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martes, 5 de febrero de 2019

Una nueva casa para la Diócesis de Bilbao




         Desde hace algún tiempo se han ido difundiendo entre nosotros, noticias sobre un proyecto promovido desde el Obispado para reunir en un solo edificio a todas las instituciones diocesanas que actualmente están ubicadas en diversos lugares. Que yo recuerde, este afán por reunir los servicios diocesanos no es nuevo. En Alameda Mazarredo se construyó en la década de los 60, un gran edificio que albergó a la A.C. y a otros Movimientos y Asociaciones. Posteriormente se derribó el palacio episcopal de la calle Henao y se albergaron en el nuevo edificio construido en aquel solar, varios servicios diocesanos, la Vicaría Episcopal e incluso una librería. Luego se habilitaron locales de la parroquia de Begoña para albergar a la Curia que aún sigue en el mismo lugar, y más tarde, aprovechando la marcha de los Hermanos Maristas de la Plaza Nueva, la diócesis adquirió el edificio del Colegio el Salvador para reunir allí a los movimientos, asociaciones, delegaciones y al Instituto de Teología y Pastoral que había estado migrando por Deusto y Begoña. También el edificio del antiguo Seminario de Derio ha sido sometido a usos diversos desde que se fueron de allí los pocos seminaristas que quedaban y se cerró el Colegio-Seminario que se creó para promover las vocaciones al ministerio. Aún alberga entre sus paredes a reconocidas instituciones destinadas a promover la cultura vasca, bibliotecas y archivos de la diócesis. El resto del edificio se reformó para rentabilizar el patrimonio alquilándolo por parcelas a otros usos civiles. De esa manera prometía ser la fuente de ingresos necesaria para cubrir el déficit que generaban las residencias de curas y otros servicios de la Curia.


         A pesar de estos esfuerzos denodados por reunir bajo un mismo techo a tantas instituciones, yo, en los más de 50 años que llevo sirviendo como cura en esta diócesis, siempre he conocido su dispersión. Y confieso que no ha supuesto ningún problema pastoral tener que desplazarme a uno y a otro lugar para ser atendido. Reconozco también, que tenerlo todo a mano, en el mismo edificio, como si fuera un Corte Inglés religioso, puede tener sus ventajas al ahorrar tiempo y gastos, unificando servicios, pero en este momento, no acabo de ver ni su necesidad ni su oportunidad.