraordinaria cambió de planes. Cumplía todos los requisitos y ya tenía en sus manos el certificado de penales. Presentó la solicitud el 29 de abril y el 12 de mayo recibió la aprobación. De los 40 expedientes formalizados por jóvenes con el apoyo de BAC, hasta el momento se ha dado luz verde a seis.
“Yo llegué aquí con muchos sueños, pero también con mucha incertidumbre, me estoy adaptando a una cultura diferente, el esfuerzo ha valido la pena. He pasado mucho tiempo sin poder compartir las celebraciones con mi familia, ahora podré volver a Liberia y abrazarlos”, dice. David es el menor de ocho hermanos, todos viven en el pueblo en el que nació, en Foya. El padre se dedica a la agricultura y la madre es modista.
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