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lunes, 29 de marzo de 2021

Sí a morir con dignidad, con los mejores cuidados y sin dolor (III de III)

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7-La oposición a la eutanasia forma parte de las creencias de la mayoría de las diversas tradiciones religiosas de la humanidad. Cristianos, judíos, musulmanes e hindúes rubricaron el 11 de diciembre de 2020 un manifiesto conjunto en el que se mostraron preocupados “de manera especial por la tramitación de la ley de la eutanasia”. En un mundo donde el 85% de la población mundial se declara religiosa no se puede dejar a un lado la voz y la sabiduría de las tradiciones religiosas. El 28 de octubre de 2019 se firmó en el Vaticano una Declaración conjunta de las Religiones Monoteístas Abrahámicas sobre las cuestiones del final de la vida donde judíos, cristianos y musulmanes se oponen a cualquier forma de eutanasia. La tradición católica, en concreto, siempre se ha preocupado por aliviar el dolor y humanizar la atención sanitaria. En su seno se crearon los primeros hospitales de occidente y muchas congregaciones religiosas han entregado y entregan su vida estando cerca de los enfermos. En el siglo XX, ya desde el magisterio de Pío XII, hasta el magisterio actual del papa Francisco se ha recordado la vocación de cuidado y curación de todos los cristianos a imagen de Jesús de Nazaret que pasó por la vida haciendo el bien y aliviando todo dolor y enfermedad. El Magisterio reciente ha subrayado en muy diversas ocasiones la importancia de aliviar todo dolor y sufrimiento, el valor de la sedación y del rechazo de todo tratamiento desproporcionado, la importancia de dejar morir en paz junto con la conciencia de la gravedad de la eutanasia.

 

sábado, 27 de marzo de 2021

Sí a morir con dignidad, con los mejores cuidados y sin dolor (II de III)

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2-Establecer una ley de eutanasia no favorece a las personas más vulnerables. Son muy pocos los seres humanos que, de una manera libre, consciente y deliberada, más allá de presiones familiares, sociales, ideológicas o económicas mantienen, de una manera clara y determinada su deseo de morir durante largos meses o años. La mayoría de las peticiones de eutanasia tienen una causa social como la soledad, la depresión, el sentimiento de ser una carga para la familia y la sociedad, el abandono, la necesidad de afecto y calor humano, la muerte de alguien querido, las dificultades económicas o de vivienda, la falta de ayudas y de atención social, la falta de reconocimiento y participación social. Por eso, como dijo Francesc Abel, fundador del primer centro de bioética en Europa, en su comparecencia en el Senado el 16 de febrero de 1999: “Triste es la sociedad que decide eliminar a los pacientes para evitarles sufrimientos causados por problemas de tipo social”. Lo prioritario es cambiar las condiciones sociales, económicas, de vivienda y de falta de atención que llevan a tantos a desear morir pues quieren vivir de otro modo.

jueves, 25 de marzo de 2021

Sí a morir con dignidad, con los mejores cuidados y sin dolor (I de III)

 

DECLARACIÓN DEL GRUPO DE BIOÉTICA DE UNIJES (UNIVERSIDADES JESUITAS) ANTE LA PROPOSICIÓN DE LEY DE EUTANASIA APROBADA POR EL CONGRESO

 

Sí a morir con dignidad, con los mejores cuidados y sin dolor
Granada, Bilbao, Barcelona y Madrid. 10 de febrero de 2020

 


El Grupo de Bioética de UNIJES (Universidades Jesuitas), formado por miembros del Institut Borja de Bioètica-URL, la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, la Cátedra Andaluza de Bioética de la Universidad Loyola de Andalucía y el Grupo de Bioética de la Universidad de Deusto realizamos la siguiente declaración ante la proposición de ley de eutanasia recientemente aprobada por el Congreso.

 

Como centros de bioética confirmamos los profundos consensos éticos que existen en los procesos del final de la vida. Hay mucho aprendido, comprendido y compartido en estos últimos treinta años. Todos estamos de acuerdo en la licitud de una adecuación del esfuerzo terapéutico, en el rechazo de tratamientos fútiles, en dejar morir en paz, en el derecho a rechazar tratamientos desproporcionados, el valor de las voluntades anticipadas, el valor de una información adecuada y comprensible y del consentimiento informado, el derecho a saber y no saber, la importancia de planificar los cuidados al final de la vida. Todos también concordamos en la ilicitud del abandono y de la negligencia en el cuidado y la atención en el final de la vida.

 

Como tantas personas no deseamos prolongar penosa, precaria y artificialmente la vida. Nos oponemos a la obstinación terapéutica, el ensañamiento o alargar sin sentido la existencia. Hay que dejar morir en paz a las personas. Hay ocasiones donde pensamos que lo moralmente adecuado es retirar, adecuar o limitar tratamientos después de un diálogo y conversación, no siempre fácil, entre el paciente, los familiares y los profesionales sobre la situación y los pronósticos, conversaciones serenas al final de la vida para llegar a decisiones compartidas.

 

Como bioéticistas preocupados por dignificar el final de la vida, consideramos inmoral que un ser humano muera solo y abandonado, no sólo en el momento de morir sino en el proceso de muerte, y mucho más después de la dramática experiencia de tantos miles de personas que murieron solos durante la pandemia. Como comunidad moral debemos acompañar los momentos de mayor fragilidad de nuestros semejantes. Consideramos inmoral marginar, aislar, no atender, dejar de cuidar a una persona en sus momentos más difíciles.

La dignidad no se juega en un momento sino en un proceso amplio de acompañamiento personal, familiar, social, cultural, espiritual y religioso. La compasión no consiste en atender un deseo individual, sino en sentir (padecer con) el dolor del otro y saber ponerse en su piel. Todos los que acompañamos personas al final de la vida hemos oído muchas veces el deseo de morir y sabemos lo importante que es sostener la mirada con fortaleza y ternura para vivir plenos hasta el final.

 

Comprendemos y sentimos hondamente el deseo de morir de algunas personas en situaciones dramáticas, en la depresión que acompaña durante años, ante la noticia inminente de un cáncer o un ELA (momentos en los que los intentos de suicidio se multiplican por cuatro), ante una soledad no deseada y la lejanía de los que más quieres, ante la muerte de las personas que queremos y que nos dejan con un inmenso vacío, ante unos procesos y cuidados de larga duración que agotan y fragilizan las familias desde lo psicológico a lo económico, ante la realidad de sentirse una carga en algunas ocasiones, ante una dependencia que impide una mínima autonomía y que hace que se necesite de otras personas para algo tan sencillo como lavarse, levantarse o ir al baño.