sábado, 4 de abril de 2020

La mascarilla de Job

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
___________________________________________




Hoy un "corto" de Dolores Aleixandre
_______________________________



Publicado en web rscj

“Me taparé la boca con la mano. Me siento pequeño ¿qué replicaré?…” dijo Job (40,3) A lo largo de 37 capítulos había sido él quien le hacía preguntas a Dios hasta que, de pronto, cambia el tercio y es Dios quien se las hace: “El Señor replicó a Job desde la tormenta: (…) ¿Dónde estabas cuando cimenté la tierra? ¿Quién cerró el mar con una puerta? ¿Has examinado la anchura de la tierra? ¿Sabes tú cuándo paren las gamuzas o has asistido al parto de las ciervas? ¿Enseñas tú a volar al halcón? ¿Puedes sacar las constelaciones a su hora?, ¿Puedes pescar con anzuelo al cocodrilo?” (38-39). Ni a Job ni a nosotros nos gusta toparnos con nuestros límites. Alardeamos de nuestros poderes, exhibimos las conquistas de la tecnología, la proclamamos reina y señora de la economía y de la política. “Somos los propietarios y dominadores del planeta, estamos autorizados a expoliarlo”. “Pronto trascenderemos nuestros límites biológicos”. “El 5G va a permitirnos una velocidad de conexión inaudita”. “En 2045 el hombre será inmortal”. “Podremos parar el envejecimiento con una sola inyección.”

Y, de pronto, llega el coronavirus propagándose, él sí, a la velocidad de 5G, y derriba violentamente cualquier suficiencia: pedimos con ansiedad información a los expertos pero ellos reconocen: “No sabemos cuál es su origen. No tenemos ni idea de cuál es la fuente de infección ni tampoco el tiempo que tarda en incubarse. No hay vacuna. No hay tratamiento específico”. –“Y entonces ¿qué podemos hacer?”, preguntamos despavoridos. Las respuestas son simples: “Lávense las manos; al toser o al estornudar, hay tápense la boca con un pañuelo de papel y tírenlo. Si no tienen pañuelo, protéjanse con la manga y luego laven la ropa. Y si tienen la suerte de encontrar una mascarilla, se la ponen”.
Justo lo mismo que hizo Job. Quizá nos sirva también a reconocer lo pequeños que somos.

viernes, 3 de abril de 2020

Desendiosarnos

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
___________________________________________


Por José Ángel Arzuaga, médico internista en Bilbao
Desendiosarnos … desde la UCI
Me preguntan cómo estamos. Les digo desbordados completamente y muy cansados, pero con mucha colaboración y máxima disposición por parte de todos los miembros del equipo. Esto es lo mejor del momento, sin duda. También con algo miedo. Ya son varios los conocidos afectados, algunos que van a ir mal sin mucho remedio. ¡Hay que pedir fuerza y darlo todo! Y extremar la protección, porque la ubicuidad del virus le hace especialmente peligroso.
Como creyente esta experiencia de vulnerabilidad me lleva a reflexionar sobre el endiosamiento en que nos hemos acostumbrado a vivir. Las personas que formamos parte de la llamada “clase media del mundo occidental” tenemos una profunda sensación de seguridad y de férreo control de nuestras vidas en lo referente a nosotros mismos, pero también en lo concerniente a terceros e, incluso, a condiciones externas. Somos capaces de planificar nuestra vida a largo plazo y reservar, por ejemplo, los vuelos o los alojamientos de nuestras vacaciones con muchos meses de antelación, porque vivimos con la certeza de que será como nosotros los hagamos y queramos, sin interferencias mayores. Concedemos muy pocas opciones a la incertidumbre. Sin duda, nos hemos dejado invadir por un “antropocracia omnipotente y omnipresente” que, apoyada por los, cada vez más sofisticados, artilugios de los que nos dotamos, nos hace endiosarnos hasta el punto de pretender que lo gobernamos todo; incluida la naturaleza, el tiempo, el espacio finito e infinito, la vida o la muerte.
Sin embargo, el impacto de una infección vírica nos está cambiando la vida, al menos en el corto plazo e incluso en los aspectos más cotidianos. Lo han llamado infección por Coronavirus SARS-CoV-2 o COVID-19. Comenzó en el Lejano Oriente y lo sentimos muy distante. Después empezó a acercarse y creímos que, con nuestra fortaleza y robustez de miembros del solido primer mundo, no llegaría a hacernos mella y terminaría siendo, como otras veces, una curiosidad de la biología cambiante. Cuando ya llegó, y parecía algo más grave y cercano, nos auto-convencimos de que solo afectaría a los débiles, entre los cuales nunca nos incluimos porque estamos imbuidos de nuestra fortaleza y seguridad. A día de hoy, ya no hay seguridades, todos somos objetivo posible del virus y a todos nos puede atacar en serio. Hoy ya lo vivimos como una amenaza real.

jueves, 2 de abril de 2020

Iniciativa de UP-Deusto

   En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
Damos comienzo a la iniciativa con la aportación de la Unidad Pastoral de Deusto, de la mano de Javi OÑATE. Ageradecemos su aportación, y animamos a que cunda el ejemplo.






   A las parroquias y unidades pastorales, que somos el tejido celular, universal y próximo de nuestra Iglesia de Bizkaia, el confinamiento nos está exigiendo la creación de nuevos modos de comunicación, porque sin el encuentro, el trato y la relación cercana, una comunidad se enfría. Con este objetivo las parroquias integradas en la UP Deusto, en un contexto urbano, nos hemos propuesto el mantenimiento de algunos "hilos calientes parroquiales" aprovechando las nuevas posibilidades tecnológicas. Estos son los "hilos calientes" que, ahora mismo, sostenemos entre todos y todas:
—Cáritas-Deusto, con una fórmula eficaz de atención a las necesidades que llegan, y una sensibilización comunitaria constante;
—Grupo "atento" a las personas enfermas y mayores, con llamadas telefónicas, ayudas concretas en recados, recordándonos a este colectivo tan frágil;
—Contacto semanal directo con todas las familias de la katekesis, ofreciéndoles actividades en torno al relato evangélico de cada domingo. Algunos nos mandan foto de sus actividades;
—Contacto con lo que van haciendo los distintos miembros de la Unidad Pastoral, difundiéndolo y sintiéndonos solidarios con ellos;
—Envío dominical de una grabación del texto evangélico con puntos de comentario, sugerencias para la oración y una canción. También se ha enviado la meditación del papa en su oración extraordinaria que ayude a la vivencia del sacramento de la reconciliación;
—Líneas de actividades y encuentro semanal para los grupos de preadolescentes, adolescentes y jóvenes por distintos canales;
—Líneas de encuentro para grupos de jóvenes y adultos;
—Grupo abierto de información, comentario y apoyo entre todos los que constituyen los núcleos parroquial, dos listas de 90 y 70 personas;
—Atención especial a cuantos han perdido a un ser querido o le tienen ingresado en aislamiento sanitario.

Sigue funcionando el Equipo Ministerial y también distribuimos las informaciones diocesanas.
Todo para que se mantenga la vitalidad parroquial y cuando volvamos lo hagamos con la alegría del re-encuentro.

lunes, 30 de marzo de 2020

Dios en tiempos del Coronavirus


Jesús Martínez Gordo


“Ahora que nos hemos dado cuenta de que Dios y rezar no sirven para nada, sería la ocasión para dar el presupuesto de la Iglesia a la sanidad”. Así se leía en uno de los whatsapps que he recibido estos días. Más allá de que siempre haya quien, aprovechando que San José era carpintero, quiera hablar de la confesión, me interesa reflexionar en voz alta sobre una vieja cuestión que, formulada hace más de dos milenios por Epicuro, reaparece en estos tiempos con particular fuerza y que se puede reformular en estos términos: “¿Quiere Dios evitar el coronavirus, pero no puede? Entonces es impotente. ¿Puede, pero no quiere? Entonces es malévolo. ¿Sí puede y quiere? Entonces, ¿por qué existe el coronavirus?”. 

Cuando hay que enfrentarse con semejante drama (y con la contradicción –existencial y racional–que funda), es normal que se asista no solo al derrumbe del imaginario de un Dios todopoderoso e incluso bondadoso, sino también a la defensa de la mayor consistencia racional del ateísmo o del agnosticismo-ateo frente a las explicaciones deístas o teístas. Uno de los ejemplos, probablemente el que me ha resultado más llamativo estos últimos años, es el testimonio del pastor estadounidense Bart D. Ehrman sobre su tránsito de la fe cristiana a la increencia por no haber podido soportar esta contradicción entre un Dios omnipotente y bueno con la existencia, en su caso, del mal, en general.

Pero tengo que recordar, como necesario e ineludible contrapunto, no solo la existencia de personas (en el caso de Etty Hillesum) que descubrieron la fe en plena Shoah o exterminio nazi, sino que tampoco faltan en nuestros días las que sostienen que éste -el problema del mal o del Coronavirus y Dios- ha de afrontarse en términos estrictamente racionales. Y así ha de ser porque la muerte, prematura e injusta, y la que se ceba en los más débiles, nos afecta a todos: seamos deístas y teístas, ateos o agnósticos-ateos e incluso antiteístas e indiferentes. Ya no vale, apuntan, criticando a estos últimos, creer haber alcanzado una explicación racional más consistente que la teísta negando la existencia de Dios y quedarse, según los casos, plácida, tranquila o angustiosamente sumidos en el silencio o en el mutismo. Semejante respuesta o ensayo de explicación alternativa –que no acaba de eludir la perplejidad que atenaza a todos, teístas o ateos– no es, cuando se dé, una explicación racionalmente más firme que la creyente. De ninguna manera.

En medio de la pandemia



Fernando Allende

      El cardenal de Madrid ha hablado de un "cambio de valores". “Saldremos de esta crisis muy mejorados, cambiará nuestra escala de valores”.
El cardenal de Viena ha dicho sobre la pandemia: “cambiará la faz de la tierra y dará lugar a una reflexión sobre nuestro estilo de vida personal y social”.
Hay quienes hablan de "la necesidad de cambiar de rumbo".
Leonardo Boff ha escrito: “La pandemia actual del coronavirus representa una oportunidad única para que repensemos nuestro modo de habitar la Casa Común, la forma como producimos, consumimos y nos relacionamos con la naturaleza. Ha llegado la hora de cuestionar las virtudes del orden capitalista”.
El presidente Macron decía a los franceses dos cosas que quisiera destacar:
 1) “Mañana tendremos tiempo de sacar lecciones del momento que atravesamos, cuestionar el modelo de desarrollo que nuestro mundo escogió hace décadas y que muestra sus fallos a la luz del día, cuestionar las debilidades de nuestras democracias”.
      2) Lo que revela esta pandemia es que la salud gratuita, sin condiciones de ingresos, de historia personal o de profesión, y nuestro Estado de Bienestar Social no son costes o cargas sino bienes preciosos, unos beneficios indispensables cuando el destino llama a la puerta. Lo que esta pandemia revela es que existen bienes y servicios que deben quedar fuera de las leyes del mercado”.
En la entrevista con Évole el Papa Francisco destacó que la crisis ha servido también para aflorar un "submundo de humanidad" que acerca a la gente a las personas más vulnerables y que quizás sea uno de los logros la necesidad de "rescatar la convivencia".
Ojalá que amen de caer en la cuenta de nuestra fragilidad, la situación nos lleva más allá del miedo a reaccionar con valentía, con coraje, con "parresía" que diría Pablo, pues pienso que nos hace "despertar de nuestro suelo de cruel inhumanidad" que diría Jon Sobrino.  Y que volviendo a Boff: “Esta pandemia ha producido el colapso del mercado de valores (bolsas), el corazón de este sistema especulativo, individualista y anti-vida, como lo llama el Papa Francisco”.
Ahora bien, para que los buenos deseos no se queden en un brindis al sol, y los aprendizajes de estos días encuentren un entramado en que sustentarse, la situación actual debería llevarnos a configurar estructuras nuevas, estructuras que consoliden la solidaridad vivida, y el dolor compartido  haga que los aplausos de las 8 se conviertan en estructuras sanitarias que den cobertura ahora y mañana; estructuras sanitarias que nunca sean un negocio sino un servicio social.
Será fundamental que ese ideal del Bien Común se plasme en estructuras que lo posibiliten (y no sean mero "slogan") y para ello no hay que innovar mucho sino poner en práctica el art. 9,2 de la Constitución: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y los grupos en que se integran sean reales y efectivos y remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud”. Esperemos que  los constitucionalistas  no omitan este artículo. Aquí ciertos liberalismos no tienen cabida. El  adelgazar al Estado  se traduce en un mecanismo de indefensión.
Hablando de estructuras: