Mostrando entradas con la etiqueta yihad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta yihad. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de agosto de 2016

El extrañamiento de las religiones


Jesús Martínez Gordo



La ola de atentados perpetrados por fundamentalistas islámicos estas últimas semanas en Europa ha sumido a muchas personas en un desconcierto total. Y, muy probablemente, también han sido muchas las que habrán tenido que hacer un enorme esfuerzo para evitar que el inmenso dolor provocado por semejante barbarie no degenerara en ira descontrolada.


Apenas pasados unos días, sigue habiendo detalles que continúan llamando la atención: la crueldad y frialdad con que se ha procedido; el perfil de sus verdugos (ciudadanos con nacionalidad europea) y el hecho de que entre 30 y 40 jóvenes del barrio Ariane (a unos cinco kilómetros del Paseo de los Ingleses, en Niza), se hayan incorporado a las filas yihadistas durante los últimos seis años. Y existen, también, diagnósticos y valoraciones que, sin acabar de sacarnos del estupor, merecen ser reseñados porque pueden ayudar no solo a comprender lo que está pasando, sino también porque nos ofrecen pistas para saber qué es lo que tendríamos que hacer para que esto no vuelva a suceder o, por lo menos, para que resulte más difícil. Expongo, concretamente, tres.

En primer lugar, el parecer de quienes, cargados de razones, han vuelto a recordar que estos atentados no vienen provocados por el choque de culturas o por una confrontación de religiones, sino, más bien, por los intereses de las potencias europeas en el Medio Oriente. O, de una manera más descarnada, pero, para nada, exagerada: por el fundamentalismo económico en el que se sostiene el nivel de vida del que disfrutamos los países que formamos parte del llamado primer mundo. Existe, ciertamente, una guerra, pero no es de religiones, sino “por los recursos de la naturaleza” y “por el dominio de los pueblos”. Lo ha vuelto a recordar el papa Francisco camino, en esta ocasión, de Polonia, a las Jornadas Mundiales de la Juventud. 


Hay, en segundo lugar, otra consideración que, poniendo la mirada en la intolerabilidad del yihadismo, ha pedido a Manuel Valls, en la Asamblea Nacional, que se ilegalice el salafismo, sin matiz alguno. El primer ministro ha respondido que es mucho más sensato descalificar moralmente Daesh o Al Qaeda. Y ha urgido a los musulmanes de Francia a que lo desautoricen en sus mezquitas, en sus barrios y en el seno de sus familias. La suya, ha recordado, es una palabra insustituible en esta tarea.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Fundamentalismos

JESÚS MARTÍNEZ GORDO, catedrático de teología

Las actitudes fundamentalistas no son una patología exclusiva de las religiones, sino una enfermedad que se apodera e infiltra en todos los ámbitos de la vida

Los hechos son conocidos. Francia ha sido sacudida dos veces por el azote terrorista en lo que va de año: la masacre del equipo de redacción del semanario satírico Charlie Hebdo (enero) y los atentados simultáneos de París con un dramático balance de 132 muertos y más de 300 heridos (noviembre).

También son de dominio público las declaraciones del presidente François Hollande del 13 de noviembre, tras haber sido asumida su autoría por el Estado Islámico: son un ‘acto de guerra’ al que Francia responderá de manera ‘implacable’ y ‘sin misericordia’.

Igualmente son conocidas algunas de las decisiones tomadas: cierre de las fronteras; tres días de duelo nacional; estado de emergencia en todo el territorio; prohibición de manifestaciones en la vía pública; intensificación de los ataques a ISIS; traslado hasta la zona del portaviones Charles de Gaulle; solicitud de colaboración militar a sus socios europeos y reforma de la Constitución. No han faltado quienes, evaluando el alcance y significado de estas medidas, han enfatizado la vecindad entre esta manera de reaccionar y la respuesta del presidente George Bush hace catorce años (11 de septiembre de 2001) a los atentados de las torres de Nueva York.

El capítulo de los análisis es enorme. Imposible de sintetizar. Retengo, consciente de sus limitaciones, los que subrayan el fundamentalismo islámico de sus ejecutores y, por extensión, del que ronda a toda religión. Quedan para otra ocasión las valoraciones que centran su mirada en las víctimas.

Una vez condenado el fundamentalismo yihadista, se han escuchado diagnósticos que invitan a levantar la vista de su envoltorio religioso y a evaluarlo no tanto en clave de ceguera islámica, cuanto en relación a los intereses energéticos en los que están muy implicadas (y enfrentadas) las principales potencias occidentales. Y, por supuesto, entre ellas, Francia.

El fanatismo yihadista, se recuerda, es una tapadera, oportuna y convenientemente empleada: por unos, para encontrar ‘carne de cañón’ con la que desestabilizar a los prepotentes occidentales y, por otros, para despistar (y apartar) a la ciudadanía de los enfrentamientos que está provocando el reparto de la tarta energética en Oriente Medio.